Las cápsulas rosadas que cubren un granadillo en pleno verano no son flores. Son frutos secos, con dos o tres alas de papel, y ahí está casi todo el interés ornamental de la especie: las flores de verdad son verdosas, diminutas y sin pétalos, y pasan desapercibidas. Entender esto de entrada evita la decepción de comprar la planta esperando floración y encontrarse con un arbusto de hoja brillante y flores que no se ven.
El granadillo es Dodonaea viscosa, de la familia de las sapindáceas, la misma del arce y del litchi. En inglés lo llaman hopbush, arbusto del lúpulo, precisamente por el parecido de esos frutos alados con los conos del lúpulo. En Canarias se conoce como granadillo desde hace siglos, y no es una planta traída: forma parte de la flora nativa del archipiélago.
Qué planta es y de dónde viene
Dodonaea viscosa tiene una distribución natural extrañísima para un arbusto: aparece de forma espontánea en Australia, Nueva Zelanda, el sur de África, América tropical y subtropical, Hawái y las islas Canarias. Esa amplitud se debe a que el fruto alado vuela bien y a que la semilla, de cubierta dura, aguanta mucho tiempo viable. No es una especie escapada de jardín en todos esos sitios: es de las pocas plantas leñosas con distribución realmente pantropical.
En Canarias vive en el bosque termófilo, esa franja de vegetación que ocupa entre los 200 y los 600 metros de altitud, por debajo de la laurisilva y por encima del cardonal-tabaibal. Comparte espacio con la sabina (Juniperus turbinata), el acebuche canario (Olea cerasiformis) y el almácigo (Pistacia atlantica). Es una de las formaciones más maltratadas del archipiélago, porque coincidía exactamente con las cotas donde se instalaron los cultivos y los pueblos.
Morfológicamente es un arbusto o arbolito perennifolio de 2 a 5 metros, que en condiciones buenas y con formación puede llegar a 7 u 8 con un tronco corto. Las hojas son alternas, simples, lanceoladas u oblanceoladas, de 4 a 10 cm, con el borde entero y un brillo característico. Ese brillo es resina: la planta segrega una sustancia pegajosa por glándulas foliares, de ahí el epíteto viscosa. Merece la pena decirlo porque cada temporada alguien trata su granadillo contra pulgón convencido de que la pegajosidad es melaza. No lo es. Si al tocar la hoja notas tacto de barniz pero no ves insectos ni negrilla, la planta está perfectamente.
La madera es dura y densa, y se ha usado tradicionalmente para mangos de herramienta y pequeñas piezas torneadas. Conviene aclarar que el nombre «granadillo» se aplica también en el comercio de maderas a especies tropicales de Platymiscium y Dalbergia, que no tienen nada que ver con esta planta, y que «granadilla» es el fruto de una pasiflora. Tres cosas distintas con nombres casi iguales.
Pies macho y pies hembra
Aquí está el dato práctico que más veces se pasa por alto en vivero. Dodonaea viscosa es dioica: hay ejemplares masculinos y ejemplares femeninos, y solo los femeninos producen las cápsulas rojizas que dan valor decorativo a la especie. Un macho es un arbusto de hoja bonita y nada más, durante toda su vida.
La consecuencia es directa. Si compras una planta de semilla, tienes aproximadamente un cincuenta por ciento de posibilidades de que fructifique, y no lo sabrás hasta que florezca, tres o cuatro años después. Si compras una planta de esqueje, el sexo es el del pie madre: puede ser una clonación de un macho estupendo que nunca dará fruto. La forma de asegurarse es comprar la planta en fructificación, entre finales de primavera y verano, cuando las cápsulas están puestas y visibles. En un vivero serio te pueden decir de qué pie procede el esqueje; en un centro de jardinería genérico, difícilmente.
Añado un matiz botánico: algunos ejemplares se comportan como polígamos, con flores hermafroditas mezcladas, y pueden fructificar en solitario. Es la excepción, no la regla, y no conviene contar con ello al planificar un seto.
Hasta dónde aguanta el frío
Un granadillo adulto y bien asentado resiste heladas de -6 a -7 ºC si son cortas y nocturnas. Ese es su techo real, y hay que leerlo con dos condicionantes que cambian mucho el resultado:
La edad importa. Una planta de dos años recién sacada de contenedor puede morir a -3 ºC. El sistema radicular todavía no tiene reservas y la parte aérea es tejido tierno. Los primeros dos inviernos son los delicados; a partir del tercero la planta es otra cosa.
