Partes un higo que por fuera parecía perfecto y dentro huele a vinagre, la pulpa está pasada y se mueven dos o tres larvas blancas. Ese higo ya no tiene arreglo, y el árbol tampoco lo tendrá esta campaña: lo que se corrige es la siguiente. Con la higuera (Ficus carica) casi todo el control es preventivo, porque el fruto se estropea desde dentro y cuando el daño se ve ya está hecho.

La buena noticia es que la higuera es un árbol duro. Aguanta sequía, suelos pobres y pedregosos, calor extremo y podas brutales. Los problemas serios se cuentan con los dedos de una mano y casi todos comparten la misma puerta de entrada: el ostiolo, ese ojito que el higo tiene en el extremo opuesto al pedúnculo.

Higuera con síntomas de plagas y enfermedades en hojas y frutos

Primero, distinguir plaga de enfermedad y de fisiopatía

Antes de comprar nada conviene saber qué se está mirando, porque los tres grupos se tratan de forma distinta y solo uno responde a un insecticida.

Los insectos y ácaros dejan señales físicas: orificios, larvas, melaza pegajosa, agallas, moteado en las hojas. Los hongos y las levaduras dejan manchas, pústulas, fermentación y pudriciones. Y luego está lo que no es ni una cosa ni otra: la caída de higos verdes, que en un patio español suele deberse a un golpe de sequía, a un exceso de nitrógeno o a un riego irregular que hizo hinchar y desinflar el fruto. Si los higos caen del tamaño de una avellana y al abrirlos están limpios y secos por dentro, no hay bicho: hay un problema de agua.

La mosca negra del higo

Silba adipata es el enemigo número uno del higo en el interior peninsular y en buena parte del litoral mediterráneo. Es una mosca pequeña, negra y brillante, de unos 4-5 mm, que pone los huevos en el ostiolo del higo todavía verde. Las larvas, blancas y sin patas, se alimentan de la pulpa y del interior floral, el fruto fermenta, amarillea antes de tiempo y acaba cayendo o quedando colgado, blando y con el ojo abierto y húmedo.

Se ceba especialmente en la segunda cosecha, la de higos de finales de verano, mientras que las brevas de junio suelen escapar. Contra ella no hay tratamiento curativo: cuando la larva está dentro, está protegida.

Lo que sí funciona es cortar el ciclo. Recoger y retirar todos los higos caídos y los que quedan momificados en el árbol, sin dejarlos en el suelo ni tirarlos al montón de compost abierto, porque las larvas terminan de desarrollarse ahí y salen adultas la temporada siguiente. Enterrarlos a buena profundidad o meterlos en una bolsa cerrada al sol unos días es suficiente. Las trampas con atrayente alimentario (proteína hidrolizada) colgadas desde la aparición de los primeros higos ayudan a bajar la población y, sobre todo, avisan de cuándo está volando.

Si eliges variedad para plantar, fíjate en el ostiolo: las de ojo pequeño y cerrado, con las escamas apretadas y a menudo con una gotita de látex sellándolo, reciben muchas menos puestas que las de ostiolo grande y abierto. Es la medida más eficaz de todas y no cuesta dinero.

Ceratitis y la podredumbre agria

La mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata) llega más tarde, cuando el higo empieza a ablandar y a soltar azúcar. Pica el fruto maduro y deja el típico pinchazo con halo blando. En zonas cítricas y de fruta de hueso la presión es alta porque la higuera es solo una parada más en su calendario.

Su compañera inseparable es la podredumbre agria. No la causa un hongo filamentoso, sino levaduras y bacterias que entran por el ostiolo o por las heridas de las picaduras, transportadas en las patas de las moscas del vinagre (Drosophila). El higo se llena de un líquido espumoso, huele a vinagre y a alcohol, y se deshace. No se trata con fungicida: se previene evitando las heridas, recogiendo la fruta a diario en plena maduración y no dejando fruta pasada bajo el árbol, que es el criadero.

Para Ceratitis, los mosqueros con atrayente colgados a media altura en la cara sur, uno o dos por árbol, y colocados antes del envero, hacen más que cualquier pulverización tardía. Ten en cuenta además que la higuera es un cultivo con pocos fitosanitarios autorizados y con plazos de seguridad que en un fruto que se come sin pelar importan mucho: consulta el registro oficial de productos fitosanitarios del Ministerio antes de aplicar nada, porque las autorizaciones cambian de un año a otro.

