El castaño no tolera la caliza. Con eso ya se decide la mitad de los proyectos de plantación en España: si el agua de riego deja cerco blanco en los grifos y el terreno hace efervescencia al echarle un chorro de vinagre, ese sitio no es para Castanea sativa. Puedes plantarlo, brotará dos o tres primaveras con las hojas cada vez más amarillas entre nervios verdes, y se irá secando de arriba abajo sin que ningún abonado de hierro lo salve del todo.

Aclarado eso, el castaño es un árbol agradecido y muy longevo, capaz de producir castañas durante siglos en el mismo sitio. Lo que pide es concreto y no negociable.

Castaños adultos en un soto de montaña

Dónde vive bien y dónde no

El castaño es una especie de clima templado y húmedo, de media montaña, que en la Península ocupa una franja muy identificable: Galicia, la cornisa cantábrica, El Bierzo, Sanabria, la Sierra de Francia, el norte de Extremadura (Hurdes, Ambroz, Sierra de Gata), la Sierra de Aracena y el Valle del Genal en Málaga. También hay castañares importantes en Canarias, en cotas medias.

Las cifras que hay que mirar son tres:

Precipitación. A partir de 800 mm anuales va cómodo; por debajo de 600 mm hay que regar sí o sí. Y no basta con el total: el castaño sufre en el verano seco mediterráneo. Un julio y un agosto sin una gota, con más de 35 °C, le paran el crecimiento y le vacían la castaña. En muchas zonas españolas la limitación real no es el frío, es la sequía estival.

Frío. En reposo aguanta sin problema entre −15 y −20 °C. Lo que le hace daño son las heladas tardías: brota tarde, en abril o mayo según altitud, pero si una helada le pilla el brote recién salido pierde la madera del año y buena parte de la cosecha, porque la castaña se forma en los brotes del año.

Altitud. En el norte peninsular se cultiva desde los 300-400 m; en el sur y en el interior conviene subir, y en Andalucía o Extremadura los sotos buenos están entre 600 y 1.200 m, buscando la frescura que abajo no hay. Las exposiciones norte y noroeste son mejores cuanto más al sur estemos.

El suelo manda: ácido, profundo y drenado

El castaño es calcífugo. Quiere suelos de reacción ácida, con un pH entre 4,5 y 6,5, sobre sustratos silíceos: granitos, pizarras, esquistos, areniscas. En cuanto el pH pasa de 7 y hay caliza activa aparece la clorosis férrica, ese amarilleo de la hoja con los nervios todavía verdes, y el árbol se estanca. Encalar un terreno pensando en «mejorarlo» para un castaño es hacer justo lo contrario de lo que hace falta.

Además necesita profundidad —más de un metro de suelo útil, mejor metro y medio, porque desarrolla un sistema radicular potente y pivotante de joven— y sobre todo drenaje. El castaño no soporta el encharcamiento. Un suelo arcilloso, compacto y de fondo de valle, con agua parada en invierno, es una invitación directa a la enfermedad de la tinta.

Lo ideal es un suelo franco o franco-arenoso, suelto, con materia orgánica y en ligera pendiente. Antes de plantar merece la pena hacer un análisis de suelo: pH, textura y caliza activa. Cuesta poco y evita plantar cincuenta árboles que no llegarán a los diez años.

Qué planta comprar: patrón, variedad y polinizador

Aquí se decide la sanidad futura del soto. Un castaño de semilla dará castañas al cabo de doce o quince años, de calidad impredecible, y será plenamente susceptible a la tinta. Para producción se planta planta injertada sobre patrón resistente.

Los patrones que se usan son híbridos de Castanea sativa con C. crenata (castaño japonés) o C. mollissima (chino), seleccionados por su tolerancia a Phytophthora. En viveros españoles y franceses circulan clones como 'Marsol', 'Maraval', 'Marigoule' o los híbridos seleccionados en España a partir de los trabajos clásicos de Sanabria y de la Misión Biológica de Galicia. Es dinero bien gastado: un patrón resistente puede ser la diferencia entre un soto que dura y un soto que se seca en quince años.

Como variedad, lo sensato es ir a las locales de la comarca, que llevan siglos seleccionadas para ese clima: 'Parede', 'Amarelante', 'Longal', 'Judía', 'Negral', 'Ventura', 'Famosa', 'Pilonga', según zona. Las variedades de castaña grande, de fácil pelado y sin tabicado interior son las que valen para mercado en fresco y para marrón glacé.

Y un detalle que cuesta cosechas enteras cuando se pasa por alto: el castaño es alógamo y prácticamente autoincompatible, y además hay variedades astaminadas —flores masculinas sin estambres funcionales— que no aportan nada de polen. Si plantas una sola variedad, y encima astaminada, tendrás flor, tendrás erizos y estarán vacíos. Hay que plantar al menos dos o tres variedades compatibles, intercalando un polinizador cada ocho o diez árboles y respetando que coincidan en época de floración (junio-julio). Pregunta esto en el vivero antes de pagar, porque no viene en la etiqueta.