La duración importa más que el mínimo. Una helada de -6 ºC a las cinco de la madrugada que se deshace a las nueve la encaja. Tres días seguidos con el suelo helado y máximas de 2 ºC, no. Por eso funciona bien en el litoral mediterráneo y falla en la meseta, aunque los mínimos absolutos anotados no parezcan tan diferentes.
En términos prácticos: Levante, Andalucía, Murcia, Baleares, la costa gallega templada y toda Canarias, sin reservas. Zonas interiores de Andalucía y valle del Ebro, con precaución y buscando pared orientada al sur. Meseta norte, interior de Castilla-La Mancha y prepirineo, mejor no: los -10 ºC de enero lo dejan defoliado o directamente lo matan.
Otro dato que suele decidir la compra: tolera muy bien el salitre y el viento marino. Es de las pocas especies que puedes poner en primera línea de playa sin que las hojas se quemen por el aerosol salino. Como cortavientos de primera fila, protegiendo plantas más delicadas por detrás, tiene pocos rivales.
Suelo, plantación y riego
Sobre suelo es poco exigente y sobre drenaje es intransigente. Acepta terrenos pobres, pedregosos, arenosos, calizos, y pH desde ligeramente ácido hasta francamente básico. Lo que no acepta es tener el cuello encharcado. En una arcilla compacta de fondo de vaguada, con el agua parada dos días después de cada lluvia, el granadillo se pudre por la base y no hay riego ni abono que lo salve. Si tu suelo es así, plántalo sobre un caballón elevado de 30-40 cm o busca otra especie.
Exposición: sol directo. A media sombra vegeta, se ahíla, pierde compacidad y la fructificación baja mucho. En las formas de hoja coloreada, además, el color se apaga hasta volverse verde sucio.
La plantación se hace en otoño en las zonas de invierno suave, entre octubre y noviembre. Le da todo el invierno y toda la primavera para enraizar antes del primer verano, que es la prueba de fuego. En zonas donde las heladas aprietan, mejor esperar a marzo o abril y así la planta no pasa su primer invierno recién puesta. Cava un hoyo del doble del cepellón, descompacta el fondo y planta al mismo nivel al que venía en la maceta: enterrar el cuello es empezar mal.
El riego se plantea en dos fases. Durante los dos primeros veranos, riego profundo cada diez o quince días, mojando bien y espaciando, que es lo que obliga a la raíz a bajar. Riegos diarios y superficiales generan una raíz de plato, dependiente y frágil. A partir del tercer año, en el litoral mediterráneo se sostiene prácticamente con la lluvia; un par de riegos de socorro en julio y agosto en años secos bastan para que no pare el crecimiento.
De abonado, poco. Un aporte de compost o de estiércol maduro en superficie a finales de invierno cubre el año entero. El nitrógeno abundante le hace producir brotes largos, blandos y acuosos que son justo el tejido que revienta con la primera helada. Un granadillo sobrealimentado es un granadillo menos rústico.
Poda y uso en seto
Rebrota bien y admite el recorte, lo que lo convierte en un excelente seto de pantalla de 1,5 a 3 metros. Para eso se plantan los ejemplares a 70-90 cm entre sí; más juntos no acelera el cierre, solo genera competencia y ejemplares desiguales. Con riego de apoyo puede crecer 60-80 cm al año en los primeros años, así que la pantalla se cierra rápido.
El momento del recorte de formación es finales de invierno o principios de primavera, febrero o marzo, antes de que arranque el brote. Un repaso ligero después de la fructificación, ya en otoño, mantiene la forma sin comprometer nada.
Ojo con una cosa: si lo tijereteas en primavera con el ansia de tenerlo cuadrado, cortas las yemas florales y te quedas sin las cápsulas rojas del verano. Un seto de granadillo recortado a máquina cuatro veces al año es un seto verde y correcto, pero renuncias al espectáculo que justifica plantar esta especie y no otra. Si quieres las dos cosas, poda fuerte una sola vez a finales de invierno y deja el resto del año tranquila la planta.
Tolera mejor que la mayoría de arbustos mediterráneos una poda de renovación sobre madera vieja, rebrotando de la base. Aun así, hazla en marzo y de una vez, no en septiembre: necesita toda la temporada de crecimiento por delante para reconstruir la copa antes del frío.
