El cedro de China no es un cedro. No es conífera, no tiene agujas, no es pariente ni de lejos del cedro del Líbano ni del deodara, y pierde toda la hoja cada invierno. Es un árbol de hoja caduca y hoja compuesta, de la familia de la caoba, cuyo nombre común español arrastra un despiste de traducción que vale la pena deshacer antes de seguir, porque condiciona todo lo demás: dónde plantarlo, qué esperar de él y con qué otra especie puedes confundirlo.
Nombre correcto y parentesco real
El nombre científico válido hoy es Toona sinensis (A. Juss.) M. Roem. Durante mucho tiempo se llamó Cedrela sinensis, y así sigue apareciendo en muchos viveros, etiquetas y catálogos españoles, de modo que si lo buscas conviene tener las dos denominaciones en la cabeza. Pertenece a las meliáceas, la familia de la caoba (Swietenia), del cinamomo (Melia azedarach) y del nim (Azadirachta indica). De ahí que en inglés se le llame Chinese mahogany, caoba china, por el color rojizo de su madera.
Tampoco hay que mezclarlo con Cedrela odorata, el cedro rojo americano, un árbol tropical incluido en el Apéndice II de CITES y sin ninguna posibilidad de cultivo al aire libre en la Península. Son géneros distintos dentro de la misma familia.
Su área natural cubre buena parte de China, Corea, Nepal y el norte de la India, en bosques templados de montaña media. Eso explica su rusticidad: no es un árbol subtropical delicado, sino uno acostumbrado a inviernos con heladas serias.
Descripción: qué árbol tendrás dentro de quince años
Porte. En su hábitat llega a 20-25 metros. En jardín español, con espacio y agua, se queda habitualmente en 8-15 metros, con un tronco recto y una copa abierta, poco densa, de ramas ascendentes. Crece a razón de 40-60 cm al año en su juventud, un ritmo cómodo: ni desespera ni se te va de las manos en cinco años.
Hoja. Es lo más llamativo. Compuesta, paripinnada o imparipinnada, de 30 a 70 cm de longitud, con diez a veinte pares de folíolos lanceolados de borde entero o levemente aserrado. Una hoja sola parece una rama entera. Al aplastarla desprende un olor resinoso, entre cebolla y especia, que no se parece a nada más del jardín.
Brotación primaveral. Aquí está el argumento ornamental. Los brotes nuevos salen de un rosa asalmonado o cobrizo encendido que dura varias semanas antes de virar a crema y luego a verde. En la variedad 'Flamingo', la que se vende en España como planta ornamental, ese rosa es espectacular y cubre todo el árbol.
Conviene matizar un dato que circula mucho: el rojo del cedro de China es de primavera, no de otoño. En octubre y noviembre las hojas viran a amarillo dorado y ámbar, a veces con matices bronce, y caen pronto. Es un otoño bonito, pero quien lo compra esperando un arce japonés en noviembre se lleva un chasco. El fuego está en abril y mayo.
Flor y fruto. En ejemplares adultos, panículas colgantes de hasta 30 cm con florecillas blanco crema y perfumadas, en junio o julio, muy visitadas por abejas. El fruto es una cápsula leñosa que se abre en cinco valvas y libera semillas aladas. No es un sámara como el del ailanto: ojo con esto, porque es uno de los caracteres que separan a ambos árboles.
Corteza. Gris parduzca, lisa de joven, que con los años se desprende en tiras longitudinales largas y deja ver tonos rojizos. En invierno, sin hojas, es lo que sostiene el interés del árbol.
El parecido con el ailanto y por qué importa de verdad
De lejos, Toona sinensis y el ailanto (Ailanthus altissima) se parecen mucho: los dos son caducos, los dos tienen hojas pinnadas gigantescas y los dos rebrotan de raíz. Distinguirlos no es un capricho de botánico. El ailanto figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), lo que significa que su plantación, comercio y posesión están prohibidos. Si aparece un plantón espontáneo en tu jardín y lo dejas crecer porque «parece el cedro chino», en tres años tendrás un problema legal y ecológico, no un árbol ornamental.
