Cuando alguien se plantea sustituir el césped por algo que consuma menos agua, la lippia aparece pronto en la conversación. Es una tapizante rastrera que cubre el suelo formando una alfombra densa, florece durante meses, tolera el pisoteo moderado y gasta entre un tercio y la mitad de agua que una pradera de gramíneas. Todo eso es cierto. Lo que suele omitirse es que atrae abejas por millares y que puede escaparse del sitio donde la plantaste. Conviene saberlo antes.
Aclaración de nombres
La planta que se vende en España como lippia o Lippia repens es, según la nomenclatura actual, Phyla nodiflora, de la familia de las verbenáceas. Durante décadas se clasificó en el género Lippia, y de ahí vienen los sinónimos Lippia nodiflora y Lippia repens que siguen figurando en catálogos de viveros y en los sacos de semilla.
Hay una segunda especie muy parecida, Phyla canescens (antes Lippia canescens), que también se comercializa como tapizante y cuyos cuidados son prácticamente idénticos. En la práctica, cuando compras «lippia» puedes estar llevándote cualquiera de las dos, y para el uso que le vas a dar da igual.
Se conoce popularmente como bella alfombra, hierba de la Virgen o simplemente lippia. Es una planta de distribución muy amplia, presente de forma natural en regiones cálidas de todo el mundo, incluida buena parte del litoral mediterráneo español, donde crece de forma espontánea en arenales, cunetas húmedas y bordes de camino.
Cómo es
Es una herbácea perenne rastrera. Los tallos se extienden horizontalmente sobre el suelo y enraízan en cada nudo, lo que le da una capacidad de colonización notable: un solo ejemplar puede cubrir un metro cuadrado en una temporada. La altura de la alfombra queda entre 5 y 10 cm, algo más si crece a la sombra o con exceso de riego.
Sus hojas
Son pequeñas, de 1 a 3 cm, opuestas, de forma espatulada u oblonga, con el margen dentado en la mitad superior y la base estrechada. El color es un verde algo grisáceo, a veces con reflejo plateado por la presencia de pelillos apretados en el envés. Esa pilosidad no es decorativa: reduce la pérdida de agua por transpiración y es parte de por qué la planta resiste tan bien la sequía.
En clima mediterráneo litoral se mantiene verde todo el año. Tierra adentro, con heladas, la parte aérea se seca en invierno y toma un tono pajizo poco atractivo, para rebrotar desde los rizomas y estolones en marzo o abril. Es su principal inconveniente estético: no es un tapiz verde de enero salvo en zonas de invierno suave.
La floración y las abejas
Las flores se agrupan en inflorescencias compactas de aspecto globoso u ovoide, de menos de 1 cm, sostenidas por un pedúnculo que sobresale por encima del follaje. Cada cabezuela reúne muchas flores diminutas que se abren en anillos sucesivos desde la base hacia arriba, lo que produce ese efecto característico de corona blanca sobre fondo verdoso. El color va del blanco al rosa lila según la variedad y el momento.
Florece de forma continua desde finales de primavera hasta el otoño, prácticamente sin pausa mientras haya calor y algo de agua.
Aquí viene la advertencia importante. La lippia es una planta melífera excepcional. Una pradera florida atrae una cantidad de abejas y otros himenópteros que sorprende al que no lo espera. Si el objetivo es un jardín para polinizadores, es una elección magnífica. Si el objetivo es una zona de juego para niños descalzos o una superficie donde tumbarse, no lo es en absoluto: las picaduras por pisar una abeja son un problema real y frecuente.
Hay una solución intermedia: segar durante la temporada de flor. Un pase de cortacésped alto cada dos o tres semanas de junio a septiembre elimina las cabezuelas y deja la superficie utilizable. La planta lo tolera perfectamente y rebrota, aunque entonces pierdes buena parte de su gracia ornamental.
Cultivo
Exposición. A pleno sol. Es una planta heliófila estricta: en sombra se ahíla, produce tallos largos y separados, deja de tapizar bien y apenas florece. Tolera media sombra, pero el resultado es mediocre. Si tu zona está bajo árboles, busca otra especie.
Suelo. Prácticamente cualquiera con tal de que no se encharque. Vive bien en arenosos pobres, en francos y en calizos; tolera cierta salinidad, lo que la hace muy útil en jardines costeros y en zonas regadas con agua de mala calidad. No necesita enmiendas ni tierra preparada: sobre suelo demasiado rico crece más blanda y menos resistente.
