No es un arbusto. La grama dorada, Lamarckia aurea, es una gramínea anual que rara vez pasa de un palmo de alta, nace con las lluvias de otoño, florece en primavera y en junio ya es paja seca de pie. Que aparezca catalogada entre matorrales tiene más que ver con el aspecto compacto y rígido de sus espigas secas que con su biología, porque de leñoso no tiene nada: la planta entera muere cada año y vuelve solo desde la semilla que dejó.

Lo que la hace reconocible es la inflorescencia. Una panícula corta, densa, con todos los grupos de espiguillas volcados hacia el mismo lado, de un amarillo dorado que va virando a naranja y a púrpura conforme se seca. En una cuneta soleada de mayo, con el sol bajo por detrás, esa panícula brilla como si estuviera hecha de hilo.

Espigas doradas de Lamarckia aurea creciendo entre rocas

Una gramínea sola en su género

Linneo la describió en 1753 como Cynosurus aureus, junto a las colas de perro. Moench la separó en 1794 en un género propio, Lamarckia, dedicado a Jean-Baptiste Lamarck, y ahí sigue: es un género monotípico, con esta única especie. Verás el nombre escrito a veces como Lamarkia, con una sola ce, y la sinonimia Cynosurus aureus L. todavía aparece en catálogos y herbarios antiguos.

Pertenece a la familia Poaceae, dentro del grupo de las poas y las colas de perro. Los nombres populares en español van casi todos por el mismo camino cromático: grama dorada, grama de oro, lamarquia, cola de perro dorada. En inglés se la llama golden dogstail, que es traducción literal del binomio de Linneo.

Cómo es por dentro la espiga

La estructura de la inflorescencia es lo más curioso de la planta y merece un párrafo aparte, porque explica por qué se seca tan bien y por qué se deshace tan fácil.

La panícula mide entre 2 y 8 cm, es compacta y unilateral: todas las ramitas cuelgan hacia una misma cara del eje. Está formada por fascículos, y cada fascículo lleva una sola espiguilla fértil, con una o dos flores que darán grano, acompañada de dos o tres espiguillas estériles formadas por muchas lemas vacías, imbricadas como escamas y rematadas en arista fina. Esas espiguillas estériles no producen semilla: son puro adorno funcional, aumentan el volumen y la superficie del conjunto y hacen de vela para que el viento se lleve el fascículo entero cuando se desprende.

De ahí las dos consecuencias prácticas. Una, que la espiga tiene un volumen visual enorme para lo poco que pesa. Y dos, que la unión del fascículo al eje está diseñada para romperse: cuando la planta madura del todo, la panícula se desmonta en pedazos con solo rozarla. Quien corte tarde para secar acabará con un tallo pelado y el suelo lleno de doradillos.

Reconocerla en el campo

Fuera de floración es una hierba pequeña y anodina, así que conviene fijarse en dos detalles vegetativos:

Las hojas son planas, blandas, de 3 a 8 mm de ancho, de un verde claro un poco glauco, sin la aspereza de otras gramíneas de cuneta. La lígula —esa membranita que hay donde la hoja se separa del tallo— es larga y membranosa, puede alcanzar los 8 o 10 mm, aguda y bien visible a simple vista. Pocas gramíneas anuales mediterráneas de este tamaño tienen una lígula tan larga; con la uña, separando la hoja del tallo, se ve en dos segundos.

Los tallos son geniculados en la base: se apoyan en el suelo y luego se levantan, de modo que la mata parece más baja de lo que mide realmente. La altura total va de 5 a 40 cm según el agua que haya caído; en un año seco andaluz apenas levanta cuatro dedos y florece igual.

Conviene deshacer dos confusiones de nombre. La palabra grama, a secas, se usa en casi toda España para Cynodon dactylon, la hierba perenne de estolones que invade céspedes y macizos y que es la pesadilla de cualquier huerto. No tienen nada que ver: Cynodon es perenne, rastrera, rebrota de rizoma y se quita con dificultad; Lamarckia es anual, erguida, de raíz somera y se arranca con dos dedos. Sembrar «grama dorada» pensando en un césped resistente termina en un tapiz raquítico que muere en junio.

