La corteza se cae a placas y deja el tronco manchado de gris, hueso y verde oliva. No es una enfermedad ni una plaga: es la forma que tiene el plátano de paseo de hacer sitio a un tronco que engorda durante toda su vida y que no puede permitirse una corteza rígida. Ese jaspeado es su seña de identidad y la primera cosa que conviene entender de él.

Un híbrido con tres nombres y dos continentes detrás

El árbol que sombrea los paseos españoles es Platanus × hispanica, cruce entre el plátano oriental (Platanus orientalis), del Mediterráneo oriental y Asia Menor, y el plátano americano o sicómoro (Platanus occidentalis), del este de Norteamérica. Dos especies separadas por un océano durante millones de años se encontraron en los jardines europeos del siglo XVII y produjeron un descendiente más vigoroso que cualquiera de los padres.

En los viveros lo verás etiquetado indistintamente como Platanus × acerifolia, Platanus × hybrida o Platanus × hispanica. Es la misma planta con tres nombres válidos según el autor que se siga; ninguna de las etiquetas indica una variedad distinta. Y el "plátano" del nombre común no tiene relación alguna con la platanera tropical (Musa): son familias sin parentesco.

Cómo reconocerlo con la hoja en la mano

La hoja es palmeada, de 12 a 25 centímetros, con tres o cinco lóbulos triangulares y el nervio principal partiendo desde la base, algo parecida a la del arce —de ahí el epíteto acerifolia—, pero alterna, mientras que la del arce es opuesta. Ese detalle resuelve la confusión en dos segundos.

El rasgo definitivo está en el pecíolo. Si arrancas una hoja del brote, verás que la base del pecíolo está hueca y envuelve por completo la yema del año siguiente, que queda escondida ahí dentro como en un dedal. Ningún otro árbol de nuestros paseos hace eso.

Los frutos son bolas colgantes de unos 3 centímetros, agregados de aquenios peludos que maduran en otoño, aguantan colgados todo el invierno y se deshacen en marzo. En Platanus × hispanica lo normal es que vayan de dos en dos por cada pedúnculo. El plátano americano las lleva solitarias; el oriental, de tres a seis en fila, y además tiene la hoja mucho más profundamente hendida, casi hasta el nervio. Si en un jardín histórico ves un plátano de hojas muy recortadas y bolas en rosario, probablemente estés ante un orientalis auténtico, mucho más raro y más longevo.

Hojas de plátano de sombra a contraluz

Por qué las ciudades lo eligieron

La lista de virtudes urbanas del plátano es difícil de igualar. Crece rápido —un metro al año de joven—, tolera suelos compactados de obra, calizos, encharcados en invierno y agotados; resiste la contaminación atmosférica mejor que casi cualquier frondosa; soporta trasplantes brutales y podas que matarían a otro árbol; y aguanta heladas de –18 °C igual que veranos de 40 °C. Se multiplica por estaquilla, así que un ayuntamiento podía producir miles de plantones idénticos con una cuadrilla y un campo de arena.

A eso se suma la sombra. La copa es densa y las hojas son grandes y horizontales, de modo que un paseo de plátanos adulto rebaja varios grados la temperatura del aire bajo la bóveda en pleno agosto y corta la radiación directa casi por completo. Y al ser caduco, en diciembre deja pasar el sol que se agradece. Un pino no hace eso.

La contrapartida: raíces y escala

Un plátano adulto mide 25 o 30 metros y abre una copa de 15 a 20 metros de diámetro. Sus raíces son gruesas, superficiales y tenaces: levantan aceras, deforman muros bajos y entran en cualquier arqueta o conducción que gotee. Plantado a cuatro metros de una casa parece razonable durante quince años; al vigésimo hay grietas en la solera del garaje.

La regla práctica es dejar ocho o diez metros libres hasta cualquier construcción, piscina o red enterrada, y no considerarlo siquiera para parcelas pequeñas o para terrazas sobre forjado. Con un árbol de esta talla el sitio no se corrige después con la tijera.

Polen y pelos: lo que debe saber quien vive debajo

El plátano es de polinización anemófila y suelta el polen entre finales de febrero y principios de abril, en un pico corto e intenso. En ciudades con grandes alineaciones —Madrid es el caso extremo— llega a ser el alérgeno dominante de ese tramo del calendario, con concentraciones de miles de granos por metro cúbico en los días punta. Sus alérgenos descritos son Pla a 1, Pla a 2 y Pla a 3; este último es una proteína transportadora de lípidos (LTP) que presenta reactividad cruzada con la LTP del melocotón, algo nada anecdótico en España, donde la alergia a LTP de frutas rosáceas es frecuente.