Las diferencias, folíolo en mano:
El ailanto lleva en la base de cada folíolo uno o dos dientes gruesos rematados por una glándula redondeada, visible a simple vista; el resto del margen va liso. Toona no tiene esas glándulas basales: su borde es entero o finamente aserrado de manera uniforme.
El olor al estrujar la hoja resuelve la duda en un segundo. El ailanto huele a rancio, desagradable, a cacahuete pasado. La Toona huele a cebolla resinosa, un olor limpio y apetitoso.
En fruto, el ailanto produce racimos densos de sámaras con la semilla en el centro de un ala retorcida, que en verano se tiñen de rojo anaranjado y son visibles a distancia. La Toona hace cápsulas leñosas pardas y erectas.
Y en brotación, los brotes nuevos del ailanto son verdes o bronce oscuro, nunca ese rosa asalmonado del cedro de China.
Los brotes tiernos son comestibles, y esto añade un motivo para no equivocarse
En China, los brotes tiernos de Toona sinensis —xiang chun— son una hortaliza tradicional de primavera que se consume siempre cocinada, escaldada antes de saltear o de conservar. Es prácticamente la única meliácea que se come: el resto de la familia produce limonoides amargos y poco recomendables.
Dos advertencias sobrias. La primera: los brotes acumulan nitratos y nitritos, tanto más cuanto más viejos y grandes, y el escaldado breve en agua hirviendo es justamente lo que reduce ese contenido; no es un paso decorativo de la receta tradicional. La segunda, la importante: los brotes tiernos del ailanto no son comestibles. Su savia es irritante y se le atribuyen dermatitis de contacto y cuadros de malestar. Si vas a recolectar brotes, la identificación tiene que ser certera —hoja, olor, fruto—, no aproximada.
Rusticidad y clima: dónde funciona en España
Un ejemplar establecido resiste sin daños entre -20 y -25 °C, así que el frío no es una limitación en ninguna zona peninsular, ni siquiera en el páramo castellano o en el Pirineo prepirenaico. Los ejemplares de uno o dos años sí son más sensibles y agradecen protección en el cuello durante su primer invierno.
Tiene además una virtud que se nota en las zonas con heladas tardías: brota tarde, ya bien entrado abril o incluso en mayo. Cuando el frío de Semana Santa arrasa la brotación de las higueras y los nogales, la Toona ni se ha despertado. En compensación, entra en reposo pronto y en noviembre ya está desnuda.
El punto débil no es el invierno sino el verano interior. La brotación rosa de 'Flamingo' está formada por hojas finas y con poca clorofila, y se quema con facilidad cuando coinciden sol vertical, más de 35 °C y viento seco. En Madrid, Zaragoza, Córdoba o Albacete conviene situarlo donde reciba sol de mañana y algo de sombra o filtro a mediodía en pleno julio, o al abrigo de un muro que no reverbere. En el norte y en el litoral atlántico admite pleno sol sin problema.
Suelo, riego y plantación
Suelo. Es poco exigente y bastante más tolerante a la caliza que muchos árboles ornamentales de moda: se defiende bien entre pH 6 y 8. Lo que sí pide es profundidad y drenaje. Sobre suelo compactado y encharcadizo languidece y acaba con podredumbre de raíz.
Plantación. De noviembre a marzo si va a raíz desnuda; en contenedor, en otoño preferentemente, para que enraíce antes del calor. Hoyo amplio, sin enterrar el cuello y sin abono fresco en contacto con la raíz.
Riego. Los tres primeros veranos, riego regular y profundo, semanal en el interior. Después es moderadamente resistente a la sequía, pero no es un árbol mediterráneo: en Madrid o en el valle del Guadalquivir seguirá necesitando dos o tres riegos abundantes en pleno verano para no quemar las hojas y mantener la copa.
Abonado. Materia orgánica en superficie en otoño y poco más. Un exceso de nitrógeno alarga los brotes, los vuelve blandos y aumenta el rebrote de raíz, que es precisamente lo que no interesa.
El rebrote de raíz: piénsalo antes de elegir el sitio
Esta es la característica que decide si el árbol te va a gustar dentro de diez años. Toona sinensis emite chupones desde las raíces, a metros del tronco, y lo hace con más intensidad cuando esas raíces se dañan. Pasar el motocultor bajo la copa, abrir una zanja para una tubería, escarificar el césped agresivamente o —sobre todo— talar el árbol dejando el tocón, dispara una corona de rebrotes que sale por todas partes durante años.
