Agarra el tallo con la mano desnuda y no pasa nada. Ese es el detalle que resuelve de golpe la duda cuando uno se encuentra en una cuneta húmeda del norte peninsular una mata que parece ortiga, huele a ortiga machacada y tiene las mismas hojas dentadas en forma de corazón, pero no pica. Es Lamium album, la llamada ortiga blanca u ortiga muerta, y de ortiga solo tiene el parecido.
Una labiada disfrazada de urticácea
Lamium album pertenece a la familia Lamiaceae, la de la menta, la salvia, el romero y la ortiga fétida. La ortiga de verdad, Urtica dioica, está en las Urticaceae, una familia distinta y ni siquiera emparentada de cerca. El parecido entre ambas es un caso de convergencia: hojas opuestas, ovado-acorazonadas, con el margen aserrado y la superficie algo áspera al tacto. Nada más.
Es una herbácea vivaz rizomatosa, no un arbusto, aunque en verano las matas viejas hacen unas macollas densas que engañan. Alcanza de 20 a 60 cm, con tallos de sección cuadrada —seña inequívoca de labiada— erectos o ascendentes, huecos y algo pelosos. La parte aérea se seca en invierno y rebrota del rizoma en cuanto suben las temperaturas.
Las flores son lo que la delata sin margen de error: blancas o de un blanco crema sucio, de 2 a 2,5 cm, bilabiadas, con el labio superior en capucha peluda y el inferior con dos lobulillos laterales diminutos. Se agrupan en verticilastros, es decir, en anillos apretados que rodean el tallo justo en la axila de cada par de hojas, escalonados en varios pisos. Florece muy largo, de marzo a octubre en las zonas donde le va bien, con el grueso en abril y mayo.
Cómo separarla de la ortiga verdadera en el campo
La confusión solo es peligrosa en un sentido: quien va a recoger ortiga para la cocina y se lleva Lamium, o al revés. Antes de la floración las dos se parecen bastante, así que conviene fijarse en cosas que estén presentes todo el año:
El tallo. Ruédalo entre los dedos. En Lamium album se notan cuatro aristas nítidas. La ortiga también tiene el tallo algo anguloso, pero mucho menos marcado, y va cubierto de pelos urticantes rígidos.
El pelo. Urtica dioica lleva tricomas urticantes en tallo y en el envés de la hoja, con la base ensanchada y la punta silícea que se rompe al rozarla. En Lamium el pelo es blando, simple, y no inyecta nada.
La flor. No hay discusión posible. La ortiga tiene flores diminutas, verdosas, sin pétalos vistosos, en racimos colgantes que parecen borlas. La ortiga blanca tiene esas corolas blancas de labio superior abombado que se ven a diez metros.
El olor. Al machacar la hoja, Lamium album desprende un aroma flojo, herbáceo y un punto desagradable. No es la menta, pero es olor de labiada.
Vale la pena deshacer también otra idea que circula: llamarla «ortiga» sugiere que comparte con Urtica dioica el mismo perfil de minerales, el mismo uso diurético y las mismas virtudes. No es así. Son plantas de familias distintas, con químicas distintas, y lo que se sepa de una no se traslada a la otra.
Dónde vive en España
Es una planta eurosiberiana, repartida por casi toda Europa y buena parte de Asia templada. En la Península se concentra en la mitad norte: cornisa cantábrica, Pirineos, Sistema Ibérico, Sistema Central y áreas de montaña con veranos frescos. Hacia el sur y hacia el litoral mediterráneo se vuelve rara o desaparece.
Ese reparto explica su carácter: quiere humedad edáfica constante, veranos suaves y suelos nitrificados. Prospera en bordes de camino, setos vivos, orlas de bosque húmedo, huertas abandonadas y proximidades de establos, donde el nitrógeno abunda. Si el suelo se seca a fondo en julio, la mata se agosta.
Cultivarla sin que se coma el arriate
Exposición. Media sombra o sombra luminosa. A pleno sol en Madrid, Sevilla o Murcia lo pasa mal desde junio; en Asturias o el Pirineo aguanta sol directo sin problema. Es una planta ideal para el pie de un seto, la cara norte de un muro o el borde de un bosquete.
Suelo. Fresco, profundo, rico en materia orgánica y con algo de nitrógeno. Tolera pH neutro y ligeramente alcalino. Lo que no soporta es la sequía prolongada ni un suelo compactado que encharque.
Riego. Regular durante toda la estación de crecimiento. En clima mediterráneo interior hay que regar de junio a septiembre para que no se seque la parte aérea; si se agosta, rebrota en otoño con las lluvias, pero se pierde la floración de verano.
Multiplicación. Lo cómodo es la división de mata en otoño o a la salida del invierno: se levanta un trozo de rizoma con dos o tres yemas y se replanta a 30 cm. También se siembra, mejor en otoño y a la intemperie, porque el frío del invierno le viene bien a la nascencia; la germinación es irregular y lenta.
Contención. Aquí está la parte que se subestima. El rizoma es rastrero y ramificado, y en suelo fresco y fértil una mata pequeña se convierte en una mancha de un metro cuadrado en dos temporadas, colándose entre las raíces de las plantas vecinas. Plantarla suelta en un arriate mixto de vivaces delicadas termina con esas vivaces ahogadas. La solución práctica es acotarla con una barrera antirrizoma enterrada 25-30 cm, o destinarla a una zona amplia donde tapizar sea precisamente lo que se busca.
