Cualquiera que haya conducido por el norte de España en mayo ha visto laderas enteras teñidas de amarillo. Ese arbusto es la retama negra, y a pesar de ser una planta nativa, espectacular en flor y prácticamente indestructible, casi nunca se plantea para el jardín. Merece la pena reconsiderarlo, sabiendo también lo que no hace bien.

Origen y características

Cytisus scoparius (L.) Link, conocida como retama negra, retama de escobas, escoba negra o hiniesta, es un arbusto de la familia de las leguminosas nativo de Europa occidental y central. En la Península es común en toda la mitad norte y oeste —Galicia, cordillera Cantábrica, Sistema Central, Sistema Ibérico, Extremadura, norte de Portugal— en suelos ácidos y silíceos, formando parte de brezales, matorrales de sustitución y linderos de bosque.

Es un arbusto de 1 a 3 metros, de porte erecto y ramas largas, flexibles y verdes, con marcadas costillas longitudinales. Ese detalle de las ramas verdes no es anecdótico: la retama fotosintetiza con el tallo. Es una adaptación al verano seco mediterráneo, que le permite prescindir de buena parte de la hoja en la época de estrés hídrico. De hecho las hojas son pequeñas, trifoliadas en las ramas jóvenes, simples en las viejas, y se caen en verano, de modo que la planta sigue verde aunque esté sin hojas.

La flor es la típica papilionácea de las leguminosas, amarilla intensa —dorada, casi azufre—, de 2 cm, solitaria o en pares en las axilas, y cubre las ramas por completo. Florece entre abril y junio según altitud, con el pico en mayo. Su mecanismo de polinización es notable: la flor está "cargada" como un muelle y, cuando un abejorro de peso suficiente se posa, se dispara y el estilo golpea al insecto espolvoreándolo de polen. Cada flor solo se dispara una vez.

El fruto es una legumbre plana de 3-5 cm que madura a negro y se seca al sol. En los días calurosos de julio la vaina se retuerce y estalla con un chasquido audible, lanzando las semillas a varios metros. Es una dispersión balística que explica en parte su capacidad de colonización.

Bajo tierra hay otro rasgo clave: como leguminosa, sus raíces establecen simbiosis con bacterias del género Bradyrhizobium que fijan nitrógeno atmosférico. Por eso vive en suelos que otras plantas no toleran, por eso apenas necesita abono, y por eso enriquece el terreno donde crece.

Cytisus scoparius cubierto de flores amarillas en primavera

Antes de plantarla: dos advertencias

Es tóxica. Contiene alcaloides quinolizidínicos, principalmente esparteína —cuyo nombre viene precisamente de esta planta— y también citisina y genisteína. La esparteína es un antiarrítmico y oxitócico potente que actúa sobre el corazón y el músculo uterino. La ingestión de flores, semillas o ramas puede provocar vómitos, mareo, alteraciones del ritmo cardíaco, hipotensión y, en dosis altas, parálisis respiratoria. Las semillas son la parte más concentrada.

Es invasora fuera de su área. En Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda y Chile figura entre las plantas invasoras más problemáticas: sus semillas conservan la viabilidad en el suelo durante décadas, rebrota tras el fuego y forma masas impenetrables. En España es nativa y no se comporta así en su medio natural, pero conviene ser consciente de su potencial reproductivo y no introducirla en zonas calizas del sur o en espacios naturales donde no forme parte de la vegetación local.

Hay un tercer punto menos grave pero práctico: donde abunda, la retama es combustible de primer orden por su ramaje fino y seco y su alto contenido en aceites. No es una planta para plantar pegada a la casa en zona de riesgo de incendio.

Cuidados del Cytisus scoparius

Ubicación

Pleno sol y nada más. Es una planta heliófila estricta de matorral abierto: en sombra o media sombra se estira, ramifica mal y florece de forma testimonial. Resiste bien el viento gracias a sus ramas flexibles, e incluso la brisa marina moderada, lo que la hace útil en taludes expuestos, jardines costeros del norte y zonas de montaña media.

