Hay un momento del año, entre finales del invierno y la primavera, en que en los paseos marítimos de Málaga, Cádiz, Alicante o Santa Cruz de Tenerife aparece un árbol completamente desnudo, sin una sola hoja, cubierto de racimos de un rojo anaranjado tan intenso que parece artificial. Es el árbol del coral, Erythrina caffra, un sudafricano de adopción que lleva más de un siglo en nuestros jardines litorales y que sigue siendo uno de los espectáculos florales más rotundos que puede dar un árbol en clima mediterráneo. También es un árbol con letra pequeña: crece rápido pero se rompe, es fácil de cultivar pero solo aguanta donde no hiela, y produce unas semillas preciosas que conviene no dejar al alcance de un niño.

Erythrina caffra en plena floración, cubierta de racimos rojo anaranjado

Qué árbol es y de dónde viene

Erythrina caffra Thunb. es un árbol de la familia de las leguminosas (Fabaceae), la misma de la acacia, la algarroba y el guisante. El nombre del género procede del griego erythros, "rojo", por el color de sus flores, y el epíteto caffra alude a la región de su origen: la franja costera del sureste de Sudáfrica, entre el Cabo Oriental y KwaZulu-Natal, donde forma parte de los bosques costeros y de los márgenes de los ríos. En su tierra se le conoce como coast coral tree y es el árbol emblemático de la ciudad de East London.

Es un árbol caducifolio de 9 a 18 metros, ocasionalmente más, con una característica que define su aspecto: la copa es muchísimo más ancha que alta, extendida, aparasolada y con ramas gruesas dispuestas casi en horizontal. Un ejemplar adulto puede cubrir 15 o 20 metros de diámetro. El tronco es corto, grueso, de corteza gris parda y relativamente lisa, y tanto el tronco como las ramas jóvenes están armados de aguijones cónicos, cortos y curvos, que se van perdiendo con la edad en las partes viejas pero permanecen en la madera nueva.

Las hojas son trifoliadas, con un peciolo largo y tres folíolos anchamente ovados de 8 a 15 centímetros, el terminal claramente mayor que los laterales. Son de un verde franco y textura fina, y aportan una sombra ligera y agradable en verano. Caen a comienzos del invierno.

La floración es lo que justifica plantarlo. Sobre las ramas completamente desnudas aparecen racimos densos y erguidos de 10 a 20 centímetros, con flores tubulares de un rojo anaranjado o escarlata, de unos 5 centímetros. La flor de Erythrina caffra tiene el estandarte —el pétalo grande— ancho y abierto, casi desplegado hacia atrás, de modo que los estambres sobresalen de forma muy visible, cargados de polen. En España florece principalmente entre marzo y mayo, según la zona y el año, y en el litoral más cálido puede adelantarse a febrero. Existe una forma de flores color crema, comercializada como 'Flavescens', mucho menos frecuente.

El fruto es una legumbre leñosa, negra, alargada y fuertemente estrangulada entre semilla y semilla, que se abre en el árbol dejando ver unas semillas ovoides de color rojo anaranzado brillante con una mancha negra. Son las famosas "habas de la suerte" o lucky beans del África austral, y son un elemento decorativo que llama poderosamente la atención.

No confundirlo con otras erythrinas

En los viveros españoles se venden varias especies del género bajo nombres populares intercambiables —árbol del coral, ceibo, gallito, bucare—, y la confusión más frecuente se produce con estas tres:

Erythrina lysistemon, también sudafricana y muy parecida a simple vista. Se diferencia en la flor: su estandarte es estrecho y permanece plegado formando una especie de pico alargado, en lugar de abrirse ampliamente, y el color es un rojo más puro y menos anaranjado. Es algo más pequeña y algo más resistente al frío.

Erythrina crista-galli, el ceibo, árbol nacional de Argentina y Uruguay. Es sudamericana, mucho más pequeña —de 4 a 8 metros, a menudo un arbusto grande—, florece en verano y sobre los brotes del año, con flores de un carmesí profundo colgantes en racimos laxos. En clima con inviernos frescos se comporta casi como una planta que rebrota de la base, y se poda drásticamente cada invierno. Si el árbol florece en junio o julio con la copa llena de hojas, es un ceibo, no un árbol del coral.

Erythrina corallodendron, antillana, de menor porte y con aguijones muy abundantes también en el raquis de la hoja.

La distinción importa porque los cuidados difieren: E. crista-galli tolera bastante más frío y se poda todos los inviernos, mientras que E. caffra es un árbol grande, de floración sobre madera vieja y con exigencias climáticas más estrictas.

Dónde se puede cultivar en España

Este es el filtro que decide todo lo demás. Erythrina caffra es una especie subtropical sensible a las heladas. Un ejemplar adulto y bien establecido tolera puntas breves de -3 o -4 °C con daños en las ramillas, de los que rebrota; los ejemplares jóvenes sufren ya a 0 o -1 °C, y una helada de varias horas por debajo de -5 °C mata la parte aérea o el árbol entero.

