En Kioto se anotan las fechas de floración del cerezo desde el año 812. Es la serie fenológica continuada más larga que existe sobre ninguna planta, y sirve hoy para medir el calentamiento: el promedio histórico ronda el 17 de abril, y en 2021 la floración plena se registró el 26 de marzo, la más temprana en más de mil doscientos años de anotaciones. Esa obsesión japonesa por la fecha exacta explica buena parte de lo que el sakura significa y también por qué, trasplantado a un jardín español, se comporta de un modo que a menudo desconcierta.

Conviene aclarar de entrada qué planta es. Sakura no designa una especie sino un conjunto de cerezos ornamentales del género Prunus, subgénero Cerasus: sobre todo Prunus serrulata, Prunus × yedoensis, Prunus speciosa, Prunus pendula (el edo-higan), Prunus incisa y Prunus sargentii. Ninguno de ellos da las cerezas que se comen. Esas salen de Prunus avium, que en japonés se llama sakuranbo y es otra cosa.

Cerezo japonés Prunus serrulata en plena floración

Qué carga simbólica lleva realmente la flor

La idea que atraviesa toda la cultura del sakura es el mono no aware: la belleza es conmovedora precisamente porque se acaba. Un cerezo japonés abre, alcanza el mankai (plena floración) en tres o cuatro días y empieza a soltar pétalos casi enseguida. Entre la apertura y la caída pasan siete o diez días si el tiempo acompaña; con una tormenta de por medio, tres. La flor no se marchita en la rama: se desprende entera y en masa, y ese desprendimiento —el hanafubuki, la ventisca de flores— es tan celebrado como la floración misma.

De ahí sale el hanami, la costumbre de sentarse bajo los cerezos a comer y beber mientras dura. Empezó en la corte Heian, en el siglo IX, como pasatiempo aristocrático y acabó siendo una fiesta popular en el periodo Edo. La flor aparece en el reverso de la moneda de 100 yenes, en los emblemas de la policía y en el uniforme escolar.

Hay una capa menos amable que suele omitirse. Durante el militarismo del siglo XX el Estado japonés usó la caída del pétalo como metáfora del soldado que muere joven por el emperador; las unidades de ataque suicida llevaban nombres de cerezo y se plantaron sakuras en los santuarios asociados a la guerra. Es parte de la historia del símbolo, no una anécdota marginal, y hoy sigue habiendo discusión sobre ello en Japón.

Una precisión que se repite mal: Japón no tiene una flor nacional reconocida por ley. Ni el sakura ni el crisantemo lo son formalmente. El crisantemo es el emblema de la Casa Imperial y el cerezo funciona como símbolo popular del país, pero ninguno está declarado oficialmente.

Cuándo florece y por qué la fecha varía tanto

En Japón el frente de floración, el sakura zensen, avanza de suroeste a noreste: Okinawa arranca en enero, Tokio y Kioto entre el 20 de marzo y el 5 de abril, y Hokkaidō no llega hasta primeros de mayo. Que se pueda pronosticar con esa precisión se debe a un detalle botánico: el cultivar dominante, Prunus × yedoensis 'Somei-yoshino', es un clon propagado por injerto desde el siglo XIX. Todos los ejemplares del país son genéticamente el mismo árbol, así que responden al mismo estímulo térmico a la vez. Esa uniformidad es lo que produce la floración sincronizada de las fotos.

En la Península, un cerezo japonés bien situado abre entre finales de marzo y mediados de abril. 'Somei-yoshino' y 'Accolade' van por delante; 'Kanzan', el de flor doble rosa fuerte que se ve en casi todos los viveros, se retrasa hasta la segunda quincena de abril y aguanta algo más porque sus flores dobles resisten mejor el viento. En el norte húmedo —Galicia, cornisa cantábrica, Pirineo— la floración es más limpia y prolongada que en el interior, donde un golpe de calor de 25 °C en abril liquida el espectáculo en cuatro días.

Aquí está el punto que decide si merece la pena plantarlo. Estos cerezos necesitan acumular frío invernal para romper la dormancia de las yemas: del orden de 800 a 1.200 horas por debajo de 7 °C, según el cultivar. En el litoral mediterráneo cálido, en el valle del Guadalquivir bajo, en Murcia, Almería o Canarias ese frío no se acumula. El árbol no muere: florece mal. Abre unas pocas flores dispersas a lo largo de semanas, brota tarde y desigual, la copa se ve rala y el efecto de nube blanca no llega nunca. Es un fracaso lento que se suele achacar al riego o al abono cuando la causa es climática y no tiene arreglo.

