Tres o cuatro metros en el primer año, en suelo pobre, sin riego y a partir de una semilla que germina en cinco días. Esa velocidad explica por qué la Leucaena leucocephala se plantó a millones en los trópicos durante los años setenta y ochenta, y explica también por qué figura hoy en la lista de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo elaborada por la UICN. Es un árbol extraordinariamente eficaz, y esa eficacia corta por los dos lados.

Antes de seguir conviene dejar claras dos cosas que condicionan todo lo demás: sus hojas y semillas contienen mimosina, un aminoácido tóxico para varios animales domésticos, y su capacidad colonizadora la ha puesto en el punto de mira normativo. Consulta el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y la normativa de tu comunidad autónoma antes de plantarla, especialmente si vives en Canarias o en las Baleares, donde está naturalizada y donde su situación legal no tiene por qué coincidir con la del resto del país.

Qué árbol es exactamente

Leucaena leucocephala pertenece a las fabáceas, la familia de las leguminosas, dentro del grupo de las mimosoideas. Es originaria del sur de México y América Central —la península de Yucatán y sus alrededores—, donde se conoce como guaje o huaxin, y desde allí la llevaron los españoles a Filipinas en el galeón de Manila; de ahí saltó al resto de Asia con el nombre de ipil-ipil.

El porte varía mucho según la variedad. Las formas arbustivas se quedan en 3 a 5 metros y ramifican desde abajo; las variedades arbóreas seleccionadas para madera, del tipo 'Salvador' o 'Peru', forman un tronco recto y alcanzan de 15 a 20 metros. La copa es abierta y da sombra ligera, no densa: quien busque un árbol para tumbarse debajo en agosto en Almería se llevará una decepción, porque el follaje bipinnado tamiza la luz más que taparla.

La hoja es compuesta bipinnada, con cuatro a nueve pares de pinnas y foliolos estrechos de 1 a 2 cm, de un verde apagado. No tiene espinas, cosa poco habitual entre las leguminosas tropicales de crecimiento rápido. Las flores se agrupan en capítulos globosos blancos o crema de 2 a 3 cm, con los estambres sobresaliendo como alfileres, y en clima cálido aparecen de forma casi continua. Detrás vienen las vainas: planas, marrones al madurar, de 12 a 20 cm, en ramilletes de diez o quince, con quince a veinticinco semillas duras y brillantes cada una.

Ejemplar de Leucaena leucocephala con su follaje bipinnado

La mimosina y los animales

La mimosina es un aminoácido no proteico que la planta acumula sobre todo en brotes tiernos y semillas, en proporciones que pueden rondar el 3-5 % del peso seco de la hoja joven. En el rumen se degrada a un compuesto llamado DHP, que interfiere con la glándula tiroides.

Las consecuencias están bien documentadas en ganadería. En caballos, burros, cerdos, conejos y aves —animales sin rumen— el consumo continuado provoca caída del pelo, pérdida de peso, lesiones en la boca y alteraciones tiroideas. En rumiantes el cuadro es similar salvo que el animal albergue en el rumen la bacteria Synergistes jonesii, capaz de degradar el DHP; esa bacteria es habitual en el ganado de zonas donde la leucaena lleva siglos presente, y falta en el ganado de regiones donde el árbol es nuevo. Por eso el mismo forraje resulta inocuo en México y provoca alopecia en un rebaño australiano recién expuesto.

Traducido al jardín: no plantes leucaena en un cercado donde pasten caballos, ni al alcance de conejos o de aves de corral, ni la utilices como ramón para darles de comer. Si ya la tienes y tus animales tienen acceso, valla el árbol.

Las vainas jóvenes y las semillas tiernas se consumen en la cocina del centro y sur de México, donde se llaman guajes, en cantidades pequeñas y como condimento. Ese uso tradicional no convierte al árbol en una hortaliza: las semillas maduras concentran mucha más mimosina, y no hay motivo para experimentar con ellas en casa. Ante cualquier ingestión accidental, especialmente por parte de un niño o de un animal, la consulta es al médico, al veterinario o al Servicio de Información Toxicológica.

