Ninguna especie del género Picea es originaria de la península ibérica. Las coníferas que aquí llamamos abetos —el pinsapo de la serranía de Ronda, el abeto blanco del Pirineo— pertenecen al género Abies, que es otra cosa. Las Picea vinieron todas de fuera: de los Alpes y Escandinavia, de las Rocosas, de los Balcanes, del Cáucaso, de la costa del Pacífico americano. Y esa procedencia boreal o de alta montaña marca todo lo que puede esperarse de ellas en un jardín español.

Qué es exactamente una picea

Picea A. Dietr. es un género de la familia Pinaceae con unas 35 especies repartidas por las zonas frías y montañosas del hemisferio norte. Son árboles perennes, monoicos, de porte cónico y tronco recto, con crecimiento en verticilos: cada año producen una nueva corona de ramas laterales bajo la guía terminal, lo que da esa silueta escalonada tan regular.

Distinguir una Picea de un Abies es fácil una vez sabes dónde mirar. Tres caracteres bastan:

Las piñas cuelgan hacia abajo y caen enteras del árbol cuando maduran, así que se recogen del suelo. Las de Abies se yerguen sobre las ramas y se deshacen en el árbol escama a escama, dejando solo el eje central clavado. Si encuentras piñas completas bajo un árbol, no es un abeto.

Las acículas nacen sobre un pequeño resalte leñoso llamado pulvínulo, que permanece en la rama cuando la hoja cae. Por eso una ramilla de picea sin hojas está áspera y llena de asperezas, mientras que la de un abeto queda lisa, con cicatrices circulares planas.

Y las hojas suelen ser de sección cuadrangular y se pueden hacer rodar entre los dedos, salvo en las especies de acícula aplanada como Picea omorika o Picea sitchensis. Las de Abies son planas, blandas, con dos bandas blancas por el envés y suelen estar peinadas a ambos lados de la rama.

Ramas de Picea abies con acículas y piñas colgantes

Las especies que verás en España

Picea abies (L.) H. Karst., la picea común o abeto rojo, es la europea: Alpes, Cárpatos, Escandinavia y la Europa central y del norte. Llega a 40 o 50 metros y es el árbol del que salen la mayor parte de los árboles de Navidad cortados que se venden en Europa. Su ramificación se vuelve péndula con la edad, con ramas secundarias colgando de las principales, cosa que la hace inconfundible en ejemplares adultos. En Suecia se estudia un clon de esta especie, Old Tjikko, cuyo sistema radicular se ha datado en torno a los 9.500 años. Tiene además una familia enorme de cultivares enanos ('Nidiformis', 'Little Gem', 'Inversa').

Picea pungens Engelm., la picea azul de Colorado, es la que se compra por el color. Sus acículas rígidas y punzantes van del verde al azul plateado según el cultivar ('Hoopsii', 'Koster', 'Glauca Globosa'). Resiste frío extremo, no resiste el calor seco.

Picea glauca (Moench) Voss, la picea blanca canadiense, llega a los salones sin nombre o con uno inventado: el cultivar 'Conica' es ese conito verde y denso, de crecimiento lentísimo, que se vende en maceta en cualquier centro de jardinería y acaba decorado en Navidad. Es la especie más rústica al frío del género (aguanta por debajo de −40 °C) y una de las más delicadas con el calor y con la araña roja.

Picea omorika (Pančić) Purk., la picea de Serbia, procede de un área minúscula del valle del Drina, en los Balcanes. De porte muy estrecho y columnar —quince metros de alto por apenas tres o cuatro de ancho—, con las acículas aplanadas y de envés blanquecino. Es la especie del género que mejor tolera suelos calizos, contaminación urbana y veranos algo más cálidos, y la apuesta más segura para un jardín de la mitad norte.

Picea orientalis (L.) Link, del Cáucaso y Anatolia, tiene las acículas más cortas del género (menos de un centímetro), muy densas y de un verde oscuro brillante. Aguanta bien la caliza y la sequía moderada, mejor que abies o pungens, y crece despacio. El cultivar 'Aurea' brota en amarillo dorado en primavera.

Picea sitchensis (Bong.) Carrière, la picea de Sitka, es la gigante del género: supera los 70 metros en su área natural, la franja lluviosa del Pacífico norteamericano. Necesita clima oceánico y humedad constante, de modo que en España solo tiene sentido en la cornisa cantábrica y Galicia, donde se ha ensayado en repoblaciones forestales. Sus acículas pinchan más que las de ninguna otra.

Fuera de estas, en colecciones y arboretos se ven Picea breweriana, de ramas llorosas espectaculares y crecimiento desesperantemente lento; Picea engelmannii; y Picea likiangensis, china, con conos jóvenes de un rojo intenso.

Clima: la condición que no se negocia

Todas las Picea son árboles de verano fresco e invierno largo. El frío no les preocupa: según especie soportan de −25 a −45 °C sin protección alguna. Lo que las limita en España es exactamente lo contrario. Por encima de 32 o 35 °C mantenidos, con aire seco, dejan de fotosintetizar de forma rentable, se debilitan y se convierten en un imán para la araña roja.