Tierra

Aquí está la clave del éxito o el fracaso. La retama negra es calcífuga: quiere suelos ácidos o neutros, de pH 5 a 6,5, sueltos, arenosos, pedregosos y pobres. En suelos calizos con pH por encima de 7,5 amarillea por clorosis férrica y languidece. En Galicia, Asturias, Cantabria, la sierra madrileña o el norte de Extremadura crece sin más; en La Mancha, el valle del Ebro o el sureste hay que cultivarla en maceta con sustrato ácido, y aun así se comportará peor.

Lo que no tolera en ningún caso es el encharcamiento ni el suelo arcilloso compactado. El drenaje es innegociable.

Un consejo contraintuitivo: no enriquezcas el hoyo de plantación con compost ni estiércol. Un suelo demasiado fértil produce una planta exuberante, blanda, con poca flor y vida corta. La retama da su mejor versión en terreno mediocre.

Riego

Muy poco. Durante el primer año conviene regar cada 10-15 días en verano para que arraigue. A partir del segundo, una retama establecida no necesita riego alguno en toda la mitad norte peninsular, y como mucho un riego profundo esporádico en agostos extremos en el interior.

El exceso de agua la mata mucho más rápido que la sequía. Buena parte de las retamas que se pierden en jardines lo hacen por riego automático de césped: raíz saturada, asfixia y podredumbre.

Abonado

Ninguno, o casi. Fija su propio nitrógeno mediante bacterias simbióticas, de modo que el abono nitrogenado le sobra y le perjudica: produce crecimiento vegetativo desmedido a costa de la floración y debilita la estructura. Si acaso, en maceta, un aporte muy ligero de abono para plantas acidófilas al inicio de la primavera. En tierra, nada.

Poda

Es el cuidado que más determina la longevidad de la planta, y también el que más se hace mal.

La regla es la misma que en el ciprés y por el mismo motivo: la retama no rebrota bien de madera vieja. Si cortas sobre la madera gris y leñosa de la base, no habrá rebrote y quedará un muñón muerto.

Lo correcto es podar inmediatamente después de la floración, a finales de junio o julio, recortando los tallos que han florecido en torno a un tercio o la mitad, siempre sobre madera verde del año. Esto hace tres cosas: mantiene la mata compacta en vez de dejar que se abra y se desguarnezca, evita que agote sus reservas produciendo miles de semillas, y estimula la brotación que dará la flor del año siguiente.

Si no se poda, la retama se comporta como lo que es: un arbusto de vida corta que se hace leñoso, se abre por el centro y decae en ocho o diez años. Con poda anual disciplinada se puede alargar bastante ese ciclo, aunque conviene asumir que no es una planta para toda la vida y prever su reposición.

Nunca la podes a finales de invierno o en primavera: te llevarás por delante toda la floración.

Multiplicación

Por semilla es lo más sencillo. Se recogen las vainas maduras antes de que estallen, en julio, y se siembran en otoño o primavera. La semilla tiene cubierta dura e impermeable, así que necesita escarificación: lo habitual es escaldarla, echando agua muy caliente sobre las semillas y dejándolas 24 horas en remojo hasta que se hinchen. Las que floten, se descartan. También sirve lijar ligeramente la cubierta. Sin este paso la germinación es errática y muy lenta.

Por esqueje semileñoso en verano, tomando ramillas de 10-12 cm con talón, con hormona de enraizamiento y en sustrato arenoso a la sombra. Es la vía obligada para los cultivares de color, que no se reproducen fieles de semilla.

Nunca por trasplante de ejemplares silvestres. La retama tiene raíz pivotante profunda y odia que se le toque; un ejemplar arrancado del campo casi con seguridad muere.

Época de plantación

Otoño, de octubre a noviembre, es lo ideal en clima mediterráneo: la planta aprovecha las lluvias y el invierno suave para enraizar antes del primer verano. En zonas de heladas fuertes, mejor a finales del invierno, en febrero o marzo.