Además se resiembra. Cortar los tallos a ras cuando la floración principal decae, en junio, evita buena parte de las plántulas espontáneas y provoca un rebrote limpio con una segunda tanda de flores.
Sus parientes de vivero, que no son la misma planta
En los centros de jardinería, la etiqueta «Lamium» rara vez corresponde a L. album. Lo que se cultiva de forma habitual como tapizante de sombra es Lamium maculatum, de porte más bajo y postrado, con flores rosadas o purpúreas y hojas marcadas por una banda plateada central; sus cultivares 'White Nancy', 'Beacon Silver' o 'Purple Dragon' se venden precisamente por el follaje. Es más ornamental y bastante menos invasor.
También circula Lamium galeobdolon (antes Lamiastrum galeobdolon), de flores amarillas y estolones largos; este sí es agresivo de verdad y en varios países del norte de Europa figura como planta problemática fuera de los jardines. Y en cualquier huerta española aparece sola Lamium purpureum, la ortiga muerta púrpura, una anual pequeña de flores rosadas que no tiene nada que ver con la vivaz blanca más que el género.
Si buscas la especie botánica auténtica para un jardín naturalista o un seto de flora local, lo razonable es conseguirla por división de una mata conocida o por semilla de proveedor de flora silvestre, no esperando encontrarla en el estante de tapizantes.
Lo que aporta a los polinizadores
La corola es un tubo largo y estrecho, y eso selecciona a la clientela. Quien la explota bien son los abejorros (Bombus spp.), con lengua suficiente para llegar al néctar del fondo. Como florece desde marzo, coincide con el momento en que las reinas de abejorro salen de la hibernación y necesitan comer antes de fundar el nido, cuando todavía hay poco abierto. Ese solapamiento es su mejor argumento en un jardín pensado para fauna útil.
Las abejas melíferas, de lengua más corta, entran peor y a veces recurren al robo de néctar perforando la base de la corola. Los sírfidos aprovechan sobre todo el polen.
Fama medicinal: qué dice la tradición y qué dice la evidencia
Conviene separar las dos cosas desde el principio, porque no son lo mismo.
La tradición. La medicina popular europea ha usado la flor de ortiga blanca (droga vegetal conocida como Lamii albi flos) durante siglos, sobre todo para molestias catarrales de las vías respiratorias altas, para irritaciones leves de boca y garganta y, muy asociada a ella, para el flujo vaginal blanco, la leucorrea, de donde le viene buena parte de su reputación histórica. También se le atribuyó uso externo sobre pequeñas inflamaciones cutáneas.
La composición. Los análisis fitoquímicos identifican en la planta glucósidos iridoides (lamalbido, caripósido), glucósidos fenilpropanoides como el verbascósido, flavonoides, taninos y mucílagos. Son grupos de compuestos con actividad demostrada in vitro, y esa es exactamente la limitación: in vitro.
La evidencia clínica. Aquí hay que ser claro: no existen ensayos clínicos de calidad que respalden ninguna de las indicaciones tradicionales de Lamium album en personas. Su empleo en fitoterapia se apoya en el uso continuado a lo largo del tiempo, no en resultados de estudios controlados. Cuando un producto la incorpora, lo hace en la categoría de medicamento tradicional a base de plantas, una figura regulatoria que se concede precisamente por la antigüedad del uso y que no equivale a eficacia probada.
La planta no está considerada tóxica y sus hojas tiernas se han comido cocinadas en algunas zonas de Europa, pero eso no la convierte en inocua a discreción. No hay datos de seguridad en embarazo y lactancia, así que no procede su uso en esos casos. Tampoco hay estudios de interacción con anticoagulantes, antidiabéticos o antihipertensivos, y la ausencia de datos no es lo mismo que ausencia de riesgo. Un síntoma ginecológico persistente, una tos que no cede o una irritación de garganta que dura más de unos días exigen diagnóstico, no infusión.
Y una advertencia práctica sobre la recolección: las poblaciones más abundantes están en cunetas, bordes de camino y márgenes de cultivo, es decir, en los sitios donde se acumulan nitratos, se pasa el herbicida y pasean los perros. Recolectar ahí es mala idea con cualquier planta.
Antes de tomar nada, consulta con tu médico o con el farmacéutico. Ninguna planta sustituye a un tratamiento prescrito.
En resumen
Lamium album es una labiada vivaz de rizoma rastrero, no una ortiga ni un arbusto, y no pica. Se reconoce por el tallo cuadrado y por sus flores blancas bilabiadas dispuestas en anillos alrededor del tallo, de marzo a octubre. En España vive cómoda en la mitad norte, con humedad constante, media sombra y suelos ricos en nitrógeno; en el sur y en el litoral mediterráneo hay que regarla en verano o se agosta.
En el jardín funciona como tapizante de sombra y como recurso temprano para los abejorros, siempre que se le ponga barrera al rizoma y se corten los tallos tras la floración principal para frenar la resiembra. Lo que se vende etiquetado como Lamium suele ser L. maculatum, más ornamental y más manso. Y en cuanto a sus propiedades: hay tradición larga y hay compuestos interesantes en el laboratorio, pero no hay respaldo clínico. Conviene saber cuál de las dos cosas se está leyendo.