La otra confusión es ornamental. En ramos secos suele ir mezclada con Lagurus ovatus, el rabo de liebre, otra anual mediterránea de espiga vistosa. El rabo de liebre tiene la espiga ovalada, blanda y peluda, blanquecina; la grama dorada la tiene alargada, rígida y volcada a un lado. Se distinguen a un metro de distancia.

De dónde es y dónde vive

Es una especie nativa de la cuenca mediterránea y del suroeste asiático, con extensión hasta Macaronesia. En la Península es común en la mitad sur y en toda la franja mediterránea: Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Cataluña, Extremadura, Baleares y Canarias. Hacia el norte y hacia el interior frío se va haciendo escasa, y en la cornisa cantábrica es rara.

Su hábitat típico es ruderal y pedregoso: cunetas, bordes de camino, pies de muro, escombreras, taludes, terrazas de cultivo abandonadas, pastizales secos sobre suelo esquelético. Prefiere sustratos básicos o calizos, sueltos y bien drenados, y no le importa que sean pobres. Aparece del nivel del mar hasta unos mil metros, en piso termomediterráneo y mesomediterráneo.

Esa es exactamente la escena de la fotografía habitual de la especie: espigas doradas saliendo de una grieta entre piedras, con dos dedos de tierra por debajo. No es que le guste la roca; es que ahí no la ahoga la competencia de las hierbas más vigorosas, y su ciclo corto le permite terminar antes de que el sitio se seque del todo.

Grama dorada en un pastizal seco junto a un camino de piedras

Fuera de su área natural se ha naturalizado con soltura en California, Arizona, México, Chile, Sudáfrica y buena parte de Australia, donde figura en listados de plantas invasoras por su capacidad para ocupar pastizales secos alterados. En España, en cambio, es flora propia: aquí no plantea ningún problema de conservación.

El calendario, que lo manda todo

Es un terófito puro y su año encaja en el patrón mediterráneo clásico:

Octubre y noviembre. Con las primeras lluvias serias y temperaturas de suelo entre 15 y 20 °C, la semilla germina. Si el otoño viene seco, la nascencia se retrasa a diciembre o enero y la planta saldrá más pequeña.

De diciembre a febrero. Roseta baja, crecimiento lento, macollamiento. Aguanta las heladas moderadas del invierno peninsular sin daño; lo que no soporta son los fríos duros y prolongados del interior norte, y por eso allí escasea.

De marzo a mayo. Encañado y floración. En Andalucía occidental puede estar en espiga a finales de febrero; en el centro peninsular, en abril.

Mayo y junio. Maduración, secado y desmoronamiento de la panícula. La planta queda en pie, dorada, hasta que la deshace el viento o el pisoteo.

Este calendario tiene una implicación que ahorra disgustos: regar en verano no sirve de nada. La planta no está latente, está muerta. El agua de julio no la revive, y lo único que consigue en un jardín seco es favorecer a las hierbas de verano que ocuparán su sitio. Si la quieres el año que viene, lo que hay que garantizar es que haya dejado semilla en mayo.

Sembrarla y cuidarla

Como ornamental se usa en jardines de secano, praderas floridas, rocallas, gravas y macetas de aire silvestre, y sobre todo para cortar y secar. El cultivo es de los más sencillos que existen, siempre que se respete su época.

Siembra. Directa, en el sitio definitivo, en octubre o noviembre. Trasplantarla no compensa: la raíz es fina y el ciclo, corto. Se esparce la semilla a voleo sobre suelo rastrillado y se cubre con 3 a 5 mm de tierra fina o de arena; enterrada más profunda no emerge. Un rulado o un pisado suave para asentar el contacto semilla-suelo, y riego ligero si el otoño se retrasa.

Suelo. Cualquiera que drene. Prefiere calizos, arenosos o pedregosos, incluso pobres. En suelo pesado y encharcadizo la plántula se pudre en invierno.

Exposición. Sol pleno. A media sombra se estira, se tumba y las espigas salen pálidas y flojas.

Riego. El del cielo, en la mayor parte de su área. En maceta, mantener el sustrato apenas húmedo de noviembre a abril y suspender en cuanto empiece a amarillear.