Cochinillas: la caparreta de la higuera

Ceroplastes rusci es inconfundible: un escudo céreo blanquecino o rosado, de unos 4 mm, dividido en placas como una estrella, pegado al nervio central de las hojas, a los pecíolos y a las ramas jóvenes. Chupa savia y segrega melaza; sobre la melaza se instala la negrilla, ese polvo negro que ennegrece hoja y fruto y reduce la fotosíntesis.

La clave del control está en el momento. El adulto, con su caparazón de cera, es prácticamente impermeable a cualquier tratamiento. Hay que atacar a las ninfas móviles, que aparecen a finales de primavera (grosso modo de mayo a junio, según zona) y son minúsculas, planas y todavía desnudas. En ese momento el jabón potásico bien mojado por el envés, o un aceite de parafina, resultan eficaces. En invierno, con el árbol desnudo, un aceite mineral sobre las ramas reduce mucho la población de partida.

En higueras de patio, con pocas ramas afectadas, el cepillado a mano con un cepillo de cerda dura y agua jabonosa resuelve el problema sin más química. Y no apliques aceites con el árbol en estrés hídrico ni por encima de los 30 °C: se quema la hoja.

El barrenillo, un aviso de que el árbol está sufriendo

Hypoborus ficus es un escarabajo diminuto, de poco más de un milímetro, que excava galerías bajo la corteza de ramas y troncos. Se detecta por unos orificios de salida como pinchazos de alfiler y por un serrín finísimo. Las ramas afectadas se secan de la punta hacia dentro.

Aquí lo importante es entender que el barrenillo es un síntoma, no la causa. Coloniza madera debilitada: árboles con sequía prolongada, con heridas de poda mal cicatrizadas, con el cuello asfixiado por un riego excesivo o con ramas ya muertas. Un árbol vigoroso lo rechaza. El control es cultural y contundente: podar y eliminar la madera afectada antes de la salida de adultos, a finales de invierno, y no dejar los restos de poda apilados junto al árbol, porque los montones de leña de higuera son el mejor criadero que existe. Corregir el riego y el estado general del árbol hace el resto.

Ácaros, moteado y el virus del mosaico

El eriófido Aceria ficus es invisible a simple vista, pero deja hojas con aspecto herrumbroso o plateado, sobre todo en el envés y en los brotes tiernos, y frutos con la piel áspera. Por sí mismo rara vez mata a nadie; el problema es que es el vector del virus del mosaico de la higuera.

El mosaico da manchas amarillentas difusas, con aspecto de mancha de aceite decolorada, a veces con anillos, y en los casos fuertes deforma la hoja y provoca caída de frutos. No tiene cura. Un árbol infectado lo está de por vida y transmite el virus por estaquillado, que es exactamente como se propaga la higuera. De ahí la única medida que sirve de verdad: no tomes estacas de un árbol con mosaico, por bueno que sea el higo, y desconfía de las plantas regaladas de procedencia dudosa. Para el ácaro en sí, el azufre mojable en primavera, siempre por debajo de 30 °C, lo mantiene a raya.

La araña roja (Tetranychus urticae) aparece en veranos secos y polvorientos, sobre todo en higueras junto a caminos o en macetas. Decolora la hoja en punteado fino y provoca defoliación temprana. Un simple lavado a presión del envés, repetido, y mantener humedad ambiental suelen bastar.

Roya, chancros y otros hongos

La roya de la higuera (Cerotelium fici) es un problema de zonas húmedas y de veranos con tormentas: cornisa cantábrica, Galicia, y en el resto de la Península en años lluviosos. Da pústulas pulverulentas de color óxido en el envés, manchas amarillas correspondientes en el haz y, si aprieta, defoliación en agosto o septiembre. La defoliación temprana pasa factura a la cosecha del año siguiente porque el árbol no acumula reservas. Se controla recogiendo y destruyendo la hojarasca en otoño, aclarando la copa para que ventile y, en casos graves, con un tratamiento a base de cobre tras la caída de la hoja.

