Hay un rasgo que identifica al género antes que ningún otro: la flor parece tener un solo labio. En el resto de las labiadas la corola forma dos labios enfrentados, uno arriba y otro abajo. En Teucrium el labio superior está hendido hasta la base y sus dos lóbulos se echan hacia los lados, de modo que queda solo la plataforma inferior, con los estambres asomando por encima. Una vez visto, no se confunde.
Teucrium es un género de la familia Lamiaceae con entre 250 y 300 especies, concentradas en la cuenca mediterránea. En la Península Ibérica y Baleares hay del orden de cincuenta, muchas de ellas endémicas de sierras concretas. Son matas y arbustillos de tallo cuadrangular, hoja opuesta y follaje a menudo grisáceo, adaptados a suelo pobre, pedregoso y seco.
Un aviso antes de seguir
El camedrio, Teucrium chamaedrys, y otras especies del género contienen diterpenos neoclerodanos hepatotóxicos. Su consumo por vía oral se asoció en los años ochenta y noventa a casos de hepatitis tóxica, algunos graves, y en 1992 Francia retiró del mercado los preparados orales que lo contenían. Otras especies del género han dado problemas similares.
En un jardín esto no supone ningún riesgo: la planta no es irritante al tacto, se poda sin precauciones especiales y no desprende nada peligroso. El problema es exclusivamente la ingestión. Basta con no usarla en infusión ni en preparados caseros, y no plantarla donde un animal de pasto vaya a comérsela de forma sistemática.
Las especies que interesan en jardín
Teucrium fruticans, la olivilla o salvia amarga. Es la más usada y la única del género con porte de arbusto real: de 1 a 2 metros de alto, hasta 2,5 en costa, con ramas blanquecinas y hoja pequeña, verde grisácea por el haz y blanca tomentosa por el envés, lo que da al conjunto un color plata mate muy luminoso. La flor es azul lila pálido, y su gran virtud es el calendario: en el litoral mediterráneo florece de forma casi continua de febrero a noviembre, con picos en primavera y otoño. Aguanta el recorte, rebrota bien y por eso funciona como seto formal gris, pantalla ligera o topiaria. El cultivar 'Azureum' tiene la flor de un azul mucho más intenso y porte algo más compacto, a cambio de ser un poco menos rústico. Resistencia al frío: hasta -6 o -8 °C sin daño; por debajo se le hiela la parte aérea y rebrota de la base si el frío no ha alcanzado el cuello.
Teucrium chamaedrys, el camedrio. Mata baja y estolonífera de 20 a 30 centímetros, con hoja pequeña verde oscura, lustrosa y dentada, que recuerda a una hoja de roble en miniatura. Florece en rosa purpúreo de julio a septiembre. Es la especie clásica de los parterres de nudos y de las borduras recortadas bajas, y sustituye bien al boj en zonas donde la Cylindrocladium o la oruga del boj lo han arruinado. Resiste hasta unos -15 °C y en zonas frías pierde parte de la hoja en invierno. Se extiende por estolones, así que ocupa terreno poco a poco.
Conviene un apunte de nomenclatura: buena parte del material que circula en viveros como camedrio es en realidad Teucrium × lucidrys, el híbrido de T. chamaedrys con T. lucidum. Es más leñoso, más denso, menos estolonífero y mejor para seto bajo recortado que la especie pura. No es un problema, pero explica que dos plantas con la misma etiqueta se comporten distinto.
Teucrium capitatum, la zamarrilla. Tratada también como Teucrium polium subsp. capitatum. Matita de 10 a 30 centímetros, densamente cubierta de pelo blanco lanoso, con hojas diminutas de margen revuelto y cabezuelas globosas de flores blanco cremoso entre junio y agosto. Es planta de tomillar calizo, extendida por casi toda la mitad este y sur peninsular. En jardín es material de rocalla, de cubierta seca sobre grava, de talud soleado y de las juntas de un pavimento drenante. Rústica y absolutamente indiferente a la sequía una vez arraigada; lo único que no tolera es el suelo húmedo en invierno.
