Corta una escoba por la madera vieja y no rebrota. Ni ese año ni nunca. Con esa frase por delante se entiende casi todo lo que hay que saber sobre el género Cytisus: son arbustos durísimos para el frío, la sequía y la pobreza del suelo, y a la vez frágiles ante dos cosas muy concretas, la tijera mal usada y el agua estancada.

Bajo este género se agrupan unas cuarenta especies de leguminosas europeas, norteafricanas y macaronésicas, muchas de ellas ibéricas. En castellano se llaman escobas, escobones, retamas de escobas, piornos, hiniestas o xestas según la comarca, y esa maraña de nombres populares es la primera fuente de errores de compra.

Arbusto de Cytisus scoparius cubierto de flores amarillas

Cómo reconocer un Cytisus

Pertenecen a la tribu Genisteae, dentro de las Fabáceas, junto a Genista, Spartium, Retama, Ulex o Adenocarpus. Todas comparten el mismo aire: arbustos de tallos verdes y estriados que fotosintetizan por la corteza, hojas trifoliadas pequeñas y caducas, flores papilionadas amarillas o blancas y frutos en legumbre.

Las señas propias de Cytisus:

Sin espinas. Si la mata pincha, estás ante Ulex (tojo, aulaga), Genista espinosa o Echinospartum, no ante un Cytisus.

Tallos angulosos o estriados, nunca cilíndricos y juncoformes. La gayomba, Spartium junceum, tiene tallos redondos como juncos y flores mucho más grandes y perfumadas, agrupadas en racimos terminales laxos. Se confunde constantemente con la escoba negra y no es lo mismo.

Semillas con estrofíolo. Es el carácter que usan las claves botánicas para separar Cytisus de Genista: la semilla lleva un pequeño apéndice carnoso y claro junto al hilo. Se ve con lupa y es concluyente cuando la flor ya ha pasado.

Otro punto que conviene fijar: retama no es sinónimo de escoba. Retama es un género distinto —Retama sphaerocarpa, la retama amarilla de nuestros secarrales, o Retama monosperma, la retama blanca de las dunas atlánticas—, con tallos colgantes finos, flores mucho más pequeñas y frutos con una sola semilla. Que en media España se llame "retama" a un Cytisus scoparius es costumbre, no botánica.

Las especies que verás en España

Cytisus scoparius (escoba negra, xesta negra). La más extendida en la mitad norte peninsular, sobre suelos ácidos. Hasta 2 o 3 m, tallos verde intenso con cinco costillas marcadas, flores amarillo oro solitarias o por parejas en mayo y junio. Sus legumbres, planas y negras al madurar, se abren con un estallido audible en las tardes secas de verano. Ojo con ella fuera de aquí: es invasora seria en Chile, Australia, Nueva Zelanda y el noroeste de Estados Unidos, precisamente por esa combinación de semilla dura, longeva y proyectada a distancia.

Cytisus multiflorus (escoba blanca). Endemismo del oeste ibérico, abundantísimo en Salamanca, Zamora, Cáceres y Portugal. Flores blancas pequeñas y numerosísimas que cubren la planta en abril y mayo. Es de las más tolerantes a la sequía estival y una de las mejores opciones para jardines secos del interior, donde crea una masa blanca muy vistosa contra el verde grisáceo de las encinas.

Cytisus striatus (escoba amarilla, xesta). Muy parecida a scoparius y frecuente en el noroeste. La forma de distinguirlas es el fruto: en striatus la legumbre es hinchada y está cubierta de pelo sedoso por toda la superficie; en scoparius es plana y solo lleva pelos en los bordes. Con la legumbre en la mano no hay duda posible.

Cytisus grandiflorus (escobón, hiniesta). Del suroeste peninsular, con flores amarillas notablemente más grandes que las de sus parientes. Buena elección si buscas impacto floral en Andalucía occidental o Extremadura.

Cytisus villosus (escobón peludo, antes C. triflorus). Mediterránea, de hojas más persistentes y visibles, flores en grupos de dos o tres y porte más frondoso. Vive en el sotobosque de alcornocales y quejigares, así que es la única del grupo que acepta con gusto media sombra.

Cytisus oromediterraneus (piorno serrano). La de alta montaña, almohadillada, en Gredos, Guadarrama, Sierra Nevada o el Sistema Ibérico por encima de 1.400 m. En bibliografía antigua figura como C. purgans.

En vivero, además, encontrarás híbridos de jardín: Cytisus × praecox, de flor crema o amarillo pálido y porte redondeado de poco más de un metro, con cultivares como 'Allgold' o 'Warminster'; y Cytisus × kewensis, casi rastrero, magnífico para caer sobre un muro bajo. Ambos se multiplican por esqueje porque su semilla no reproduce la planta madre.

Cytisus multiflorus, la escoba blanca del oeste peninsular

Cuidado con dos plantas que llevan etiqueta de Cytisus sin serlo

Esa maceta que aparece en los supermercados en febrero, cubierta de flores amarillas diminutas y con un olor dulzón muy fuerte, casi siempre está rotulada como Cytisus racemosus o Cytisus canariensis. Botánicamente es Genista × spachiana, un híbrido de origen canario. La consecuencia práctica para el comprador es directa: se ha cultivado forzada en invernadero, florece fuera de temporada y detesta la calefacción de un salón, así que si la tratas como planta de interior durará seis semanas. Sacada a una terraza fresca y luminosa en zona de invierno suave, sí puede vivir años.

