Un jardín que solo florece en mayo está vacío diez meses al año. La ventaja del clima peninsular es que permite tener algo abierto casi cualquier semana del calendario, siempre que se elija en función de la estación y no de lo que hay bonito en el vivero el día de la compra. Septiembre y octubre son, de hecho, el mejor momento de plantación del año: el suelo conserva calor, la raíz trabaja, y llegan las lluvias.

Este artículo cubre lo que florece cuando refresca y lo que aguanta el invierno, tanto en herbáceas como en arbustos, con las fechas y las temperaturas de aquí.

Qué es realmente una "flor de temporada"

En el comercio, flor de temporada designa a la planta de flor que se vende en maceta pequeña, ya florida, para dar color inmediato y retirarse cuando acaba su ciclo. Es una categoría comercial, no botánica, y eso tiene una consecuencia práctica: muchas de esas plantas no son anuales en absoluto.

El alhelí (Erysimum cheiri) es una vivaz leñosa que puede vivir tres o cuatro años. La margarita de prado (Bellis perennis) es perenne, como dice su epíteto. La prímula (Primula acaulis) rebrota cada otoño si pasa el verano en semisombra fresca. La viola cornuta se resiembra sola. Tirarlas en abril porque "ya se acabó la temporada" es tirar plantas vivas.

Lo que sí es cierto es que llegan agotadas. La maceta de vivero trae turba pura y una carga de abono de liberación lenta calculada para durar las semanas que la planta pasa en el punto de venta. Si se trasplanta a un sustrato con algo de compost y se abona a las tres semanas, la diferencia en duración de floración es de meses, no de días.

El calendario del otoño: qué se planta y cuándo

La tentación es comprar pensamientos el primer fin de semana de septiembre, cuando aparecen en los estantes. Con 30 °C todavía en el termómetro, esa planta se estira, produce tallos blandos y entra en el frío hecha un espárrago. Conviene esperar a que las máximas bajen de 25 °C de forma estable: en la meseta y el norte, mediados de octubre; en el litoral mediterráneo y el valle del Guadalquivir, primeros de noviembre.

Reparto aproximado de tareas:

Septiembre. Siembra directa de amapola de California (Eschscholzia californica), calendula (Calendula officinalis), nigella, consuelda menor y otras anuales rústicas que florecerán en marzo. Plantación de bulbos de azafrán (Crocus sativus), colchico y esternbergia. División de vivaces de floración primaveral.

Octubre. El mes grande de los bulbos: narcisos, muscari, jacintos, crocus de primavera, alliums, anémona coronaria y ranúnculo. También plantación de arbustos y de vivaces a raíz desnuda o en contenedor.

Noviembre. Pensamientos, violas, alhelíes, bellis, prímulas y dianthus a su sitio definitivo. Tulipanes (van los últimos a propósito, ver más abajo). Sigue siendo buen mes para plantar arbustos.

Diciembre y enero. Poco que plantar salvo raíz desnuda de rosales y frutales en zonas sin heladas fuertes. Es tiempo de mirar qué falta: si el jardín está apagado estas semanas, es que faltan arbustos de flor invernal, y este es el momento de anotarlo.

Herbáceas que florecen con frío

El grupo que sostiene el color de noviembre a abril es corto pero fiable.

Pensamiento y viola (Viola × wittrockiana y Viola cornuta). Aguantan por debajo de cero sin morir; a −5 °C la flor abierta se estropea pero la planta rebrota. La viola de flor pequeña resiste mejor la lluvia y el viento que el pensamiento de flor grande, que se despeina con el primer temporal. Quieren sol directo: en sombra dan hoja y casi nada de flor. Retirar las flores marchitas con el pedúnculo entero prolonga la floración semanas, porque impide que la planta invierta en semilla.

Alhelí (Erysimum cheiri). Perfume intenso al mediodía, floración de febrero a mayo, indiferencia total al suelo calizo. Necesita drenaje: en arcilla encharcada se pudre el cuello. El cultivar 'Bowles's Mauve' florece prácticamente todo el año y es de los pocos que da néctar en enero.