Cerezos que no son sakura y se confunden

El Valle del Jerte florece con Prunus avium, cerezo de fruto, en variedades como 'Picota'. Son más de un millón y medio de árboles y el espectáculo es real, pero botánica y culturalmente no tiene relación con el sakura: la flor es blanca y simple, en umbelas, y detrás viene una cosecha. La Quinta de los Molinos de Madrid, que llena las redes cada primavera de fotos etiquetadas como cerezos, es un almendral: Prunus dulcis, floración rosa pálido a blanco entre finales de enero y febrero, casi dos meses antes.

Distinguirlos en la rama es sencillo. El almendro abre en madera desnuda muy pronto y sus flores tienen anteras amarillas prominentes; el cerezo de fruto lleva pedúnculos largos y florece con las hojas casi asomando; el cerezo japonés ornamental suele tener flor doble (muchos pétalos, sin estambres funcionales) y hojas jóvenes bronceadas o rojizas que salen a la vez que la flor. 'Kanzan' es estéril y no fructifica: si quiere cerezas, este no es el árbol.

Flores de sakura abiertas en primavera

Cuánto vive un cerezo japonés

La respuesta depende por completo de qué cerezo sea y de si está injertado.

Un ornamental de vivero injertado sobre patrón —lo que se compra en un garden— tiene una vida útil en jardín de 30 a 50 años. 'Kanzan' empieza a decaer con frecuencia entre los 25 y los 40: la madera se abre, entran hongos de pudrición y la copa se aclara. 'Somei-yoshino' arrastra en Japón la llamada "teoría de los 60 años", la observación de que las alineaciones plantadas a la vez entran en declive hacia esa edad y hay que reponerlas. No es una ley biológica, pero refleja lo que le pasa a un clon propagado por injerto y plantado en suelo urbano compactado.

Las especies silvestres son otro mundo. Prunus pendula f. ascendens, el edo-higan, es el cerezo longevo por excelencia: el Jindai-zakura de Yamanashi se estima en 1.800 a 2.000 años, el Miharu Takizakura ronda los mil y el Usuzumi-zakura anda por cifras parecidas. Son árboles apuntalados, tutorados y tratados como monumentos, pero demuestran que el género da para milenios cuando el pie es de semilla y el suelo lo permite.

Cultivarlo aquí sin arruinarlo

Suelo. Es lo que más condiciona el resultado. Quiere tierra profunda, suelta y con drenaje franco; el encharcamiento en invierno le provoca asfixia radicular y podredumbre del cuello. En los suelos calizos de medio país aparece clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes, brotación corta, flor escasa. Se mitiga eligiendo patrón tolerante a la caliza —los del grupo Santa Lucía, Prunus mahaleb, aguantan pH alto mucho mejor que Prunus avium— y preguntando por ello en el vivero antes de comprar, no después. Corregir la clorosis a base de quelatos de hierro año tras año es poner un parche caro y permanente.

Plantación. A raíz desnuda entre noviembre y febrero, en contenedor preferiblemente en otoño para que enraíce antes del calor. El punto de injerto, ese engrosamiento a media caña, debe quedar por encima del nivel del suelo: enterrarlo invita a que la variedad emita sus propias raíces y a que entren podredumbres. Sol pleno o media sombra ligera. Y espacio: 'Kanzan' alcanza 8-10 m de copa. Para un patio, 'Amanogawa' es columnar y no pasa de 2-3 m de ancho.

Riego. No es un árbol mediterráneo ni resiste sequía. Los tres primeros veranos necesita riegos abundantes y espaciados —mojar en profundidad cada 7-10 días— antes que salpicaduras diarias. Sus raíces son superficiales, así que nada de cavar bajo la copa; mejor un acolchado de corteza o astilla dejando libre el cuello.

Poda. Aquí hay que corregir una costumbre muy extendida entre jardineros peninsulares, acostumbrados a podar el frutal en invierno. Un proverbio japonés lo resume: sakura kiru baka, ume kiranu baka, "necio el que poda el cerezo, necio el que no poda el ciruelo". Los Prunus cicatrizan mal, gomean por el corte y esa herida es la puerta de entrada del plateado (Chondrostereum purpureum) y de los chancros. Un cerezo japonés bien plantado no necesita poda de formación más allá de eliminar ramas cruzadas o rotas los primeros años. Si hay que quitar algo, se hace en verano seco, entre julio y agosto, con corte limpio en el collar y nunca en invierno lluvioso. Podarlo en enero es la forma habitual de matarlo en cinco años.