Botryosphaeria dothidea produce chancros deprimidos en ramas y puntos oscuros hundidos en el fruto. Entra por heridas, así que la prevención pasa por podar en tiempo seco, con herramienta desinfectada, y por evitar los cortes de gran diámetro, que la higuera compartimenta mal.

Y en el suelo, la armilaria (Armillaria mellea) pudre el cuello y las raíces en terrenos encharcadizos o donde antes hubo árboles muertos. Se reconoce por unas láminas blancas de micelio bajo la corteza del cuello, con olor a champiñón. No hay tratamiento: hay drenaje o no hay higuera. Plantar sobre un ligero caballón y no arrimar nunca el goteo al tronco evita la mayoría de los casos.

Higos afectados por podredumbre y daños de plagas

La avispa que sale del higo no es una plaga

Cuando alguien parte un higo y ve un insecto diminuto y alado dentro, lo primero que piensa es que el fruto está infestado. Suele tratarse de Blastophaga psenes, la avispa del higo, y su papel es el contrario: sin ella no habría higos en las variedades que dependen de la caprificación, un proceso de polinización en el que la avispa lleva el polen del cabrahígo silvestre a la flor femenina.

La mayoría de las variedades cultivadas en España para consumo en fresco son partenocárpicas: cuajan solas, sin polinización y sin avispa. Si tu higuera produce sin ayuda, la avispa no pinta nada allí y no hay que hacer nada al respecto. En las variedades tipo Esmirna, en cambio, la avispa es imprescindible, y con ella puede entrar Fusarium, causante de la endosepsis o pudrición interna. Es una de las pocas situaciones en las que el vector es también el polinizador, y no se combate: se convive con él.

Calendario práctico

Invierno (con el árbol desnudo). Poda sanitaria: fuera ramas secas, chancros y madera con orificios de barrenillo, y esos restos no se quedan cerca. Retirada de higos momificados. Aceite mineral contra formas invernantes de cochinilla. Recogida de hojarasca si hubo roya.

Primavera. Vigilancia de la salida de ninfas de cochinilla y tratamiento con jabón potásico o aceite en ese momento concreto. Azufre si hubo problemas de eriófido. Ajuste del riego: mejor riegos regulares y moderados que el ciclo de sequía y encharcamiento, que es lo que revienta los higos y abre la puerta a todo lo demás.

Verano. Trampas colocadas antes de que el fruto empiece a colorear. Recogida diaria de higos maduros y de caídos. Nada de fruta pasada bajo el árbol.

Otoño. Limpieza final del suelo y de la copa. Es la operación que más rendimiento da en toda la lista, porque decide con cuánta población de mosca arrancas el año siguiente.

Una advertencia sobre el látex

El líquido lechoso que suelta la higuera al cortar una rama o al arrancar un higo verde contiene furanocumarinas, sustancias fotosensibilizantes. En contacto con la piel y expuesto después al sol provoca una fitofotodermatitis: enrojecimiento, ampollas y manchas oscuras que tardan semanas o meses en irse. No es una alergia idiosincrásica: es una reacción química previsible, y se repite siempre que coinciden savia y sol.

Poda y recolecta con manga larga y guantes, evita las horas de sol fuerte para trabajos que impliquen mucha savia, y lava con agua y jabón la piel que se haya manchado antes de exponerla al sol. En niños, que se cuelgan del árbol y se restriegan la cara, conviene tenerlo especialmente presente.

En resumen

La higuera se defiende sola casi de todo salvo de lo que entra por el ostiolo. La mosca negra del higo y la podredumbre agria son los daños que de verdad arruinan la cosecha, y ninguno de los dos se resuelve pulverizando: se resuelve con higiene, con recogida sistemática de fruta caída y momificada, con trampas puestas a tiempo y, si vas a plantar de nuevo, eligiendo variedades de ostiolo cerrado.

La cochinilla se trata en el momento exacto de las ninfas móviles y no después. El barrenillo avisa de un árbol que está pasándolo mal por agua o por heridas, y se corrige el árbol, no el escarabajo. El mosaico no se cura, así que la prevención está en no propagar estacas de árboles enfermos. Y en cualquier producto que uses, revisa antes que esté autorizado en higuera y respeta el plazo de seguridad, que aquí se come el fruto entero y con piel.


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