Rosáceas de fruto en drupa, con un hueso leñoso que guarda una sola semilla, hojas simples y alternas, y flores de cinco pétalos: esa definición corta reúne en el mismo género al almendro, al cerezo, al melocotonero, al endrino de las cunetas y al laurel cerezo que forma setos en los chalés. Todos son Prunus, y esa parentela explica por qué comparten virtudes, plagas y manías de cultivo.
El género agrupa entre 200 y 400 especies según el autor que se consulte, casi todas del hemisferio norte templado, y se reparte de forma natural desde el Mediterráneo hasta Japón, con un puñado de especies americanas. Para el jardinero español la cifra importa poco; lo que importa es que dentro del mismo género conviven árboles de fruta comercial, ornamentales de floración espectacular y arbustos de hoja perenne con las hojas venenosas. Conviene saber cuál se está plantando.
Cómo se reconoce un Prunus
Hay tres rasgos que, juntos, no fallan. El primero es la flor: cinco sépalos, cinco pétalos, un número elevado de estambres dispuestos en corona y un solo carpelo en el centro. El segundo es el fruto, siempre una drupa: carne alrededor de un hueso duro que encierra la semilla. El tercero son las glándulas nectaríferas del peciolo o de la base del limbo, esos dos puntitos rojizos que se ven a simple vista en la hoja de cerezo o de laurel cerezo y que sirven para distinguirlos de otras rosáceas.
A eso se suma un detalle que delata al género en cuanto el árbol sufre: la gomosis. Cuando la corteza se hiere, se hiela o se infecta, el Prunus exuda una goma ambarina que se solidifica en gotas o en churretones. No es una enfermedad en sí, es una respuesta; pero es la señal de que algo va mal, casi siempre una herida mal cicatrizada, un chancro bacteriano o asfixia de raíz.
Botánicamente el género se organiza en subgéneros que ayudan a entender el jardín. Amygdalus reúne almendro y melocotonero, con la flor sentada sobre la rama y el hueso profundamente surcado. Prunus en sentido estricto agrupa ciruelos y albaricoquero. Cerasus son los cerezos, con las flores en corimbo colgando de pedúnculos largos. Padus son los cerezos de racimo, con las flores en espigas colgantes. Y Laurocerasus reúne las especies de hoja perenne y coriácea.
Los ornamentales que de verdad funcionan aquí
Prunus serrulata es el cerezo japonés de flor. El cultivar 'Kanzan' es el más vendido: flor doble, rosa intenso, unos 8 m de altura y porte de copa de vino invertida. Florece a finales de marzo o en abril, dura dos semanas escasas y el resto del año es un árbol discreto con buen color otoñal. Aguanta mal el calor seco: en Sevilla o en Murcia sufre, y en suelos muy calizos amarillea. Su sitio está en el norte, en la meseta con riego y en jardines de media montaña.
Prunus × yedoensis, el cerezo Yoshino, florece antes y en rosa muy pálido, casi blanco, y crece más rápido pero vive menos.
Prunus mume, el albaricoquero japonés, es el que abre la temporada: flores perfumadas en enero o febrero, sobre madera desnuda, en un momento en el que no hay nada más en el jardín. Es más resistente al calor que el cerezo de flor y merece más difusión de la que tiene.
Prunus cerasifera en sus variedades de hoja púrpura ('Pissardii', 'Nigra') es el ornamental más plantado en calles y medianas de España, porque tolera la caliza, la sequía relativa y la poda de mantenimiento. Tiene su propio artículo, pero conviene retener un dato: el color púrpura solo se mantiene a pleno sol.
Prunus padus, el cerezo aliso, da racimos colgantes blancos y perfumados a finales de primavera; quiere frescor y suelo húmedo, y en el sur no prospera.
Prunus spinosa, el endrino, es un arbusto espinoso nativo que florece en blanco antes de brotar y da las endrinas del pacharán. Como seto defensivo en clima continental no tiene rival: soporta heladas, poda severa y suelos pobres, y alimenta pájaros e insectos.
Prunus mahaleb, el cerezo de Santa Lucía, es un arbolillo mediterráneo de flor blanca y olorosa, muy resistente a la sequía y a la caliza. Se usa poco como ornamental y muchísimo como portainjertos de cerezo.
Los dos laureles del vivero
Aquí hay una confusión que sale cara en metros de seto. Prunus laurocerasus, el laurel cerezo, tiene hojas grandes, de 10 a 15 cm, verde brillante, y crece a una velocidad que impresiona: puede hacer 50 cm al año en cuanto se instala. Esa velocidad es su reclamo comercial y también su problema, porque exige recorte dos veces al año de por vida. En climas atlánticos se asilvestra con facilidad a partir de las semillas que dispersan los pájaros, y en varios países europeos está considerado invasor. Además, sus hojas y semillas contienen glucósidos cianogénicos: son tóxicas para perros, caballos y ganado, y particularmente peligrosas cuando están marchitas tras un recorte. Los restos de poda nunca deben quedar al alcance de animales.