Por qué invade

La combinación es difícil de batir: florece desde muy joven —a veces al año de nacer—, produce vainas casi todo el año en clima cálido, cada árbol suelta miles de semillas de cubierta dura que permanecen viables en el suelo durante años, rebrota con fuerza de la cepa aunque la cortes a ras y fija su propio nitrógeno, de modo que prospera en terrenos donde otras especies no arrancan. Añade un efecto alelopático: la mimosina que liberan la hojarasca y las raíces inhibe la germinación de muchas plantas vecinas, con lo que el árbol se despeja el sitio.

El resultado en la práctica son masas monoespecíficas impenetrables en barrancos, cunetas, taludes y terrenos abandonados. En Canarias es un problema conocido en zonas costeras y de medianías bajas. Erradicar un rodal establecido cuesta años porque el banco de semillas del suelo sigue emergiendo mucho después de haber cortado los árboles.

Si aun así decides plantarla en un lugar donde la normativa lo permita, la medida de contención más eficaz es sencilla: retirar las vainas verdes antes de que sequen y abran, cada temporada, sin fallar ninguna. Es la diferencia entre un árbol y un foco.

Dónde se puede cultivar en España

Aquí hay que corregir una afirmación que circula con demasiada alegría: la leucaena no es un árbol resistente a las heladas. Es una especie tropical y subtropical estricta. Alrededor de 0 °C se defolia; con −2 o −3 °C la parte aérea muere. Lo que sí hace, si el árbol está establecido y la helada no ha sido profunda ni prolongada, es rebrotar desde la base en primavera, y ese rebrote vigoroso es probablemente el origen del malentendido: el árbol «sobrevive», pero se queda en mata y pierde el porte cada invierno.

Con eso en la mano, su territorio en España se limita a Canarias —donde ya está de más— y a la franja litoral libre de heladas del sur y el sureste: costa de Málaga, Granada, Almería, Murcia, sur de Alicante y determinados enclaves de Huelva y Cádiz. En Baleares vegeta en la costa. Del interior peninsular, olvídate: en Madrid, Castilla o el valle del Ebro no pasa del primer invierno con forma de árbol.

Necesita pleno sol y calor. Su óptimo de crecimiento está entre los 25 y los 30 °C; por debajo de 15 °C prácticamente se detiene. En sombra crece delgada y desgarbada.

Suelo, riego y plantación

En el capítulo del suelo es todo lo contrario de exigente. Tolera terrenos pobres, pedregosos, poco profundos y francamente calizos: se desenvuelve bien hasta pH 8 e incluso por encima, lo que la hace útil en los suelos margosos del sureste español. Lo que no soporta son los suelos ácidos con aluminio libre —por debajo de pH 5 se para— ni el encharcamiento. Un terreno que se inunda en invierno le mata la raíz.

Tolera cierta salinidad moderada, aunque menos de lo que a veces se le atribuye, y aguanta el viento sin problemas gracias a un sistema radicular con raíz pivotante profunda. Esa raíz explica su resistencia a la sequía: una vez asentada, dos o tres años después de la plantación, se maneja con 600-700 mm anuales y sobrevive con bastante menos, entrando en semirreposo y perdiendo hoja en la estación seca.

Durante el primer verano, en cambio, hay que regar. Un riego semanal generoso el primer año y quincenal el segundo aseguran que la pivotante baje. A partir de ahí, riegos de apoyo en los meses más secos si se quiere crecimiento continuo, y nada más.

Planta en primavera, cuando el suelo ya esté caliente, para darle toda la estación cálida por delante. Y planta ejemplares jóvenes: la raíz pivotante se estropea en contenedores altos y viejos, y un árbol que ha pasado dos años en maceta enrollando la raíz nunca anclará bien. Por el mismo motivo, el trasplante de un ejemplar ya crecido rara vez sale bien.

El abonado sobra. Es una leguminosa que fija nitrógeno atmosférico en simbiosis con rizobios, así que fertilizarla con nitrógeno solo sirve para acelerar un crecimiento que ya es excesivo. Si el suelo es muy pobre en fósforo, una aportación moderada al plantar es lo único justificable.

Siembra y multiplicación

Por semilla, sin discusión: los esquejes enraízan mal y no compensa el esfuerzo.

