La hoja lo dice todo antes que la flor: dos lóbulos redondeados unidos por la base, con una escotadura en el centro, exactamente la silueta de la huella de un rumiante en el barro. De ahí salen los nombres populares —pata de camello, pata de vaca, casco de buey— y de ahí salió también el científico. Linneo bautizó el género Bauhinia en honor a los hermanos Jean y Gaspard Bauhin, dos botánicos suizos del siglo XVI, porque esa hoja gemela y unida le recordó a dos hermanos que trabajaron juntos toda la vida.
El otro nombre comercial, árbol orquídea, se lo debe a la flor: cinco pétalos desiguales, uno de ellos más ancho y con nervios coloreados que hacen de guía para los polinizadores, en un conjunto que efectivamente recuerda a una Cattleya. No tiene ningún parentesco con las orquídeas: Bauhinia es una leguminosa, de la familia Fabaceae, subfamilia Cercidoideae, la misma del árbol del amor (Cercis siliquastrum). Ese detalle taxonómico, que parece de erudito, tiene consecuencias muy prácticas en el abonado, y ahora se ve por qué.
Cuál de todas las Bauhinias tienes delante
El género reúne unas 300 especies tropicales y subtropicales, pero en jardinería española se manejan cinco o seis. La etiqueta del vivero suele decir simplemente "Bauhinia" o "árbol orquídea", y las diferencias entre ellas no son de matiz: cambian el mes en que florecen, el tamaño final y el frío que aguantan.
Bauhinia variegata es la que más se planta. Árbol de 8 a 12 metros, caducifolio o semicaducifolio según lo seco que sea el invierno, con flores de 8-10 cm en tonos rosa lila a púrpura y el pétalo estandarte veteado de más oscuro. Florece de enero a abril, y buena parte de la floración ocurre con el árbol sin hoja, lo que multiplica el efecto. La variedad candida tiene la flor blanca con nervios verdosos y es muy elegante, aunque menos vistosa de lejos.
Bauhinia purpurea se le parece hasta que llega el calendario. Sus pétalos son más estrechos y separados, con aspecto más de araña, y florece en otoño, de septiembre a noviembre. Si compras el árbol en flor, no hay confusión posible; si lo compras en junio, sin flor y sin fruto, las dos especies son casi indistinguibles a ojo. La forma de saberlo entonces es contar estambres fértiles: purpurea tiene tres o cuatro largos y curvados; variegata, cinco.
Bauhinia × blakeana es un híbrido entre las dos anteriores, encontrado en Hong Kong a finales del siglo XIX y convertido en emblema de la ciudad —es la flor que aparece en su bandera—. Da la floración más larga y espectacular del género, de noviembre a marzo, con flores grandes, perfumadas y de color magenta intenso, y conserva buena parte del follaje en invierno. Tiene una particularidad que conviene saber antes de comprarla: es estéril. No cuaja fruto ni produce semilla viable, así que todos los ejemplares que existen son clones propagados por injerto, esqueje o acodo. Si en un vivero te ofrecen "semillas de Bauhinia blakeana", lo que hay en el sobre es otra cosa.
Bauhinia galpinii no es un árbol sino un arbusto sarmentoso sudafricano de 2-3 m de alto y hasta 4-5 de ancho, con ramas largas y arqueadas que se pueden conducir sobre un muro o dejar cayendo en un talud. Flores de un rojo anaranjado ladrillo muy poco frecuente en jardinería, de junio a septiembre. Es la más resistente a la sequía del grupo y una opción muy razonable para jardín mediterráneo de bajo consumo.
Bauhinia forficata (la pata de vaca sudamericana, a veces vendida como B. candicans) tiene flores blancas y estrechas que abren al atardecer, ramas colgantes y espinas geminadas en los nudos. Es, con diferencia, la más rústica al frío, y la única de la lista que se puede plantar tierra adentro con ciertas garantías.
Bauhinia monandra, de flor rosa pálido salpicada de manchas rojizas y un solo estambre fértil —de ahí el nombre—, es la más friolera. Fuera de Canarias y de puntos muy abrigados del sur, es planta de invernadero.
