¿Una camelia que aguanta el sol directo y abre sus flores en noviembre? Existe, y se llama Camellia sasanqua. Mientras la camelia de jardín clásica, Camellia japonica, espera a febrero o marzo para florecer y agradece la sombra, la sasanqua adelanta el espectáculo al otoño y tolera exposiciones donde su prima se achicharra. Esa doble diferencia —calendario y exposición— es la razón por la que merece la pena conocerla, y también la trampa: quien la compra dando por hecho que se comporta igual que una japónica acaba podándola en el mes equivocado y quedándose sin flor.
Es un arbusto perennifolio de la familia Theaceae, originario del sur de Japón (Kyushu, Shikoku y las islas Ryukyu), donde crece en bosques costeros y en suelos ácidos con lluvia abundante. En cultivo alcanza entre 2 y 4 metros, aunque los ejemplares viejos pueden pasar de 5 y adoptar porte de arbolito de un solo tronco.
Cómo distinguirla de la camelia japonesa
En el vivero, con la planta sin flor, hay tres detalles que no fallan:
Las hojas. Las de la sasanqua son más pequeñas —de 3 a 7 cm— , elípticas u obovadas, de un verde oscuro mate o poco brillante y con el margen finamente aserrado. Las de la japónica son mayores, de hasta 10 cm, y claramente lustrosas, como enceradas.
Los brotes jóvenes y el peciolo. En C. sasanqua están cubiertos de una pelusilla corta que se nota pasando el dedo. En C. japonica son lampiños. Este carácter es el más fiable de todos.
Cómo caen las flores. La japónica suelta la flor entera, que aterriza en el suelo de una pieza. La sasanqua se deshoja pétalo a pétalo y forma bajo la planta una alfombra de confeti que dura semanas. Si ve esa alfombra en un jardín ajeno en pleno otoño, ya sabe qué está mirando.
Las flores de la sasanqua son más pequeñas que las de la japónica —de 5 a 7 cm—, sencillas o semidobles, con estambres amarillos bien visibles, y muchos cultivares tienen un perfume suave que la japónica no tiene en absoluto. La floración arranca en octubre y, según la variedad y el año, se prolonga hasta diciembre o enero.
El clima que necesita y el que aguanta
La planta adulta y bien establecida resiste heladas de -10 a -12 °C sin daño en la madera. Las flores son otra historia: por debajo de -3 o -4 °C se vuelven pardas y translúcidas de un día para otro. Como florece en otoño, en buena parte de España termina el ciclo antes de que lleguen los fríos de verdad, algo que juega a su favor frente a la japónica, cuyos capullos de febrero se estropean con cualquier ola de frío tardía.
Donde mejor está es en la franja atlántica —Galicia, la cornisa cantábrica, el norte de Portugal—, con humedad ambiental alta, lluvia repartida y suelos ácidos de origen granítico. Ahí acepta pleno sol sin protestar. En el interior peninsular y en el Mediterráneo la cosa cambia: el sol de poniente de julio y agosto, combinado con aire seco, le quema las hojas por los bordes y le deja manchas pardas irrecuperables. En esos climas hay que darle sol de mañana y sombra desde el mediodía, y protegerla del viento seco, que le deshidrata las hojas más deprisa de lo que las raíces pueden reponer.
Suelo: ácido, aireado y sin enterrar el cuello
Necesita suelo ácido, con un pH entre 5 y 6,5, rico en materia orgánica y, sobre todo, con drenaje. Las raíces son finas, superficiales y muy sensibles al encharcamiento: en un suelo pesado que retiene agua aparece Phytophthora cinnamomi, la planta se marchita como si tuviera sed, se riega más y se acelera el desenlace. Cuando se ve el marchitamiento ya no hay tratamiento que la salve.
Dos reglas de plantación que valen más que cualquier abono:
No la entierre. El cuello de la planta, el punto donde el tronco se ensancha para pasar a raíz, debe quedar a ras de superficie o un par de centímetros por encima. Plantada tres dedos más profunda, la sasanqua languidece durante dos o tres años y se muere sin causa aparente.