La semilla tiene una cubierta impermeable que hay que romper para que entre el agua. Lo habitual es escarificarla, bien lijando ligeramente un lateral con papel de lija, bien sumergiéndola en agua caliente —no hirviendo, en torno a 80 °C— y dejándola enfriar dentro durante unas horas. Tratada así germina en tres a siete días a 25-30 °C, con porcentajes muy altos.

Siembra en primavera, en macetas individuales altas y profundas para respetar la raíz principal, con sustrato ligero y drenante. Trasplanta a su sitio definitivo antes de que la pivotante toque el fondo, normalmente a los dos o tres meses. Las plántulas crecen tan deprisa que se pasan de tiesto en un suspiro.

Capítulo globoso blanco de Leucaena leucocephala

Poda y manejo

Rebrota de cepa con una energía notable, y eso permite manejarla de dos maneras. Si la quieres como árbol, hay que formarla desde pequeña: seleccionar un guía y suprimir competidores durante los dos o tres primeros años, porque abandonada a su aire tiende a bifurcarse baja y a formar horquillas frágiles que el viento parte. La madera es dura pero las uniones en ángulo agudo no lo son.

Si la quieres como seto o como planta de biomasa, se corta a 50-100 cm del suelo cada temporada y rebrota con varios tallos. Ese es el manejo clásico en agroforestería, donde se planta en líneas entre cultivos y se siega periódicamente para incorporar el follaje al suelo como abono verde.

La poda de mantenimiento se hace a final de invierno o principio de primavera, antes de que arranque. En zonas donde hiela, la poda de limpieza de la madera dañada se espera a que se vea claramente qué ha rebrotado; cortar en enero lo que parece muerto suele llevarse por delante yemas vivas.

Plagas y enfermedades

Tiene pocas, y una muy célebre. El psílido Heteropsylla cubana, un pequeño hemíptero originario del Caribe, se extendió por Asia y el Pacífico en los años ochenta y arrasó las plantaciones de leucaena de medio mundo en cuestión de dos o tres años, deformando los brotes tiernos y defoliando árboles enteros. Está presente en Canarias. Los brotes atacados aparecen arrugados, pegajosos y con negrilla; en árboles ornamentales aislados el daño rara vez es letal y el árbol se recupera, aunque pierde crecimiento.

Aparte de eso, cochinillas ocasionales en ejemplares estresados y podredumbre de raíz en suelos encharcados. Es una especie que da más problemas por lo que hace que por lo que le hacen.

Para qué sirve de verdad

Su papel principal no es ornamental. En agroforestería tropical se usa como fijadora de nitrógeno en sistemas de cultivo en callejones, como sombra de café y cacao, como leña de rápida reposición —la madera tiene buen poder calorífico y hace carbón de calidad— y como forraje complementario en rumiantes, siempre limitando la ración a un porcentaje modesto de la dieta y con la advertencia sobre la mimosina por delante. También se ha plantado para estabilizar taludes y recuperar suelos degradados, que es precisamente el uso que la ha convertido en invasora en tantos sitios.

Como árbol de jardín tiene poco que ofrecer frente a alternativas menos comprometidas. Si lo que buscas es sombra rápida en clima cálido español, el almez (Celtis australis), la tipuana (Tipuana tipu) o incluso una morera sin fruto (Morus alba 'Fruitless') dan más sombra, no siembran medio barrio y no plantean el problema de la mimosina.

En resumen

La Leucaena leucocephala crece más rápido que casi cualquier árbol que puedas plantar en la costa mediterránea, tolera suelos calizos, pobres y secos, fija su propio nitrógeno y rebrota de cepa después de cortarla. Ninguna de esas virtudes compensa lo otro: siembra sin descanso, inhibe a sus vecinas, coloniza terreno abandonado y es tóxica para caballos, conejos, cerdos y aves por su contenido en mimosina.

No resiste las heladas, por mucho que se repita lo contrario: se hiela por debajo de −2 °C y solo rebrota de la base. Su sitio en España son Canarias y la franja litoral cálida del sur y el sureste, y en Canarias precisamente es donde menos falta hace.

Si a pesar de todo la plantas donde la normativa lo permite, hazlo lejos de zonas naturales y de animales de pasto, fórmala desde joven y retira las vainas cada año antes de que se abran. Comprueba antes el catálogo estatal de especies invasoras y el de tu comunidad; en muchos casos, el mejor cuidado que se le puede dar a este árbol es elegir otro.


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