Conviene empezar por el aviso: todas las dracenas contienen saponinas esteroídicas y son tóxicas para gatos y perros. Un animal que mordisquea una hoja suele acabar con vómitos —a veces con sangre—, salivación abundante, decaimiento y pérdida de apetito; en gatos se añade con frecuencia dilatación de las pupilas. Rara vez es grave, pero da un mal rato y una factura de veterinario. Si hay animales en casa, la planta va en alto o no va.

Dicho esto, el género Dracaena (familia Asparagaceae) es un cajón grande y mal entendido. Reúne desde plantas de interior que aguantan un pasillo con poca luz hasta un árbol canario protegido de varios siglos, y desde 2017 incorpora además todas las antiguas Sansevieria, de modo que la lengua de suegra se llama hoy Dracaena trifasciata y comparte exactamente la misma toxicidad.

Dracaena marginata, la de tallos finos

Es originaria de Madagascar y su nombre correcto es Dracaena reflexa var. angustifolia, aunque en vivero circula como marginata. Tiene tallos delgados, flexibles y a menudo curvados, coronados por penachos de hojas muy estrechas con un filo rojo vinoso. 'Tricolor' añade una franja crema, 'Colorama' amplía tanto el rojo que la hoja parece granate entera.

Es la más tolerante del grupo: acepta luz media, se recupera de un olvido de riego y crece despacio, lo que la hace estable en una casa durante años. Cuanto más variegado el cultivar, más luz necesita para no revertir a verde y para no espigarse.

Dracaena marginata con hojas estrechas de borde rojizo

Dracaena fragrans, el tronco del Brasil

De África tropical occidental, pese al nombre comercial. Absorbió a la antigua D. deremensis, así que bajo esta especie caben cultivares muy distintos: 'Massangeana', el clásico tronco cortado con hojas anchas arqueadas y franja amarilla central; 'Janet Craig', verde oscuro brillante y la más resistente a poca luz de todas las dracenas; 'Warneckii' y 'Lemon Lime', con rayas longitudinales blancas o amarillas; y las formas 'Compacta', de entrenudos muy cortos.

La 'Massangeana' se comercializa como trozos de tallo enraizados: son esquejes de tronco importados, y por eso brotan solo por la parte alta. Si florece —ocurre en ejemplares viejos y bien alimentados— produce panículas de flores muy perfumadas que abren de noche y sueltan un néctar pegajoso que gotea sobre el suelo. Se corta la inflorescencia si molesta; no perjudica a la planta.

El drago, Dracaena draco: este sí es un árbol

Aquí está la diferencia que más cuesta explicar. Dracaena draco es un árbol de verdad, propio de Canarias, Madeira, Cabo Verde y una población en el suroeste de Marruecos, que alcanza 12-15 m y forma esa copa en paraguas de ramas gruesas que es la imagen del paisaje canario.

Engorda el tronco, pero no como un árbol corriente: al ser monocotiledónea carece de cámbium vascular normal y crece en grosor mediante un meristemo de engrosamiento secundario que no forma anillos anuales. Por eso no se puede datar cortándolo o barrenándolo. La edad se estima contando ramificaciones, porque el drago solo se bifurca después de cada floración, que ocurre aproximadamente cada diez o quince años. Aplicando ese método, el famoso drago de Icod de los Vinos anda en torno a los 800-1.000 años, y no en los tres milenios que se le atribuían.

Su savia se oxida a un rojo intenso al aire: es la sangre de drago, usada históricamente como tinte y barniz.

Como planta de jardín es lento —diez años para metro y medio— y exige drenaje extremo: en suelo pesado o con riego generoso se pudre por la base. Un ejemplar adulto y con el sustrato seco aguanta heladas cortas de -3 o -4 °C; uno joven, ninguna. Fuera del litoral mediterráneo cálido y de Canarias, va en maceta grande y a resguardo en invierno.

Drago adulto con la copa ramificada en paraguas

Las demás: cinnabari, tamaranae, reflexa y el falso bambú

Dracaena cinnabari, el drago de Socotra, es el de la silueta de seta perfecta que aparece en los reportajes de Yemen. Está amenazado en origen y fuera de colecciones especializadas no prospera: necesita ambiente seco con niebla ocasional y muere con facilidad por exceso de riego.

Dracaena tamaranae, el drago de Gran Canaria, se describió como especie propia en 1996. Quedan pocos centenares de ejemplares en barrancos del sur de la isla y está en peligro crítico; su interés es de conservación, no de jardinería.

Dracaena reflexa en sentido estricto, con hojas cortas y densas en espiral, se cultiva como arbusto de interior ('Song of India' es su forma variegada).

Dracaena braunii (o D. sanderiana) es el llamado bambú de la suerte, que no tiene nada de bambú: son esquejes de tallo verde, a veces curvados en espiral por manipulación en vivero, cultivados en agua con unas piedras. Justo por cultivarse en agua es la más expuesta al problema que viene a continuación.