De ahí tres decisiones prácticas. Plántalo lejos de céspedes finos, huertos y pavimentos, con seis u ocho metros de margen respecto a cimentaciones. Mantén el alcorque acolchado y no lo laborees. Y si algún día decides quitarlo, hay que destoconar, no simplemente cortarlo a ras.
Ese mismo defecto tiene su lado útil: es la vía más sencilla de multiplicarlo. Un chupón con raíz separado en invierno arranca sin más.
Poda: árbol o mata de color
Hay dos maneras legítimas de cultivarlo y conviene decidir cuál desde el principio.
Como árbol. Formación mínima: elegir una guía, ir realzando ramas bajas durante los primeros años y suprimir cruces y ramas mal insertadas. Se poda a finales de invierno, con el árbol parado. Después, casi nada.
Como mata de brotación. Con 'Flamingo' funciona muy bien el recepado: cortar cada febrero a 30-60 cm del suelo, igual que se hace con Cotinus o Catalpa. El resultado es una mata de dos o tres metros con hojas mucho más grandes y un rosa más intenso y prolongado, porque los brotes vigorosos de rebrote mantienen la coloración juvenil más tiempo. Renuncias al árbol y a la floración, pero ganas color. Ojo: el recepado repetido estimula todavía más los chupones de raíz.
Una precaución con las plantas injertadas. 'Flamingo' no viene fiel de semilla, así que se propaga por vía vegetativa y a veces se injerta sobre pie de Toona sinensis tipo. En esos ejemplares aparecen brotes de pie con la brotación verde en lugar de rosa; hay que eliminarlos en cuanto se detecten, porque son más vigorosos que la variedad y terminan comiéndosela.
Multiplicación
Por chupón o por esqueje de raíz, que es lo más agradecido: en pleno invierno se desentierran trozos de raíz del grosor de un lápiz y unos 8-10 cm, se colocan horizontales en bandeja con sustrato arenoso, se cubren con dos centímetros y se mantienen frescos hasta que brotan en primavera.
Por semilla, para obtener la especie tipo. Las semillas aladas se recogen de las cápsulas al abrirse en otoño, se les da un mes de frío húmedo a 4 °C y se siembran en primavera en sustrato ligero. Germinan bien; los plantones crecen deprisa y agradecen protección el primer invierno.
Plagas y problemas
Es un árbol notablemente sano en España. Puede sufrir cochinillas en ramillas y envés en ejemplares estresados o poco ventilados, tratables con aceite de parafina en invierno. En suelos encharcados aparecen podredumbres radiculares, que son la principal causa de muerte de ejemplares jóvenes. Y en veranos secos y ventosos, el quemado de bordes de hoja, que no es una enfermedad sino falta de agua y exceso de evaporación: se corrige con riego y acolchado, no con fungicidas.
En resumen
El cedro de China es en realidad Toona sinensis, antes Cedrela sinensis, un árbol caducifolio de la familia de la caoba, sin ninguna relación con los cedros verdaderos. Alcanza 8-15 metros en jardín, luce hojas pinnadas de hasta 70 cm y ofrece su mejor momento en primavera, cuando brota en rosa asalmonado —espectacular en la variedad 'Flamingo'—; en otoño amarillea en tonos dorados, sin rojos.
Aguanta hasta -20/-25 °C, brota tarde y esquiva las heladas de abril, tolera suelos calizos y necesita sobre todo suelo profundo, buen drenaje y riego los primeros veranos. En el interior peninsular protege la brotación tierna del sol de mediodía en julio.
Su inconveniente serio es el rebrote de raíz: elige un emplazamiento alejado de césped, huerto y pavimentos, no remuevas el suelo bajo la copa y, si un día lo retiras, destocona. Y aprende a diferenciarlo del ailanto —glándulas en la base del folíolo, olor rancio y sámaras rojizas en este último—, porque el ailanto está catalogado como invasor en España y sus brotes, a diferencia de los del cedro de China, no se comen.