Acolche siempre. Una capa de 5-8 cm de corteza de pino, acículas o restos de poda triturados sobre el suelo mantiene la humedad, la frescura y la acidez, y ahorra riegos. Deje libres los cinco centímetros pegados al tronco.
En suelo calizo —la mitad de la Península— plantarla directamente en el terreno es tirar el dinero. La opción realista es la maceta o un arriate elevado con sustrato específico y agua adecuada.
El agua de riego, que es donde se pierde la partida
Se habla mucho del sustrato ácido y poco del agua, y el agua es lo que manda a largo plazo. Buena parte del agua de red española lleva bicarbonatos en cantidad; regando con ella durante dos temporadas, un sustrato que empezó en pH 5,5 termina por encima de 7. A partir de ahí el hierro y el manganeso quedan bloqueados en el suelo, la planta no puede absorberlos y aparece la clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes marcados.
La solución de verdad es regar con agua de lluvia, que además sale gratis; un bidón bajo un bajante da para varias camelias. Si eso no es posible, un quelato de hierro EDDHA aplicado a comienzos de primavera devuelve el verde, porque es el único quelato que sigue siendo estable con el pH alto —los EDTA no sirven en suelo calizo—. Pero es un parche anual, no una cura: el sustrato seguirá alcalinizándose.
En cuanto a frecuencia: riegos regulares y abundantes de mayo a septiembre, dejando que el par de centímetros superficiales se sequen entre uno y otro, y riego escaso en invierno. El momento crítico es de junio a agosto, cuando se están formando los botones florales; una sequía en ese periodo se paga con caída masiva de capullos en octubre.
Abonado
Con un abono para plantas acidófilas o de tipo ericáceas basta. Aplíquelo desde marzo hasta finales de julio, ya sea de liberación lenta una o dos veces por temporada, o líquido cada tres semanas en el riego. En agosto conviene parar: el nitrógeno tardío provoca brotes tiernos que llegan a noviembre sin agostar y se hielan.
El estiércol fresco y las cenizas de chimenea están descartados; las cenizas son fuertemente alcalinas y deshacen en una tarde el trabajo de meses.
Poda: se hace en invierno, no en verano
Aquí está el fallo que deja a la planta sin flor. La Camellia sasanqua forma los botones sobre los brotes del año, entre finales de primavera y el verano. Quien pasa la tijera en junio o julio para "darle forma antes de que llegue el calor" está cortando exactamente la madera que iba a florecer en otoño.
El momento correcto es justo después de la floración, en febrero, en cuanto caen las últimas flores y antes de que arranque la brotación. Entonces se puede aclarar el interior, quitar ramas cruzadas, secas o mal orientadas, y recortar la silueta.
La sasanqua tolera la poda mucho mejor que la japónica y rebrota bien de madera vieja, cualidad que en Japón se aprovecha desde hace siglos para formar setos recortados. Es de las pocas acidófilas de flor que aceptan trabajo de topiaria o conducción en espaldera contra un muro orientado al este.
En maceta
Es la forma de cultivarla en zonas de suelo calizo, y funciona bien. Use sustrato para plantas ácidas mezclado con un 25-30 % de perlita o corteza fina para asegurar el aireado, y una maceta con agujeros generosos; nunca un plato con agua estancada debajo. Trasplante cada dos o tres años, en febrero, subiendo un solo número de maceta cada vez.
Vigile las larvas de Otiorhynchus sulcatus, el escarabajo de la vid: los adultos hacen muescas semicirculares en el borde de las hojas —marca inconfundible— y las larvas, blancas y curvadas, devoran las raíces dentro del cepellón. Una planta en maceta que se marchita sin motivo con el sustrato húmedo suele tener la raíz comida.
Multiplicación
El sistema práctico es el esqueje semileñoso de julio o agosto: brotes del año ya endurecidos en la base, de 8 a 10 cm, con dos o tres hojas cortadas por la mitad para reducir la transpiración, hormona de enraizamiento y un sustrato de turba y perlita a partes iguales. Con calor de fondo (20-22 °C) y ambiente saturado bajo plástico o niebla, enraízan en seis a diez semanas.
