Álamo, chopo, temblón, pobo, tiemblo, lombardo. En España usamos media docena de nombres para referirnos a árboles del mismo género, Populus, y con frecuencia los intercambiamos sin criterio. Detrás de esa confusión hay unas treinta especies, decenas de híbridos y cientos de clones seleccionados, cada uno con un porte, una velocidad de crecimiento y una tolerancia distintos. Saber cuál es cuál importa más de lo que parece: son árboles de crecimiento vertiginoso, raíces agresivas y vida relativamente corta, y elegir el equivocado para un jardín pequeño es una fuente de problemas garantizada.
Qué tienen en común todos los álamos
El género Populus pertenece a la familia de las salicáceas, la misma de los sauces, y comparte con ellos varios rasgos que explican su comportamiento.
Son árboles caducifolios y dioicos: hay pies macho y pies hembra, en árboles separados. Florecen a finales del invierno o comienzos de la primavera, antes de sacar la hoja, en amentos colgantes; los masculinos suelen ser rojizos y los femeninos verdosos. La polinización es por el viento, y las semillas, diminutas, van envueltas en una pelusa blanca y algodonosa que los pies hembra sueltan en mayo y junio formando esas alfombras que todos hemos visto acumularse en las cunetas.
Son freatófitos: viven ligados al agua freática, lo que los convierte en árboles de ribera por definición. De ahí su crecimiento espectacular —entre 1 y 2,5 metros al año en buenas condiciones— y también sus raíces amplias y superficiales, capaces de levantar aceras, invadir alcantarillados y colarse en arquetas y drenajes. La contrapartida de crecer tanto es la madera blanda y ligera, con ramas que se parten en temporales, y una vida corta para un árbol: entre 40 y 80 años en la mayoría de las especies, aunque los álamos blancos viejos pueden superarlo con creces.
Otro rasgo que conviene conocer: muchas especies rebrotan de raíz con enorme facilidad, emitiendo chupones a varios metros del tronco. Un solo álamo blanco puede convertirse, en diez años, en un bosquete de veinte pies. En un margen de finca eso es una ventaja; en un jardín, un incordio permanente.
Por último, todos ellos se multiplican con una facilidad casi absurda: una estaca leñosa de 30 centímetros clavada en tierra húmeda en invierno enraíza sin más ayuda. Esa característica es la base de toda la selvicultura del chopo y la razón de que existan tantos clones comerciales.
Cómo se ordena el género
Botánicamente, Populus se divide en varias secciones que agrupan especies con biología parecida y que se hibridan entre sí con facilidad. Las tres que importan en la práctica son:
Sección Populus (álamos blancos y temblones): hojas a menudo lobuladas o redondeadas, envés blanco tomentoso en unos casos y peciolo aplanado en otros, gran capacidad de rebrote de raíz.
Sección Aigeiros (chopos negros y cottonwoods americanos): hojas triangulares o rómbicas, glabras, peciolo aplanado, corteza profundamente agrietada, madera de interés industrial. Es la sección de los grandes híbridos de plantación.
Sección Tacamahaca (álamos balsámicos): yemas muy resinosas y aromáticas, hojas más estrechas, blanquecinas por el envés, propias de climas fríos y húmedos.
Las especies de una misma sección se cruzan entre ellas con enorme facilidad, incluso entre continentes, y ahí está el origen de los híbridos que hoy dominan las plantaciones.
Especies europeas y mediterráneas
Populus alba, el álamo blanco o pobo. Es el álamo por antonomasia en la mitad sur de España y una de las señas de identidad de las riberas peninsulares. Alcanza de 20 a 30 metros, con corteza blanquecina o gris clara salpicada de lenticelas romboidales oscuras muy características, que con la edad se agrieta en la base. Su hoja es inconfundible: en las ramas vigorosas es palmeadolobulada, casi como la de un arce, con el haz verde oscuro y el envés cubierto de un fieltro blanco puro, de modo que con viento el árbol entero parece cambiar de color. Tolera suelos calizos, salinos y encharcados, y es el más resistente a la sequía de todos los álamos europeos. Rebrota de raíz con mucha intensidad. Su cultivar fastigiado, 'Pyramidalis' o álamo de Bolle, tiene un porte columnar parecido al del chopo lombardo pero con follaje plateado.
