La adelfa amarilla se vende como arbusto de flor para patios y jardines pequeños, y desde el punto de vista ornamental el argumento es bueno: florece medio año, se mantiene compacta, aguanta el calor y no necesita casi agua. Pero es también una de las plantas más tóxicas que se cultivan en España, y ese dato debería aparecer en la etiqueta del vivero mucho antes que el color de la flor. Vamos a empezar por ahí.

Advertencia previa: es venenosa de verdad

Thevetia peruviana, hoy aceptada por muchos autores como Cascabela thevetia, pertenece a las apocináceas, la familia de la adelfa y de la vinca. Toda la planta contiene glucósidos cardiotónicos —tevetina A y B, entre otros— de acción similar a la digital, capaces de alterar el ritmo cardíaco.

La parte más peligrosa con diferencia es la semilla, contenida en el interior del fruto. Es de tamaño considerable, de aspecto inocente y se conoce popularmente como «hueso de la suerte» o «codo de fraile». En países del sur de Asia donde la planta es común, la ingestión de estas semillas es una causa documentada y frecuente de intoxicaciones graves, con miles de casos anuales. No es una toxicidad teórica de las que aparecen en las fichas: una o dos semillas pueden bastar para provocar un cuadro cardíaco serio en un niño.

Además, toda la planta segrega un látex lechoso al cortarla que irrita la piel y, sobre todo, las mucosas y los ojos. Poda siempre con guantes y evita tocarte la cara.

Conclusión práctica: no la plantes si hay niños pequeños o mascotas que muerdan todo. Y si la tienes, retira los frutos antes de que maduren y caigan al suelo. Con esa precaución es una planta perfectamente manejable —igual que la adelfa, que lleva siglos en las medianas de nuestras carreteras—, pero la decisión hay que tomarla informado.

Origen y características

Es originaria de la América tropical, de México a Centroamérica y el norte de Sudamérica, y hoy está extendida por todas las regiones cálidas del planeta como ornamental. El epíteto «peruviana» es en realidad algo engañoso respecto a su origen exacto.

Se comporta como arbusto grande o arbolito de 3 a 6 metros, con ramificación densa desde abajo y copa redondeada. En cultivo se mantiene con facilidad entre 2 y 3 metros mediante poda, y de ahí su fama de planta apta para espacios reducidos.

Las hojas son perennes, alternas, muy estrechas y alargadas —de 8 a 15 cm por apenas 1 cm de ancho—, brillantes, coriáceas, de un verde oscuro, con un nervio central muy marcado. Recuerdan bastante a las de la adelfa común, aunque son más finas y más lustrosas, y le dan a la planta un aspecto ligero y algo plumoso.

Flor amarilla en forma de embudo de Thevetia peruviana

Las flores son grandes, de 5 a 7 cm, con forma de embudo o trompeta y los cinco lóbulos retorcidos en espiral, un rasgo típico de las apocináceas. El color habitual es un amarillo intenso; existen formas de flor anaranjada, a veces designadas como variedad aurantiaca, y otras de tono albaricoque o crema. Son ligeramente perfumadas.

Florece de forma prolongada desde finales de primavera hasta el otoño, y en clima subtropical como el canario prácticamente todo el año. Después aparece el fruto: una drupa carnosa de sección triangular y forma aplanada, de unos 4 cm, que pasa del verde al rojizo y finalmente al negro. Dentro está la semilla, la parte peligrosa.

Dónde se puede cultivar

Este es el factor limitante. Thevetia peruviana es una planta de clima cálido sin heladas. Sufre daños por debajo de 0 °C, pierde hoja y se queman los brotes con -2 °C y muere con heladas más intensas o prolongadas.

En la práctica, en exterior y sin protección, su territorio en España es Canarias, el litoral mediterráneo cálido —Málaga, Almería, Alicante, Murcia y zonas resguardadas de la Comunidad Valenciana y de la costa catalana— y algunos enclaves del sur atlántico. En Baleares es viable en zonas costeras resguardadas.

