Bien colocado, un arce japonés dura décadas y mejora cada otoño. Mal colocado, llega quemado a agosto del primer año y muerto al tercero. La diferencia rara vez está en el cultivar que se compró: está en la orientación, en el viento y en el agua del grifo.

La etiqueta comercial de arce japonés reúne sobre todo tres especies, Acer palmatum, Acer japonicum y Acer shirasawanum, y varios centenares de cultivares seleccionados en Japón desde el siglo XVII. Todas ellas son plantas de sotobosque de bosque templado húmedo: crecen bajo la cubierta de árboles mayores, en suelos ácidos, ricos en materia orgánica y con humedad atmosférica constante. Ese origen explica casi todo lo que les pasa en un jardín español.

Hoja palmada de Acer palmatum con color de otoño

Los grupos de cultivares y qué significan de verdad

Los viveros japoneses clasifican los cultivares por la forma de la hoja y el porte, no por el color. Conocer el grupo sirve para predecir el tamaño adulto, la velocidad de crecimiento y, sobre todo, la resistencia a la insolación.

Grupo Palmatum y Amoenum. Hoja palmada clásica de cinco a siete lóbulos anchos, con senos que no llegan a la mitad de la lámina. Son los de porte más arbóreo: alcanzan de 4 a 8 metros y forman tronco. Aquí están Acer palmatum 'Atropurpureum', 'Bloodgood', 'Osakazuki', 'Deshojo' y 'Beni Maiko'. Los de hoja gruesa y roja oscura, como 'Bloodgood', son los más tolerantes al sol de todo el género. 'Osakazuki' es verde en verano y vira a un rojo escarlata intenso.

Grupo Matsumurae. Hoja de siete lóbulos con los senos casi hasta el nervio central y el margen muy dentado. Intermedio entre los palmatum y los disectos. Crecen algo menos, entre 3 y 5 metros.

Grupo Dissectum. Hoja dividida hasta la base en lóbulos a su vez recortados, con aspecto de encaje. Casi todos tienen porte llorón y forman una cúpula ancha de 1,5 a 3 metros de alto por más de ancho, con crecimiento lento. 'Garnet', 'Crimson Queen', 'Inaba Shidare', 'Viridis'. La excepción es 'Seiryu', el único disecto de porte erguido, que llega a 4 metros. Esta hoja tiene una relación superficie-volumen altísima: pierde agua muy deprisa y es la primera que se abrasa con el sol de mediodía.

Grupo Linearilobum. Lóbulos estrechos, casi filiformes, sin apenas lámina entre nervios. 'Koto no ito', 'Villa Taranto', 'Red Pygmy', 'Scolopendrifolium'. Aspecto muy ligero, casi de bambú. Aguantan algo mejor el viento que los disectos porque ofrecen poca resistencia, pero se deshidratan igual de rápido.

Los de corteza de coral. No es un grupo por la hoja sino por el ramaje: las ramas jóvenes desarrollan corteza roja coral o amarilla intensa que solo se ve en invierno, cuando el árbol está desnudo. Acer palmatum 'Sango kaku' (vendido también como 'Senkaki') es el rojo de referencia; 'Bihou' da ramas amarillo albaricoque y 'Winter Flame' es una selección más compacta. El color sube de tono con el frío y se pierde en las ramas de más de tres o cuatro años, así que un aclareo periódico de la madera vieja mantiene el efecto.

Acer japonicum y Acer shirasawanum. Hoja redondeada, casi circular, con nueve a trece lóbulos poco profundos. 'Aconitifolium' tiene la hoja profundamente recortada y da uno de los mejores otoños del género, en naranja y carmín. 'Vitifolium' recuerda a una hoja de vid. Acer shirasawanum 'Aureum' es amarillo verdoso toda la temporada. Estas dos especies son más rústicas al frío que palmatum y bastante menos tolerantes al calor seco.

Acer japonicum Aconitifolium con la hoja profundamente recortada

Insolación: por qué se queman los bordes

El daño típico es un borde foliar seco, marrón oscuro o casi negro, crujiente, que aparece a partir de finales de junio y avanza hacia el interior de la hoja. Empieza en la cara del árbol expuesta al sol de la tarde y a menudo respeta la parte sombreada. No es una enfermedad ni un problema de riego: es que la hoja pierde agua por transpiración más rápido de lo que la raíz puede reponerla, y el margen, que es la zona más alejada del sistema conductor, se deshidrata primero.

