Corte un tallo de cornicabra y brotará al instante un látex blanco y espeso. Conviene saberlo antes de tocarla, porque ese jugo contiene glucósidos cardiotónicos y es irritante para la piel y las mucosas. No es una planta peligrosa de tener en el jardín, pero sí una que se poda con guantes y sin llevarse las manos a los ojos.

Hablamos de Periploca laevigata, un arbusto sarmentoso de la familia Apocynaceae (subfamilia Periplocoideae, lo que antes se agrupaba en asclepiadáceas y periplocáceas). En el sureste peninsular y en Canarias se la llama cornical, cornicabra o palo de leche, y en las tres cosas hay margen de confusión que merece la pena aclarar cuanto antes.

Qué planta es exactamente

El nombre cornicabra se reparte entre plantas que no tienen nada que ver: la Pistacia terebinthus del interior peninsular, una variedad de olivo muy cultivada en Toledo y Ciudad Real, y esta Periploca. Si busca información por el nombre popular acabará leyendo sobre cualquiera de las tres. El nombre científico es lo único que la identifica sin ambigüedad.

Dentro de la propia especie hay dos estirpes. La subespecie laevigata vive en Canarias y en el noroeste de África; la del sureste ibérico y Baleares se trata como Periploca laevigata subsp. angustifolia, y algunas floras la elevan directamente a especie con el nombre Periploca angustifolia. La diferencia práctica está en la hoja: la peninsular la tiene claramente más estrecha, casi lineal.

Hay además un error que se repite en fichas de venta: describirla como arbusto tropical. No lo es. Es una planta de matorral árido termomediterráneo y macaronésico, adaptada a veranos largos sin una gota de agua y a inviernos suaves. Tratarla como tropical lleva a regarla y a sombrearla, que es justo lo contrario de lo que necesita.

Cómo se reconoce

Es un arbusto de 1 a 2 metros de porte habitual, con ramas largas, flexibles y algo volubles que se apoyan en los arbustos vecinos; sobre un soporte puede alzarse hasta los 3 metros y comportarse como trepadora perezosa. Las hojas son opuestas, coriáceas, lanceoladas o lineares, de verde oscuro brillante y con el nervio central marcado. En sequías extremas tira parte del follaje y lo repone en cuanto llueve.

Las flores son pequeñas, de poco más de un centímetro, agrupadas en cimas axilares. Por fuera la corola es verdosa o amarillenta; por dentro, parda o purpúrea y con pelillos. En el centro lleva una corona de cinco apéndices filiformes muy característica del grupo. El polen no viaja suelto: se transporta en paquetes que quedan pegados al insecto visitante, un rasgo compartido con las asclepias.

El fruto es lo que da nombre a la planta. De cada flor fecundada salen dos folículos alargados que nacen del mismo punto y se abren en ángulo, exactamente como un par de cuernos. Cuando maduran se rajan por un costado y liberan semillas provistas de un penacho sedoso que el viento se lleva lejos. Es la mejor época para identificarla en el campo.

Matorral con Periploca laevigata en su hábitat natural

Dónde vive y por qué importa

En la Península ocupa las zonas más áridas del sureste: Almería, Murcia, sur de Alicante y algunos enclaves de Granada y Málaga, siempre en laderas pedregosas, ramblas y cerros próximos al mar, rara vez por encima de los 600-700 metros. También aparece en Mallorca e Ibiza. En Canarias forma parte del piso basal, mezclada con tabaibas y cardones, y sube por barrancos secos en casi todas las islas.

Los matorrales en los que participa, los llamados cornicales, comparten sitio con el azufaifo (Ziziphus lotus), el arto (Maytenus senegalensis subsp. europaea) y el orovale (Withania frutescens). Son formaciones incluidas en el anexo I de la Directiva Hábitats y están entre las más amenazadas del país, no por corta directa sino por la expansión del invernadero y la urbanización costera. Plantarla en jardines de la zona tiene, por eso, un valor que va más allá de lo ornamental.

Ecológicamente funciona como planta nodriza: bajo su copa la temperatura del suelo baja varios grados en verano y germinan especies que a pleno sol no tendrían opción. Las semillas voladoras la hacen buena colonizadora de taludes y suelos removidos.

Cultivo: lo que de verdad le hace falta

Sol directo, todo el que haya. A media sombra se estira, produce entrenudos largos y florece poco. Es planta de solana, de muro sur, de rocalla expuesta.

Suelo drenante por encima de cualquier otra cosa. Tolera bien la caliza, los suelos pobres, los pedregosos y cierta salinidad, incluida la brisa marina directa. Lo que no perdona es el encharcamiento: en arcilla compacta, un invierno lluvioso basta para que el cuello se pudra. Si el terreno es pesado, plántela sobre un caballón de 30-40 cm o mezcle grava gruesa en el hoyo; no sirve de nada echar una capa de grava en el fondo, eso solo crea una bolsa donde se acumula el agua.

Riego solo hasta que agarre. Durante el primer verano, un riego abundante y espaciado cada diez o quince días; el segundo, la mitad. A partir del tercer año, en el sureste peninsular no necesita nada. Regarla en julio cuando ya está establecida no la hace crecer más rápido: le provoca brotes blandos que después se queman y aumenta el riesgo de podredumbre radicular.

Frío. Es termófila. Aguanta heladas ligeras, del orden de -3 o -4 °C puntuales, pero por debajo de eso se le queman las ramas y con -7 u -8 °C se pierde entera. En el interior peninsular, con inviernos de Madrid, Zaragoza o Burgos, no es planta de exterior salvo en microclimas muy protegidos.