Fuera de ahí, la única opción realista es cultivarla en maceta grande, sacándola al exterior de abril a octubre y guardándola en invernadero frío, galería o porche cerrado y luminoso durante el invierno, con riegos muy espaciados y temperatura por encima de 5 °C. No es una planta de interior permanente: en habitación oscura pierde hoja y no florece.

Cuidados

Exposición. Pleno sol, cuanto más mejor. Es una planta tropical heliófila y en sombra se ahíla y prácticamente no florece. Tolera bien el calor extremo y la reverberación de un patio con solería.

Suelo. Poco exigente siempre que drene. Vive en suelos francos, arenosos y calizos, y tolera cierta salinidad, lo que la hace útil cerca del mar. Lo que no admite es el encharcamiento. En maceta, sustrato universal con un 25-30 % de perlita o arena gruesa y un buen drenaje en el fondo.

Riego. Moderado y regular en la temporada de crecimiento. Es notablemente resistente a la sequía una vez establecida, y de hecho el exceso de riego le hace más daño que la falta. En jardín, un riego semanal profundo en verano basta; en maceta, cada tres o cuatro días en pleno verano, dejando secar la superficie entre riegos. En invierno, reduce drásticamente: cada quince o veinte días, o menos si está en reposo y en fresco.

Un síntoma habitual de exceso de agua es el amarilleo generalizado de las hojas inferiores con caída, muchas veces confundido con falta de abono.

Abonado. De abril a septiembre, abono líquido para plantas de flor cada tres o cuatro semanas, o un granulado de liberación lenta en primavera. Evita el exceso de nitrógeno, que produce muchas hojas y pocas flores.

Poda. Se hace a finales de invierno, en febrero o marzo, antes de que arranque la brotación, y siempre con guantes por el látex. Florece sobre madera del año, así que la poda no compromete la floración.

Trabaja para conseguir la forma que quieras: como arbusto denso, acortando todas las ramas un tercio; como arbolito de un solo tronco, seleccionando un eje y suprimiendo las ramas bajas y los brotes de la base progresivamente. Tolera bien la poda de rebaje y rebrota con facilidad.

Durante la temporada, retirar los frutos en formación no es solo una cuestión de seguridad: al no gastar energía en madurar semillas, la planta prolonga la floración.

Trasplante. En primavera, cuando ya no hay riesgo de frío. En maceta, cambio cada dos o tres años subiendo una talla, hasta llegar a un contenedor de 40-50 litros en el que puede mantenerse indefinidamente con renovación de los primeros centímetros de sustrato cada año.

Plagas. Pocas, y en buena medida por su propia toxicidad. Puede aparecer cochinilla algodonosa en las axilas y el envés, tratable con jabón potásico o aceite de parafina, y araña roja en ambientes secos y calurosos, sobre todo en plantas invernadas. El pulgón la ataca ocasionalmente en primavera. En cuanto a enfermedades, solo la pudrición de raíz por exceso de agua merece preocupación.

Multiplicación

Por esqueje semileñoso en primavera o verano: trozos de 15 cm de ramas del año. Deja los cortes secar al aire unas horas para que cierre el látex antes de plantar, un paso que muchos se saltan y que evita pudriciones. Después, hormona de enraizamiento y sustrato de turba y perlita, con calor de fondo de unos 22-25 °C y humedad ambiental alta. Enraízan en cuatro a seis semanas.

Por semilla, que germina bien: extrae la semilla del fruto maduro —con guantes—, remójala 24 horas en agua tibia y siembra en primavera a 22-25 °C. Nace en dos o tres semanas. Vigila mucho dónde guardas las semillas si hay niños en casa.

En resumen

Thevetia peruviana es un arbusto tropical de flor amarilla en trompeta, floración de mayo a otoño, follaje perenne muy estrecho y brillante, ideal para patios y jardines pequeños del litoral cálido español y de Canarias. Quiere pleno sol, suelo drenante y riego moderado; teme el frío por debajo de 0 °C y el encharcamiento. Se poda a finales de invierno, con guantes. Y lo esencial: toda la planta es tóxica y sus semillas son gravemente venenosas. Retira los frutos, no la plantes donde jueguen niños pequeños y trátala con el mismo respeto que a la adelfa.


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