Doce metros de distancia entre un sauce blanco y una casa se quedan cortos si por medio pasa la acometida del saneamiento. Las raíces del género Salix no buscan el agua: la persiguen, y entran por la junta de un tubo de gres o por la fisura de una arqueta con una facilidad que sorprende al propietario cuando el fontanero le enseña la cámara. Ese es el asunto que conviene resolver antes que ningún otro, porque el resto de los cuidados de un sauce son sencillos hasta el aburrimiento.

Dicho lo cual, pocos árboles dan tanto por tan poco en un terreno húmedo: crecen rápido, se multiplican clavando un palo en el suelo, aguantan heladas fuertes, sujetan una orilla que se desmorona y florecen en pleno invierno cuando las abejas no tienen otra cosa que llevarse a la colmena.

Qué es un sauce y en qué se distingue de un chopo

Salix es un género de la familia Salicaceae con del orden de 350 a 400 especies, repartidas sobre todo por las zonas templadas y frías del hemisferio norte, con el grueso de la diversidad en Asia. Incluye desde árboles de 25 metros hasta matas rastreras de montaña de apenas unos centímetros, como Salix herbacea, que en la Península aparece en cumbres pirenaicas y cantábricas.

Comparte familia con los chopos y álamos (Populus), y el parecido acaba antes de lo que parece. Las yemas del sauce están cubiertas por una sola escama a modo de caperuza, mientras que las del chopo llevan varias y suelen ser resinosas. Las hojas del sauce son casi siempre alargadas y de peciolo corto; las del chopo, anchas y con peciolo largo, a menudo aplanado, que es lo que hace temblar al álamo temblón. Y hay una diferencia que importa al jardín: la mayor parte de los sauces son polinizados por insectos, no por el viento, así que sus amentos producen néctar y perfume y no llenan el aire de polen alergénico como hacen los chopos.

Todos los sauces son dioicos: cada ejemplar es macho o hembra. Detalle nada teórico. Los amentos plateados y luego dorados que se compran para floreros o se plantan por el efecto invernal son los masculinos; los pies hembra dan amentos verdosos, discretos, y en verano sueltan una pelusa blanca con las semillas. Si el sauce se planta por el espectáculo de febrero, hay que asegurarse en el vivero de que la planta procede de un clon macho.

Esas semillas, además, duran poquísimo: pierden la viabilidad en días o pocas semanas. Por eso el sauce no se siembra prácticamente nunca en jardinería, y por eso su estrategia natural es colonizar en masa una grava recién depositada por una riada antes de que llegue nadie más.

Sauce blanco (Salix alba) adulto junto a un cauce

Las especies que de verdad se ven en España

Conviene separar las que crecen solas en los ríos peninsulares de las que llegan en maceta al centro de jardinería.

Salix alba, el sauce blanco. El grande de las riberas ibéricas, hasta 20-25 metros, con hojas lanceoladas cubiertas de pelos sedosos que dan al conjunto un aspecto grisáceo al moverse con el viento. Tolera el suelo calizo mejor que casi cualquier otro sauce y es el que se usa en riberas trasmochadas. La variedad vitellina tiene ramillas de un amarillo intenso en invierno; 'Britzensis' (a veces vendida como chermesina), de un naranja rojizo que solo se consigue con poda anual dura.

Salix fragilis, la mimbrera frágil. El epíteto no es un adorno: las ramillas se desprenden limpiamente del tronco con un chasquido en la base. Es su forma de propagarse, porque esos trozos flotan río abajo y arraigan. En jardín significa ramas por el suelo después de cada temporal, y es motivo suficiente para no plantarla sobre un aparcamiento ni junto a una zona de juegos.

Salix atrocinerea, la bardaguera o salguera negra. Arbustiva o arbolito de hasta 6-8 metros, hoja obovada, ancha, con pelos rojizos por el envés. Es el sauce más común y más resistente de la mitad occidental y del norte peninsular, y aguanta suelos ácidos y pobres donde otros no prosperan.

Salix caprea, el sauce cabruno. El de los amentos plateados más vistosos, ovalados y sedosos, en febrero-marzo. Es de zonas frescas y de montaña; en la meseta seca lo pasa mal si no tiene humedad edáfica. Su forma llorona injertada en pie alto, 'Kilmarnock', se vende mucho como árbol de patio pequeño: no pasa de dos metros y medio y no compromete cimentaciones, pero necesita riego constante y hay que quitarle a fondo la madera vieja cada invierno o queda un ovillo seco por dentro.

