En julio, cuando los demás tilos ya han soltado la flor, el plateado empieza la suya. Tilia tomentosa Moench cierra el calendario de floración del género en Europa, y esa fecha tardía explica tanto su valor para los insectos como el asunto de los abejorros muertos que arrastra desde hace más de un siglo. Antes de llegar ahí conviene ver qué árbol es.
El envés blanco
La hoja es lo que da nombre a la especie y lo que la hace inconfundible. Mide de 5 a 10 cm, es acorazonada y asimétrica en la base como en todos los tilos, con el margen aserrado de dientes agudos, y presenta un contraste muy marcado entre las dos caras: haz verde oscuro mate y envés blanco, cubierto por un fieltro denso de pelos estrellados que se aprecia al tacto como un afieltrado suave.
El pecíolo es largo, hasta la mitad de la longitud del limbo, y eso hace que la hoja cuelgue y bascule con poco viento. El efecto es el que le da el nombre común: con cualquier brisa la copa entera destella en blanco plateado al voltearse las hojas, un movimiento continuo que ningún otro tilo produce. En una alineación de un paseo, en un día de viento de julio, es el árbol que se distingue desde el fondo de la calle.
El árbol alcanza 20-25 m, con tronco recto, corteza gris lisa que se agrieta finamente con la edad y copa densa, ancha y de contorno regular, algo más ordenada y compacta que la de Tilia platyphyllos. Los brotes jóvenes también son tomentosos. El fruto es una nuececilla ovoide de unos 8-10 mm, cubierta de fieltro blanquecino y con cinco costillas poco marcadas.
Se le encuentra también como Tilia argentea DC., nombre que sigue circulando en catálogos de vivero y que se refiere a la misma especie.
Origen y distribución
Es una especie del sureste de Europa y el suroeste de Asia: Balcanes, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Serbia, Grecia septentrional, Moldavia, sur de Ucrania y noroeste de Anatolia. Forma parte de los bosques mixtos caducifolios de esa región, en un clima marcadamente más cálido y con veranos más secos que el del área central europea donde dominan cordata y platyphyllos.
Esa procedencia es la clave de su comportamiento. Un árbol seleccionado por milenios en el clima de los Balcanes y de Anatolia llega al arbolado de una ciudad española del interior con un bagaje distinto al de un tilo de origen centroeuropeo.
La floración más tardía del género
Florece en pleno julio, entre dos y cuatro semanas después de Tilia cordata y hasta cinco o seis semanas después de Tilia platyphyllos. En el interior peninsular la floración suele arrancar en la primera quincena de julio y prolongarse dos o tres semanas; en el norte húmedo se retrasa algo más.
Las flores son de color amarillo cremoso, agrupadas de siete a diez en cimas colgantes provistas de la bráctea membranosa típica del género, y su perfume es el más intenso de los tres tilos: dulce, denso y muy proyectivo, perceptible a bastante distancia sobre todo al final de la tarde.
Esta floración es también la más pobre en un recurso concreto que resulta relevante más adelante: cae en el momento del verano en que la oferta de néctar en el entorno está en mínimos. En un pueblo o una ciudad de la meseta, a mediados de julio, un tilo plateado en flor puede ser prácticamente el único recurso masivo disponible en cientos de metros a la redonda.
Sequía y calor urbano
Es la razón por la que Tilia tomentosa se está imponiendo en las plantaciones urbanas nuevas del centro y sur de Europa, España incluida. Comparada con cordata y con platyphyllos, aguanta bastante mejor el verano seco y caliente, y hay mecanismos concretos detrás:
El tomento del envés forma una capa límite de aire quieto sobre los estomas que reduce la pérdida de agua, y el color blanco refleja parte de la radiación que llega por reverberación desde el pavimento. La hoja alcanza así temperaturas menores que una hoja glabra en las mismas condiciones.
El enraizamiento es más profundo que el de las otras dos especies, lo que le da acceso a reservas de agua a las que un tilo de hoja grande no llega, y tolera mejor la compactación del suelo de alcorque.
Acepta suelos calizos sin clorosis, cosa que cordata no hace, y tolera cierta salinidad y la contaminación atmosférica urbana. En la meseta y en el valle del Ebro, con suelos básicos y veranos duros, esa combinación la convierte en el tilo razonable.
La contrapartida está en el frío: resiste en torno a −20/−25 °C, entre cinco y diez grados menos que Tilia cordata. En zonas de montaña y en las comarcas más frías del interior norte hay inviernos que la castigan, con daños en brotes jóvenes. En cualquier caso, esto no la excluye de casi ningún punto habitado de España.
Una ventaja añadida que se nota en la calle: el tomento dificulta la instalación del pulgón del tilo, de modo que el plateado produce bastante menos melaza que las otras dos especies. Para un árbol de alineación es un argumento de peso, porque la melaza es el origen de las quejas vecinales asociadas a los tilos.