Traducido al mapa: prospera sin problema en Canarias, el litoral mediterráneo desde Cataluña hasta Cádiz, Baleares y el suroeste atlántico andaluz, y es un árbol de calle habitual en Málaga, Marbella, Valencia, Alicante, Murcia y las capitales canarias. En zonas de transición —interior de Andalucía, Valle del Guadalquivir alto, Extremadura templada— puede funcionar en emplazamientos protegidos, junto a un muro orientado al sur y en microclimas urbanos. En el interior peninsular, la meseta, el valle del Ebro y toda la mitad norte, no es viable en suelo. Quien viva en esas zonas y quiera una erythrina tiene una alternativa sensata: Erythrina crista-galli, que aguanta bastante más frío y se maneja como un arbusto que rebrota.

Tampoco le gusta la humedad ambiental permanente ni la falta de sol. Es un árbol de luz plena, viento cálido y verano seco.

Cuidados

Ubicación. Sol directo todo el día y, muy importante, mucho espacio. Su copa horizontal y sus ramas gruesas hacen que necesite entre 10 y 15 metros libres de radio. Plantarlo en un jardín estrecho o junto a una fachada garantiza podas continuas que arruinarán su forma natural, que es precisamente su mayor virtud.

Suelo. Poco exigente, pero con una condición innegociable: drenaje. Prefiere suelos arenosos o francos, profundos, y tolera bien los calizos y ligeramente salinos, algo que resulta muy útil en jardines de costa. Los suelos arcillosos que encharcan en invierno son incompatibles con esta especie: la combinación de raíz mojada y frío provoca podredumbres rápidas.

Riego. Riego regular durante los dos o tres primeros años, cada semana o diez días en verano, para que la raíz se asiente. Después es notablemente resistente a la sequía y en el litoral mediterráneo puede vivir con un riego profundo mensual en verano, o incluso sin él si el suelo es profundo. Lo que hay que evitar es el riego abundante durante el reposo invernal, cuando el árbol está sin hojas y no consume agua.

Abonado. Aquí conviene una precisión que ahorra trabajo: por ser leguminosa, fija nitrógeno atmosférico gracias a las bacterias del género Rhizobium que se instalan en nódulos de sus raíces. En consecuencia no necesita abonos nitrogenados y responde mal a ellos, produciendo brotes largos y blandos que se rompen. Un aporte de compost en superficie al final del invierno, cada dos años, es cuanto necesita. Si acaso, un fertilizante rico en fósforo y potasio en primavera mejora la floración en suelos muy pobres.

Plantación. El mejor momento es la primavera, de marzo a mayo, una vez pasado todo riesgo de helada, para que el árbol disponga de una temporada completa de crecimiento antes de su primer invierno. Es preferible plantar ejemplares jóvenes, que se adaptan mejor. Durante los dos o tres primeros inviernos, en zonas límite, conviene proteger el tronco con un manguito de tela o de rafia.

Poda y madera frágil

Erythrina caffra crece deprisa —puede superar el metro anual en juventud— y, como corresponde a todo árbol de crecimiento rápido, su madera es blanda, ligera y quebradiza. Las ramas grandes se desgajan con viento fuerte o bajo su propio peso, sobre todo si se han dejado crecer horizontales y sin ramificar. Es un factor de seguridad real: no es un árbol para plantar sobre un aparcamiento, una zona de juego infantil o una terraza de uso continuo.

La poda debe hacerse después de la floración, entre mayo y junio, nunca en otoño ni en invierno, porque los cortes en frío cicatrizan mal y abren la puerta a hongos. Su objetivo debe ser doble: formar de joven una estructura equilibrada de tres o cuatro ramas principales bien insertadas, evitando las horquillas con corteza incluida, que son las que acaban partiéndose; y aligerar periódicamente el extremo de las ramas largas para reducir el brazo de palanca. Tolera podas severas y rebrota con vigor, aunque los rebrotes que emite tras un corte grande van mal soldados y son a su vez frágiles, así que conviene no llegar a esa situación.

Un detalle práctico: los aguijones del tronco y de las ramas jóvenes son afilados. Guantes gruesos y manga larga son imprescindibles al podar.

Multiplicación

Por semilla es el método más común y da buenos resultados. Las semillas tienen una cubierta muy dura e impermeable, así que hay que escarificarlas: lo más sencillo es lijar ligeramente un lateral, o hacer un pequeño corte en la cubierta con una lima, y después dejarlas 24 horas en agua templada. Las que se hinchen están listas; las que sigan duras necesitan una segunda escarificación. Se siembran en primavera, a un centímetro de profundidad, en sustrato arenoso mantenido húmedo y a 22-25 °C. Germinan en una o dos semanas. Un árbol de semilla tarda de cuatro a siete años en dar su primera floración.

Por estaca leñosa es todavía más rápido y muy usado en su tierra de origen. Se cortan trozos de rama de 1 a 2 metros y del grosor de un brazo, se dejan secar la herida a la sombra durante una o dos semanas —este paso es imprescindible para que no se pudra— y luego se clavan directamente en el terreno definitivo, en primavera, enterrando un tercio. Enraízan con facilidad y florecen mucho antes que un árbol de semilla, aunque el sistema radicular que forman es menos profundo y el árbol resulta algo menos estable.