Prunus lusitanica, el loro o azarero, es la alternativa ibérica y en jardín es mejor planta. Hoja más pequeña y de peciolo rojo, crecimiento más pausado, mucha mejor tolerancia a la caliza y a la sequía estival, y una floración en espigas blancas a principios de verano que el laurel cerezo no iguala. Cuesta más en vivero y tarda dos años más en cerrar el seto; a cambio, se recorta una vez al año y no se convierte en un monstruo. Si alguien está eligiendo hoy un seto perenne de hoja ancha en la Península, esta es la elección sensata.
Los frutales del género
La lista es la de la frutería de hueso al completo: Prunus dulcis (almendro), Prunus persica (melocotonero y nectarina, que es la misma especie con la piel lampiña), Prunus armeniaca (albaricoquero), Prunus avium (cerezo dulce), Prunus cerasus (guindo), Prunus domestica (ciruelo europeo, el de las claudias y los ciruelos pasa) y Prunus salicina (ciruelo japonés, el de los frutos grandes y redondos de piel roja).
Para el aficionado, la variable que decide el éxito no es la especie sino las horas frío: el número de horas por debajo de 7 ºC que el árbol necesita acumular en invierno para brotar y florecer con normalidad. Un cerezo dulce clásico pide entre 800 y 1.200 horas; un almendro, entre 200 y 400; hay melocotoneros de bajo requerimiento que se conforman con 250 y otros que necesitan 900. Plantar un cerezo de alta necesidad en la costa mediterránea da un árbol que brota mal, escalonado y sin cuajar. La pregunta al comprar no es "¿qué tal se da aquí el cerezo?" sino "¿qué variedad tiene los requerimientos de frío de mi zona?".
El problema espejo aparece en el interior: los Prunus florecen antes de brotar y, cuanto menos frío necesitan, antes florecen. Un almendro 'Desmayo Largueta' abre en enero en el Levante y una helada de −2 ºC sobre la flor abierta se lleva la cosecha entera. La selección española de variedades de floración tardía —'Guara', 'Soleta', 'Belona', 'Penta', 'Makako', 'Tardona'— nació precisamente para resolver eso, y en zonas con heladas de marzo son la única opción razonable. Como orden de magnitud: en botón rosa el daño empieza hacia −3 ºC, con flor abierta hacia −2 ºC y con el fruto recién cuajado basta con −1 ºC.
Otro dato que se pasa por alto: buena parte de los cerezos y muchos ciruelos son autoincompatibles. Un solo árbol en el jardín florece precioso y no da un kilo. Hacen falta dos variedades compatibles y de floración coincidente, o comprar una variedad autofértil declarada como tal.
Portainjertos: la mitad invisible del árbol
Casi ningún Prunus de vivero está sobre sus propias raíces. El patrón decide el vigor, la tolerancia a la caliza, la resistencia a la asfixia y la vida útil del árbol, y en España, con tanto suelo calizo y tanta agua dura, esa elección pesa más que la variedad.
El GF-677 (híbrido almendro × melocotonero) es el estándar para melocotonero y almendro en suelos calizos y secos, porque aguanta la clorosis férrica; a cambio, es vigoroso y muy sensible al encharcamiento. Santa Lucía 64, seleccionado de P. mahaleb, hace lo mismo por el cerezo en secano calizo. Los patrones Gisela reducen el tamaño del cerezo y adelantan la entrada en producción, pero exigen riego y suelo bueno. Mariana 2624 y los mirobolanos toleran suelos pesados y algo de humedad, y sirven para ciruelo y albaricoquero.
Lo práctico: si el suelo es calizo y el agua de riego dura, hay que preguntar por el patrón antes de pagar. Un albaricoquero sobre patrón inadecuado amarillea el primer verano y no se recupera con quelatos por muchos años que se insista.
Cuidados que comparten todos
Sol. Sin excepciones dignas de mención, salvo P. laurocerasus y P. lusitanica, que aceptan sombra parcial. Un cerezo de flor a media sombra florece la mitad.
Suelo y drenaje. Este es el punto donde se pierden los árboles. El género entero detesta el agua parada: bastan unos días de raíces sumergidas en verano, con el suelo caliente, para que aparezca Phytophthora y el árbol se venga abajo en cuestión de semanas, a veces con las hojas todavía verdes colgando. Si el hoyo de plantación tarda más de seis horas en drenar un cubo de agua, hay que plantar sobre caballón elevado o buscar otro sitio.
Plantación. A raíz desnuda, de noviembre a febrero, con el árbol en reposo; es más barato y arraiga mejor que el de contenedor. El punto de injerto queda siempre por encima de la tierra, cuatro o cinco dedos. Enterrarlo invita a que la variedad emita sus propias raíces y se pierda el efecto del patrón, y facilita el chancro del cuello.
Riego. Abundante y espaciado, mejor que poco y a diario. En los tres primeros veranos, riego de apoyo incluso en especies que luego serán de secano. Un almendro adulto en Aragón vive sin riego; el mismo almendro con dos años sobre el terreno, no.
