Empecemos por lo que no es. Cephalotaxus harringtonia se vende en España como tejo de Hokkaido o tejo japonés, y no es un tejo: pertenece a otro género y a otra familia, las cefalotaxáceas, aunque parte de los tratamientos actuales las incluyan dentro de unas taxáceas ampliadas. El verdadero tejo japonés es Taxus cuspidata, que sí es un Taxus. La confusión viene del parecido a distancia, y se deshace en cuanto se coge una ramilla con la mano.

Cómo distinguirlo de un tejo de verdad

Las acículas. Es la señal más rápida. Las de Cephalotaxus miden de 3 a 6 cm, casi el doble que las de un tejo, y son claramente más anchas, rígidas y terminadas en una punta que pincha al pasar la mano en sentido contrario. Las de Taxus baccata rondan los 2 o 3 cm y son blandas.

El envés. Al girar la ramilla, Cephalotaxus muestra dos bandas estomáticas blancas, anchas y muy nítidas, separadas por el nervio verde. El envés de un tejo es verde claro amarillento y uniforme, sin bandas blancas marcadas. Con la rama boca abajo, la diferencia se ve desde dos metros.

La disposición. En Cephalotaxus las acículas salen en dos filas pero abiertas en V, formando una canaleta a lo largo de la ramilla, lo que le da a los brotes ese aspecto de cepillo colgante que le valió en inglés el nombre de cow's tail pine. El tejo las lleva más planas, en un solo plano de peine.

El fruto. Es la prueba definitiva. La estructura carnosa de Cephalotaxus mide de 2 a 3 cm, tiene forma de aceituna, es verde y vira a pardo violáceo al madurar durante su segundo año, y está completamente cerrada: envuelve la semilla por entero. El arilo del tejo mide menos de un centímetro, es rojo coral, y está abierto por el extremo, con la semilla asomando como en un dedal. Ni el color, ni el tamaño, ni la forma coinciden.

Follaje de Cephalotaxus harringtonia con acículas largas dispuestas en V

Origen y porte

El género Cephalotaxus agrupa una decena de especies del este de Asia. C. harringtonia se conoce sobre todo por sus formas cultivadas en Japón desde hace siglos, y su área natural abarca Japón, Corea y el este de China. El nombre comercial que se usa aquí alude al norte japonés, pero la especie no es exclusiva de allí.

Es un arbusto grande o un arbolito de 3 a 6 metros, de crecimiento muy lento, entre 10 y 15 cm al año, y con tendencia a ramificar desde la base en varios troncos. Es dioico, como el tejo, así que solo los pies hembra dan frutos y solo si hay un macho cerca.

Las variedades y cultivares que se encuentran en vivero cambian bastante el resultado en el jardín:

var. drupacea, la más compacta y ancha, con las acículas fuertemente encorvadas en V. var. koreana, algo más rústica al frío. var. nana, baja y estolonífera, que se extiende lentamente formando manchas. 'Fastigiata', columnar y con las acículas dispuestas en espiral alrededor del tallo, no en dos filas, con un aspecto de botella oscura que no se parece a ninguna otra conífera de jardín. 'Prostrata' y 'Duke Gardens', rastreras o en cojín de 60 a 90 cm de alto por dos metros de ancho, que son las que más se usan como tapizantes de sombra.

La homoharringtonina, de pasada

De este género se aisló en los años setenta la homoharringtonina, un alcaloide que estudiaron en paralelo grupos chinos y estadounidenses y que, tras un recorrido clínico largo e irregular, terminó aprobándose en 2012 como omacetaxina para casos concretos de leucemia mieloide crónica. Es un caso paralelo al del paclitaxel del tejo del Pacífico, con la diferencia de que aquí el compuesto se obtiene de hojas y ramillas, material renovable desde el principio, y nunca hubo presión de recolección sobre poblaciones silvestres.