Plantación. Se establece en primavera, de marzo a mayo, cuando el suelo ya está templado. Lo habitual es partir de plantel en alvéolo o bandeja, colocando de 4 a 9 plantas por metro cuadrado según la prisa que se tenga: a 4 por metro cuadrado se cierra el tapiz en una temporada larga; a 9, en dos o tres meses. Antes de plantar, deja el terreno bien limpio de hierbas perennes, porque una vez la lippia está instalada es casi imposible desherbar entre ella.
Se puede sembrar, pero la nascencia es irregular y el resultado desigual; el plantel es más fiable.
Riego. Abundante y frecuente el primer verano, mientras arraiga: sin eso no cierra. Una vez establecida, con dos riegos semanales en verano se mantiene verde y florida en clima mediterráneo, y sobrevive incluso con uno. Si se le suprime el agua entra en semilatencia, pierde color y se recupera al volver a regar. En invierno no necesita riego.
Abonado. Prácticamente innecesario. Un aporte ligero de abono de liberación lenta en primavera basta y sobra. Cargar de nitrógeno produce una mata blanda, más susceptible a hongos y que hay que segar más.
Siega. Opcional. Si se deja libre, forma una alfombra irregular de 8-10 cm que resulta muy natural. Si se quiere aspecto de césped, un pase mensual a 4-5 cm de altura durante la temporada de crecimiento. No la siegues a ras: el meristemo está bajo, pero un corte demasiado apurado deja calvas.
Frío, pisoteo y otros límites
Aguanta heladas de hasta unos -7 u -8 °C perdiendo la parte aérea y rebrotando en primavera. Eso la hace viable en casi toda la España peninsular salvo zonas de montaña y de invierno continental extremo, con la salvedad ya dicha de que en invierno estará marrón.
Soporta un pisoteo moderado: paso ocasional sí, tránsito diario intenso no. No es un sustituto del césped deportivo; es un sustituto del césped ornamental de bajo uso, de taludes, de alcorques, de bordes de camino y de zonas donde el riego es caro.
Y el punto que más problemas da a largo plazo: es invasiva de comportamiento. Enraizando en cada nudo, pasa por debajo de bordillos, coloniza parterres vecinos, se mete entre las juntas del pavimento y entra en el césped de gramíneas si lo hay al lado. Instálala solo donde haya una barrera física —bordillo enterrado unos 15 cm, muro, camino ancho— o donde no te importe que se expanda. Arrancarla después es un trabajo tedioso porque cualquier fragmento de tallo con un nudo vuelve a arraigar. En varias regiones del mundo, Phyla canescens figura como especie invasora en humedales; en el jardín doméstico el riesgo es de convivencia, pero no la plantes junto a un espacio natural húmedo.
Multiplicación
Trivial. Basta con separar trozos de tallo con raíces en primavera u otoño y plantarlos en su sitio, manteniéndolos húmedos dos semanas. También arraigan esquejes de 8-10 cm puestos en sustrato ligero. Es la forma más barata de cubrir una superficie grande: se compran unas pocas plantas, se multiplican durante un año en bandejas y al siguiente se planta todo.
Problemas
Muy pocos. En suelos que se encharcan puede aparecer pudrición en la corona por hongos del suelo, casi siempre por exceso de riego combinado con mal drenaje. Los caracoles y babosas la ramonean en primavera si el ambiente es húmedo, sin consecuencias graves. La araña roja solo la afecta en condiciones muy extremas de sequía y calor.
Lo que sí ocurre con frecuencia es el aspecto pobre por sombra o por corte excesivo, y en ambos casos el diagnóstico es de manejo, no sanitario.
En resumen
La lippia (Phyla nodiflora, vendida como Lippia repens) es una tapizante de bajo mantenimiento y bajo consumo de agua, ideal para pleno sol, suelos pobres o salinos y superficies de tránsito ocasional. Se planta en primavera a 4-9 plantas por metro cuadrado, se riega bien el primer verano y después casi se olvida. Sus dos pegas reales son que atrae muchísimas abejas cuando está en flor —lo que la desaconseja donde se anda descalzo, salvo que se siegue— y que se expande por estolones y necesita una barrera que la contenga. Si esas dos cosas encajan con tu jardín, es difícil encontrar una cubierta vegetal más agradecida.