Prímula (Primula acaulis, P. obconica). Quiere semisombra y frescor. En un balcón al sur con solana de mediodía se agosta en marzo. Ojo con P. obconica: sus pelos glandulares contienen primina, una sustancia que provoca dermatitis de contacto en personas sensibilizadas. Se maneja con guantes.

Ciclamen (Cyclamen persicum). Aquí hay una creencia que cuesta plantas: se vende como planta de interior y no lo es. Su óptimo está entre 10 y 15 °C; por encima de 20 °C amarillea, deja de abrir capullos y entra en reposo. Su sitio es la ventana fría, el porche o la terraza protegida, no el salón con calefacción. Se riega por el plato, nunca sobre el tubérculo, y se retira el agua sobrante a los quince minutos. Para exteriores fríos de verdad, el Cyclamen hederifolium —que florece en septiembre antes de sacar la hoja— y el C. coum, de enero, son vivaces resistentes que se naturalizan bajo los árboles.

Ranúnculo (Ranunculus asiaticus). Se plantan las garras en octubre-noviembre, con las puntas hacia abajo y previamente hidratadas cuatro horas —no veinticuatro, que fermentan—. Florece en marzo y abril con una flor de una densidad de pétalos que ninguna otra vivaz iguala en esas fechas.

Caléndula, cineraria, dianthus y boca de dragón completan el cuadro. La Calendula officinalis sembrada en septiembre florece de febrero a junio y es imbatible en relación esfuerzo-resultado.

Bulbos: el trabajo de octubre que se cobra en marzo

La regla de profundidad es sencilla: dos o tres veces la altura del bulbo, medida hasta el ápice. Poco profundo, el bulbo se agota y no repite al año siguiente; demasiado profundo, en suelo pesado, se pudre.

Los crocus de primavera (Crocus vernus, C. chrysanthus) son de los primeros en abrir, entre finales de enero y febrero según altitud, y se naturalizan en césped si se resiste la tentación de segar hasta que la hoja amarillee. Los narcisos son la apuesta más segura de todas: rebrotan y se multiplican durante años, incluso en suelo calizo, y ni los topillos ni los conejos los tocan porque son tóxicos para ellos.

Los tulipanes merecen una advertencia climática. Necesitan entre doce y catorce semanas por debajo de 9 °C para que el tallo se alargue correctamente. En Burgos o Segovia eso ocurre solo; en Sevilla, Murcia o Málaga no ocurre nunca, y el resultado es una flor a ras de suelo o directamente ningún vástago. En esas zonas se compran bulbos pre-enfriados, se plantan en diciembre y se asume que son de un solo año: no van a repetir.

Para flor en el propio otoño hay tres bulbosas mediterráneas que se plantan en verano y abren de septiembre a noviembre: Sternbergia lutea (amarilla, como un crocus grande), Amaryllis belladonna y Nerine bowdenii. Y el azafrán, Crocus sativus, que florece a finales de octubre y da la especia.

Aviso de confusión peligrosa. El colchico o quitameriendas (Colchicum autumnale y especies afines) abre en otoño una flor rosa-lila muy parecida a la del azafrán, sin hojas, directamente del suelo. Toda la planta contiene colchicina, un alcaloide de toxicidad grave: la dosis que enferma y la que mata están muy próximas, no existe antídoto y las intoxicaciones por confundir sus flores o sus hojas con las del azafrán o el ajo de oso han sido mortales. Distinguirlos es fácil si se sabe qué mirar: el azafrán tiene tres estambres y un estigma rojo intenso trífido; el colchico tiene seis estambres y estilos amarillentos. Si se cultiva colchico como ornamental —que es una planta preciosa— basta con no recolectar nada de él y tenerlo fuera del alcance de niños y animales.

Vivaces de otoño: el color que llega solo

Un macizo bien planteado tiene su segundo pico en septiembre y octubre, no solo en junio. Las piezas clave son pocas.