Salix purpurea, S. viminalis y S. triandra. Las mimbreras de cestería. Arbustos de varas largas, rectas y flexibles, cultivadas en cepas bajas. S. purpurea tiene ramillas rojizas y hojas casi opuestas, rasgo raro en el género; S. viminalis, hojas muy largas y estrechas con envés plateado.

Salix eleagnos y S. salviifolia, las sargas. Arbustos de hoja estrechísima, casi de romero en el caso de eleagnos, propios de gravas de ríos de montaña. S. salviifolia es un endemismo ibérico occidental que vive en cauces de aguas rápidas sobre suelo silíceo. Ambas son excelentes para estabilizar orillas y muy poco usadas en jardín.

Salix canariensis, el sauce canario. Endémico del archipiélago, ligado a nacientes, barrancos con agua y bordes de laurisilva. En Canarias es la elección lógica frente a especies continentales que allí sufren.

El sauce llorón. Pida uno en un vivero español y lo más probable es que se lleve a casa Salix × sepulcralis 'Chrysocoma', un híbrido entre el sauce blanco y el llorón chino, con ramillas colgantes de un amarillo vivo en invierno. El Salix babylonica auténtico, de ramillas verde parduzco, es raro en el comercio y bastante más delicado en clima seco. La diferencia práctica: el híbrido crece más deprisa, alcanza tamaño mayor —15 metros de alto y una copa igual de ancha— y es algo más tolerante con el frío y con la caliza. Ninguno de los dos es árbol para un jardín de 200 metros cuadrados.

Curiosidades de catálogo. El sauce tortuoso (S. babylonica var. pekinensis 'Tortuosa', etiquetado casi siempre como S. matsudana 'Tortuosa') tiene ramas retorcidas de aspecto muy gráfico en invierno, pero es de vida corta y muy propenso a la antracnosis en zonas húmedas. Y Salix integra 'Hakuro-nishiki', el de brotes jaspeados en blanco y rosa, es una planta preciosa en abril y una decepción en agosto en el interior peninsular: el sol seco de julio le quema el jaspeado y necesita poda severa cada invierno para que el color vuelva.

Dónde plantarlo: la decisión que no se puede deshacer

El sistema radical de un sauce grande es extenso, superficial y oportunista. No tiene fuerza para romper un tubo sano, pero se cuela por una junta con holgura o por una grieta y una vez dentro engorda hasta obstruirlo. Las víctimas habituales son el alcantarillado, las fosas sépticas, los drenajes agrícolas, las conducciones de riego enterradas y los pavimentos finos.

Por eso, para S. alba, S. fragilis o cualquier llorón, la regla de campo es al menos 15 metros de la casa, del saneamiento y de cualquier arqueta, y no menos de 8 metros de un muro de contención o un bordillo. Si no hay ese espacio, la solución no es plantarlo y podarlo mucho —eso no reduce las raíces, solo debilita la copa—, sino elegir otra cosa: un S. caprea 'Kilmarnock', una mimbrera arbustiva recepada cada año o directamente otro género.

El segundo criterio es la luz: pleno sol. A media sombra el sauce se estira, produce madera blanda y se llena de pulgón. Y el tercero, el viento: la madera del sauce es ligera y poco resistente a la rotura, así que un ejemplar viejo en un pasillo de viento acaba perdiendo ramas de calibre. Es un árbol de vida relativamente corta —30 a 60 años en cultivo, con frecuencia menos— y esa fragilidad se acentúa con la edad.

Suelo y riego: el punto donde se juega todo

Los sauces son de las pocas especies leñosas que toleran la asfixia radicular. Aguantan encharcamientos prolongados en invierno y crecen en suelos hidromorfos que matarían a un almendro o a un ciprés. Esa virtud se traduce en un uso claro: la zona baja del jardín donde el agua se queda parada, la orilla de una balsa, el fondo de una vaguada.

Lo que no toleran es lo contrario. Un verano manchego o extremeño sin riego basta para arruinar un sauce joven: primero amarillean y caen las hojas del interior de la copa, luego se secan las puntas de las ramas y en septiembre queda un árbol con la mitad de la estructura muerta que ya nunca recupera la forma. No es un árbol de secano, por muy rústico que se lo pinte.

