En el norte de China se plantaron millones de ejemplares de este chopo para frenar el avance de la arena sobre los campos de cultivo, en terrenos con inviernos de cuarenta grados bajo cero y veranos secos donde ningún otro álamo aguantaba. Ese es el currículum del Populus simonii: un chopo que trabaja en condiciones que matan a los demás. Y esa es exactamente la razón por la que merece atención en el interior peninsular, donde el frío continental y el estío seco descartan a casi todos los chopos de ribera.

Aquí van sus características, cómo distinguirlo de otras especies del género, qué cuidados pide y en qué situaciones tiene sentido plantarlo.

De dónde viene y cómo se llama

El Populus simonii Carrière es originario del norte y centro de China, con extensiones naturales hacia Mongolia, Corea y el extremo oriente ruso. Vive de forma espontánea en valles fluviales, laderas y márgenes de terrenos áridos y semiáridos, entre los 600 y los 2.500 metros de altitud, en climas de fuerte contraste térmico.

El epíteto específico honra a Eugène Simon, cónsul y naturalista francés que recolectó material botánico en China en el siglo XIX; el vivero de Élie-Abel Carrière lo describió en 1867. En español se le conoce como chopo de Simón o álamo de Simón, y en inglés como Simon's poplar o Chinese cottonwood. Pertenece, como todos los chopos, a la familia Salicaceae, y dentro del género se sitúa en la sección Tacamahaca, la de los álamos balsámicos, junto a especies como Populus balsamifera o Populus trichocarpa. De ahí ese aroma resinoso que desprenden sus yemas al abrir en primavera.

En España es un árbol raro. Aparece en algún parque histórico, en colecciones dendrológicas y en ensayos de mejora forestal, pero no en el catálogo corriente de un vivero de barrio. Conseguirlo suele exigir un proveedor especializado.

Cómo reconocerlo

Es un árbol caducifolio de porte medio a grande: entre 15 y 20 metros de altura en cultivo, con máximos cercanos a los 25 en su área de origen, y un tronco que puede rondar los 60-80 cm de diámetro. La copa es piramidal y bastante estrecha en juventud, y se abre y redondea al envejecer.

La hoja es lo que resuelve la identificación en dos segundos. Frente a la lámina rómbica o triangular de casi todos los álamos, la del chopo de Simón es obovada: se ensancha por encima de la mitad y se estrecha en cuña hacia el pecíolo. Mide de 4 a 12 cm, tiene el margen finamente aserrado, el haz de un verde oscuro brillante y el envés claramente blanquecino o glauco. El pecíolo es corto —rara vez pasa de 1,5 cm— y de sección redondeada, no comprimida lateralmente. Consecuencia práctica: sus hojas no tiemblan con la brisa como las del chopo negro o el temblón. Quien busque ese efecto sonoro característico de los álamos, no lo va a encontrar aquí.

Ramas y hojas verdes del chopo Populus simonii

Los brotes jóvenes son otra pista fiable: de color rojizo a pardo rojizo, glabros, brillantes y marcadamente angulosos, con costillas longitudinales que se palpan al pasar el dedo. La corteza del tronco es verdosa o gris clara y lisa en los pies jóvenes, y se agrieta en surcos longitudinales grises con la edad, sin llegar a las protuberancias verrugosas del Populus nigra viejo.

Añada un rasgo fenológico que en primavera lo delata a distancia: es uno de los primeros chopos en brotar, con dos o tres semanas de adelanto sobre el álamo negro, y también de los últimos en soltar la hoja en otoño. Ese periodo vegetativo largo explica buena parte de su rapidez de crecimiento, y también su punto débil, que veremos enseguida.

Como el resto del género es dioico. Florece en amentos colgantes entre marzo y abril, antes de la foliación, y los pies femeninos maduran en mayo cápsulas que liberan semillas con vilano algodonoso. Si el algodón resulta molesto, la solución es la misma que en cualquier chopo: plantar clones masculinos.

Variedades de jardín

Circulan dos formas ornamentales que vale la pena conocer:

  • 'Fastigiata' (a veces 'Pyramidalis'), de porte columnar estrecho. Es la forma que más se ha empleado en las cortinas cortavientos del norte de China, plantada en líneas apretadas.
  • 'Pendula', con las ramillas colgantes, de interés puramente ornamental y tamaño más contenido.

El Populus simonii se ha usado además como parental en programas de mejora. Sus cruces con Populus nigra y con otros álamos han producido híbridos que buscan combinar la rusticidad al frío y a la sequía del chino con el crecimiento y la forma de fuste de los chopos de producción europeos. Buena parte del material comercial que se planta en el noreste de China procede de estos programas.

Cultivo y cuidados

Exposición. Pleno sol, siempre. Es una especie pionera y heliófila que en sombra crece torcida, se ahíla y termina secándose. Tolera bien el viento y las posiciones expuestas, mejor que muchos chopos de copa amplia, lo que es coherente con su uso en cortavientos.