Con ese criterio, el mapa queda así. Funcionan bien en la cornisa cantábrica, Galicia, Pirineo y prepirineo, sistema Ibérico, meseta norte y zonas de montaña por encima de los 800 o 1.000 metros en cualquier provincia, incluidas las del sur: en la sierra de Segura o en Sierra Nevada hay altitudes perfectamente aptas. Se pueden intentar, con riego y ubicación cuidada, en el interior de la meseta sur y en la sierra de Madrid. Y no tienen recorrido en el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir, en el sureste árido ni en Canarias. Allí se compra un ejemplar bonito que va perdiendo color y densidad cada verano hasta que se seca por la base y no queda nada que salvar.

Hay una excepción parcial que conviene conocer: las formas enanas en maceta, en un patio fresco y con sombra en las horas centrales, pueden vivir bastantes años en climas donde el árbol grande no prosperaría. Pero exigen riego constante y no se librarán de la araña roja.

Ubicación y suelo

Sol pleno en clima frío, sombra parcial en la parte central del día donde el verano aprieta. Necesitan sitio: una picea adulta ocupa entre 4 y 8 metros de diámetro según especie y conserva las ramas hasta el suelo si se la deja. Plantarlas pegadas a la casa termina obligando a podar la falda, y una picea sin falda no vuelve a taparse.

El suelo ideal es profundo, fresco, de textura suelta y pH entre 5 y 6,5. En suelo calizo aparece clorosis: acículas nuevas amarillentas, crecimiento corto, color apagado. Se puede paliar con quelato de hierro EDDHA cada primavera, pero es un tratamiento de por vida. Si tu suelo tiene cal libre, elige omorika u orientalis, que la llevan mucho mejor, o cambia de género.

El sistema radicular del género es somero y muy extendido, sin raíz pivotante profunda en la mayoría de las especies. Eso tiene dos consecuencias: no se debe cavar ni cultivar bajo la copa, porque se destroza la raíz activa, y en lugares expuestos los ejemplares grandes de Picea abies son sensibles al derribo por viento en suelo saturado de agua. Un buen acolchado de corteza de pino de 8 o 10 centímetros resuelve la primera parte y ahorra mucha agua.

Riego

Es el punto donde se decide casi todo en clima peninsular. Las Picea no tienen mecanismos de resistencia a la sequía comparables a los de un pino carrasco o un enebro; vienen de sitios donde llueve en verano o donde la nieve fundida mantiene el suelo húmedo.

Riego profundo y espaciado, no superficial y diario: en verano, cada 5 a 8 días en suelo franco, mojando de verdad los primeros 40 centímetros. En maceta, el sustrato no debe secarse nunca del todo, y una picea que se seca por completo una sola vez en agosto puede perder la mitad del follaje. Al mismo tiempo, el encharcamiento las mata: en suelo compacto y mal drenado aparecen podredumbres de raíz y Armillaria mellea.

Un riego generoso a finales de otoño, antes de las heladas fuertes, previene la desecación invernal, que se manifiesta como un bronceado de las acículas al final del invierno y y que parece daño por hielo cuando en realidad es falta de agua.

Abonado

Un granulado de liberación lenta para coníferas o para plantas acidófilas, aplicado a finales del invierno y regado después, cubre la temporada. En suelo pobre o en maceta se puede repetir a principios de verano, con dosis más floja.

Corta el abonado a mediados de julio. Aportar nitrógeno en agosto o septiembre provoca una brotación fuera de tiempo que no lignifica y se hiela en noviembre. Si observas clorosis, el problema es el pH del suelo, no la falta de abono: añadir más fertilizante no lo arregla.

Poda: lo que hay que saber antes de coger las tijeras

El género Picea carece de yemas latentes en la madera vieja. Corta una rama por una zona sin acículas verdes y ese muñón no rebrotará jamás. El hueco permanece de por vida.

Así que la poda se limita a tres cosas: eliminar ramas secas, rotas o enfermas; suprimir una de las dos guías si el árbol saca doble flecha, cuanto antes mejor y a finales del invierno; y, si quieres densificar o contener el tamaño, pinzar los brotes tiernos de primavera cuando ya se han alargado pero siguen blandos, cortando como mucho la mitad de su longitud y siempre por delante de acículas vivas. Un seto de Picea abies se mantiene exactamente así, recortando solo brotación del año.

Plantación, trasplante y multiplicación

La mejor época para plantar es el otoño en zonas de invierno suave, y el final del invierno o principio de la primavera en zonas de heladas fuertes, cuando el suelo ya no está helado pero el árbol aún no ha brotado. Se compran en contenedor o con cepellón escayolado. Nunca en verano.