La radiación de mediodía y de tarde en julio en el interior peninsular está muy por encima de lo que soporta una planta de sotobosque. La regla práctica: sol de mañana hasta las once o doce, sombra a partir de ahí. Una orientación este, la sombra proyectada por un muro o por un árbol de copa alta, o una malla del 40 al 50 por ciento sobre pérgola durante los meses críticos resuelven el problema. La sombra de tarde vale más que la de mañana porque coincide con la temperatura máxima del día.

Dentro del género hay un gradiente claro. Los rojos oscuros de hoja gruesa toleran más radiación; los verdes finos, los variegados y los amarillos son los más delicados, porque el tejido blanco o amarillo de los variegados carece de clorofila y no disipa energía. Los disectos y los linearilobum se queman antes que los palmatum aunque estén en el mismo sitio.

El viento seco, el factor que se olvida

Un arce japonés puede estar a media sombra y quemarse igual si le da el poniente de la meseta o el viento de tierra en el litoral. Cuando el aire está a 35 grados y al 20 por ciento de humedad relativa, el déficit de presión de vapor dispara la transpiración incluso sin radiación directa. La hoja se seca por evaporación pura.

El síntoma es el mismo borde quemado, pero repartido por todo el árbol y concentrado en la cara de barlovento. Un seto cortavientos, un rincón entre muros o la protección de arbustos más rústicos alrededor cambia el resultado del verano. En zonas con salitre el problema se suma: el aerosol marino deposita cloruros sobre la hoja y produce necrosis en punta y margen. El arce japonés no es planta de primera línea de costa.

Agua caliza y clorosis férrica

Es el problema que decide si un arce japonés puede vivir o no en buena parte de España. Estas plantas quieren un pH de suelo entre 5,5 y 6,5. En ese margen el hierro está disponible en forma asimilable. Por encima de pH 7, y sobre todo por encima de 7,5, el hierro precipita como hidróxidos insolubles y la raíz no puede tomarlo, aunque el suelo esté lleno de él.

El agua de riego de gran parte del este, el centro y el sur peninsular lleva bicarbonatos en concentración alta. Cada riego deposita carbonatos en la rizosfera y sube el pH, incluso si se plantó en sustrato ácido. En una maceta con turba, el efecto se ve en dos o tres temporadas: la turba se agota como tampón y el arce empieza a amarillear.

El síntoma es inconfundible: clorosis internervial. La lámina de la hoja se vuelve amarilla pálida mientras los nervios se mantienen verdes, dibujando una retícula. Aparece primero en las hojas nuevas, porque el hierro es poco móvil dentro de la planta y no se puede reciclar desde las viejas. Si avanza, la hoja se blanquea y luego necrosa por el margen.

Distinguir los tres daños ahorra tratamientos inútiles. Quemadura por sol o viento: borde marrón, nervios y centro verdes, concentrado en la cara expuesta. Salinidad: necrosis en punta y margen de casi todas las hojas, incluidas las de dentro de la copa. Clorosis: amarilleo entre nervios, empezando por los brotes nuevos.

Para corregir la clorosis, el quelato que funciona es el de hierro EDDHA. Los quelatos de EDTA y DTPA se descomponen por encima de pH 6,5 y 7 respectivamente y dejan de proteger el hierro; el EDDHA se mantiene estable hasta pH 9. Se aplica al suelo, disuelto en el riego, en dos o tres aportes entre marzo y junio. Es una corrección, no una cura: si el agua sigue siendo caliza, hay que repetirla cada año. La solución de fondo es regar con agua de lluvia recogida, con agua de ósmosis, o acidificar el riego hasta un pH cercano a 6.

Cómo elegir según dónde se vive

Cornisa cantábrica, Galicia, valles pirenaicos y prepirenaicos. Aquí el arce japonés está en su sitio: suelos ácidos, lluvia repartida, humedad ambiental alta y veranos suaves. Funciona casi cualquier grupo, incluidos los disectos y los variegados, y se puede plantar en suelo a sol de mañana o incluso a pleno sol en las zonas más frescas. Los Acer japonicum dan aquí su mejor otoño.