Suelo. Aquí está su ventaja competitiva. Prospera en suelos francos, profundos y frescos como cualquier chopo, pero aguanta terrenos pobres, arenosos, pedregosos y con pH alcalino mucho mejor que Populus nigra o los híbridos × canadensis. Soporta también cierto grado de salinidad y alcalinidad —de ahí su papel en las llanuras salino-alcalinas del norte de China—, aunque conviene no exagerar: cierta tolerancia no es inmunidad, y por encima de niveles moderados de conductividad se resiente igual. Lo que no perdona es la asfixia radicular permanente en arcilla compactada y encharcada.

Riego. Conviene ser preciso con lo que significa "resistente a la sequía" en un chopo. Comparado con sus parientes, el de Simón se defiende con menos agua; comparado con una encina o un almendro, sigue siendo un árbol de consumo alto y crecimiento rápido que agradece la humedad. En la práctica: riegos regulares y abundantes durante los tres primeros veranos —empapando el alcorque cada 7-10 días de junio a septiembre— y, una vez establecido en un suelo profundo, aportes de apoyo en las olas de calor. Un ejemplar adulto en secano y suelo somero no se muere, pero crece poco y acaba defoliando en agosto.

Rusticidad. Extraordinaria. Soporta sin daño temperaturas por debajo de -30 °C y las poblaciones de origen más continental van bastante más lejos. Equivale grosso modo a la zona USDA 2-3, lo que significa que en la Península no hay lugar donde el frío le suponga un problema, ni en el páramo soriano ni en la meseta de Teruel.

Ese periodo vegetativo largo del que hablábamos tiene, sin embargo, contrapartida: al brotar tan pronto, en zonas de heladas tardías —abril en buena parte del interior— los brotes nuevos se queman. El árbol rebrota y se recupera, pero pierde crecimiento y la copa se deforma. Si su parcela tiene fama de helar en Semana Santa, elija una posición sin acumulación de aire frío: media ladera, nunca el fondo de vaguada.

Abonado. En suelo de jardín normal no lo necesita. En terreno pobre o arenoso, una aportación de compost o estiércol maduro extendida bajo la copa a finales de invierno cubre las necesidades y mejora la retención de agua, que es lo que más falta hace en esos suelos. En plantación intensiva, el nitrógeno es el elemento que más responde, siempre a la salida del invierno y a principios de verano, nunca a partir de agosto: un aporte tardío alarga el crecimiento hasta el otoño y deja los brotes tiernos frente a la primera helada.

Multiplicación. Por estaquilla leñosa, que es como se propagan todos los chopos y como se han producido esos millones de plantas de repoblación. Entre diciembre y febrero, con el árbol en reposo, se cortan varetas del crecimiento del año y se trocean en estaquillas de 20-25 cm con dos o tres yemas, corte inferior bajo una yema y superior en bisel un par de centímetros por encima de la yema alta. Se clavan en tierra mullida y húmeda dejando fuera la yema terminal y se mantiene el sustrato húmedo. Enraízan en pocas semanas sin necesidad de hormonas. El error que arruina el lote es plantarlas invertidas, y por eso se biselan siempre por arriba. La semilla, en cambio, pierde la viabilidad en días y solo germina sobre limo húmedo desnudo, así que no es una vía práctica.

Plantación y trasplante. En reposo vegetativo, de noviembre a febrero, y en las zonas más frías mejor hacia el final de esa ventana. Se planta perfectamente a raíz desnuda si la raíz no se seca en el trayecto. Hoyo amplio con el fondo descompactado, cuello de la raíz a nivel del suelo, alcorque y un primer riego copioso que asiente la tierra. Tutor solo si el viento dominante es fuerte, y retirado a los dos años. Con cepellón se puede plantar hasta marzo, a cambio de un seguimiento de riego más estricto.

Poda. Poca y bien elegida. La madera es blanda y cicatriza mal, así que las heridas grandes se pudren en lugar de cerrarse. Poda de formación en los primeros años para dejar una guía única y eliminar ramas mal insertadas, y después solo retirada de madera muerta, rota o enferma. Momento: invierno con el árbol sin hoja, o principios de verano. Evite el otoño, cuando los hongos de pudrición están esporulando, y evite el desmoche: cortar la copa por la mitad genera una nube de rebrotes mal anclados sobre un tocón que se pudre por dentro, y a los diez años el árbol es más peligroso de lo que era. Si se ha quedado grande para el sitio, sustitúyalo.

Distancias. Como todo chopo, tiene un sistema radical trazante y ávido de humedad, capaz de colarse en juntas de arquetas y saneamientos antiguos, y de emitir rebrotes de raíz a varios metros del pie. Deje al menos 12-15 metros respecto a edificaciones, piscinas, fosas y conducciones enterradas. En alineación, 6-8 metros entre pies para la forma fastigiada y 8-10 para la copa normal. Frente a un lindero, recuerde que el artículo 591 del Código Civil fija en dos metros la distancia mínima para árboles altos a falta de ordenanza local: es un mínimo legal, no una recomendación técnica.

Plagas y enfermedades

Ramas llenas de hojas verdes del árbol Populus simonii

Comparte el cuadro sanitario del género, con algunos matices propios.