En cuanto al tipo de suelo, prefiere textura franca a arcillosa, fresca, con materia orgánica y pH de neutro a ligeramente ácido. En suelos con caliza activa alta —buena parte del valle del Ebro, La Mancha, el interior andaluz— los llorones y las variedades ornamentales de hoja fina muestran clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios verdes, empezando por los brotes nuevos. S. alba y S. eleagnos lo llevan mucho mejor; si el terreno es calizo, ahí está la elección sensata.

El riego, en jardín y en clima peninsular, hay que planteárselo abundante y espaciado, no escaso y diario. Un ejemplar joven de porte arbóreo en verano puede pedir 60-100 litros dos veces por semana en el interior, mucho menos en la cornisa cantábrica. Regar poco y a menudo mantiene húmedos los primeros cinco centímetros y empuja las raíces hacia arriba, que es justo lo que no interesa en un árbol al que ya le sobra superficialidad.

Plantación y multiplicación por estaquilla

La ventana buena para plantar es de noviembre a febrero, con el árbol en reposo. A raíz desnuda solo cabe en ese periodo; en contenedor se puede plantar casi todo el año salvo en pleno verano, aunque el otoño sigue siendo mejor porque le da cinco meses de raíz antes del primer calor.

Multiplicarlo es de lo más agradecido que hay en horticultura. El sauce tiene una capacidad de enraizamiento adventicio extraordinaria y no necesita hormonas de síntesis.

Estaquilla leñosa. En enero o febrero, con la planta parada, se cortan trozos de madera del año anterior de 20-30 centímetros y del grosor de un lápiz. Se clavan en el suelo o en un sustrato arenoso dejando fuera dos o tres yemas, con el extremo correcto hacia arriba —una estaquilla invertida no arraiga—, y se mantiene húmedo. En seis u ocho semanas hay raíz.

Estaca gruesa o plantón vivo. Para riberas se emplean estacas de 1 a 2 metros y varios centímetros de diámetro, clavadas directamente en el suelo húmedo hasta alcanzar la franja capilar. Es la base de las técnicas de bioingeniería de riberas: estaquillado, fajinas y entramados vivos que sujetan un talud erosionado con material vegetal en vez de escollera. Funciona bien con S. atrocinerea, S. purpurea, S. eleagnos y S. salviifolia.

Sobre el famoso "agua de sauce" como enraizante casero: la corteza contiene salicilatos y algo de auxinas, y la maceración se usa desde hace décadas como sustituto casero de las hormonas de enraizamiento. La evidencia experimental es modesta y muy variable según especie y concentración; en las plantas que enraízan con facilidad no se nota nada porque enraizarían igual, y en las difíciles no sustituye al ácido indolbutírico comercial. No hace daño, pero no espere milagros.

Poda: recepar sí, desmochar no

Aquí conviven dos formas de podar que no tienen nada que ver.

La primera es el recepado o corte a cepa de las formas arbustivas y de las variedades de ramilla coloreada. Se cortan todas las varas a 10-30 centímetros del suelo (o de la cabeza del trasmocho) cada uno o dos años, a finales de invierno, antes de que broten. Es lo que produce el mimbre y lo que mantiene encendido el amarillo de 'Vitellina', el naranja de 'Britzensis' o el jaspeado de 'Hakuro-nishiki', porque el color solo está en la madera joven: una rama de tres años ya es parda y sin gracia.

La segunda es la poda de formación y mantenimiento de un sauce arbóreo, y aquí la consigna es mucho más conservadora. Se retiran ramas secas, rotas, cruzadas o mal ancladas, y poco más. Lo que arruina un llorón adulto es la poda de reducción brutal, ese corte a la mitad que se hace cuando el árbol se ha quedado grande: rebrota con decenas de chupones verticales insertados solo en la corteza, mal sujetos, que en cinco años pesan y se desgajan, mientras el muñón grueso —que el sauce compartimenta mal— se pudre desde el corte hacia dentro. El árbol acaba más peligroso que antes de podarlo.

Época: finales de invierno, con la salvedad de que el sauce mueve savia muy pronto y un corte de calibre en pleno febrero puede sangrar. No es grave. Lo que sí conviene evitar es podar en pleno verano, cuando la madera expuesta se agrieta al sol, y en otoño avanzado, cuando la herida queda abierta toda la humedad invernal.

Abonado

Poca cosa. En suelo de ribera fértil no hace falta abonar nunca. En jardín, un aporte de compost o estiércol bien hecho al pie, en otoño o a finales de invierno, en una capa de tres o cuatro centímetros sin llegar a tocar el tronco, cubre las necesidades del año.