Interior peninsular, meseta norte y sur, Aragón. Verano seco y caluroso, invierno frío, agua a menudo dura. Se puede, con condiciones: media sombra de tarde, cortavientos, acolchado grueso y riego constante en julio y agosto. Preferir palmatum de hoja gruesa y color oscuro, del tipo 'Bloodgood' o 'Atropurpureum', y descartar los disectos a pleno sol. En maceta grande de barro o de material claro, nunca en tiesto negro al sol, que calienta el cepellón por encima de 40 grados y cuece la raíz fina.

Levante, Andalucía cálida, Baleares, litoral con agua muy caliza. Es el escenario más difícil: mucha radiación, agua bicarbonatada y a menudo salina, y noches de verano cálidas que impiden a la planta recuperar. Aquí un arce japonés es una planta de maceta con sustrato acidófilo, agua de lluvia o de ósmosis y sombra buena parte del día, y hay que renovar el sustrato cada dos o tres años. Si no se está dispuesto a ese mantenimiento, el color de otoño se consigue con especies que sí encajan: Acer monspessulanum, Acer opalus subsp. granatense, Cercis siliquastrum, Lagerstroemia indica o Pistacia terebinthus.

Canarias. Solo en las medianías altas del norte de las islas de mayor relieve, con niebla y frescor; en costa no prospera.

Suelo, plantación y riego

La raíz del arce japonés es fina, muy ramificada y superficial: la mayor parte del sistema absorbente está en los primeros 30 centímetros. Eso tiene tres consecuencias directas. La primera, que no tolera el encharcamiento ni el suelo compactado, porque la raíz fina se asfixia enseguida y entra Phytophthora. La segunda, que se seca antes que un árbol de raíz profunda en cuanto falta el agua. La tercera, que el acolchado es casi obligatorio: cinco a ocho centímetros de corteza de pino, restos de poda triturados o acícula mantienen la temperatura del suelo estable, conservan la humedad y aportan acidez al descomponerse.

Se planta de octubre a febrero, con la planta en reposo, en hoyo ancho y poco profundo. El cuello debe quedar al nivel del terreno o un par de centímetros por encima: enterrarlo es una de las causas de muerte lenta más frecuentes. En suelo pesado, plantar sobre un caballón elevado de 20 o 30 centímetros con sustrato mezclado en lugar de excavar una fosa que actúe como bañera.

El riego debe ser abundante y espaciado, no diario y escaso. En verano, un empape profundo cada tres o cuatro días en suelo y diario en maceta, siempre a primera hora de la mañana o al anochecer. Nunca mojar la hoja con sol, y nunca regar con agua que haya estado al sol en una manguera negra.

Poda

Cuanto menos, mejor. El arce japonés forma su estructura solo y responde mal a las intervenciones fuertes: no rebrota con vigor de madera vieja y los cortes de más de tres o cuatro centímetros de diámetro cicatrizan mal y son puerta de entrada de hongos de madera como Verticillium.

Lo que sí conviene es aclarar: quitar ramas cruzadas, chupones de la base, madera muerta y exceso de densidad interior para que entre luz y aire. El momento es finales de verano o principios de otoño, entre septiembre y octubre, no el final del invierno. Al final del invierno el arce ya tiene la savia en movimiento y sangra abundantemente por los cortes, lo que lo debilita. Si se quiere realzar la corteza de un 'Sango kaku', se eliminan cada invierno unas pocas ramas viejas de corteza apagada para forzar brotación joven.

En resumen

Los arces japoneses se ordenan en grupos por la forma de la hoja: palmatum de lóbulo ancho y porte arbóreo, matsumurae intermedios, dissectum de encaje y porte llorón, linearilobum filiformes, y los de corteza de coral, cuyo interés está en el ramaje invernal. Ese grupo predice el tamaño adulto y la tolerancia al sol mucho mejor que el color.

En España los tres factores que deciden son la insolación de tarde, el viento seco y la calidad del agua. Sombra a partir del mediodía, protección del viento, acolchado grueso y riego profundo cubren los dos primeros. El tercero es el que descarta zonas enteras: con agua bicarbonatada el hierro se bloquea y llega la clorosis internervial, que se corrige con quelato EDDHA pero solo se resuelve regando con agua de lluvia o de ósmosis.

Al elegir, empieza por el sitio y no por la foto. En el norte húmedo cabe casi todo; en el interior, palmatum de hoja gruesa y oscura a media sombra; en el litoral cálido y calizo, maceta con sustrato ácido y agua blanda, o cambiar de especie. Y una vez plantado, poda poco y a final de verano.


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