Doce metros de altura y un tronco de casi medio metro de grosor: eso es lo que puede llegar a ser una Photinia serrulata adulta si se la deja crecer. La cifra sorprende a quien solo conoce las photinias de seto recortado, que rara vez pasan de los dos metros, y explica buena parte de los problemas que da esta especie cuando se planta pensando en un arbusto de jardín pequeño.

Qué planta es exactamente

El nombre válido hoy es Photinia serratifolia (Desf.) Kalkman, aunque en viveros y catálogos españoles sigue apareciendo como Photinia serrulata Lindl., que es el sinónimo antiguo. Son la misma planta. Pertenece a las rosáceas, la familia del manzano, el níspero y el espino albar, y ese parentesco tiene consecuencias prácticas que veremos más abajo.

Es originaria de China central y meridional, con poblaciones también en Taiwán y Vietnam. Llegó a Europa a finales del siglo XVIII y se naturalizó en el paisaje ajardinado mediterráneo con facilidad, porque el clima le va bien.

Se trata de un árbol pequeño o arbusto grande de hoja perenne, de copa densa y redondeada, crecimiento moderado y madera bastante resistente. La hoja es lo más reconocible: coriácea, de 10 a 22 centímetros de largo, oblonga o lanceolada, con el borde finamente aserrado —de ahí el nombre— y el haz de un verde oscuro brillante. Los brotes nuevos salen de color bronce, cobrizo o rojizo, y ese es el efecto ornamental que se busca.

Florece entre marzo y mayo en corimbos terminales anchos, de hasta 15 o 20 centímetros, con muchísimas flores blancas pequeñas. Conviene saber una cosa antes de plantarla junto a una ventana o una terraza de uso diario: el olor de la floración no es agradable. Recuerda al del espino albar, con un fondo entre dulzón y pesado que llena el patio los días templados y sin viento. Dura dos o tres semanas y atrae abejas en cantidad.

Después vienen los frutos: pomos globosos de cinco a seis milímetros, rojos, agrupados en racimos que maduran en otoño y aguantan buena parte del invierno en la planta. Son muy decorativos y los comen los pájaros.

Frutos rojos de Photinia serrulata en racimo

No confundirla con la photinia roja del vivero

La photinia que se vende por miles para setos no es esta. Es Photinia × fraseri, un híbrido entre Photinia glabra y la propia Photinia serratifolia, del que el cultivar más extendido es 'Red Robin'. La etiqueta de la maceta suele decir simplemente «Photinia Red Robin».

Las diferencias importan a la hora de decidir:

Tamaño. 'Red Robin' se queda en tres o cuatro metros y se maneja bien como seto. La especie pura puede doblar o triplicar esa altura y desarrolla un tronco de árbol. Si lo que quiere es un seto de 1,80 m, plantar serrulata significa condenarse a recortar contra el instinto de la planta durante décadas.

Color del brote. El rojo de 'Red Robin' es más intenso, más laqueado y más duradero. En serrulata el brote nuevo tira a bronce cobrizo y vira a verde antes.

Hoja. La de serrulata es notablemente más larga y con el diente marginal más marcado y regular.

Flor y fruto. Aquí gana la especie. Serrulata florece y fructifica de forma espectacular cuando se la deja crecer libre; 'Red Robin' recortado en seto casi nunca llega a florecer, porque las tijeras se llevan cada año las yemas florales.

Dónde plantarla

Luz. A pleno sol es donde saca el color de brote más vivo y la floración más densa. Aguanta media sombra sin problema, pero allí el follaje nuevo apenas se colorea y el porte se abre y se desgarba.

Frío. Resiste bien hasta unos -12 °C, y ejemplares establecidos han aguantado puntas algo mayores con daño solo en las hojas. Eso la deja cómoda en toda la costa mediterránea y atlántica, en el valle del Guadalquivir, en el Levante y en buena parte de la submeseta. En zonas de la meseta norte, en el interior de Aragón o en zonas de montaña con heladas de -15 °C repetidas, los brotes tiernos de primavera se queman con las heladas tardías y la planta vive descontenta.