El acodo aéreo sobre una rama de dos años también funciona y da planta grande en un año. La siembra de semilla germina sin dificultad, pero la descendencia no reproduce el cultivar y tarda de cuatro a seis años en florecer.
Plagas y enfermedades
Cochinillas. La algodonosa y sobre todo Chloropulvinaria floccifera, que forma ovisacos blancos alargados en el envés, junto al nervio central. Segregan melaza y detrás llega la negrilla, ese hollín negro que cubre las hojas. Tratamiento con aceite de parafina o jabón potásico a finales de invierno y de nuevo cuando salgan las larvas móviles en primavera, mojando bien el envés.
Pulgón. Solo en los brotes tiernos de abril y mayo. Rara vez requiere más que un chorro de agua o jabón potásico.
Trips. Heliothrips haemorrhoidalis deja las hojas con un aspecto plateado o bronceado y puntitos negros de excrementos. Aparece en ambientes cálidos, secos y resguardados.
Araña roja. Mismo escenario: calor, sequedad y falta de ventilación, típico de camelias en terraza.
Podredumbre de raíz por Phytophthora. La enfermedad grave. Marchitez general, hojas mates y colgantes, raíces pardas y quebradizas. No se cura; se previene con drenaje y con riegos que no ahoguen.
Botritis de la flor (Ciborinia camelliae). Manchas pardas que avanzan desde el centro del pétalo hasta pudrir la flor entera en dos días. El hongo pasa el invierno en esclerocios caídos al suelo. La sasanqua suele escapar de él porque florece antes de que el hongo entre en actividad, pero si convive con japónicas afectadas conviene recoger y retirar las flores caídas, no dejarlas bajo la planta ni echarlas al compost.
Variedades que dan buen resultado
'Setsugekka' es blanca semidoble, de pétalos ondulados y flor grande, muy resistente al sol. 'Kanjiro' tiene flor rosa fuerte, porte erguido y va bien para seto. 'Yuletide' es de un rojo intenso con centro amarillo y florece tarde, ya en diciembre, lo que la hace interesante para alargar la temporada. 'Hiryu' es roja y de crecimiento más compacto. 'Cleopatra' rosa pálido y hoja estrecha, adecuada para maceta.
Como criterio general: las de flor sencilla resisten mejor la lluvia y el viento que las dobles, que se apelmazan y se estropean con el primer temporal de otoño.
Lo del té y el aceite
El té que se bebe sale de Camellia sinensis, una especie distinta del mismo género. Con las hojas de la sasanqua se han preparado infusiones en Japón, pero ni el sabor ni la composición son comparables, y una planta comprada en vivero como ornamental habrá recibido tratamientos fitosanitarios que no la hacen apta para consumo. El nombre comercial con el que se etiqueta en algunos catálogos no la convierte en la planta del té.
Lo que sí tiene interés real es su semilla: de ella se extrae industrialmente en Japón el aceite de sasanqua, empleado en cosmética y en cocina. Es un aprovechamiento de escala industrial, no algo que se resuelva en casa.
En cuanto a seguridad, las camelias no figuran entre las plantas tóxicas para personas ni para perros y gatos, así que es una elección tranquila para un jardín con animales o niños.
En resumen
La Camellia sasanqua es la camelia del otoño y la que mejor tolera el sol. Pídale suelo ácido con pH entre 5 y 6,5, drenaje impecable y el cuello sin enterrar. Riéguela con agua de lluvia siempre que pueda, porque el agua dura del grifo alcaliniza el sustrato y acaba en clorosis; el quelato EDDHA es un remedio de temporada, no una solución. Abone con producto para acidófilas de marzo a julio y pare en agosto. Pode en febrero, nada más caer las flores, porque los botones se forman sobre el brote de primavera y una tijera en junio elimina la floración entera. Vigile cochinillas en el envés y, sobre todo, no la ahogue: la Phytophthora en suelo encharcado no perdona. Con eso, tendrá flor cuando el resto del jardín ya se ha apagado.