Un exceso de nitrógeno es contraproducente: produce brotes largos, blandos y acuosos que son un imán para el pulgón y para la roya, y que además se hielan si llega un frío tardío. Si se abona una mimbrera para producción, se hace en marzo y con criterio, no a ojo.

Plagas y enfermedades

Roya (Melampsora spp.). El problema sanitario número uno del género. Pústulas de un naranja polvoriento por el envés de la hoja, primero dispersas y luego cubriendo la lámina, con defoliación a partir de agosto en veranos húmedos. Afecta mucho a mimbreras y a llorones en el norte. Se combate con aireación —no plantar apretado—, recogida y retirada de la hoja caída, y elección de clones resistentes; el tratamiento químico solo tiene sentido en plantaciones productivas.

Antracnosis o tizón del sauce (Marssonina salicicola, Venturia saliciperda). Manchas oscuras en hoja, chancros en brotes jóvenes y ennegrecimiento de las puntas en primavera lluviosa. Muy típica del llorón y del sauce tortuoso. La medida útil es podar y eliminar los brotes afectados en invierno.

Pulgón (Chaitophorus, Tuberolachnus salignus). Colonias en el envés y en las ramillas, melaza y negrilla. En un árbol establecido rara vez pasa de estético, y los sírfidos y mariquitas suelen resolverlo. En planta joven o en 'Kilmarnock', un jabón potásico basta.

Barrenillo del sauce y del chopo (Cryptorhynchus lapathi). Este sí es grave. Las larvas excavan galerías bajo la corteza en la base del tronco y en las ramas; se detecta por el serrín húmedo que sale de orificios y por ramas que se parten limpias por el punto atacado. Ataca sobre todo a plantas debilitadas o en estrés hídrico. La prevención real es un árbol bien regado y no herido con la desbrozadora.

Agallas (Pontania, Nematus). Bolitas rojizas o verdosas en las hojas producidas por avispas del serrín. Son llamativas y prácticamente inocuas; no hay que hacer nada.

Podredumbres de raíz y cuello. Aunque el sauce tolere el encharcamiento, no es inmune: en suelo compactado con agua estancada y sin oxígeno aparecen Armillaria y Phytophthora. Un sauce que amarillea entero y se defolia por arriba en un terreno que no drena está pidiendo que se mire el cuello.

Rusticidad: el frío no es el problema

Los sauces son de las leñosas más resistentes al frío que existen. S. alba, S. caprea o S. fragilis soportan por debajo de -20 ºC sin daño, y las especies árticas y alpinas del género viven donde no vive prácticamente nada más. En la Península ninguna zona los limita por temperatura invernal.

El factor limitante aquí es el déficit hídrico estival combinado con calor. Un sauce en Almería, Murcia o el interior de Sevilla necesita agua de forma continua o no está; en Galicia, Asturias, el Cantábrico o la mitad norte húmeda se cría solo. Cuando alguien describe el sauce como "muy rústico" habla del frío y de la poda, no del secano.

Brotes jóvenes de sauce con amentos

Mimbre y cestería

El mimbre sale de mimbreras cultivadas en cepas bajas y cortadas a ras todos los inviernos, lo que fuerza varas rectas, largas y sin ramificar. Las especies de referencia son S. viminalis, S. purpurea, S. triandra y algunos híbridos seleccionados. En España la producción tradicional se concentró en la Alcarria conquense —la comarca de Priego y Cañaveras—, y también hubo mimbreras en la Ribera navarra y en zonas del Bierzo.

La corta se hace en invierno, con la planta sin hoja. A partir de ahí, tres productos: el mimbre pardo, secado con su corteza; el mimbre blanco, que se obtiene descortezando las varas cuando la savia vuelve a moverse en primavera y la corteza se desprende sola; y el mimbre cocido, hervido con la corteza puesta, que tiñe la vara de un tono canela por los taninos y luego se pela. Antes de trabajar, la vara seca se rehidrata en agua durante horas o días según el grosor, o se quiebra al doblarla.

En jardín, una cepa de mimbrera recepada cada enero da varas de sobra para tutores, cierres trenzados vivos, cestos sencillos y armazones de trepadoras, y ocupa poco más de un metro cuadrado.