Abonado. Ninguno o casi ninguno. Un aporte de compost bien hecho al plantar es suficiente para siempre. Los abonos ricos en nitrógeno le dan un aspecto frondoso y engañoso que se traduce en menos resistencia a la sequía y menos floración.

En maceta

Se puede, pero con condiciones. Necesita un contenedor profundo, porque desarrolla raíz pivotante, y un sustrato francamente mineral: dos partes de sustrato de cactáceas o de arena silícea gruesa por una de materia orgánica. Maceta de barro mejor que de plástico, porque evapora. En invierno, arrimada a la pared y sin riego. Trasplante cada dos o tres años en primavera, sin deshacer el cepellón más de lo necesario.

Poda y multiplicación

La poda es mínima y de finales de invierno: retirar ramas secas, aclarar el interior si se ha enmarañado y despuntar lo que invada un paso. Guantes siempre, por el látex, y limpieza de la herramienta después. Rebrota bien de madera vieja, así que si con los años se ha desmadrado admite un rebaje severo en febrero-marzo, antes de que arranque.

Por semilla es el camino más fiable. Se recogen los folículos cuando empiezan a abrirse, se separan las semillas del vilano y se siembran en primavera, a un centímetro de profundidad, en bandeja con sustrato arenoso a 20-25 °C. La germinación es irregular y se escalona durante semanas, así que no tire el semillero antes de mes y medio. Las plántulas se trasplantan pronto, porque la raíz baja deprisa y se enrolla.

Por esqueje cuesta más. Se toman ramitas semileñosas del crecimiento del año a finales de primavera o en verano, se dejan escurrir el látex unos minutos en agua o sobre papel antes de plantarlas —si no, el corte se sella y no enraíza— y se ponen en perlita y arena con hormona de enraizamiento y ambiente húmedo. Cuente con tasas de éxito bajas y con varios meses de espera.

Toxicidad y usos tradicionales

El látex de las especies del género Periploca contiene glucósidos cardiotónicos, compuestos de la misma familia química que los de la digital y la adelfa, que actúan sobre el corazón y tienen un margen entre dosis activa y dosis tóxica muy estrecho. La ingestión de cualquier parte de la planta es peligrosa para personas y para animales domésticos, y el contacto repetido con la savia irrita la piel.

Que el ganado la evite en el campo no es garantía de nada: los casos de intoxicación de este tipo de plantas suelen darse con animales estabulados que reciben restos de poda mezclados con forraje. Si tiene cabras, ovejas, caballos o conejos, los recortes de cornicabra van al contenedor, no al montón que después alguien aprovecha.

La tradición norteafricana y canaria le atribuye usos externos: el látex aplicado sobre verrugas y callosidades, y decocciones para afecciones cutáneas y en veterinaria popular. Eso es lo que dice el uso etnobotánico, y conviene distinguirlo de lo otro: no existen ensayos clínicos que respalden ninguna indicación de Periploca laevigata en personas. Lo que hay son estudios de laboratorio sobre extractos, con actividad antioxidante o antimicrobiana medida in vitro, que no permiten concluir nada sobre su uso como remedio.

Por eso, y por el perfil cardiotóxico de sus principios activos, esta no es una planta con la que experimentar. Ningún problema de salud debería confiarse a ella, ni por vía interna ni sustituyendo un tratamiento prescrito. Ante cualquier duda, la consulta es al médico o al farmacéutico.

Flor de Periploca laevigata vista de cerca

Problemas frecuentes y cómo leerlos

Hojas amarillas y caída generalizada en invierno. Casi siempre es agua. Revise si el alcorque retiene, si el riego automático del césped vecino la alcanza o si el suelo se compactó. Corte el riego y espere: si el cuello todavía está firme, se recupera.

Ramas quemadas en las puntas después de febrero. Helada. No pode inmediatamente; espere a que rebrote en abril para ver hasta dónde llega el tejido vivo y corte entonces.

Defoliación en pleno agosto sin regar. Es su respuesta normal a la sequía extrema, no un síntoma de enfermedad. Rebrota con las primeras lluvias de otoño.

No florece. Sombra, exceso de nitrógeno o poda hecha en el momento equivocado, que se lleva por delante la madera donde iban a salir las flores de primavera.

Dónde encaja en el jardín

Su sitio natural es el jardín seco de litoral mediterráneo, sin riego y con acolchado de grava. Combina bien con azufaifo, palmito (Chamaerops humilis), esparto, Osyris lanceolata, lentisco y matas de Thymus y Teucrium. Sobre una valla o una pérgola baja funciona como cortina ligera, y en taludes de arena sujeta bien el terreno gracias a su raíz profunda.

Descártela si su jardín tiene riego por aspersión, suelo arcilloso sin corregir o inviernos con heladas serias. En esas condiciones no es cuestión de cuidados: es que la planta no es para ese sitio.

En resumen

Periploca laevigata es un arbusto sarmentoso del matorral árido del sureste ibérico, Baleares, Canarias y noroeste africano, no una planta tropical. Se reconoce por sus hojas coriáceas opuestas, sus flores pequeñas de interior purpúreo y, sobre todo, por los folículos gemelos en forma de cuernos que le dan el nombre de cornicabra.

Pide sol pleno, drenaje impecable y prácticamente nada de agua una vez establecida; su límite real es el frío, por debajo de -4 °C sufre. Se multiplica mejor por semilla que por esqueje. Y su látex, cargado de glucósidos cardiotónicos, obliga a podarla con guantes, a mantener los restos lejos del ganado y a no darle ningún uso medicinal por cuenta propia: la tradición le atribuye aplicaciones externas, pero no hay evidencia clínica que las sostenga.


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