Para el jardinero, lo único relevante de esa química es que la planta contiene alcaloides en sus tejidos y que la parte carnosa del fruto no es comida. No tiene el historial de intoxicaciones de ganado que arrastra el tejo, pero tampoco hay motivo para tratarla como inocua.

Sombra profunda: para qué sirve de verdad

Aquí está el argumento para plantarlo. Cephalotaxus harringtonia tolera la sombra mejor que prácticamente cualquier otra conífera cultivable. Vive y mantiene buen color con dos o tres horas de sol filtrado al día, bajo la copa cerrada de un tilo, un plátano o una encina, o en el patio interior de un edificio donde el sol directo no llega nunca. En esas condiciones un enebro se pela, una tuya se aclara y se llena de hueco, un ciprés se estira buscando luz y el tejo aguanta pero crece con desgana. Este no: sigue compacto.

Tiene además una segunda ventaja poco citada: soporta el calor húmedo mucho mejor que el tejo. En el sureste de Estados Unidos se plantó precisamente por eso, como sustituto de Taxus allí donde los veranos cálidos y bochornosos hacían que los tejos se pudrieran de raíz. En España eso se traduce en que funciona bien en jardines de sombra del sur y del litoral, siempre que tenga riego y suelo drenado.

Y una tercera: los herbívoros lo dejan en paz. En fincas con corzos o conejos, donde los brotes tiernos de otras plantas desaparecen cada primavera, se mantiene intacto.

Cultivo

Ubicación. Sombra o sombra parcial. El sol directo de mediodía en verano del interior peninsular le decolora la fronda a un verde amarillento apagado, que es justo lo contrario de lo que se busca en él. Contra un muro orientado al norte da su mejor versión.

Suelo. Fresco, profundo, de ácido a ligeramente alcalino, con materia orgánica. Es menos exigente con el pH de lo que suele decirse, pero necesita drenaje: en arcilla compactada y con riego generoso se pierde por asfixia radicular.

Riego. Moderado y constante en los tres primeros años. Después tolera periodos secos si está en sombra, aunque no es una planta de secano. Un acolchado de corteza de cinco centímetros ahorra la mitad del riego y le mantiene la raíz fresca.

Frío. Aguanta en torno a -18 ºC sin daño, y algo más en las variedades coreanas. En zonas de heladas tardías, el brote nuevo de abril puede quemarse; rebrota sin problema.

Plantación. Otoño en clima suave, principios de primavera donde el suelo se hiele. Enraíza despacio, así que conviene no plantarlo en pleno verano.

Poda. Rebrota de madera vieja, igual que el tejo, de modo que admite recortes de formación y rebajes. Con todo, su crecimiento lento hace que un error de tijera tarde años en corregirse, así que lo sensato es limitarse a despuntar en junio para densificar.

Multiplicación. Esqueje semileñoso de otoño con talón, en cama fría y sustrato drenante; enraíza en unos cuatro o cinco meses, con un porcentaje decente. La semilla germina de forma irregular tras un año de estratificación. Los esquejes de brotes laterales conservan el porte tumbado, cosa que aquí se aprovecha: así se propagan las formas rastreras.

Problemas. Muy pocos. Cochinillas en ambientes cerrados, y pudriciones de raíz por exceso de agua. No tiene plagas específicas de importancia en España.

En resumen

Cephalotaxus harringtonia no es un tejo, aunque lo parezca de lejos y así se etiquete en el vivero. Se distingue por sus acículas largas y punzantes con dos bandas blancas en el envés, dispuestas en V, y por un fruto carnoso cerrado de forma de aceituna que nada tiene que ver con el arilo rojo abierto del Taxus. Su utilidad en el jardín es concreta y difícil de sustituir: una conífera densa, oscura y de crecimiento lento que vive en sombra profunda, tolera el calor húmedo y no la tocan los herbívoros. En un rincón donde nada más se mantiene verde, es la respuesta.


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