Otras que merecen mención. Teucrium marum, de Cerdeña y Córcega, atrae a los gatos igual que la nébeda por sus compuestos volátiles, y un ejemplar joven puede acabar aplastado. Teucrium scorodonia es la excepción del género: crece en sombra fresca, sobre suelos ácidos del norte peninsular, y sirve para bosquetes y no para secano. Teucrium gnaphalodes es un endemismo ibérico de aspecto muy plateado y flores rosadas. Teucrium cossonii y Teucrium ackermannii, endemismos baleares, forman almohadillas rastreras de flor rosa magenta excelentes para rocalla y muro seco.
Suelo pobre y drenaje
Todas estas plantas vienen de tomillares, roquedos y matorrales sobre suelos esqueléticos, muchas veces calizos. El error de cultivo va casi siempre en la dirección de darles demasiado.
El suelo debe ser pobre y drenante. Calizo sin ningún problema; la mayoría son calcícolas y ninguna necesita acidez. Lo que las mata es el suelo pesado que retiene agua en invierno: en arcilla compactada, con el sustrato frío y saturado durante semanas, aparece podredumbre de cuello y raíz por Phytophthora y la planta se hunde de golpe, a veces sin síntomas previos. Si el terreno es arcilloso, la solución es plantar elevado, sobre caballón o talud, con aporte generoso de grava, arena gruesa o zahorra en el volumen de plantación, y acolchado mineral en superficie en lugar de corteza.
Sol pleno. A media sombra se ahílan, alargan entrenudos, florecen poco y el follaje gris pierde el plateado, porque el tomento se reduce. Un Teucrium fruticans a la sombra deja de ser una planta gris para volverse un arbusto verde apagado y desgarbado.
Nada de abono, o casi. Es un punto que tiene consecuencias concretas. El nitrógeno produce crecimiento blando, con entrenudos largos y tejidos poco lignificados. El resultado es una mata abierta que se desmadeja y se parte con el peso de la lluvia, más sensible al frío porque no ha endurecido, más apetecible para el pulgón y con menos aceite esencial. En suelo de jardín normal no hace falta nada; en maceta, un aporte muy ligero de fertilizante de liberación lenta en marzo y basta.
Riego. El primer verano, un empape profundo cada diez o quince días para forzar raíz hacia abajo, no riegos frecuentes y superficiales. A partir del segundo, Teucrium fruticans agradece dos o tres riegos de socorro en julio y agosto en el interior peninsular, y ninguno en litoral; Teucrium capitatum y las especies de rocalla no necesitan nada en absoluto. En riego por goteo compartido con otras plantas suelen sufrir por exceso, no por defecto.
Poda: la operación que decide si duran
Como la lavanda, el romero o la santolina, los Teucrium son matas que se lignifican desde la base y tienden a abrirse por el centro con los años, dejando un anillo de ramas periféricas alrededor de un hueco de madera vieja y desnuda. Y, salvo T. fruticans, rebrotan mal o nada de madera sin hoja. Cortar por debajo del follaje verde deja un muñón que ya no vuelve.
De ahí la regla básica: recorte ligero y anual, siempre sobre crecimiento del año, dejando hoja verde y yemas por debajo del corte. Un recorte de un tercio o menos del brote nuevo, cada temporada, mantiene la mata compacta indefinidamente. Dejar pasar tres o cuatro años sin tocarla y luego intentar rebajarla es lo que produce esos ejemplares deformes con un agujero en medio que ya no tienen arreglo.
El momento. La poda principal, a finales de invierno, entre febrero y marzo según zona, pasado el riesgo de helada fuerte y antes de que arranque el brote. Las especies de floración estival como T. chamaedrys y T. capitatum admiten además un repaso ligero al terminar la flor, que retira los tallos florales secos y estimula una mata densa para el invierno.
