Un seto de Melaleuca armillaris plantado en primera línea de costa sigue verde en agosto mientras el ciprés de al lado tiene las puntas quemadas por el salitre y el jardinero anda con la manguera. Ese es el argumento del género en el jardín español: aguantan lo que casi ningún arbusto ornamental de vivero aguanta, y encima florecen.

Las melaleucas son mirtáceas australianas, unas 300 especies, casi todas arbustos o arbolitos de hoja perenne, con flores agrupadas en cabezuelas o espigas de estambres largos. La familia es la del eucalipto y el mirto, y se nota en el olor resinoso de las hojas al estrujarlas. Aquí interesa la media docena que realmente funciona en clima mediterráneo, y la letra pequeña que nadie cuenta en el garden.

El lío del nombre: Callistemon y Melaleuca

Empecemos por lo que va a confundirte en la etiqueta. En 2006 se propuso incluir el género Callistemon —los limpiatubos o escobillones rojos de toda la vida— dentro de Melaleuca, y las bases taxonómicas de referencia actuales aceptan esa transferencia. Así, el limpiatubos clásico de los paseos marítimos, Callistemon citrinus, figura hoy como Melaleuca citrina.

En la práctica, los viveros españoles siguen etiquetando Callistemon, y no van a dejar de hacerlo pronto. No es un error del vendedor ni un cambio que afecte al cultivo: la planta es la misma y se cuida igual. Solo conviene saberlo para no comprar dos veces lo mismo pensando que son cosas distintas. La diferencia clásica que se enseñaba —estambres soldados en un tubo en Melaleuca, libres en Callistemon— es real a nivel de flor, pero no separa dos grupos evolutivos independientes.

Las especies que merecen sitio

Melaleuca armillaris. La más extendida en la costa española y con motivo. Arbolito o arbusto grande de 4 a 8 metros, follaje fino y algo llorón, flores blancas en espigas cortas de mayo a julio. Resiste el viento salino, la sequía estival total una vez establecida y suelos calizos y pobres. Se usa como seto cortavientos, pantalla y arbolado de segunda línea de playa. Aguanta heladas de hasta unos -7 °C. Ojo: es la especie del género con más tendencia a naturalizarse en el litoral mediterráneo y está catalogada como invasora en Sudáfrica y partes de California, así que evita plantarla junto a espacios naturales protegidos y retira los rebrotes espontáneos.

Melaleuca linariifolia. Conocida como nieve de verano por lo que hace en junio: se cubre entera de espigas blancas y algodonosas hasta ocultar la hoja. Llega a 6-8 metros, con corteza blanquecina que se exfolia en láminas y hoja lineal, fina, de un verde algo azulado. Buen árbol de calle pequeño y de patio, con copa ligera. Tolera hasta unos -6 °C y agradece más agua que la anterior; en secano absoluto y suelo somero se resiente.

Melaleuca linariifolia cubierta de flores blancas en verano

Melaleuca nesophila. Arbusto redondeado de 3 a 5 metros, con flores en pompones esféricos de color malva rosado y centro amarillo, muy abundantes de finales de primavera a verano. Procede del suroeste de Australia, de terrenos calizos y expuestos, así que es de las que mejor lleva los suelos alcalinos del Levante y del sur, la arena y el viento marino. Resiste en torno a -5 °C. Con los años se le desnuda la base y forma un tronco retorcido con corteza corchosa que queda muy bien si se aprovecha en vez de combatirlo.

Flores en pompón malva de Melaleuca nesophila

Melaleuca hypericifolia. Arbusto denso de 2 a 4 metros, ramas arqueadas, hojas opuestas parecidas a las del hipérico y flores rojo anaranjado colgantes bajo el follaje. Florece en verano, cuando poca cosa florece. Muy buena para seto informal alto y para taludes.

Melaleuca thymifolia. La pequeña del grupo, apenas 1 metro, con florecillas malva de pétalos rizados y aspecto de garra. Va bien en maceta grande, en jardín de grava y en primer plano de macizo. Tolera algo de humedad en el suelo, más que las anteriores.

Melaleuca incana. Follaje gris plateado, ramas péndulas, flores blanco crema. Se planta por el color de la hoja, que contrasta muy bien con lavandas, teucrios y romeros. Hay una forma enana, más manejable en jardines pequeños.

Melaleuca alternifolia. Es el árbol del té australiano, de cuyas hojas se obtiene el aceite de tea tree. Como planta de jardín es un arbusto o arbolito de hoja aciculada, muy fina, y flores blancas. Necesita más humedad que el resto del género y no soporta bien la caliza fuerte. Conviene distinguirla de Melaleuca quinquenervia, que es un árbol grande de hoja ancha con cinco nervios y da un aceite distinto, el niaulí.

Dónde se pueden plantar en España

El límite es el frío, y es un límite duro. Estas plantas están cómodas en todo el litoral mediterráneo, el valle del Guadalquivir, la costa atlántica andaluza, el litoral gallego y cantábrico templado y Canarias. Tierra adentro, en la meseta, Aragón interior o Castilla y León, un invierno normal con -8 °C o -10 °C acaba con la mayoría, y las que sobreviven al primer año caen al tercero.