Dónde plantarla
Pleno sol, sin discusión. A media sombra la Bauhinia vive, se estira buscando luz y florece la mitad. Necesita también espacio aéreo: la copa de una variegata adulta se abre 6-8 metros, y es un árbol de porte irregular, con ramas que salen donde quieren. Plantarla a dos metros de una fachada obliga a podarla de por vida contra su forma natural.
El viento merece párrafo aparte. La madera de Bauhinia es blanda y las ramas se desgajan con relativa facilidad, sobre todo cargadas de flor y agua después de una tormenta. En una parcela expuesta a poniente o a tramontana, plántala al abrigo de un muro, de un seto o de un árbol más recio; una rama arrancada por el viento deja una herida grande en madera blanda, y ahí es donde entran los hongos de pudrición que acaban vaciando el tronco años después.
El sistema radicular es superficial pero no especialmente agresivo, así que se admite en alcorque de calle y en alineación urbana, donde además tolera bien la contaminación. Sí conviene alejarla de piscinas y terrazas por otra razón, que se explica más abajo: el fruto ensucia.
Suelo, riego y la leguminosa que no se abona sola
Suelo suelto y bien drenado, con pH entre 6 y 7,5. Tolera terrenos pobres y algo calizos, pero en suelos muy calcáreos regados con agua dura —la combinación típica de Murcia, Alicante o el interior de Andalucía— aparece clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios marcados en verde, empezando por las más jóvenes. Se corrige con quelato de hierro (EDDHA, que es el que sigue siendo asimilable a pH alto) aplicado en riego a principios de primavera, y se previene incorporando materia orgánica y acidificando poco a poco con sustratos ácidos.
Lo que no perdona es el encharcamiento. En suelo pesado y mal drenado, la raíz se asfixia y sobrevienen podredumbres que matan al árbol en una o dos temporadas. Si tu terreno es arcilloso, planta sobre un caballete elevado 20-30 cm.
Riego: durante los dos o tres primeros años, dos o tres riegos semanales en verano y uno cada diez o quince días en invierno. Ya establecida, aguanta sequía moderada, pero la floración se resiente: un árbol que pasa sed en verano llega al invierno con menos reservas y saca menos flor. Un riego profundo semanal de junio a septiembre es un buen equilibrio. En invierno, con la planta parada, prácticamente no se riega.
Y aquí llega el detalle taxonómico que anunciaba al principio. Existe la idea de que una leguminosa se abona sola porque fija el nitrógeno del aire, y con las Bauhinia no funciona: las Cercidoideae no forman nódulos radiculares con rizobios. Ni la pata de camello ni el árbol del amor fijan nitrógeno atmosférico. Se abonan como cualquier otro árbol ornamental.
En la práctica: materia orgánica en otoño —compost o estiércol bien hecho, extendido en el alcorque y no enterrado contra el tronco— y un abono complejo con microelementos a la salida del invierno y de nuevo a mitad de verano en ejemplares jóvenes. Evita los abonos muy nitrogenados: producen brotes largos, blandos y sin flor, justo lo contrario de lo que interesa. Si buscas floración, el fósforo y el potasio son los que trabajan.
Frío: hasta dónde llega cada una
Este es el factor que decide si puedes plantarla o no, y merece cifras concretas. Los valores corresponden a ejemplares establecidos, con varios años en el suelo; un árbol recién plantado aguanta bastante menos.
Bauhinia × blakeana y B. monandra sufren daños ya por debajo de 0 °C y necesitan clima prácticamente libre de heladas. B. variegata y B. purpurea resisten heladas cortas de hasta -3 o -4 °C, perdiendo hoja y puntas de rama, que rebrotan en primavera. B. galpinii se mueve en un rango parecido y, si se hiela la parte aérea, rebrota de cepa con facilidad. B. forficata es la excepción: ejemplares adultos han aguantado -8 °C perdiendo la parte alta y rebrotando después.
Traducido al mapa: la costa mediterránea, el litoral atlántico andaluz, Baleares y Canarias son terreno natural para el género. En Valencia, Málaga, Alicante o Palma hay ejemplares grandes plantados en calle. En Madrid, Zaragoza, Valladolid o Burgos, en cambio, una variegata en suelo se hiela: puede sobrevivir años en un microclima abrigado y aparecer muerta el invierno en que caen -6 °C tres noches seguidas.