Los abejorros muertos bajo el árbol
Hay un fenómeno real y bien documentado que acompaña a esta especie: en julio, bajo un tilo plateado en flor, aparecen abejorros muertos o moribundos en el suelo, a veces por decenas y en casos extremos por cientos. Se observa desde el siglo XIX en Europa, se ha registrado en parques de Alemania, Reino Unido, Polonia y Estados Unidos, y afecta sobre todo a Bombus, mucho menos a la abeja doméstica.
La explicación que se popularizó durante décadas fue química: el néctar de Tilia tomentosa contendría manosa, un azúcar que los abejorros no metabolizan y que resultaría tóxico para ellos. La idea se repitió en manuales, en prensa y en informes municipales, y llegó a motivar recomendaciones de no plantar la especie.
Los trabajos posteriores no la han sostenido. Los análisis del néctar de Tilia realizados con técnicas modernas no han encontrado manosa en cantidades relevantes, y la revisión más citada sobre el asunto —Koch y Stevenson, 2017— concluyó que la hipótesis tóxica no tiene apoyo empírico y que la evidencia disponible apunta en otra dirección.
Lo que esos trabajos proponen es un cuadro de inanición, no de envenenamiento. La secuencia sería aproximadamente esta: el tilo plateado florece muy tarde, cuando otros recursos han desaparecido; su floración es enorme y muy atractiva, y concentra abejorros procedentes de un radio amplio; el néctar se agota conforme avanza la floración, sobre todo en los últimos días y con calor; y los abejorros, que tienen reservas energéticas para muy pocas horas de vuelo, siguen acudiendo a un árbol que ya no les da lo que necesitan y caen agotados debajo. A eso se suma que julio y agosto son el final natural de la vida de muchas obreras y que la mortalidad por parasitoides —moscas conópidas del género Physocephala, entre otras— alcanza su máximo en esas semanas. El árbol concentra bajo su copa una mortalidad que de otro modo estaría repartida por el paisaje.
Conviene decir que el asunto no está cerrado. Se han detectado en el néctar de Tilia pequeñas cantidades de cafeína y de otros metabolitos secundarios cuyo efecto sobre el comportamiento de forrajeo no se conoce bien, y hay quien sostiene que podrían contribuir a que los abejorros insistan en un recurso que ya no rinde. Tampoco se ha explicado del todo por qué el fenómeno afecta a Bombus mucho más que a Apis mellifera. Lo razonable es presentarlo como está: la hipótesis de la manosa tóxica se ha descartado, la hipótesis del agotamiento es la que mejor explica lo observado, y quedan piezas por encajar.
En la práctica, la lectura para quien planta no es evitar la especie, sino no dejarla sola: un tilo plateado rodeado de otras floraciones de julio y agosto —lavandas, Perovskia, Vitex, Eucryphia, sófora, herbáceas de floración tardía— deja de ser el único recurso del barrio y el problema se diluye. La monotonía del arbolado y la falta de floración estival en el entorno son parte del cuadro, tanto o más que el árbol.
Cultivares y formas
'Petiolaris' es la forma llorona, con ramas colgantes y pecíolos aún más largos, tratada durante mucho tiempo como especie propia (Tilia petiolaris). Es una pieza de gran efecto en parques amplios, con la copa cayendo hasta cerca del suelo. Se propaga por injerto, y en ejemplares injertados a media altura la silueta es aún más marcada.
'Brabant' tiene guía muy recta y copa cónica regular; es uno de los más usados en alineación.
'Szeleste', de origen húngaro, destaca por su porte compacto y su follaje especialmente plateado.
'Sterling' se seleccionó en Estados Unidos por la uniformidad de la copa y una buena tolerancia al calor y a la sequía urbana.
Usos
Su papel principal es ornamental y de arbolado urbano: sombra densa, silueta regular, follaje bicolor en movimiento y otoño amarillo dorado. Es, entre los tilos, el que mejor encaja en el clima de la mayor parte de España.
La flor se emplea también en infusión y es una fuente importante de miel de tilo en el sureste europeo, aunque la droga oficinal reconocida por la farmacopea sigue siendo la de Tilia cordata y Tilia platyphyllos. La madera es blanda, blanca y homogénea, con los mismos usos de talla que la del resto del género.
En resumen
Tilia tomentosa se reconoce por el envés blanco afieltrado, el pecíolo largo que hace destellar la copa con el viento y una floración de julio, la más tardía y perfumada del género. Procedente de los Balcanes y Anatolia, tolera el calor, la sequía urbana, la caliza y la contaminación mejor que cordata y platyphyllos, a cambio de unos grados menos de resistencia al frío, y su tomento reduce el ataque de pulgón y la melaza asociada. Sobre los abejorros muertos que aparecen bajo su copa en julio: la explicación por manosa tóxica se ha descartado, y lo que apuntan los trabajos recientes es agotamiento del néctar al final de una floración muy atractiva y muy tardía, con abejorros que mueren de inanición y no envenenados. Sigue habiendo preguntas abiertas, y la respuesta práctica pasa por acompañarlo de otras floraciones de verano en el entorno.