Flores de aster de otoño en tonos malva

Los asteres, hoy repartidos entre los géneros Symphyotrichum y Aster, florecen de septiembre a las primeras heladas y son la principal fuente de néctar tardío para abejas y mariposas. Aquí hay una decisión que ahorra disgustos: Symphyotrichum novi-belgii, el aster de Nueva Bélgica, es muy propenso al oídio y termina en septiembre con las hojas bajas blancas y secas. S. novae-angliae y Aster amellus —este último, además, mediterráneo y resistente a la sequía— pasan el verano limpios. Se dividen cada dos o tres años en primavera; una mata vieja se ahueca por el centro y florece la mitad.

El sedum de otoño (Hylotelephium spectabile, antes Sedum spectabile) florece de agosto a octubre y conserva la inflorescencia seca todo el invierno. No se abona: con nitrógeno de más los tallos se ablandan y la mata se abre por el centro con la primera lluvia. Si el suelo es rico, se pinza a media altura a finales de mayo y el problema desaparece.

La anémona de otoño (Anemone hupehensis, A. × hybrida) florece de agosto a octubre en semisombra, donde pocas cosas florecen en esas fechas. Se expande por rizoma y coloniza, cosa que puede ser virtud o problema según el espacio.

Y el crisantemo. Florece porque las noches se alargan, no porque llegue el frío: es una planta de día corto, y ese detalle explica por qué las macetas de noviembre son forzadas en invernadero con oscurecimiento artificial. Las variedades de jardín (Chrysanthemum × morifolium rústicos, y sobre todo los llamados de tipo coreano) son vivaces plenamente resistentes que rebrotan años.

Arbustos de otoño e invierno

La estructura de un jardín en invierno no la sostienen las macetas de temporada, la sostienen los arbustos. Dos grupos: los que ponen color con fruto y los que se atreven a florecer con frío.

Fruto de otoño. El espino de fuego (Pyracantha coccinea, P. angustifolia) cubre la rama de bayas naranjas o rojas de octubre a enero, aguanta calor, cal y sequía, y sus espinas lo convierten en el seto defensivo más eficaz que existe. Detalle de manejo importante: fructifica sobre madera del año anterior, así que una poda de invierno a fondo suprime la cosecha entera de bayas del año siguiente. Se poda ligeramente después de la floración, en junio.

Bayas naranjas de espino de fuego en otoño

Dos cautelas sobre las rosáceas de fruto. Sus bayas no son comestibles: las de Pyracantha y Cotoneaster contienen glucósidos cianogénicos en cantidad baja, y aunque una baya suelta rara vez causa más que molestia digestiva, no son fruta y no deben estar al alcance de un niño que las confunda con grosellas. Y la sanitaria: Pyracantha, Cotoneaster y Crataegus son hospedantes del fuego bacteriano (Erwinia amylovora), organismo de cuarentena en la Unión Europea. Varias comunidades autónomas están declaradas zona protegida y aplican restricciones a la plantación y comercialización de estos géneros; antes de comprar para un seto grande, conviene preguntar en el vivero por la normativa vigente en la zona. Si aparecen ramas con aspecto de quemadas y el extremo curvado en cayado de pastor, se avisa al servicio de sanidad vegetal en lugar de podar por cuenta propia.

Otros arbustos de fruto ornamental: Callicarpa bodinieri 'Profusion', con bayas de un violeta que no parece real y que fructifica mucho mejor plantado en grupo de tres; el madroño (Arbutus unedo), autóctono, que en octubre lleva a la vez la flor blanca del año y el fruto rojo del anterior; y el Cotoneaster lacteus o C. franchetii para setos informales.

Flor en pleno invierno. El durillo (Viburnum tinus) es la elección obvia para el clima ibérico: mediterráneo, indiferente a la cal, resistente a la sequía una vez arraigado, florece de noviembre a abril y luego pone bayas azul metálico. El jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) da flores amarillas sobre rama desnuda de diciembre a febrero y se poda inmediatamente después de florecer, nunca antes. El Chimonanthus praecox tiene una flor discreta y un perfume que cruza el jardín en enero. Las mahonias (Mahonia × media) florecen de noviembre a febrero en sombra, que es donde el problema es más difícil de resolver.