Para formarlo como arbolito de porte pequeño, se selecciona uno o tres troncos desde joven y se van eliminando los brotes bajos a lo largo de dos o tres años. Su raíz no es agresiva, así que se puede usar cerca de pavimentos y en alcorques estrechos sin miedo a levantar losas.
Cómo multiplicarlo
Por semilla es fácil, con un requisito: la cubierta es dura e impermeable y sin tratamiento previo la germinación es errática y tardía. Se recogen las cápsulas maduras en verano, se dejan secar y se extraen las semillas, negras y pequeñas. Antes de sembrar, se vierte agua muy caliente sobre ellas y se dejan enfriar dentro del agua durante 24 horas. Siembra en primavera, en sustrato arenoso y con temperatura en torno a los 20 ºC; la nascencia suele empezar a las dos o tres semanas y va escalonada. Recuerda que de semilla salen machos y hembras en proporción parecida.
Por esqueje semileñoso se conserva el sexo y las características del pie madre, que es lo que interesa si has localizado una hembra buena o una forma de hoja púrpura. Se toman en verano o a principios de otoño, con brotes del año ya endurecidos en la base, de 12-15 cm, dejando tres o cuatro hojas arriba. Hormona de enraizamiento, sustrato de perlita y turba a partes iguales, ambiente húmedo y calor de fondo si lo tienes. El enraizamiento es lento pero razonable.
Plagas, problemas y algunas cautelas
Es una planta notablemente sana. En jardín no suele dar problemas de hongos foliares ni de plagas serias. De forma ocasional puede aparecer cochinilla algodonosa en ejemplares muy densos y con poca ventilación interior, o mosca blanca en setos recortados a menudo y regados en exceso. Aclarar el interior y bajar el riego resuelve la mayoría de esos casos sin tratamiento.
Los fallos que sí lo matan son de manejo: encharcamiento, plantación demasiado profunda y frío sobre planta joven. En ese orden.
Dos advertencias más, honestas:
Se resiembra sola. En climas suaves y costeros aparecen plántulas espontáneas alrededor del pie femenino, y en algunos territorios fuera de su área nativa la especie se ha naturalizado. Si tu jardín linda con monte o con una zona natural protegida, tenlo presente y arranca las plántulas que salgan fuera del arriate. En Canarias, donde es nativa, el asunto no se plantea.
Contiene saponinas y no es planta forrajera. El follaje no resulta apetecible para el ganado y en algunos lugares se ha empleado tradicionalmente como planta ictiotóxica. No hay constancia de intoxicaciones domésticas relevantes por contacto o por mordisqueo casual, y como arbusto de jardín se maneja sin precauciones especiales, pero no es una planta para poner al alcance de animales que ramoneen todo lo que ven, ni para dar de comer a nadie.
La forma de hoja púrpura
La selección Dodonaea viscosa 'Purpurea' tiene el follaje bronceado o vinoso en lugar de verde, y es la que más se ve en jardinería ornamental. Dos cosas conviene saber antes de comprarla.
La primera es que el color depende de la luz y del frío. A pleno sol y con las noches frescas del otoño el púrpura se intensifica; en sombra parcial y en pleno verano tira a verde apagado con reflejos rojizos. Plantarla en un rincón sombreado esperando el color del catálogo es garantía de decepción.
La segunda es que se propaga por esqueje, así que cada 'Purpurea' del mercado es un clon y comparte el sexo del pie original. Si la tuya es masculina, tendrás el follaje pero nunca las cápsulas. Combina bien con follajes plateados —santolina, teucrium, atriplex— y con gramíneas de tono claro, que es donde el contraste luce.
En resumen
Dodonaea viscosa es un arbusto perennifolio de 2 a 5 metros, nativo de Canarias además de media zona subtropical del planeta, que resiste hasta unos -6 o -7 ºC en heladas cortas una vez asentado, aguanta el salitre y el viento marino como pocos, y pide sol directo y drenaje por encima de cualquier otra cosa.
Lo decorativo son los frutos alados rosados del verano, no las flores, que son verdes e insignificantes. Y como la especie es dioica, solo los pies femeninos los producen: comprar la planta con fruto puesto es la única forma segura de acertar.
Riega profundo y espaciado los dos primeros veranos, abona poco, poda a finales de invierno de una sola vez si quieres conservar la fructificación, y no lo pongas en suelo que encharque. Para un seto costero rápido, resistente y sin mantenimiento, hay pocas opciones mejores en el litoral español.