Suelo. Prefiere suelo profundo, fresco y bien drenado, de reacción neutra o ligeramente ácida. Tolera algo de caliza, pero no la caliza activa alta: en suelos muy calizos regados con agua dura aparece clorosis férrica, con las hojas nuevas amarillas y los nervios verdes. Si su agua de riego pasa de 25 grados franceses de dureza y su suelo hace efervescencia con vinagre, elija otra especie o cuente con quelato de hierro cada primavera de por vida, que es un gasto recurrente y una señal de que la planta no está en su sitio.

Drenaje. Innegociable. En arcilla compacta con encharcamiento invernal se pudren las raíces y la planta se muere en dos o tres años, normalmente en verano y de golpe, cuando el sistema radicular dañado ya no puede abastecer la copa.

Distancia. Para seto libre, 1,20 a 1,50 m entre plantas. Para seto recortado, 80 cm o un metro. Plantar más apretado no da un seto antes: da un seto con las hojas bajas peladas y una fábrica de hongos, porque el aire no circula entre las plantas y las hojas tardan horas en secarse.

Riego, abonado y poda

Riego. Los dos primeros años necesita riegos regulares para instalar la raíz: en verano peninsular, dos veces por semana en suelo suelto, una vez si el suelo retiene. A partir del tercer o cuarto año es bastante resistente a la sequía y en la costa mediterránea puede sobrevivir con riegos de apoyo esporádicos. Riegue siempre por goteo o por inundación de alcorque. El aspersor que moja el follaje es lo que estropea las photinias, por la razón que se explica en el apartado siguiente.

Abonado. Un aporte de compost o estiércol maduro en la base a finales de invierno basta para un ejemplar aislado. En seto, donde la poda se lleva biomasa cada año, añada en marzo un abono equilibrado de liberación lenta. Evite excederse con nitrógeno: el brote blando y aguado que produce es justo lo que buscan pulgones y hongos foliares.

Poda. Si la quiere como árbol o arbusto libre, pode poco: retire ramas secas, cruzadas o mal dirigidas al terminar la floración, en mayo o junio, y vaya levantando la copa progresivamente si busca un tronco limpio.

Si la quiere como seto, el calendario cambia. Recorte tras el empuje de primavera, hacia junio, y otra vez a finales de agosto o principios de septiembre. Cada recorte fuerza una nueva brotación coloreada, que es precisamente el efecto decorativo. A cambio, renuncia a la flor y al fruto: no se puede tener las dos cosas. Y no pode a partir de octubre, porque el brote que provoque no tendrá tiempo de endurecerse antes de las heladas y se quemará entero.

Tolera bien la poda de rejuvenecimiento sobre madera vieja. Un ejemplar desgarbado admite un rebaje severo a finales de invierno y rebrota desde el tronco, aunque tardará dos temporadas en volver a estar presentable.

Hojas aserradas y coriáceas de Photinia serrulata

El problema serio: la mancha foliar

El hongo Entomosporium mespili (forma perfecta Diplocarpon mespili) es lo que arruina los setos de photinia en España. Se manifiesta como manchas redondas de dos a cinco milímetros, rojo púrpura al principio, con el centro gris y un punto oscuro visible con lupa. Las manchas confluyen, la hoja amarillea y cae, y el seto se va desnudando desde abajo hasta quedar en un esqueleto de ramas con follaje solo en la punta.

Se propaga por salpicadura de agua, y por eso ataca en primavera y otoño lluviosos y en setos regados por aspersión. Las hojas jóvenes son las más susceptibles, lo que crea un círculo vicioso: se recorta el seto, brota tierno, el hongo entra por el brote nuevo.