Rebrotes del patrón. Los chupones que salen del suelo o por debajo del injerto son del portainjertos, no de la variedad, y si se dejan acaban dominando. Se arrancan de un tirón desde la base cuando están tiernos; cortarlos con tijera multiplica las yemas.

Problemas que verá y qué hacer

Pulgón negro del cerezo (Myzus cerasi). Enrolla y ennegrece las hojas de las puntas en abril y mayo. En un árbol adulto es estético y se resuelve solo cuando llegan los auxiliares; en un árbol joven conviene intervenir con jabón potásico al detectar las primeras colonias, tratando el envés.

Monilia (Monilinia laxa). Primaveras lluviosas durante la floración: las flores se pardean y quedan colgando secas, y el hongo sigue hacia el ramillo formando un chancro con goma. Se recortan los brotes afectados por debajo de la lesión, en tiempo seco, y se retiran del jardín.

Gomosis bacteriana (Pseudomonas syringae pv. morsprunorum). Exudados ambarinos en tronco y ramas, típicos tras heridas de poda invernal o heladas. No hay cura química doméstica; se evita no hiriendo el árbol en invierno.

Plateado. Las hojas de una rama toman un brillo metálico y el ramo termina muriendo. Se corta la rama bastante por debajo de la zona afectada, en verano, y se saca la madera del jardín.

Un apunte sanitario: Xylella fastidiosa afecta a Prunus y en España hay zonas demarcadas con restricciones al movimiento de planta. Compre siempre con pasaporte fitosanitario y en vivero registrado, y no traiga esquejes ni plantones de fuera por su cuenta.

Toxicidad: lo que hay que saber

Como todo el género, el cerezo japonés contiene glucósidos cianogénicos (prunasina, amigdalina) en hojas, corteza y semillas. La flor abierta no plantea problema y estar debajo del árbol es inofensivo. El riesgo real es para animales de pastoreo —caballos, cabras, ovejas, vacas— y se concentra en las hojas marchitas: al ajarse tras una poda o un vendaval liberan cianuro con mucha más facilidad que las frescas. Si tiene animales, retire del cercado los restos de poda de cualquier Prunus en lugar de dejarlos secar allí. Para perros y gatos el peligro práctico es bajo, pero no deja de ser motivo para no dejar montones de ramas cortadas al alcance.

Cultivares que funcionan en jardín español

Prunus serrulata 'Kanzan': flor doble rosa intensa, hoja nueva bronceada, porte en copa de vaso invertido, 8-10 m. El más disponible y el más agradecido en clima continental templado.

'Amanogawa': columnar estricto, flor rosa pálido semidoble y perfumada. Para patios, medianeras y alineaciones estrechas.

'Shirotae' ('Mount Fuji'): flor blanca grande, semidoble, ramas horizontales muy abiertas. Necesita anchura.

'Ukon': pétalos de un amarillo verdoso poco común, buen color otoñal.

Prunus × subhirtella 'Autumnalis': abre a golpes desde noviembre hasta marzo, aprovechando cada tregua templada del invierno. En el sur peninsular, donde falta frío para los demás, es de los pocos que sí cumplen.

Prunus sargentii: flor rosa simple y, sobre todo, el mejor color de otoño del grupo, rojo escarlata intenso. Prefiere clima fresco.

En resumen

El sakura no es una especie sino una familia de cerezos ornamentales japoneses, encabezada por Prunus serrulata y Prunus × yedoensis, que no dan cerezas comestibles y cuyo valor está en una floración corta —entre siete y diez días— convertida en símbolo de la impermanencia. En España abre entre finales de marzo y mediados de abril según cultivar y altitud, y solo cuaja bien donde el invierno acumula frío suficiente: en el litoral cálido, Murcia, Almería o Canarias florece de forma dispersa y decepcionante, y el remedio pasa por elegir 'Autumnalis' en lugar de insistir con 'Kanzan'. Injertado dura entre 30 y 50 años en un jardín; los edo-higan silvestres de Japón llegan al millar. Y si solo se retiene una cosa práctica: no lo pode en invierno. Suelo drenado, patrón tolerante a la caliza si su tierra lo es, injerto por encima del suelo, riego serio los tres primeros veranos y la tijera guardada.


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