La corteza de sauce: qué dice la tradición y qué dicen los estudios

La corteza de sauce se ha usado como remedio contra la fiebre y el dolor desde la Antigüedad, y de ella se aisló en el siglo XIX la salicina, el glucósido que el organismo transforma en ácido salicílico. Ese fue el punto de partida químico que acabó llevando al ácido acetilsalicílico. La historia se cuenta a menudo como si corteza y aspirina fueran lo mismo, y no lo son: la salicina se metaboliza por una vía distinta, la cantidad presente en la corteza es muy variable de una especie y una partida a otra, y el extracto lleva además flavonoides y polifenoles con actividad propia.

En cuanto a evidencia, hay que ser preciso. Los ensayos disponibles se refieren a extractos secos estandarizados en contenido de salicina, no a preparados caseros, y el uso con mejor respaldo es el dolor lumbar agudo o crónico, donde varios ensayos y las revisiones sistemáticas encuentran un efecto moderado frente a placebo. Para artrosis y dolor articular la evidencia es más débil e inconsistente. Para la fiebre, los procesos gripales o cualquier otro uso popular, no hay ensayos clínicos que lo respalden. Las agencias reguladoras europeas la contemplan esencialmente como medicamento tradicional a base de plantas, es decir, aprobado por su historial de uso y no por prueba de eficacia.

Y hay contraindicaciones reales que no se pueden pasar por alto: alergia o intolerancia a los salicilatos y a los antiinflamatorios no esteroideos, incluido el asma que empeora con ellos; úlcera gastroduodenal y gastritis; tratamiento anticoagulante o antiagregante, por riesgo de sangrado; insuficiencia renal o hepática; embarazo y lactancia; y menores de 16-18 años con procesos víricos, por la asociación entre salicilatos y el síndrome de Reye. Puede interferir además con otros AINE y con metotrexato.

Nada de esto sustituye a una consulta. Si le interesa un preparado de corteza de sauce, la conversación es con el médico o con el farmacéutico —sobre todo si toma otra medicación—, y el producto, uno registrado y con contenido declarado, no un cocido de la rama del árbol del jardín.

Forraje, fauna y otros usos

Las ramillas y hojas de sauce se han ramoneado como forraje complementario para ovejas, cabras y vacas en zonas de montaña, y son un recurso clásico de las épocas de escasez de hierba, con un contenido proteico que puede rondar el 12-18 % de la materia seca. Complemento, no base de la ración: el contenido en salicilatos y taninos condensados desaconseja darlo en grandes cantidades, y en équidos conviene ser especialmente moderado.

El valor para la fauna es donde el sauce se sale de la media. Los amentos de S. atrocinerea y S. caprea abren entre enero y marzo, cuando prácticamente nada más florece, y son la primera fuente de polen y néctar del año para abejas melíferas y, sobre todo, para las reinas de abejorro recién salidas de la hibernación. Un solo sauce cabruno macho sostiene una cantidad de insectos que ningún arbusto de floración estival iguala.

Añada el papel de sujeción de orillas, la sombra sobre el agua que baja la temperatura de un tramo de río, y una madera ligera, blanda y elástica que se ha usado históricamente para almadreñas, aperos, palas de horno y —en el caso concreto de S. alba var. caerulea— para bates de críquet.

En resumen

El sauce es un árbol de agua, no de secano: crece rápido, aguanta encharcamiento y frío intenso, y se muere de sed en un verano manchego sin riego. Antes de plantar uno de porte arbóreo hay que resolver la distancia —15 metros como mínimo respecto a casa, saneamiento y arquetas—, porque las raíces encuentran cualquier junta con holgura y luego no hay solución barata.

Elija especie según el sitio: S. alba si el suelo es calizo, S. atrocinerea si es ácido y pobre, sargas y mimbreras si lo que hace falta es sujetar una orilla o producir varas, S. caprea 'Kilmarnock' si el jardín es pequeño. Los llorones son árboles de finca, no de parcela urbana. Y para amentos de invierno, pie macho.

Los cuidados se reducen a sol, agua abundante y espaciada, algo de compost en invierno y una poda que solo es dura en las formas arbustivas de ramilla coloreada: al sauce arbóreo se le quita lo roto y lo seco, nunca se le corta a la mitad. Vigile la roya en verano húmedo y el barrenillo en ejemplares estresados. Multiplicarlo es tan sencillo como clavar en febrero una estaquilla de madera del año anterior.

De la corteza salió la línea de investigación que llevó a la aspirina, y hay evidencia moderada para extractos estandarizados en dolor lumbar; el resto de usos populares no tiene respaldo clínico, y con anticoagulantes, embarazo, úlcera o alergia a los salicilatos está contraindicada. Esa consulta se hace en la farmacia, no en el jardín.


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