Royas. Los hongos del género Melampsora —sobre todo M. larici-populina— cubren el envés de pústulas anaranjadas a partir de julio y adelantan la caída de la hoja. Un año no compromete al árbol; varios seguidos restan crecimiento de forma acumulativa. En jardín se maneja recogiendo y retirando la hojarasca en otoño, donde el hongo inverna, y no mojando la copa al regar. El P. simonii no es una especie especialmente resistente en este frente, aunque su comportamiento varía mucho entre procedencias.

Marssonina brunnea provoca manchas oscuras diminutas que confluyen y defolian; mismo manejo cultural.

Chancros. Dothichiza populea aparece sobre plantones estresados por sequía o por un trasplante mal hecho, con manchas deprimidas en la corteza que anillan el tallo y pueden matar la planta joven en una temporada. Es una enfermedad de debilidad: se previene plantando bien y regando el primer verano, no con fungicidas. En árboles hechos también se ven chancros por especies de Botryosphaeria y Cytospora tras episodios de sequía severa.

Perforadores. Los que causan daño real son los que entran en la madera: la sesia Paranthrene tabaniformis y el gorgojo Cryptorrhynchus lapathi en material joven, y Saperda carcharias en tronco de árboles adultos. Se detectan por el serrín acumulado en la base de los orificios. Retirar y destruir el material afectado antes de la emergencia de los adultos es lo más eficaz a escala de jardín.

Defoliadores y chupadores. La crisomela roja Chrysomela populi, pulgones diversos y, en veranos secos y calurosos, araña roja (Tetranychus urticae), que decolora la hoja y le da un aspecto polvoriento. Ninguno suele justificar tratamiento en un árbol establecido.

Un aviso que sí conviene tomarse en serio. El Populus simonii figura entre los hospedantes del escarabajo de cuernos largos asiático, Anoplophora glabripennis, un perforador originario de Asia oriental clasificado como plaga de cuarentena de la Unión Europea. Deja orificios de salida circulares de un centímetro de diámetro en el tronco y las ramas gruesas, con virutas y serrín en la base. Si aparece algo así, la actuación correcta no es tratar por cuenta propia: existe obligación legal de notificarlo al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, que es quien determina las medidas. Y por el mismo motivo, cualquier planta que se adquiera debe venir con su pasaporte fitosanitario; el material de origen incierto es precisamente la vía por la que estos organismos entran.

Para qué se usa

Su papel principal en el mundo es el protector. Cortinas cortavientos agrícolas, fijación de suelos arenosos y frenado de la erosión eólica, estabilización de taludes y márgenes: para eso se plantó masivamente en el programa chino de repoblación del norte, y en eso es difícil de sustituir, porque combina crecimiento rápido con tolerancia a frío extremo, suelo pobre y sequía relativa. En una finca del interior peninsular expuesta al cierzo o al viento de la meseta, una línea de chopos de Simón cumple esa función mejor que un chopo de ribera, que exigiría un riego que allí no hay.

Como árbol de sombra y ornamento tiene un valor discreto pero real: crece deprisa, aguanta el frío sin inmutarse, el follaje bicolor —verde oscuro arriba, blanquecino debajo— da un juego bonito con el viento, y en otoño vira a amarillo dorado. La forma 'Pendula' es un ejemplar de porte llamativo para un jardín grande, y la 'Fastigiata' hace pantalla ocupando poco.

La madera es ligera, blanda y de grano fino, con los usos habituales del chopo: embalaje, tableros, pasta de papel, leña de baja densidad y piezas de carpintería sin exigencia estructural. Su calidad y su rectitud de fuste quedan por debajo de las de los clones híbridos de Populus × canadensis, por lo que fuera de su área de origen no compite como especie productora. Donde gana no es en la fábrica, sino en el terreno difícil.

Ni la hoja ni la corteza ni la semilla representan riesgo de toxicidad para personas ni para animales domésticos.

En resumen

El Populus simonii es el chopo de los sitios duros: soporta por debajo de -30 °C, se conforma con suelos pobres, arenosos y alcalinos, y necesita menos agua que cualquier otro álamo de porte comparable. Se reconoce por la hoja obovada —más ancha por arriba y en cuña hacia el rabillo—, el envés blanquecino, el pecíolo corto y redondeado que impide el temblor típico del género, y los brotes rojizos y angulosos.

Pide sol pleno, riego de apoyo los tres primeros veranos, poda mínima en invierno y distancia generosa —doce o quince metros— respecto a construcciones y conducciones, porque sus raíces son tan buscadoras como las de cualquier chopo. Su punto flaco es la brotación temprana: en el interior, una helada de abril le quema el brote nuevo, así que conviene evitar los fondos de vaguada donde se acumula el aire frío.

Dos precisiones para terminar. "Resistente a la sequía" significa aquí resistente en comparación con otros chopos, no que sea un árbol de secano estricto. Y si en el tronco aparecen orificios circulares de un centímetro con serrín, se notifica al servicio de sanidad vegetal antes de hacer nada: la especie está en la lista de hospedantes de Anoplophora glabripennis, y esa es una plaga de cuarentena.


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