Los trasplantes de ejemplares grandes se toleran mal por la raíz superficial y extendida: cuanto mayor sea el árbol, más difícil. Si hay que mover uno, se prepara con al menos una temporada de antelación cortando un cerco de raíces alrededor para que emita raíz nueva dentro del futuro cepellón.

Para sembrar, se recogen las piñas en otoño, se secan a la sombra en un lugar ventilado hasta que abren y sueltan la semilla alada, y se estratifica en frío húmedo entre 3 y 5 °C durante tres o cuatro semanas antes de sembrar en bandeja con sustrato ligero. Germinan sin dificultad. Ahora bien, la semilla no reproduce el cultivar: de una picea azul salen plántulas de todos los tonos, y de una 'Conica' sale una Picea glauca normal, de veinte metros. Los cultivares se multiplican por injerto lateral sobre patrón de Picea abies a finales de invierno, y algunos por esqueje semileñoso con hormonas y calor de fondo, con porcentajes de éxito modestos.

Piñas colgantes de Picea maduras

Problemas habituales

Araña roja de las coníferas (Oligonychus ununguis): el enemigo principal en clima seco. Bronceado de las acículas desde el interior y la base de la copa, telaraña finísima entre ramillas y caída de hoja. Aumenta el riego, lava el follaje en las horas frescas y recurre a un acaricida específico si hace falta. Los insecticidas de amplio espectro agravan el problema al eliminar los ácaros depredadores.

Adélgidos: Sacchiphantes abietis forma en Picea abies agallas verdes con forma de piña pequeña en la base de los brotes; Adelges cooleyi hace lo propio en la punta de los brotes de Picea pungens. Deforman pero no matan. Se cortan las agallas antes de que abran, al final de la primavera.

Pulgones Cinara, grandes y pardos, en ramas gruesas y tronco, con melaza y negrilla asociadas. Jabón potásico si el ataque es leve.

Enfermedades foliares del tipo Rhizosphaera en zonas húmedas, con caída de las acículas viejas empezando por las ramas bajas. Airea, retira el material caído y no riegues por aspersión sobre la copa.

Y el problema que no aparece en las listas de plagas: la desecación y el calor. Cuando una picea empieza a secarse por dentro y por abajo en pleno agosto, lo primero que hay que descartar no es un hongo, sino un déficit de agua acumulado durante semanas.

Para qué se usan

La madera de Picea abies es blanca, ligera, elástica y de fibra muy regular. Es madera de construcción y de carpintería corriente en media Europa, materia prima principal de la pasta de papel en los países nórdicos, y sobre todo madera de resonancia: las tapas armónicas de violines, violonchelos, pianos y guitarras clásicas se hacen con picea de crecimiento lento y anillos finos, procedente de bosques de altitud. La de Picea sitchensis cumple el mismo papel en guitarras acústicas y, por su excelente relación resistencia-peso, se usó en estructuras de aviación en la primera mitad del siglo XX.

En jardinería sirven como ejemplar aislado en céspedes amplios, como pantalla cortavientos y seto alto en zonas frías, y en rocalla y maceta en sus formas enanas. La corteza dio tanino para curtir, la resina se usó en pez y barnices, y en Escandinavia y Canadá los brotes tiernos se han empleado tradicionalmente para elaborar bebidas fermentadas.

La picea de Navidad, con honestidad

La Picea abies cortada y la Picea glauca 'Conica' en maceta son los dos árboles de Navidad clásicos, y con la segunda hay una expectativa que suele romperse en enero. Una conífera boreal metida en un salón con calefacción a 21 °C está soportando, en pleno reposo invernal, condiciones de aire caliente y seco que no encuentra en ningún momento de su ciclo natural. Pierde acículas, se deshidrata y sale de allí debilitada.

Si quieres conservarla: diez o doce días dentro como máximo, en la habitación más fresca, lejos de radiadores, con el cepellón siempre húmedo y sin nieve artificial ni sprays sobre el follaje. Después, unos días de aclimatación en un porche o garaje fresco antes de devolverla al exterior, donde debe pasar el resto del año. Y si tu jardín está en Alicante o en Córdoba, cuenta con que el árbol irá a menos temporada tras temporada por mucho que hagas: no es un fallo de cuidados, es que ese clima no es el suyo.

En resumen

Las Picea son coníferas de montaña fría y suelo ácido y fresco, con una resistencia al hielo enorme y una tolerancia al calor seco muy pobre. En la mitad norte peninsular y en cualquier zona de montaña son árboles longevos y de mantenimiento mínimo; en la costa mediterránea y en el sur cálido no hay técnica que las salve.

Para elegir: Picea abies si tienes espacio de verdad y clima frío, Picea omorika si el jardín es estrecho o el suelo tira a calizo, Picea orientalis si buscas algo denso y menos exigente, Picea pungens si lo que quieres es el azul, y los cultivares enanos de Picea glauca para maceta y rocalla. Después, tres normas que valen para todas: riego profundo y regular, nada de abono a partir de mediados de julio, y ninguna poda que entre en madera sin hojas verdes, porque de ahí no vuelve a salir nada.


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