Antes de comprar un loropetalum conviene saber en qué suelo se va a plantar y con qué agua se va a regar. No es una recomendación de manual: es la diferencia entre un arbusto que en marzo se cubre de flecos magenta y otro que en tres años se queda amarillento, raquítico y termina en el contenedor. El loropetalum es acidófilo, y con eso hay que contar desde el primer día.
Dicho lo cual, cuando el sitio le va bien, pocas plantas de hoja perenne aportan tanto color durante tantos meses del año.
Qué es y de dónde viene
Loropetalum chinense pertenece a las hamamelidáceas, la familia del hamamelis y del Liquidambar. Es originario del centro y sur de China, del sur de Japón y del noreste de la India, donde crece en laderas boscosas y matorrales sobre suelos silíceos, húmedos y ricos en materia orgánica. Ese origen explica prácticamente todos sus cuidados.
El nombre viene del griego loron, correa, y petalon, pétalo, y describe exactamente lo que se ve: flores formadas por cuatro pétalos estrechísimos, de uno a dos centímetros de largo, retorcidos como tiras de papel rizado, agrupados en manojos de tres a ocho. La especie tipo las tiene blancas o crema. Lo que ha convertido a la planta en un éxito comercial es la variedad rubrum, localizada en la provincia china de Hunan a mediados del siglo XX y difundida en Occidente desde finales de los años ochenta, que suma dos cosas: flor rosa fucsia o magenta y hoja permanentemente purpúrea.
Es arbusto perennifolio, de ramificación horizontal en capas, con hojas ovadas de dos a cinco centímetros, algo ásperas y pubescentes por el envés. El porte depende mucho del cultivar: hay desde tapizantes de medio metro hasta ejemplares de tres o cuatro metros que se pueden formar como arbolito de una sola guía.
Cuándo florece de verdad
La floración principal va de finales de febrero a abril en la mayor parte de la Península, adelantándose a enero en el litoral mediterráneo cálido y retrasándose a mayo en zonas frías. Es una floración masiva, que cubre la rama entera antes de que empuje el brote nuevo.
Después suele haber refloraciones parciales: un puñado de flores en junio, otro en septiembre u octubre, a veces algunas sueltas en pleno invierno si el otoño ha sido suave. No son comparables a la explosión de primavera, pero mantienen la planta interesante. Los cultivares seleccionados como reflorecientes —'Ever Red' entre ellos— dan más pasadas que los antiguos.
Los cultivares que se encuentran en España
'Fire Dance' y 'Burgundy': los clásicos de hoja púrpura y flor magenta, porte medio de 1,5 a 2 metros, buenos para macizo o seto informal.
'Ever Red' (también etiquetado como 'Chang Nian Hong'): hoja de un vinoso muy oscuro, casi negro, y flor roja intensa. De los que mejor mantienen el color púrpura durante todo el verano.
'Zhuzhou Fuchsia': el más vigoroso y erecto, capaz de superar los tres metros. El indicado si se busca un arbusto grande o un ejemplar formado en copa.
'Purple Pixie': enano y llorón, de 50-70 centímetros de alto y más de metro y medio de ancho. Funciona muy bien como cubresuelos en talud y, sobre todo, como planta colgante en jardinera alta o en un muro de contención.
'Snow Dance' y otros de flor blanca conservan la hoja verde; son más discretos y hoy casi no se ven en centros de jardinería, que apuestan por el púrpura.
Al comprar, mira la etiqueta: la altura final varía entre medio metro y cuatro metros según el clon, y colocar un 'Zhuzhou Fuchsia' delante de una ventana obliga a pelearse con él a tijeretazos todos los años.
Suelo, agua y clorosis
Necesita pH entre 5 y 6,5, suelo suelto, rico en materia orgánica y con drenaje impecable. En suelo calizo, o regado con agua dura —la de buena parte del interior, del valle del Ebro y del Levante—, desarrolla clorosis férrica: el hierro está en el suelo pero el pH alto lo bloquea y la planta no puede tomarlo.