Hay un segundo problema, independiente del polen: los pelos que se desprenden de las hojas jóvenes y de las bolas al deshacerse, en marzo y abril. Son irritantes mecánicos de vías respiratorias y conjuntiva, y provocan tos y picor incluso en personas sin ninguna alergia. Los servicios municipales riegan o baldean las alineaciones en esa época precisamente para abatirlos.

Si alguien de la casa tiene polinosis primaveral confirmada frente al plátano, plantarlo en el jardín propio no es buena idea, por mucho que la calle de al lado esté llena de ellos.

Tronco jaspeado de Platanus x hispanica

Los problemas sanitarios que de verdad importan

Con un plátano grande, casi todo lo que se ve es cosmético y solo dos cosas son serias.

Cosmético: la antracnosis (Apiognomonia veneta), que en abriles fríos y húmedos seca las hojas recién nacidas y deja el árbol pelado en mayo —refolia en junio sin secuelas—; el oídio de finales de verano; y el tigre del plátano (Corythucha ciliata), una chinche que motea las hojas de blanco y en agosto se cuela en las terrazas, molesta pero inofensiva para el árbol.

Serio, punto uno: el chancro coloreado, causado por el hongo Ceratocystis platani. Mata al árbol en pocos años, no tiene tratamiento y es plaga de cuarentena en la Unión Europea; en Francia obligó a talar decenas de miles de plátanos del Canal du Midi y en España se han detectado focos puntuales. Viaja sobre todo en las herramientas de poda y en las heridas que hace la maquinaria en el tronco. Bajo la corteza afectada la madera aparece teñida de azul violáceo o pardo rojizo, y la copa se aclara por sectores. Ante la sospecha, lo que procede es avisar al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma; talar y mover los restos por cuenta propia es la mejor manera de extender el foco.

Serio, punto dos: la Massaria (Splanchnonema platani). Produce una lesión alargada en la cara superior de la base de ramas medianas, invisible desde el suelo, y la rama se desprende de golpe sin ningún aviso previo. Se agrava con los veranos secos. En un árbol que da sombra a una zona de paso o a un aparcamiento, la inspección hay que hacerla mirando las ramas por encima, con prismáticos o desde la copa, no examinando el tronco.

Convivir con un ejemplar ya grande

Quien hereda un plátano adulto en la parcela suele preguntarse si hay que podarlo todos los años. No hay que hacerlo. Un plátano formado y libre no necesita poda de mantenimiento más allá de retirar ramas secas o peligrosas, siempre en parada vegetativa, de noviembre a febrero, y con la herramienta desinfectada.

El trasmocho —esas cabezas de gato nudosas de los paseos— es una decisión de gestión del espacio, no una necesidad del árbol, y tiene letra pequeña: una vez iniciado hay que repetirlo cada dos o tres años indefinidamente, porque los rebrotes se anclan sobre madera que se va pudriendo y a los diez años pesan demasiado para su base. Empezar a trasmochar un plátano adulto que nunca lo ha sido es abrir heridas enormes en madera vieja y comprometer el árbol para siempre.

Sobre la hojarasca: es abundante, tarda en descomponerse y hace un mantillo estupendo, salvo en años con antracnosis fuerte, en los que conviene retirarla porque el hongo pasa el invierno en ella.

Cuando no cabe, hay sustitutos

Para calles estrechas o jardines medianos existen selecciones de porte reducido como Platanus × hispanica 'Alphen's Globe', de copa globosa y compacta, que mantiene la corteza y la hoja características sin llegar a los treinta metros. Y si lo que se busca es sombra caduca de tamaño manejable, el almez (Celtis australis), el fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia), el tilo plateado (Tilia tomentosa) o el jabonero de la China (Koelreuteria paniculata) resuelven el problema sin comprometer el pavimento.

En resumen

El plátano de sombra es un híbrido de dos especies ribereñas, reconocible por el tronco jaspeado, la hoja alterna palmeada y la yema escondida bajo el pecíolo. Su rusticidad y la calidad de su sombra explican por qué llenó los paseos españoles, y su tamaño adulto explica por qué no encaja en un jardín pequeño: copa de veinte metros, raíces que levantan pavimento y ocho a diez metros de distancia mínima a cualquier construcción. Antes de plantarlo, pesa el polen de marzo y los pelos de las bolas. Si ya tienes uno grande, poda poco, desinfecta la sierra y revisa las ramas desde arriba: el chancro coloreado y la Massaria son los dos únicos problemas que justifican preocuparse.


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