Abonado. Ninguno, y aquí hay una tentación que sale mal. Un aporte de nitrógeno da hojas grandes y tallos largos y blandos que se tumban con la primera tormenta de abril, justo cuando la espiga empieza a llenar. Una mata encamada y con la panícula tocando el barro ya no sirve ni para ver ni para cortar. En suelo pobre la planta es más baja, más tiesa y con las espigas mejor plantadas.

En maceta. Grupos de una docena de plantas en un tiesto de 18-20 cm de diámetro, con sustrato de jardín mezclado al 30 % con arena gruesa. Sembrar en otoño, sacar la maceta a pleno sol y no protegerla del frío salvo en heladas fuertes.

Cortarla para seco

Es su uso más agradecido, y el momento del corte lo decide todo.

Hay que cortar cuando la panícula ha tomado ya el color dorado pleno pero antes de que los fascículos empiecen a soltarse. La prueba es directa: pasa el dedo por la espiga; si caen piezas, has llegado tarde. En la mayor parte de la Península ese punto cae entre finales de abril y mediados de mayo.

Se corta el tallo entero por la base, en mañana seca y sin rocío. Se hacen manojos flojos de quince o veinte tallos, atados por la base, y se cuelgan boca abajo en un sitio oscuro, seco y ventilado durante una o dos semanas. Boca abajo, para que los tallos no se curven al perder turgencia; a oscuras, porque la luz directa descolora el dorado y lo deja en un beige apagado.

Una vez seca, la espiga sigue siendo frágil. Una pasada muy ligera de laca en aerosol a treinta centímetros de distancia reduce mucho el desprendimiento de fascículos y no cambia el color. Y cuando montes el ramo, manipula por el tallo, nunca por la panícula.

Lo que hay que saber antes de meterla en el jardín

Se resiembra sola, y con ganas. Cada mata suelta cientos de semillas que se reparten con el viento y con las suelas de los zapatos, y forman un banco en el suelo que dura años. En una grava o en un jardín de secano eso es justo lo que se busca. En un arriate cuidado, en cambio, aparecerá en sitios donde no la quieres. El control es fácil precisamente por ser anual: se arranca a mano o se siega antes de que la espiga madure, en abril, y en dos o tres temporadas se agota el banco de semillas. Segar en junio, con la panícula ya deshecha, no sirve para nada más que para repartirla.

No sirve como césped. Ni pisada, ni densidad, ni permanencia. Es una anual de porte suelto que deja el terreno desnudo medio año.

Polen. El de las gramíneas es el principal alérgeno estacional en el interior peninsular, con el pico entre mayo y junio. Un rodal ornamental de grama dorada aporta una cantidad ridícula comparada con la carga ambiental de esos meses, pero si en casa hay una persona con polinosis a gramíneas, lo sensato es cortar las espigas antes de que abran las anteras en lugar de dejarlas florecer junto a una ventana.

Toxicidad. No se le conoce ninguna. Es forraje aceptable mientras está verde y pierde valor en cuanto se agosta, como el resto de las anuales del pastizal mediterráneo. Sus aristas son cortas y no representan el problema mecánico que sí causan en los perros las espiguillas de Hordeum murinum, esas que se clavan entre los dedos y en los oídos; si te preocupa ese riesgo en primavera, el sospechoso es la cebadilla, no esta planta.

En resumen

Lamarckia aurea es una gramínea anual mediterránea de 5 a 40 cm, no un arbusto ni un matorral, con una panícula dorada unilateral de 2 a 8 cm en la que cada fascículo combina una espiguilla fértil con dos o tres estériles. Es nativa de España, frecuente en el sur y en la franja mediterránea, y vive en cunetas, muros y pedregales calizos.

Se siembra directa en octubre o noviembre, a sol pleno, sobre suelo drenante y pobre, cubriendo la semilla apenas unos milímetros. No se abona, porque el nitrógeno la tumba, y no se riega en verano, porque en verano ya está muerta. Florece de marzo a mayo y se corta para seco cuando la espiga está dorada pero todavía no suelta piezas al pasar el dedo, colgándola boca abajo en oscuridad y ventilación.

Se resiembra con facilidad: bienvenida en grava y jardín seco, molesta en arriate cuidado, y en ambos casos controlable segando en abril, antes de que madure la semilla. No es tóxica, no sirve como césped y no tiene nada que ver con la grama común, Cynodon dactylon.


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