La alternativa razonable para clima frío es maceta grande —contenedor de 50-60 cm mínimo, sustrato drenante con perlita o arena gruesa— y refugio en invernadero frío, galería o porche cerrado durante los meses críticos, con riego muy reducido y sin abono. También conviene saber que en maceta la floración es más escasa y el árbol se queda pequeño, y que como planta de interior permanente no funciona: en una habitación no recibe la luz que necesita.
Para los primeros inviernos de un árbol recién plantado en zona límite, un manto de acolchado grueso sobre el alcorque protege la base y las raíces, y un velo de invernaje sobre la copa las noches de helada anunciada evita perder toda la brotación.
Cuándo plantar
La época correcta es la primavera, pasado el riesgo de heladas: de marzo a mayo según la zona. Así el árbol dispone de toda la temporada cálida para enraizar antes de su primer invierno, que es el más peligroso de su vida.
En la costa mediterránea sin heladas se puede plantar también en otoño temprano, en septiembre u octubre, aprovechando el suelo aún caliente y las lluvias. Fuera de esos climas, plantar en otoño es apostar a que el invierno venga suave.
Abre un hoyo del doble de ancho que el cepellón y de la misma profundidad, mezcla la tierra extraída con compost, coloca el cuello a ras de suelo y asienta con un riego copioso. Si el árbol viene con un tutor de vivero, sustitúyelo por dos tutores laterales atados en cruz, más bajos, que permitan al tronco moverse y engordar: un tronco tutorado rígidamente hasta arriba no desarrolla madera de reacción y se parte en cuanto le quitas el palo.
Poda: cuanto menos, mejor
La Bauhinia no pide poda de mantenimiento. Lo único que necesita de verdad es una poda de formación en los primeros tres o cuatro años, para elegir tres o cuatro ramas principales bien repartidas, subir la cruz a la altura que te interese —dos metros y pico si va a estar en un paso— y evitar horquillas cerradas en V, que son las que se desgajan al cabo de los años.
Después de eso, limítate a quitar madera muerta, ramas cruzadas y chupones. El momento correcto es justo después de la floración, y varía según la especie: primavera para variegata, final de invierno para blakeana, final de otoño para purpurea. Podar a destiempo cuesta la floración siguiente, porque cortas la madera donde se están formando las yemas florales.
Nada de terciados ni desmoches. La madera blanda del género responde a un corte grande con un montón de rebrotes finos, mal anclados y muy expuestos a partirse, y la herida ancha rara vez cierra bien. Si un ejemplar se ha hecho demasiado grande para su sitio, el problema fue la elección del sitio, y la poda no lo arregla.
Multiplicación
Semilla, el método normal para variegata, purpurea, forficata y galpinii. Recoge las legumbres cuando pardeen y antes de que se abran solas. La cubierta es dura, así que conviene remojar las semillas 24 horas en agua templada antes de sembrar, o escarificarlas frotando suavemente con papel de lija. Siembra en primavera, en bandeja con sustrato ligero, a un centímetro de profundidad y a 20-25 °C: germinan en dos o tres semanas y crecen deprisa. Un ejemplar de semilla suele tardar cuatro o cinco años en dar su primera floración, a veces más.
Esqueje semileñoso en verano, con hormona de enraizamiento, calor de fondo y ambiente saturado de humedad. El porcentaje de éxito es bajo y desigual.
Acodo aéreo en primavera-verano, que funciona bastante mejor que el esqueje y es la vía casera más fiable para reproducir un ejemplar concreto.
Injerto sobre patrón de B. variegata o B. purpurea: es como se propaga comercialmente la estéril B. × blakeana. En un ejemplar injertado, vigila los rebrotes que salgan por debajo del punto de injerto y elimínalos a ras en cuanto aparezcan; si los dejas, acaban dominando y te quedas con el patrón en lugar del híbrido.