Cómprala siempre en contenedor y de tamaño pequeño. Este es un punto importante: los ejemplares grandes de retama se establecen mucho peor que los pequeños, precisamente por esa raíz pivotante que sufre en maceta. Una planta de un litro alcanzará y superará en tres años a otra de cinco litros plantada al mismo tiempo. Manipula el cepellón lo mínimo posible y no lo deshagas.

Rusticidad

Excelente. Aguanta hasta −20 °C sin daño, lo que la hace apta para toda la España interior y de montaña. Tolera peor el calor seco extremo prolongado del sur, donde en suelo calizo simplemente no es su sitio. Rebrota vigorosamente tras el fuego, adaptación propia de su ecología.

Usos ornamentales

Su mejor papel es en jardines naturalistas, taludes y xerojardinería de suelo ácido. Fija el terreno en pendientes gracias a su raíz profunda, no pide riego ni abono, y mejora el suelo aportando nitrógeno, lo que la convierte en planta pionera útil para recuperar terrenos degradados.

Como planta de flor, la masa amarilla de mayo no la iguala casi nada. Combina bien con brezos, lavandas de suelo ácido, Genista y gramíneas. Es además una excelente planta melífera y refugio de fauna: los abejorros la visitan en masa y numerosas aves anidan en su ramaje denso.

En el comercio hay cultivares e híbridos con colores mucho más variados que la especie: 'Andreanus', amarillo con la quilla roja intensa; 'Burkwoodii', rojo cereza; 'Lena', rojo y amarillo, de porte compacto; 'Killiney Red'; y series enanas de 50-70 cm aptas para maceta y jardineras. Los compactos son la opción más razonable para un jardín pequeño, porque envejecen mejor.

Y hay un uso tradicional que explica su nombre: sus ramas largas y flexibles se han empleado durante siglos para fabricar escobas —de ahí scoparius, "de escoba"—, además de para techar chozas, hacer cestos rústicos y como cama de ganado.

Uso medicinal: lo que se puede decir con honestidad

La retama negra tiene una historia farmacológica real, no folclórica. La esparteína aislada de esta planta se usó en medicina durante el siglo XX como antiarrítmico cardíaco y como oxitócico para estimular las contracciones en el parto. Fue un fármaco de uso hospitalario común, retirado después por su estrecho margen terapéutico y sus efectos adversos.

Esa historia es exactamente el motivo por el que no debe usarse en casa. Una planta cuyo principio activo se administraba bajo control médico por su acción sobre el ritmo cardíaco y el útero no es candidata a infusiones caseras. La concentración de alcaloides varía enormemente según la parte de la planta, la época y el ejemplar, así que no hay forma de dosificar. Está absolutamente contraindicada en embarazo —puede provocar contracciones y aborto—, en personas con hipertensión, con cardiopatías o en tratamiento con antiarrítmicos o antihipertensivos.

Las flores se han empleado también en tintorería para obtener amarillos, y en algunos sitios se han conservado en salmuera como sucedáneo de alcaparras, práctica que hoy no tiene ningún sentido recomendar dada su toxicidad.

En resumen

El Cytisus scoparius es un arbusto nativo de 1-3 metros que se cubre de flores amarillas en mayo, fija nitrógeno, resiste hasta −20 °C y no necesita ni riego ni abono una vez establecido. Sus dos condiciones son innegociables: pleno sol y suelo ácido, pobre y bien drenado —en terreno calizo no es su sitio—. Plántala en otoño, en ejemplar pequeño y sin tocar el cepellón, y pódala cada año justo después de florecer, siempre sobre madera verde, porque de la madera vieja no rebrota y sin poda decae en menos de diez años. Ten presente que es tóxica por su contenido en esparteína, sin uso medicinal doméstico posible, y que fuera de su área de origen se comporta como invasora agresiva.


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