Populus nigra, el chopo o álamo negro. La otra gran especie ibérica de ribera. De 25 a 35 metros, con corteza oscura y profundamente agrietada y una tendencia muy marcada a formar gruesos abultamientos y chupones en el tronco. La hoja es rómbica o triangular, de 5 a 10 centímetros, glabra por ambas caras y de un verde brillante; el peciolo es aplanado lateralmente, lo que hace que las hojas oscilen con la brisa. La subespecie ibérica es hoy una especie de conservación prioritaria, porque las choperas de híbridos y los clones plantados masivamente han contaminado genéticamente las poblaciones silvestres.
Populus nigra 'Italica', el chopo lombardo. No es una especie, sino un clon masculino de porte columnar estricto surgido en el norte de Italia en el siglo XVIII y difundido por todo el mundo mediante estaquillado. Todos los chopos lombardos del planeta son, literalmente, el mismo individuo multiplicado. Su silueta de vela vertical es la firma de los caminos y las lindes de media Europa, y en España se usó muchísimo como cortavientos y como marcador de caminos. Su gran problema es la sensibilidad a los chancros y a la enfermedad conocida como "chancro del chopo", que ha diezmado plantaciones enteras, además de una vida corta.
Populus tremula, el álamo temblón o tiemblo. El más norteño y montano de los europeos, presente en la mitad norte peninsular, el Sistema Central, el Ibérico y las montañas béticas. Es más pequeño, de 10 a 20 metros, con corteza lisa y gris verdosa mucho tiempo. Su hoja es redondeada, con el margen ondulado-dentado y un peciolo largo y fuertemente aplanado: esa lámina flexible hace que la hoja vibre con la más leve corriente de aire, produciendo el susurro continuo que le da nombre. En otoño vira a un amarillo dorado intenso. Es una especie colonizadora que rebrota de raíz formando rodales clonales, y es de los pocos álamos que prospera en suelos ácidos y pobres, siempre que haya humedad.
Populus × canescens, el álamo cano. Híbrido natural entre P. alba y P. tremula que aparece espontáneamente donde ambos conviven. Tiene hojas intermedias, grisáceas y solo ligeramente lobuladas, y un vigor superior al de ambos padres. Es frecuente en las riberas del norte y del centro peninsular.
Especies americanas
Populus deltoides, el chopo americano o cottonwood. El gran álamo del este y centro de Norteamérica, un árbol enorme que supera con facilidad los 35 metros y desarrolla troncos de varios metros de perímetro. Su hoja es claramente deltoidea, grande —hasta 12 o 15 centímetros—, con dientes gruesos y curvados y unas glándulas visibles en la base del limbo, carácter que lo distingue del chopo europeo. Crece más rápido que P. nigra y tiene la madera algo mejor, pero es más exigente en agua y más sensible al frío tardío. Su papel principal hoy es el de progenitor de híbridos.
Populus × canadensis (o P. × euramericana), el chopo híbrido. Este es, en la práctica, el álamo que más se planta en España, aunque casi nadie lo llame por su nombre. Es el cruce entre el chopo americano y el europeo, y de él derivan los clones de plantación: 'I-214', el más extendido durante décadas, 'MC', 'Luisa Avanzo', 'Campeador' y muchos otros. Se plantan en marcos regulares, en turnos de 12 a 16 años, en las vegas del Duero, del Ebro y del Cinca y en la vega de Granada, y su madera va a desenrollo para tableros contrachapados, palés, envases y pasta de papel. Es el árbol que hace que España tenga una industria de chopo relevante en Europa.
Populus tremuloides, el álamo temblón americano. El equivalente norteamericano de nuestro tiemblo, con hoja algo más pequeña y el mismo temblor. Tiene un mérito curioso: el rodal llamado Pando, en Utah, es un único individuo clonal con decenas de miles de troncos conectados por un mismo sistema radicular, considerado uno de los organismos vivos más grandes y viejos que se conocen. Es la ilustración más clara de hasta dónde llega la capacidad de rebrote de raíz de este género.