Cómo y cuándo plantar

Época. Con el árbol en reposo, de noviembre a marzo, evitando los días de helada. En el norte húmedo, otoño; en zonas de invierno duro, final del invierno. La planta a raíz desnuda se planta obligatoriamente en ese periodo; la de contenedor da algo más de margen, pero plantar en mayo condena al árbol a pasar su primer verano recién trasplantado.

Preparación. Si es una parcela, subsolar en líneas antes de plantar hace más por el arraigo que cualquier abono. Para un árbol suelto, un hoyo de 80 × 80 × 80 cm como mínimo, removiendo bien el fondo. Si el terreno tiende a encharcarse, planta sobre un caballón de 30-40 cm: sacar el cuello del árbol del agua invernal es la medida preventiva más barata que existe contra la tinta.

Marco. El castaño para fruto se hace enorme, con copas de 12-15 m de diámetro en adulto. Para soto de castaña, 10 × 10 m o incluso 12 × 12 m; si se planta más denso (8 × 8) hay que asumir clareos a los veinte años. Para producción de madera se planta más apretado, 6 × 6 o 7 × 7, y se clarea progresivamente. Plantar a 6 metros «porque queda bonito ahora» produce, dos décadas después, un soto cerrado, húmedo, sin luz, con poca castaña y con chancro.

Al plantar. El punto de injerto queda por encima del nivel del suelo, siempre, unos 10 cm; si lo entierras, la variedad emite raíces propias y pierdes la resistencia del patrón, que es justo lo que has pagado. No metas abono mineral en contacto con la raíz; materia orgánica bien hecha mezclada con la tierra de relleno, y poco más. Riega abundantemente al plantar aunque llueva, para asentar la tierra y eliminar bolsas de aire.

Protección. Un tubo protector o una malla contra corzo, ciervo, conejo y ganado. Un castaño joven descortezado por un corzo en enero se pierde entero.

Riego, abonado y suelo en los años siguientes

Los tres o cuatro primeros veranos son críticos incluso en Galicia. Un riego de apoyo cada diez o quince días en julio y agosto, generoso y espaciado en vez de frecuente y escaso, marca la diferencia entre un árbol que arranca y uno que vegeta cinco años. En el sur peninsular, con goteo, los castañares jóvenes se riegan durante todo el verano.

Un castaño adulto en secano puede vivir sin riego donde llueve bien, pero la castaña de tamaño comercial se consigue con agua en agosto y septiembre, que es cuando se llena el fruto. Un verano seco no impide la cosecha: la reduce de calibre y la deja floja.

Abonado. Nada espectacular. Materia orgánica en superficie, que es como se alimenta en el bosque, y aportes moderados de nitrógeno en primavera junto con potasio, que influye en el llenado de la castaña. Cuidado con el exceso de nitrógeno: da brotes largos y tiernos que hielan y que el chancro coloniza con facilidad. Y ningún producto que suba el pH.

El acolchado con las propias hojas y erizos triturados mantiene la humedad, alimenta la micorriza y conserva la acidez. El castaño depende mucho de sus micorrizas; laboreos profundos y repetidos bajo la copa las destruyen y el árbol lo nota.

La poda

Se poda en reposo vegetativo, en días secos y sin helada, y con la herramienta desinfectada al pasar de un árbol a otro. La razón es sanitaria: los cortes son la puerta del chancro.

Formación. Para fruto, tronco limpio hasta 1,8-2,5 m y luego tres o cuatro ramas principales bien repartidas, en vaso alto y abierto, formándolo durante los primeros seis u ocho años. Para madera, todo lo contrario: guía única, tronco recto y podas de ramas bajas para conseguir fuste limpio.

Fructificación. El castaño da la castaña en los brotes del año nacidos sobre madera del año anterior, en la periferia iluminada de la copa. La poda de producción consiste en aclarar para que entre luz y aire, eliminando chupones, ramas cruzadas y madera seca. Es una poda ligera y periódica, cada tres o cuatro años, no una intervención drástica.

Cortes grandes. El castaño compartimenta mal las heridas de gran diámetro. Un corte de 20 cm en un árbol adulto tarda años en cerrar y suele acabar podrido o con chancro. Mejor varias podas suaves a lo largo del tiempo que un desmoche. Las viejas podas de trasmocho de los sotos tradicionales se hacían con criterio y con árboles habituados desde jóvenes; replicarlas en un castaño adulto nunca podado sale mal.

Las tres amenazas serias

La tinta (Phytophthora cinnamomi y P. cambivora). Podredumbre de raíz y cuello. Se ve como una hoja pequeña y amarillenta, una copa que se aclara, y en el cuello unas manchas alargadas de color oscuro que, al descortezar, muestran una llama de tejido pardo-violáceo. Es incurable en el árbol afectado. Todo el juego está en la prevención: patrón híbrido resistente, drenaje, plantación sobre caballón, no mover tierra ni maquinaria de un soto enfermo a uno sano, y desinfectar calzado y herramienta.