Teucrium fruticans es la excepción. Rebrota con soltura incluso de madera vieja, y por eso es de las pocas plantas grises que aceptan recorte formal repetido. Un seto de olivilla se recorta dos o tres veces al año: en marzo, y después de cada empujón de crecimiento, tras la floración de primavera y a principios de otoño. Para rejuvenecer un ejemplar viejo y desgarbado, se rebaja por tercios a lo largo de dos o tres años sucesivos, en marzo o abril, dejando siempre parte de la planta con follaje; nunca todo de una vez, y nunca en pleno verano, cuando la madera recién descubierta se quema al sol.
Multiplicación y problemas
El esqueje semileñoso es el método sencillo: ramillas de 8 a 10 centímetros tomadas entre julio y septiembre, sin flor, deshojadas por la mitad inferior, en sustrato muy arenoso, a la sombra y con humedad ambiental alta. Enraízan en cuatro a seis semanas y agradecen hormona de enraizamiento pero no la exigen. Las especies estoloníferas, como T. chamaedrys, se dividen en marzo, y las rastreras acodan solas allí donde el tallo toca suelo.
Las plagas son escasas y casi siempre secundarias: pulgón en los brotes tiernos y cochinilla algodonosa en plantas con exceso de riego o de abono, o en ejemplares muy densos y mal aireados. El problema serio, insisto, es el hongo del suelo por mal drenaje, y no se resuelve con fungicida sino replantando en condiciones distintas.
Su valor para los polinizadores
Este es un punto donde el género tiene más mérito de lo que aparenta, y por dos motivos distintos.
El primero es el calendario. Teucrium fruticans florece en el litoral mediterráneo durante el invierno y el final del invierno, entre enero y marzo, cuando la oferta de néctar es mínima. En esa época hay abejorros de Bombus terrestris activos en la franja costera, que no hibernan por completo, y abejas de la miel que salen los días templados. Una mata de olivilla en flor en febrero es un recurso real, no decorativo. Teucrium capitatum y Teucrium polium, por su parte, florecen en pleno julio y agosto, la otra ventana pobre del año en secano mediterráneo, y son plantas melíferas reconocidas de los tomillares.
El segundo es la morfología de la flor. Las labiadas con corola bilabiada tubular, como la salvia o la lavanda, reservan su néctar a insectos de lengua larga. La corola unilabiada de Teucrium deja una plataforma de aterrizaje abierta y el néctar relativamente accesible, con lo que la visitan abejas solitarias pequeñas, avispas, sírfidos y otros dípteros, además de las abejas grandes. Es una flor generalista, y eso amplía mucho el espectro de fauna que sostiene.
Consecuencia práctica para quien plante por este motivo: no aplicar insecticidas sistémicos ni tratamientos de amplio espectro sobre plantas en flor, y escalonar el recorte del seto de olivilla de modo que nunca quede toda la superficie sin flor a la vez.
En resumen
Los Teucrium son labiadas mediterráneas de suelo pobre reconocibles por su corola aparentemente de un solo labio. Para jardín interesan sobre todo tres: Teucrium fruticans, arbusto gris de 1 a 2 metros con flor azul casi continua y buena respuesta al recorte formal; Teucrium chamaedrys, mata baja de bordura y parterre, resistente hasta -15 °C, a menudo servida como el híbrido T. × lucidrys; y Teucrium capitatum, la zamarrilla blanca lanosa de rocalla y jardín de gravas.
Contienen diterpenos hepatotóxicos y no deben ingerirse; en el jardín, en cambio, se manejan sin ninguna precaución especial.
Quieren sol pleno, suelo pobre, pedregoso y muy drenante, caliza incluida, y poco o ningún abono, porque el nitrógeno les da crecimiento blando que se abre y se hiela. Lo que las mata es el suelo encharcado en invierno. Y la poda es lo que decide su vida útil: recorte ligero todos los años sobre madera del año, dejando siempre hoja verde por debajo del corte, con T. fruticans como única especie que tolera rebajes fuertes, hechos por tercios y en primavera.
A cambio ofrecen algo poco común: floración en las dos ventanas más pobres del año, el invierno costero y el pleno verano de secano, con una flor abierta que alimenta tanto a abejas como a sírfidos y avispas.