Populus trichocarpa, el álamo negro del Pacífico. De la sección de los balsámicos, propio del noroeste americano. Yemas muy resinosas y aromáticas, hojas blanquecinas por el envés y crecimiento extraordinario. Fue el primer árbol cuyo genoma completo se secuenció, en 2006, y desde entonces es la especie modelo en investigación forestal.
Populus balsamifera, P. fremontii —el álamo de los cañones del suroeste, muy tolerante al calor— y P. angustifolia, de hoja estrecha casi de sauce, completan el elenco americano con presencia ocasional en colecciones y arboretos españoles.
Especies asiáticas
Populus euphratica, el álamo del Éufrates. Es el más asombroso del género. Vive en oasis, ramblas y desiertos de Oriente Medio y Asia central, en condiciones que ningún otro álamo tolera: gran resistencia a la salinidad y a la sequía extrema. Su rareza botánica es la heterofilia: las hojas de las ramas jóvenes son estrechas y lanceoladas, como las de un sauce, mientras que las de las ramas adultas son anchas, deltoideas y dentadas, hasta el punto de que un mismo árbol parece dos especies distintas. Es la base de los bosques de galería del Tarim y una especie clave en la lucha contra la desertificación.
Populus alba var. pyramidalis, el álamo de Bolle. Originario de Asia central, es la versión fastigiada del álamo blanco. Combina la silueta vertical del lombardo con el envés plateado del álamo blanco y una resistencia a la sequía superior a la de aquel, lo que lo hace más adecuado para clima continental seco.
Populus simonii. Especie china de tamaño medio, hoja pequeña, obovada y de peciolo corto, muy resistente al frío y a suelos pobres. Se ha usado mucho en programas de reforestación en el norte de China y aparece en algunos híbridos ornamentales.
Populus lasiocarpa. El de la hoja más espectacular: acorazonada y de hasta 30 centímetros de longitud, con nervadura y peciolo rojizos. Es un árbol de colección, no de producción, y se ve en algunos jardines botánicos españoles.
Populus cathayana y P. maximowiczii, ambos de la sección de los balsámicos, aportan resistencia al frío a los programas de mejora y se han cruzado con especies europeas y americanas para obtener clones adaptados a zonas continentales.
Cómo distinguirlos en el campo
Sin necesidad de claves botánicas, unas pocas observaciones resuelven la mayoría de los casos en España:
Mira el envés de la hoja. Si es blanco y afieltrado, estás en el grupo del álamo blanco (P. alba) o del álamo cano. Si es del mismo verde que el haz, es un chopo negro o un híbrido.
Mira la forma de la hoja. Lobulada como un arce, álamo blanco. Redondeada y de peciolo largo que hace temblar la hoja, temblón. Triangular o rómbica, chopo negro, chopo americano o híbrido.
Mira la corteza. Blanca o gris clara con lenticelas en rombo, álamo blanco. Lisa y gris verdosa, temblón. Muy agrietada y oscura, chopo negro o híbrido.
Mira el porte. Columnar estricto y de hoja verde por las dos caras, chopo lombardo. Columnar con follaje plateado, álamo de Bolle. Alineación regular en marco de plantación en una vega, con troncos limpios de ramas hasta seis metros, chopera de híbrido.
Lo que hay que saber antes de plantar uno
Un álamo es un árbol magnífico en el sitio correcto y un desastre en el equivocado. Estas son las advertencias que conviene tomarse en serio.
Distancia a construcciones. Sus raíces son superficiales, extensas y activas, y buscan agua allí donde la haya, incluida una fuga en una tubería. Como regla prudente, no se plantan a menos de 15 o 20 metros de edificios, muros, piscinas, saneamientos y pavimentos. En suelos arcillosos expansivos, la distancia debe ser aún mayor, porque la extracción de agua provoca retracción del terreno.
Necesitan agua. No son árboles de secano. Sin freático accesible o sin riego, un álamo se estanca, sufre y acaba muriendo por partes desde la copa. El álamo blanco es el que más tolera la sequía, y aun así prefiere estar cerca del agua.