Lo que funciona de verdad es cultural, no químico:

Regar por goteo y nunca a última hora de la tarde. Plantar con separación suficiente. Recoger y retirar las hojas caídas del pie, que son el inóculo del año siguiente. Evitar recortes en plena racha de lluvias. Y no abusar del nitrógeno. Si hay que tratar, los cúpricos aplicados al inicio de la brotación y repetidos según etiqueta ayudan de forma preventiva; un fungicida curativo aplicado sobre un seto ya defoliado llega tarde.

Photinia serratifolia es, dentro del género, de las menos sensibles a este hongo —bastante más resistente que Photinia glabra—, lo que es un argumento real a su favor en zonas húmedas del norte peninsular.

Fuego bacteriano y otras plagas

Por ser rosácea, la photinia es hospedante de Erwinia amylovora, el fuego bacteriano, un organismo de cuarentena regulado en la Unión Europea. Los síntomas son inconfundibles: ramillos que se ennegrecen de golpe como si los hubieran quemado, con la punta curvada en cayado de pastor, y las hojas muertas que quedan colgando sin caer.

Si ve ese cuadro, no pode ni tire los restos al contenedor: avise al servicio de sanidad vegetal de su comunidad autónoma. Es una obligación legal y, además, cortar sin desinfectar la herramienta entre corte y corte extiende la bacteria por todo el jardín y hacia frutales cercanos.

Lo demás es menor. Pulgón en la brotación de primavera, controlable con jabón potásico y con el freno natural de mariquitas y sírfidos si no se abusa de insecticidas. Cochinilla algodonosa en ejemplares en sombra y mal ventilados. Y en suelos encharcados, Phytophthora en raíz, para la que no hay remedio una vez instalada.

Multiplicación

Por esqueje semileñoso es lo práctico. Se toman en julio y agosto brotes del año ya algo endurecidos, de 12 a 15 centímetros, se les quitan las hojas inferiores y se recorta a la mitad la superficie de las que quedan para reducir la transpiración. Hormona de enraizamiento en la base, sustrato de turba y perlita a partes iguales, ambiente húmedo y, si se dispone de ella, cama caliente a 20-22 °C. Enraízan en seis a diez semanas con porcentajes decentes.

Por semilla se puede, pero es lento. Hay que limpiar la pulpa del fruto, porque contiene inhibidores de la germinación, y estratificar en frío húmedo a 4 °C durante unos tres meses antes de sembrar en primavera. La descendencia es variable y tardará muchos años en alcanzar porte.

Una advertencia sobre las hojas

Las hojas de Photinia, como las de otras rosáceas leñosas, contienen glucósidos cianogénicos: al marchitarse o dañarse liberan pequeñas cantidades de cianuro de hidrógeno. No es un riesgo para quien poda ni para quien tiene la planta en el jardín, y los frutos no son tóxicos en el sentido en que lo son los de un tejo, pero sí importa en un caso concreto: no eche los restos de poda al cercado de caballos, cabras, ovejas ni conejos. Se han descrito intoxicaciones de ganado por consumo de hojas marchitas de photinia. El follaje mustio es más peligroso que el fresco, porque el animal lo come con más gusto y el contenido en cianógenos se libera con más facilidad. Los restos, al contenedor de vegetal o a la pila de compost.

En resumen

Photinia serrulata —hoy Photinia serratifolia— es un arbolito de hoja perenne para quien tiene sitio: hoja grande y brillante, brote cobrizo en primavera, floración blanca abundante de olor discutible y racimos de frutos rojos todo el invierno. No es la photinia de seto de vivero, que es el híbrido 'Red Robin', más pequeño y más rojo.

Póngala a pleno sol, en suelo profundo y bien drenado, sin caliza activa alta, y sepa que aguanta hasta unos -12 °C. Riegue por goteo, nunca por aspersión, y déjele aire alrededor: la mancha foliar por Entomosporium es el motivo por el que tantos setos de photinia acaban desnudos por abajo, y se combate con separación, ventilación y hojarasca retirada mucho mejor que con fungicidas. Vigile cualquier ramillo que se ennegrezca en cayado por si fuera fuego bacteriano, y no dé los restos de poda a animales de pastoreo.


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