Luz, riego y temperatura

Luz: brillante pero indirecta. Un lugar a un metro de una ventana orientada a este, o algo más lejos de una al sur. El sol directo del mediodía a través del cristal quema la hoja y deja manchas blanquecinas secas. Con poca luz la planta no muere, pero alarga los entrenudos, saca hojas más pequeñas y las variegadas pierden el dibujo. 'Janet Craig' y marginata son las que mejor llevan un rincón oscuro.

Riego: dejar secar los tres o cuatro centímetros superiores del sustrato antes de volver a regar, y regar entonces a fondo hasta que salga agua por el drenaje. En invierno, con menos luz y temperatura, el intervalo se alarga bastante. Nunca dejar agua en el plato. La causa de muerte habitual de una dracena no es la sed sino la pudrición del cuello por sustrato permanentemente húmedo: el tallo se ablanda en la base, cede al empujarlo y ya no hay marcha atrás. El sustrato debe llevar perlita o corteza; el trasplante, cada dos o tres años y a una maceta apenas mayor.

Temperatura: entre 18 y 24 °C están cómodas. Por debajo de 10 °C se frenan, a 5 °C sufren daño foliar y una helada las mata. En España solo viven todo el año a la intemperie en Canarias y en el litoral mediterráneo más cálido, siempre a media sombra. Evitar corrientes de aire frío y la proximidad de un radiador, que resecan.

Puntas marrones: flúor y sales

El síntoma más frecuente en dracenas tiene una explicación concreta. Si las puntas y los bordes de las hojas se vuelven marrones, secos y con un halo amarillo alrededor de la zona muerta, y ocurre sobre todo en las hojas más viejas, casi siempre es fitotoxicidad por flúor o acumulación de sales del abono.

El género es de los más sensibles al flúor que existen entre las plantas de interior, junto con Cordyline y la cinta. El flúor llega por dos vías: el agua del grifo fluorada y ciertos fertilizantes fosfatados, especialmente el superfosfato, que lo lleva como impureza. Además, un pH de sustrato bajo aumenta la disponibilidad del ion y agrava el daño. Y a diferencia del cloro, el flúor no se evapora dejando el agua reposar: esa costumbre sirve para el cloro y no resuelve nada aquí.

Qué hacer, en orden de eficacia:

Regar con agua de lluvia, destilada o embotellada de baja mineralización. Es la medida que de verdad corta el problema, y en el bambú de la suerte, que vive sumergido, es imprescindible: cambiar el agua cada una o dos semanas y no usar agua del grifo.

Hacer un lavado del cepellón cada dos o tres meses: regar despacio con un volumen de agua equivalente a dos o tres veces el de la maceta, dejando que drene libremente, para arrastrar las sales acumuladas. Si hay costra blanquecina en la superficie del sustrato o en el borde del tiesto, es señal de que hacía falta.

Abonar a mitad de la dosis indicada, solo de primavera a principios de otoño, con un fertilizante que no lleve superfosfato, y mantener el pH del sustrato en torno a 6-6,5.

El tejido muerto no se recupera. Se recorta con tijera limpia siguiendo el perfil natural de la hoja y dejando un milímetro de borde seco, para no abrir herida en tejido vivo.

Otros problemas y rejuvenecimiento

Con aire seco de calefacción aparece araña roja: punteado fino descolorido en el haz y telilla en el envés. Se combate subiendo la humedad ambiental y lavando las hojas. En las axilas de las hojas y en la base de los penachos se instala la cochinilla algodonosa, borra blanca fácil de ver; se retira con un bastoncillo con alcohol. Los trips dejan hojas plateadas y deformadas.

Cuando una dracena queda con un tallo largo y desnudo y un mechón arriba, se rejuvenece cortando el tallo a la altura que interese, en primavera. Bajo el corte brotan dos o tres yemas nuevas en unas semanas. La parte cortada enraíza en sustrato húmedo, mejor con hormona de enraizamiento, y da una segunda planta. Al manipularla, guantes: la savia irrita algunas pieles, y los restos podados van fuera del alcance de gatos y perros.

En resumen

Las dracenas son tóxicas para perros y gatos por sus saponinas, y ese es el primer criterio para decidir dónde ponerlas. D. marginata y D. fragrans, con sus cultivares, son las de interior: luz brillante indirecta, secado parcial del sustrato entre riegos y 18-24 °C. D. draco es otra cosa, un árbol canario de crecimiento secundario anómalo, sin anillos, lentísimo y que solo vive fuera donde no hiela. D. cinnabari y D. tamaranae son plantas de conservación más que de jardín, y el bambú de la suerte es una dracena cultivada en agua. Las puntas marrones con halo amarillo apuntan al flúor y a las sales: agua de lluvia o destilada, lavados periódicos del cepellón y abono a media dosis sin superfosfato.


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