Vida corta y madera frágil. Hay que asumir que un álamo grande necesitará revisión estructural periódica y que las ramas caen. No es el árbol para plantar sobre una zona de juegos o un aparcamiento.
Elige el sexo del ejemplar. En vivero, la mayoría de los álamos ornamentales y de plantación son clones masculinos, precisamente para evitar la pelusa de las semillas. Merece la pena confirmarlo antes de comprar si el árbol va a estar cerca de una casa.
Y una aclaración que conviene hacer, porque circula muy asentada: la pelusa blanca de los álamos no es lo que provoca las alergias. Esa borra es la cubierta de las semillas, y aunque resulta molesta e irrita mecánicamente ojos y vías respiratorias, no contiene alérgenos relevantes. El alérgeno es el polen, que producen los pies macho a finales de invierno, mucho antes de que aparezca la pelusa. La paradoja es evidente: plantar solo clones masculinos elimina la borra y aumenta la carga de polen. Lo que sí ocurre es que la pelusa actúa como vehículo transportando polen de otras especies adherido a sus pelos, lo que ha ayudado a mantener viva la confusión.
Alternativas. Si lo que se busca es la silueta vertical del lombardo en un jardín pequeño, hay opciones mucho menos problemáticas: carpes fastigiados (Carpinus betulus 'Fastigiata'), robles columnares (Quercus robur 'Fastigiata') o cipreses. Si lo que se busca es crecimiento rápido para sombra, un almez o una acacia de tres espinas dan menos problemas de raíz. El álamo se reserva para fincas amplias, riberas, cortavientos agrícolas y plantaciones productivas, que es donde de verdad brilla.
Para qué se usan
La madera es el uso principal: ligera, clara, homogénea y sin apenas nudos en los clones bien podados. Va sobre todo a desenrollo para tableros contrachapados y a la fabricación de palés, embalajes, cerillas, encofrados y pasta de papel. Al ser un cultivo de turno corto —12 a 16 años— es una de las pocas producciones forestales con retorno en un plazo humano.
En restauración de riberas resultan insustituibles: fijan márgenes, amortiguan avenidas, dan sombra al cauce y crean el bosque de galería del que depende buena parte de la fauna fluvial. Como cortavientos agrícolas en vegas y llanuras han estructurado el paisaje de regiones enteras.
Tienen además un papel creciente en fitorremediación: su enorme capacidad de bombear agua y absorber nutrientes los hace útiles para tratar suelos contaminados por metales pesados y para depurar aguas residuales en sistemas de filtro verde. Y se cultivan en cultivos energéticos de rotación muy corta para biomasa.
Por último, la parte cultural: la chopera de otoño, con el amarillo encendido de las hojas contra el cielo, es uno de los paisajes más reconocibles de la España interior, y no es un paisaje natural sino agrícola. Conviene recordarlo cuando se plantea su gestión.
En resumen
El género Populus reúne una treintena de especies de árboles caducifolios, dioicos, de ribera, de crecimiento muy rápido, madera blanda, raíz agresiva y vida corta, que se multiplican con solo clavar una estaca en tierra húmeda.
En Europa, los cuatro protagonistas son el álamo blanco (P. alba), de hoja lobulada y envés blanco y corteza clara; el chopo negro (P. nigra), de hoja rómbica y corteza agrietada; su clon columnar 'Italica' o chopo lombardo; y el álamo temblón (P. tremula), de hoja redonda y peciolo aplanado que la hace vibrar. En América destacan P. deltoides, P. tremuloides y P. trichocarpa, y de los cruces entre americanos y europeos salen los chopos híbridos (P. × canadensis) que forman las choperas del Duero, el Ebro y Granada. En Asia, el caso más notable es P. euphratica, capaz de vivir en desiertos salinos y de cambiar la forma de sus hojas dentro del mismo árbol.
Antes de plantar cualquiera de ellos hay que asumir tres cosas: necesitan agua, sus raíces exigen distancia respecto a construcciones y su madera es frágil. Y una precisión frente a la creencia habitual: la pelusa blanca de primavera molesta, pero el alérgeno de verdad es el polen que sueltan los pies macho semanas antes.