El síntoma clásico en cualquier acidófila es la hoja nueva amarilla con los nervios marcados en verde. En un loropetalum púrpura ese aviso llega camuflado, y ahí está la trampa: lo primero que se ve no es amarillo, sino un púrpura apagado que vira a un bronce verdoso sucio, con brotes cortos y hojas cada vez más pequeñas. Se interpreta como falta de sol o como que «el cultivar no era muy oscuro» y se pierden dos temporadas antes de entender lo que pasa.
El quelato de hierro corrige el síntoma durante unas semanas, no la causa. Si el suelo es calizo y el agua del grifo también, la solución honesta es cultivarlo en maceta grande con sustrato para plantas acidófilas y regarlo con agua de lluvia, o en un arriate elevado construido con tierra ácida y aislado del terreno original. Enmendar químicamente el sustrato de un jardín entero, año tras año, es una batalla que se pierde.
Y quien tenga suelo ácido de partida —Galicia, la cornisa cantábrica, buena parte de Extremadura, la sierra de Guadarrama, el Bierzo, el macizo galaico— tiene aquí una planta que apenas dará trabajo, con la misma facilidad que sus vecinas camelias, azaleas y hortensias.
Exposición: el color depende de la luz
El púrpura de la hoja es pigmento antociánico, y se produce en respuesta a la luz. A la sombra, un loropetalum púrpura se vuelve verde bronce y pierde exactamente aquello por lo que se compró. En sombra densa, además, florece poco.
Pero tampoco tolera el sol pleno del verano continental o del valle del Guadalquivir: por encima de 35 ºC, con reflejo de pared blanca y suelo seco, la hoja se quema por los bordes y se enrolla.
El punto de equilibrio, en clima peninsular, es sol de la mañana y sombra desde primera hora de la tarde, o sol filtrado bajo la copa ligera de un árbol caducifolio. En la cornisa cantábrica y en Galicia, con veranos suaves y luz difusa, sí admite pleno sol sin problema y ahí es donde el color queda más intenso.
Riego y acolchado
Sus raíces son finas y superficiales, lo que se traduce en dos cosas: se seca antes que otros arbustos y no soporta que se le encharque el cuello.
En verano, riego regular y abundante, dejando que los tres o cuatro centímetros superiores del sustrato se sequen entre riegos. En invierno, casi nada si llueve. Un ejemplar en maceta en una terraza de Valencia en agosto puede pedir riego diario; el mismo cultivar en pleno suelo en Vigo puede pasar el verano solo.
Un acolchado de corteza de pino o de acículas de cinco centímetros hace aquí doble trabajo: conserva la humedad de esas raíces superficiales y, al descomponerse, acidifica ligeramente el sustrato. Deja libre un par de dedos alrededor del tronco para que no se mantenga húmedo el cuello.
Abonado
Fertilizante específico para plantas acidófilas —el mismo de azaleas, camelias y rododendros—, aplicado a la salida del invierno y repetido a principios de verano si la planta está en maceta. Ese tipo de abono aporta el nitrógeno en forma amoniacal y suele llevar hierro y magnesio quelatados, que es lo que aquí interesa.
Evita los abonos ricos en fósforo y los que llevan cal o cenizas. Un aporte de compost bien hecho en superficie, cada otoño, es un complemento excelente.
Poda: cuándo sí y cuándo te quedas sin flor
Aquí está la decisión que separa un arbusto espectacular de uno que solo hace hoja. El loropetalum florece sobre la madera formada la temporada anterior. Las yemas florales que abrirán en marzo se diferencian durante el verano y el otoño previos, y ya están hechas cuando llega el invierno.
Consecuencia práctica: un recorte en noviembre, en enero o en febrero, que es cuando apetece salir a ordenar el jardín, se lleva por delante la floración entera y no verás ni una flor. La planta rebrotará con fuerza, se verá sana y verde, y en marzo no pasará nada.
La ventana correcta es inmediatamente después de la floración, entre abril y mayo. Ahí se puede recortar la forma, acortar ramas largas y aclarar el interior con tiempo de sobra para que la madera nueva madure y forme yemas antes del otoño. Un repaso muy ligero en junio todavía es admisible; a partir de julio, cada corte cuesta flor.