Plagas, fruto y otros inconvenientes
Es un árbol sano, sin problemas graves. Los que aparecen son estos:
Cochinillas (algodonosa y de escudo) en el envés y en las axilas de las ramas, sobre todo en ejemplares en maceta o en ambientes cerrados. Producen melaza y detrás viene la negrilla, ese hollín negro que ennegrece la hoja. Se tratan con aceite de parafina o jabón potásico, insistiendo en el envés.
Pulgón en los brotes tiernos de primavera, casi siempre sin importancia y controlado solo por la fauna auxiliar.
Araña roja en veranos secos y en árboles pegados a paredes que reverberan calor: hoja punteada de amarillo y telilla fina en el envés. Aumentar la humedad ambiental y regar bien reduce el problema.
Podredumbre radicular por exceso de agua, que ya se ha comentado y es la causa de muerte más habitual en jardín particular.
En cuanto al fruto, es una legumbre plana y leñosa de 15 a 30 cm que madura en verano y se abre con un chasquido, retorciéndose y disparando las semillas a varios metros. Es parte del encanto del árbol y también su lado sucio: sobre un césped se recogen sin más, sobre una piscina o una terraza dan trabajo semanal durante meses. B. × blakeana, al ser estéril, no da este problema, lo cual es un argumento serio a su favor si el árbol va junto a una zona de estar.
Conviene añadir una nota: en países de clima cálido como Sudáfrica, Australia o el sur de Florida, B. variegata figura en listas de especies invasoras por su facilidad para resembrarse fuera del jardín. Recoger las legumbres antes de que revienten es una buena costumbre si vives cerca de un espacio natural.
Sobre usos añadidos: en la India los capullos florales de B. variegata se consumen cocinados o encurtidos —el kachnar—, y las hojas jóvenes se usan como forraje. Ninguna parte del árbol es tóxica en el sentido de las plantas ornamentales problemáticas, así que no es una preocupación tenerlo con niños o con animales en casa.
La fama medicinal de la pata de vaca
Merece un apartado porque se lee mucho al buscar información sobre el género, y porque hay que separar dos cosas que no son lo mismo.
Lo que dice la tradición: en Brasil y en el Cono Sur, la hoja de Bauhinia forficata tiene un uso popular arraigado como remedio para la diabetes, hasta el punto de que se la llama "insulina vegetal". El mismo uso tradicional existe con B. variegata en la medicina ayurvédica india.
Lo que dice la evidencia: los ensayos clínicos en personas no respaldan ese uso. Hay estudios en animales de laboratorio y trabajos in vitro que muestran efectos sobre la glucemia, pero los ensayos clínicos controlados que existen son pocos, pequeños y metodológicamente débiles, y no permiten afirmar que la Bauhinia sirva para tratar la diabetes en humanos.
Con eso en la mano, lo prudente es evidente: no sustituye a ningún tratamiento antidiabético, y suspender la medicación pautada para tomar una infusión es una decisión con consecuencias graves. Si alguien toma antidiabéticos orales o insulina, el riesgo teórico de sumar efectos y provocar una hipoglucemia es real, igual que la interacción con anticoagulantes. Se desaconseja en embarazo y lactancia por falta de datos de seguridad. La consulta correcta es con el médico o el farmacéutico, no con la planta del jardín.
En resumen
La pata de camello es un árbol de floración excepcional para clima cálido, y la clave está en elegir bien la especie y el sitio. B. variegata florece en invierno y primavera sobre madera desnuda; B. purpurea, en otoño; B. × blakeana es la más espectacular y la más friolera, es estéril y no ensucia con frutos; B. galpinii es un arbusto rojo, sarmentoso y resistente a la sequía; B. forficata, la única con la que atreverse fuera del litoral.
Quiere pleno sol, resguardo del viento, suelo drenado y espacio para abrir seis u ocho metros de copa. Riego regular en verano y muy poco en invierno; abonado normal de árbol ornamental, porque siendo leguminosa no fija nitrógeno; quelato de hierro si el agua es dura y aparece clorosis. Poda solo de formación, y siempre después de floración. Y la frontera del frío está en unos -3 o -4 °C para las especies corrientes, lo que la deja en la costa y fuera de la meseta.
Con esas condiciones cubiertas, es un árbol agradecido: crece rápido, da sombra ligera, tolera la calle y regala dos o tres meses de flor cada año.