Abonado. Materia orgánica en superficie a final de invierno y poco más. El exceso de nitrógeno produce brotes largos, tiernos y acuosos que son un imán para el pulgón y para el chancro bacteriano, y retrasan el agostamiento de la madera de cara al invierno.
La poda: aquí se decide la salud del árbol
Hay una costumbre heredada del manzano y del peral que en Prunus hace daño: podar en pleno invierno. Los géneros de pepita cicatrizan bien en frío; los de hueso, no. Una herida abierta en diciembre o enero, con humedad y sin actividad vegetativa, es la puerta de entrada de tres cosas: el chancro bacteriano (Pseudomonas syringae), el plateado (Chondrostereum purpureum) y la gomosis que arrastra el árbol durante años.
La regla operativa es sencilla: podar en seco y con el árbol activo. Para cerezos, ciruelos y albaricoqueros, después de la cosecha, entre finales de junio y agosto, con previsión de varios días sin lluvia. El melocotonero admite poda de floración a final de invierno porque su ciclo lo exige, pero incluso ahí conviene esperar a que el tiempo abra. Y cuanto menos corte grueso, mejor: en hueso, más vale formar bien de joven que amputar de adulto. Los cortes de más de tres o cuatro centímetros de diámetro rara vez cierran del todo.
Los ornamentales de flor apenas necesitan poda: eliminar madera muerta, cruzada o enferma y poco más. Un 'Kanzan' desmochado no vuelve a tener forma nunca.
Problemas sanitarios frecuentes
Monilia (Monilinia laxa, M. fructigena). Primaveras lluviosas durante la floración y el resultado es un ramillete de flores marrones, secas, pegadas a la rama, y ramillos que mueren desde la punta. Después, en verano, la fruta se pudre en el árbol y momifica. Las momias que quedan colgadas todo el invierno son el inóculo del año siguiente: hay que retirarlas y sacarlas del jardín.
Abolladura (Taphrina deformans). Exclusiva de melocotonero y nectarina. Las hojas salen abombadas, rojizas y engrosadas. El tratamiento solo funciona antes de que la yema se abra, con cobre en dos aplicaciones a la caída de la hoja y a la hinchazón de yemas. Tratar cuando ya se ven las hojas deformadas no sirve de nada.
Cribado (Stigmina carpophila). Manchas redondas en la hoja cuyo centro se desprende y deja el limbo agujereado como una perdigonada.
Pulgón. Ataca a la brotación y enrolla las hojas nuevas. En Prunus ornamentales de hoja púrpura pasa desapercibido hasta que el brote ya está deformado. Revisar el envés de las hojas terminales en abril.
Sharka (virus de la sharka o plum pox virus). Es harina de otro costal: se trata de un organismo de cuarentena regulado en España, transmitido por pulgones y por material de propagación infectado. Provoca manchas anulares en hoja y fruto y deja la fruta incomible. No tiene tratamiento y la normativa obliga a arrancar los árboles afectados en las zonas demarcadas. La única defensa doméstica es comprar planta certificada, con su pasaporte fitosanitario, y no aceptar injertos ni varetas de origen desconocido. Regalar una púa de un frutal del pueblo es cómo se ha movido este virus por media España.
Toxicidad: lo que hay que saber
Las semillas de todos los Prunus, y en varias especies también las hojas, contienen glucósidos cianogénicos (amigdalina, prunasina). Al romperse el tejido, esos compuestos liberan cianuro de hidrógeno. Esto tiene tres consecuencias prácticas.
La primera: los huesos no se comen ni se mastican. Un hueso tragado entero pasa sin más, pero triturar semillas de albaricoque o de ciruela, o consumir "almendras amargas", puede provocar una intoxicación real; se han documentado casos graves y mortales con productos que se venden como suplementos. La segunda: las hojas de P. laurocerasus y P. padus, sobre todo marchitas, son tóxicas para el ganado, los caballos y los perros; los restos de poda de un seto de laurel cerezo no se dejan en un prado ni al alcance de animales. La tercera: la fruta madura en sí no plantea ningún problema. Cerezas, ciruelas, melocotones y albaricoques se comen sin ninguna precaución especial. El riesgo está en la semilla y en la hoja, no en la pulpa.
En resumen
Prunus es un género de rosáceas de fruto en drupa que incluye a la vez la fruta de hueso, los cerezos de flor y los laureles perennes de seto. Comparten manías: quieren sol, drenaje impecable y muy poca agua parada. Elegir bien las horas frío evita árboles que brotan mal, y elegir bien el patrón evita clorosis en suelo calizo. Podar en verano en vez de en invierno reduce de golpe el chancro bacteriano, el plateado y la gomosis. Para seto perenne, P. lusitanica da menos trabajo a largo plazo que P. laurocerasus, cuyas hojas además son tóxicas para el ganado. Y en cuanto a sanidad, la única prevención seria contra la sharka es comprar planta certificada y desconfiar de los injertos de procedencia incierta.