Tolera bien el recorte formal, y de hecho se usa como seto bajo y como bonsái, donde su corteza y su ramificación en planos dan muy buen resultado. Lo que no lleva bien es la poda severa sobre madera vieja y desnuda: rebrota, pero de forma irregular y lenta. Si un ejemplar se ha desmadrado, es mejor reducirlo en dos o tres años sucesivos que rebajarlo a la mitad de golpe.
Frío: hasta dónde llega
Un ejemplar bien establecido aguanta alrededor de -8 a -10 ºC con daños foliares asumibles. Los brotes tiernos y las plantas jóvenes sufren ya en torno a -5 ºC, y una helada tardía de marzo puede arrasar la floración en curso aunque la planta sobreviva sin problema.
Esto lo sitúa bien en el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Levante, en toda la costa atlántica y cantábrica y en zonas templadas del interior. En Madrid es viable en un patio resguardado y contra una pared orientada al sur, contando con quemaduras en los inviernos duros. En Burgos, Soria, Segovia o el Pirineo, olvídalo en pleno suelo: ahí es planta de maceta que entra a un porche frío o a un invernadero sin calefacción entre diciembre y febrero.
Plagas y enfermedades
Es una planta notablemente sana. Lo poco que aparece:
Cochinilla algodonosa en las axilas de ramas de ejemplares densos y poco aireados, sobre todo en macetas de terraza. Se detecta por la melaza pegajosa y la negrilla que la acompaña.
Araña roja en ambientes muy secos y calurosos, con el envés punteado y hoja que se apaga; se combate subiendo humedad ambiental y con acaricida solo si está establecida.
Manchas foliares por hongos del tipo Pestalotiopsis o Colletotrichum en zonas de mucha humedad y poca ventilación, más frecuentes cuando se riega por aspersión mojando la hoja. Se corrige regando al pie y aclarando el interior del arbusto.
Lo que suele matar a un loropetalum, sin embargo, no es un patógeno: es la asfixia radicular por sustrato compactado o maceta sin drenaje. Hoja mate, brotes que se paran, marchitez que no responde al riego —porque el problema es el exceso, no la falta— y raíz oscura y blanda al desenmacetar.
Multiplicación
Por esqueje semileñoso a finales de primavera o en verano, de 8 a 12 centímetros, tomado de brotes del año ya algo firmes, con hormona de enraizamiento y en sustrato de turba y perlita bajo campana o nebulización, con calor de fondo si es posible. Enraíza en seis u ocho semanas, con porcentajes decentes pero lejos de la facilidad de una lonicera o un ligustro.
La semilla se usa poco: los cultivares púrpura no se reproducen fieles por semilla y la germinación pide estratificación. Para el jardinero doméstico, el esqueje es el camino.
Dónde queda bien
Combina de forma natural con el resto de acidófilas, porque comparten exigencias: camelias, azaleas, Pieris, hortensias, arces japoneses. En un arriate ácido con sombra ligera, el púrpura del loropetalum hace de fondo constante mientras las demás van pasando por su momento.
Como planta suelta en maceta grande de terraza es de lo mejor que hay, siempre con sustrato de acidófilas. Y 'Purple Pixie' cayendo por el borde de un muro de contención o de una jardinera elevada resuelve un sitio difícil con muy poco mantenimiento.
No se le conoce toxicidad relevante para personas ni para perros y gatos, lo que lo hace apto para jardines con animales o con niños.
En resumen
El loropetalum es un arbusto perenne de hoja púrpura y flor en cintas magenta que florece a finales de invierno y refloresce a ratos el resto del año. Todo depende de dos condiciones: suelo ácido con agua blanda —o maceta con sustrato de acidófilas y agua de lluvia si el terreno es calizo— y una exposición con luz suficiente para mantener el color pero sin sol abrasador de tarde. Se poda justo después de florecer, entre abril y mayo, porque la flor se forma sobre madera del año anterior y cualquier corte de invierno la elimina. Aguanta hasta unos -8 ºC establecido, agradece acolchado por sus raíces superficiales y tiene pocas plagas: los problemas serios suelen venir del pH o del exceso de agua, no de los bichos.