Hay matiz que suele pasarse por alto: lo que las mata no es siempre el mínimo absoluto, sino la combinación de frío y suelo mojado. Una Melaleuca nesophila en tierra arenosa y seca puede salir de un -6 °C puntual con quemaduras de hoja; la misma planta en arcilla encharcada de enero se pudre por el cuello con -3 °C. Si tu jardín está en el límite climático, el drenaje importa más que cualquier manta antiheladas.

En jardines interiores de invierno frío, la salida razonable es maceta grande y resguardo bajo porche o invernadero frío durante los meses malos, con riego reducido al mínimo mientras están paradas.

Suelo, plantación y riego

Sol. Todas quieren pleno sol. A la sombra se ahílan, pierden densidad y la floración se reduce a cuatro espigas perdidas.

Suelo. Lo decisivo es que drene. Arenoso, pedregoso, pobre, todo eso les va bien. En suelo arcilloso pesado hay que plantar sobre caballón o lomo elevado de 20-30 cm y mejorar con grava o arena gruesa; no basta con echar un puñado de sustrato en el hoyo, porque un hoyo mullido dentro de arcilla compacta funciona como una bañera. En cuanto a la caliza, el género varía: M. nesophila, M. armillaris y M. incana la llevan bien; M. alternifolia y M. linariifolia tienden a clorosis en calizas activas, con hoja amarilla y nervio verde.

Cuándo plantar. Otoño en la costa, para que arraiguen con las lluvias y afronten el verano con raíz hecha. Primavera, en marzo o abril, donde el invierno pueda dar sustos.

Riego. Aquí se juega el resultado. Los dos primeros veranos necesitan riego, y conviene que sea profundo y espaciado —un empapado semanal generoso— en vez de un goteo diario que solo moja los cinco centímetros de arriba y mantiene la raíz en superficie. A partir del tercer año, en litoral, sobreviven sin riego; con un par de riegos de socorro en julio y agosto crecen y florecen bastante mejor. Una planta establecida regada a diario en verano en suelo pesado no está mejor atendida: está en camino de una podredumbre de raíz por Phytophthora.

Abonado. Un abono equilibrado de liberación lenta en marzo y basta. No confundas estas mirtáceas con las proteáceas australianas: Grevillea y Banksia sufren con el fósforo de los abonos corrientes, pero las melaleucas no tienen esa intolerancia y no hace falta buscar fórmulas especiales bajas en P. Sí conviene no abonar con nitrógeno a partir de agosto, para que la madera del año endurezca antes del frío.

Poda, plagas y errores que se pagan

Cuándo podar. Justo después de la floración. Estas plantas florecen sobre madera del año anterior o brotes recientes según especie, y un tijeretazo en marzo, cuando ya están hechos los botones, deja el arbusto verde y sin flor toda la temporada. Si el objetivo es un seto, se recorta ligeramente dos veces al año, siempre poco, y se empieza desde joven.

Hasta dónde. A diferencia de otras mirtáceas, las melaleucas rebrotan bien de yemas latentes bajo la corteza y de la base, así que admiten rejuvenecimientos fuertes. Aun así, no rebajes un ejemplar viejo a tocón en pleno invierno ni en el calor de julio: hazlo a finales de invierno o al principio de la primavera, con la planta a punto de arrancar, y riega después.

Plagas. Poca cosa. Cochinilla algodonosa en el interior de setos densos y mal ventilados, alguna colonia de pulgón en los brotes tiernos de primavera y, en riego excesivo, hongos de raíz. La mayoría de los problemas que llegan a la consulta del jardinero no son bichos: son clorosis por caliza, asfixia radicular o daño por helada mal diagnosticado.

Dos avisos finales. El primero, tamaño: M. armillaris y M. linariifolia se venden en maceta de tres litros con aspecto de arbustito y acaban siendo árboles de seis metros; calcula la distancia a la fachada desde el día de la plantación. El segundo, siembra espontánea: las cápsulas leñosas persisten años en la rama y sueltan miles de semillas cuando se abren, de modo que en jardines costeros aparecen plántulas por todas partes. Arrancarlas de pequeñas cuesta un minuto; a los dos años, una azada.

En resumen

Las melaleucas resuelven el jardín seco de costa: sol duro, viento salino, suelo pobre y verano sin riego, con floración en escobillón o pompón entre mayo y agosto. Para viento y salitre, M. armillaris; para floración blanca espectacular, M. linariifolia; para caliza y arena, M. nesophila; para color en verano, M. hypericifolia; para maceta, M. thymifolia. Necesitan pleno sol y drenaje real, riego profundo los dos primeros veranos y casi nada después, poda justo tras la floración y ningún abono especial. El frío marca la frontera: por debajo de -6 o -7 °C dejan de ser una opción, sobre todo si el suelo se queda mojado en invierno. Y si tu parcela linda con espacio natural protegido, vigila los rebrotes de M. armillaris.


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