Dos que exigen condiciones concretas antes de comprarlas: Camellia sasanqua —la camelia que florece en otoño, de octubre a diciembre, a diferencia de C. japonica, que abre de enero a abril— necesita suelo ácido, entre pH 5 y 6,5, y riego con agua no calcárea; en la mitad sur y en cualquier zona de agua dura acaba clorótica por mucho que se abone. Y el Hamamelis × intermedia, de flor amarilla o cobriza en enero, quiere suelo ácido, fresco y ambiente húmedo: es un arbusto de cornisa cantábrica y de jardín de montaña, no de secano.

Cuidados que cambian en otoño

Riego. Se reduce, no se suprime. Con la evaporación baja, el sustrato que en agosto se secaba en un día tarda ahora una semana, y mantener la frecuencia de verano encharca la maceta y asfixia la raíz. Se comprueba con el dedo a tres centímetros de profundidad. En cambio, un arbusto recién plantado en noviembre necesita riegos de asiento aunque llueva, porque la lluvia rara vez moja el cepellón entero.

Abonado. Nada de nitrógeno a partir de finales de agosto en arbustos y árboles. Un abonado nitrogenado tardío provoca una brotada tierna en octubre que no lignifica a tiempo, y la primera helada de noviembre la quema entera. Para flor de temporada en maceta sí procede un abono rico en potasio cada dos o tres semanas mientras haya floración activa.

Sanidad. El enemigo del otoño húmedo es la botritis (Botrytis cinerea). Aparece como un moho gris en flores marchitas de pensamientos, prímulas y ciclámenes, y desde ahí salta al tallo. Se previene con dos gestos: no mojar la flor al regar y retirar cada semana lo marchito en lugar de dejarlo pudrirse sobre la mata.

Poda. El calendario manda sobre las ganas. Cualquier arbusto que vaya a florecer en invierno o a comienzos de primavera ya tiene sus yemas formadas en otoño: podar en noviembre un Viburnum tinus, un jazmín de invierno o una forsitia significa cortar la floración del año. Se podan justo después de florecer. Con las vivaces, dejar en pie los tallos secos de aster, sedum, equinácea y gramíneas hasta febrero da estructura al jardín invernal, protege la corona del frío y alimenta a los pájaros.

Ajustes por zona

Litoral mediterráneo y sur. El límite no es el frío, es el calor de octubre y la falta de horas de frío invernal. Se retrasa todo tres o cuatro semanas, se olvidan los tulipanes como planta perenne y se apuesta por bulbosas mediterráneas, alhelí, caléndula y arbustos de secano.

Meseta e interior. Heladas fuertes y suelo que se hiela en superficie. Los bulbos van algo más profundos, se acolcha con corteza o paja alrededor de las vivaces y se eligen pensamientos y violas antes que ciclamen de jardín.

Cornisa cantábrica y Pirineo. Humedad alta todo el otoño: el riesgo es fúngico, no térmico. Aquí sí funcionan camelias, hamamelis, hortensias y prímulas, y hay que espaciar las plantaciones para que corra el aire.

En resumen

Las flores de temporada llenan el hueco, pero la continuidad la dan las vivaces y los arbustos. Plantar en octubre y noviembre, y no en septiembre con calor, marca la diferencia entre una planta que arraiga y otra que se estira. Los bulbos se entierran a dos o tres veces su altura, y los tulipanes solo repiten donde el invierno les da doce semanas por debajo de 9 °C. Aster de las especies resistentes al oídio, sedum sin abonar, durillo, espino de fuego y jazmín de invierno cubren de septiembre a marzo sin trabajo apreciable. Del ciclamen conviene recordar que es planta de frío, no de salón; del Colchicum, que su parecido con el azafrán es peligroso y que de él no se recolecta nada; y de la poda, que cualquier arbusto de flor invernal se toca después de florecer y nunca antes.


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