Plagas y problemas

Avispilla de las erythrinas (Quadrastichus erythrinae). Es hoy el problema más grave del género a escala mundial. Se trata de un microhimenóptero que forma agallas en hojas, peciolos y brotes tiernos, provocando deformaciones, defoliación y, en ataques repetidos, la muerte del árbol. Detectada por primera vez a comienzos de los años dos mil, se ha extendido con rapidez por regiones tropicales y por la cuenca mediterránea. Los síntomas son inconfundibles: hojas abultadas, retorcidas y con engrosamientos, y brotes atrofiados. Si aparece, hay que retirar y destruir el material afectado y consultar a los servicios de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, porque el manejo requiere productos y protocolos específicos.

Barrenadores y perforadores. Su madera blanda la hace vulnerable a larvas de coleópteros que excavan galerías en tronco y ramas. Se detectan por el serrín en la base y por orificios circulares. Un árbol vigoroso y bien regado los resiste; uno estresado, no.

Cochinillas y pulgones. Habituales en primavera sobre brotes tiernos, sin mayor trascendencia en un árbol adulto. Jabón potásico o aceite de parafina si hace falta.

Podredumbres de raíz y cuello. Consecuencia casi siempre de suelos encharcados o riego excesivo en invierno. Sin remedio una vez instaladas.

Rebrotes de raíz y levantamiento de pavimento. Su raíz es superficial y extendida. Conviene alejarlo al menos 5 o 6 metros de aceras, muros y conducciones.

Toxicidad: la advertencia importante

Las semillas del árbol del coral son de un rojo brillante precioso, del tamaño de una alubia, y aparecen por decenas en el suelo bajo el árbol. Es exactamente el tipo de objeto que un niño se lleva a la boca, y por eso hay que decirlo con claridad: las semillas y la corteza de Erythrina caffra contienen alcaloides tóxicos del grupo de las eritrinas —erisodina, eritralina y compuestos afines—, con actividad de tipo curarizante, es decir, bloqueantes de la transmisión neuromuscular.

La cubierta dura hace que una semilla tragada entera pase con frecuencia sin liberar sus principios activos, pero una semilla masticada o rota sí puede provocar un cuadro de intoxicación. No es motivo para no plantar el árbol, pero sí lo es para recoger las semillas caídas si hay niños pequeños o mascotas y para no fabricar collares ni juguetes con ellas, un uso tradicional que sigue siendo frecuente. En caso de ingestión, hay que contactar con el Servicio de Información Toxicológica o acudir a urgencias llevando una muestra de la planta.

Dicho eso, el contacto con hojas, flores y madera no supone ningún riesgo más allá de los pinchazos de los aguijones.

Su papel en el jardín

Como árbol aislado en un jardín amplio es difícil de superar: su copa aparasolada y su silueta de ramas horizontales tienen valor escultórico incluso desnudo en invierno, y la floración sobre madera pelada convierte al árbol entero en una única masa de color durante varias semanas. En parques y paseos costeros funciona como árbol de sombra ligera y como elemento singular.

Su interés ecológico es notable. Las flores producen néctar en gran cantidad, y en África son polinizadas por aves nectarívoras; en España atraen a mieleros, currucas, gorriones y, sobre todo, abejas y abejorros, en un momento del año —finales del invierno y principios de primavera— en que hay poco en flor. Un árbol del coral en floración es un lugar ruidoso.

En cuanto a los usos tradicionales, en el sur de África la madera, muy blanda y ligera, se ha empleado para canoas, flotadores, artesas y tallas; la corteza y las hojas han tenido usos en medicina tradicional, que dado el perfil alcaloídico de la especie no deben reproducirse por cuenta propia; y las semillas se usan como amuletos y elementos de artesanía. Al ser leguminosa fijadora de nitrógeno, también se ha empleado para mejorar suelos degradados.

En resumen

Erythrina caffra, el árbol del coral, es un árbol caducifolio sudafricano de 9 a 18 metros, de copa muy ancha y aparasolada, tronco y ramas con aguijones, hojas trifoliadas y racimos de flores tubulares rojo anaranjado que aparecen entre marzo y mayo sobre las ramas completamente desnudas. Se distingue de E. lysistemon por el estandarte ancho y abierto, y de E. crista-galli porque esta última es mucho más pequeña, florece en verano y sobre brotes del año.

Solo es viable en zonas libres de heladas fuertes: litoral mediterráneo, Baleares, suroeste atlántico y Canarias. Quiere sol pleno, suelo bien drenado —tolera caliza y algo de salinidad— y riego solo durante los primeros años. Al ser leguminosa fija su propio nitrógeno, así que no hay que abonarlo con productos nitrogenados.

Sus tres puntos delicados: la madera es quebradiza y exige poda de formación después de la floración y aligerado periódico de las ramas largas; la avispilla Quadrastichus erythrinae es hoy su principal amenaza sanitaria; y sus semillas rojas son tóxicas y hay que retirarlas si hay niños cerca. Si se dispone de clima y espacio, pocos árboles devuelven tanto por tan poco mantenimiento.


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