El chancro (Cryphonectria parasitica). Hongo que entra por heridas y forma un chancro deprimido, con la corteza agrietada y anaranjada, que anilla la rama; por encima del chancro, la rama seca con las hojas secas colgando, y por debajo brotan chupones. En España existe una herramienta magnífica: las cepas hipovirulentas, portadoras de un virus (CHV1) que debilita al hongo y permite que el árbol cicatrice el chancro. Se inoculan en el borde del chancro y se practica con apoyo técnico en Galicia, Asturias y otras comunidades. Si aparece chancro en un soto, conviene hablar con la oficina agraria comarcal antes que ponerse a cortar.

La avispilla del castaño (Dryocosmus kuriphilus). Llegó a España en 2012 y se ha extendido por casi todas las zonas castañeras. Forma agallas verdes o rojizas en yemas, brotes y nervios de las hojas; el brote no se desarrolla y la cosecha cae de forma drástica. No hay tratamiento químico eficaz, porque la larva vive dentro de la agalla. El control es biológico, mediante sueltas del parasitoide Torymus sinensis, que se llevan haciendo desde hace años en las principales comarcas productoras y que van reduciendo las poblaciones. Cortar brotes con agallas en un árbol suelto ayuda poco y sacrifica cosecha; lo que hay que hacer es comunicar la presencia a la administración agraria y no mover planta de vivero de zonas afectadas.

De propina, dos que atacan al fruto: el gorgojo de la castaña (Curculio elephas), que pone el huevo en el erizo y deja la larva blanca clásica dentro de la castaña, y las polillas del género Cydia. Contra ambos, recoger a diario, no dejar castañas ni erizos en el suelo de una campaña a otra y aplicar el tratamiento hidrotermal (inmersión en agua a unos 50 °C durante tres cuartos de hora, seguida de un secado cuidadoso) o el «curado» tradicional en agua fría durante varios días antes de almacenar.

Erizos de castaño abiertos con castañas maduras

Cosecha y primeros años de producción

Un castaño injertado empieza a dar sus primeras castañas hacia el quinto o sexto año, entra en producción interesante a los diez y alcanza plenitud a partir de los quince o veinte. Es una plantación pensada en décadas, no en campañas.

La recolección va de finales de septiembre a primeros de noviembre según variedad y altitud. La castaña se recoge cuando el erizo se abre y cae solo; varear provoca que caiga fruto inmaduro. Lo importante es no dejarla en el suelo: en dos o tres días de suelo húmedo entra podredumbre y salen las larvas del gorgojo hacia la tierra. Recogida diaria, eliminación de las que flotan al meterlas en agua —esas están vanas o picadas— y conservación en frío y humedad alta, porque la castaña es un fruto vivo que se deshidrata rápido.

El castaño de Indias no es un castaño

Conviene dejarlo dicho porque el equívoco tiene consecuencias sanitarias. Aesculus hippocastanum, el árbol de alineación de tantas plazas y paseos urbanos, pertenece a otra familia y sus frutos no son comestibles: contienen esculina y saponinas y provocan vómitos, diarrea y malestar digestivo, con riesgo mayor en niños pequeños, que son quienes se los llevan a la boca al recogerlos del suelo.

Distinguirlos es sencillo cuando se sabe qué mirar. El castaño de Indias tiene hoja palmeada compuesta, con cinco a siete foliolos saliendo de un mismo punto como los dedos de una mano, y una cápsula verde con púas gordas, cortas y espaciadas, que suele contener un solo fruto redondeado y muy brillante. El castaño verdadero tiene hoja simple, alargada y con el borde aserrado en dientes de sierra, y el erizo está cubierto de espinas finas, largas y muy densas, con dos o tres castañas dentro, una de ellas con una cara aplanada. Si sale de un árbol de acera en una ciudad de clima seco, casi con seguridad es de Indias.

En resumen

El éxito de un castaño se juega antes de plantarlo. Suelo ácido y sin caliza activa, profundo y bien drenado; clima fresco y húmedo, o riego de verano que lo compense; planta injertada sobre patrón híbrido resistente a la tinta; y al menos dos o tres variedades compatibles para que haya polen, porque un soto de una sola variedad astaminada da erizos vacíos.

Después, las tareas son pocas y espaciadas: plantar en reposo con el injerto fuera de tierra y marco amplio, regar los primeros veranos, mantener materia orgánica en superficie sin remover las micorrizas, podar ligero y en seco evitando heridas grandes, y vigilar tinta, chancro y avispilla, que se combaten con prevención y con control biológico más que con productos. Y en la cosecha, recoger a diario y no dejar la castaña en el suelo. Hecho eso, el árbol devolverá el favor durante mucho más tiempo del que dure quien lo plantó.


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