El otro caso es el de la lluvia de oro, Laburnum anagyroides, que en textos antiguos aparece como "Cytisus laburnum". Es un arbolito de racimos amarillos colgantes muy llamativos, y sus semillas son claramente tóxicas por su contenido en citisina. El peligro está en que las vainas se parecen a las judías verdes, lo que las convierte en una tentación para un niño pequeño. Ni es un Cytisus ni se planta a la ligera donde hay niños pequeños.

Toxicidad del género

Los Cytisus contienen alcaloides quinolizidínicos —esparteína y compuestos afines— en toda la planta, con la mayor concentración en semillas y brotes tiernos. No son plantas comestibles ni remedios caseros. La esparteína afecta a la conducción cardiaca y al sistema nervioso, el margen entre una cantidad inocua y una peligrosa no se puede estimar en casa, y por eso no encontrarás aquí ninguna forma de preparación ni de extracción.

En el campo, el ganado las evita por amargas y las cabras las ramonean sin daño dentro de una dieta variada. El riesgo aparece cuando un animal hambriento se queda encerrado donde solo hay escobas, y sobre todo con caballos, especialmente sensibles a estos alcaloides. En jardín, la medida sensata es retirar las legumbres maduras antes de que se abran si hay niños o perros que mordisquean todo.

Cultivo: sol, suelo pobre y nada más

Ubicación. Sol directo todo el día, salvo C. villosus, que acepta media sombra. En sombra se estiran, pierden compacidad y florecen mal o nada. Aguantan viento sin problema y toleran la brisa marina moderada, aunque no la salpicadura directa de agua salada.

Suelo. Ácido a neutro, arenoso o pedregoso, y sobre todo con drenaje libre. La mayoría amarillea por clorosis férrica en suelos calizos por encima de pH 7,5; C. villosus es el más indulgente al respecto. Si tu terreno es arcilloso y se apelmaza, planta sobre un caballón elevado o en un talud, y mezcla arena gruesa o gravilla en la zona de raíces. Añadir turba solo cambia el pH de un volumen pequeño de tierra durante un par de años; el problema vuelve.

Plantación. Otoño, entre octubre y noviembre, para aprovechar las lluvias. Compra planta joven en maceta pequeña: la raíz es pivotante y regenera mal, así que el ejemplar grande y espectacular del vivero tiene bastantes papeletas de secarse en el segundo verano mientras la planta pequeña plantada el mismo día ya está establecida. No las trasplantes una vez arraigadas; muy pocas sobreviven al cambio de sitio.

Riego. El primer verano, riegos abundantes y espaciados —cada 10 o 15 días si no llueve— para que la raíz baje. Después, ninguno en la mitad norte y a lo sumo uno o dos de socorro en agosto en el sur. El riego escaso y diario es peor que no regar: mantiene húmedo el cuello de la planta y ahí es donde entran los hongos que la matan. En maceta la cosa cambia, porque el sustrato se seca de verdad: riega cuando los primeros centímetros estén secos y usa siempre maceta con agujero y sin plato.

Abonado. No lo necesitan. Fijan su propio nitrógeno mediante bacterias simbióticas alojadas en nódulos de la raíz, y un aporte de estiércol o de abono nitrogenado les provoca brotes largos y blandos, con menos flor, más propensos a partirse y con la vida más corta. Si acaso, en maceta, un abono para plantas mediterráneas a media dosis una vez en primavera.

Rusticidad. Buena en general: la mayoría resiste entre -15 y -20 ºC, y el piorno serrano bastante más. Lo que llevan peor no es el frío sino el verano húmedo y caluroso con noches cálidas, que en la costa mediterránea les acorta la vida.

La poda, punto por punto

Los tallos leñosos y pardos, ya sin verde, carecen de yemas latentes. Cortar por ahí deja una rama muerta que no volverá a brotar, y un arbusto rebajado a fondo se queda en un esqueleto seco. Esto arruina un seto de escobas en una sola mañana de trabajo bienintencionado.

Lo que sí funciona es podar inmediatamente después de la floración, entre mayo y julio según especie y zona, recortando los brotes que han florecido en no más de un tercio de su longitud y dejando siempre tejido verde por debajo del corte. Se hace todos los años desde que la planta es joven; así se mantiene densa y no llega nunca a esa fase de base pelada e interior vacío en que ya no hay solución.

Podar en otoño o en invierno tiene un coste claro: las yemas florales se forman durante el verano sobre los brotes del año, de modo que la tijera en febrero se lleva la floración entera de la primavera.

Y una expectativa que conviene ajustar: son arbustos de vida corta, de unos 10 a 20 años. Cuando una escoba vieja se abre por el centro y se tumba, no está pidiendo una poda de rejuvenecimiento —no la admite—, está pidiendo el relevo. Lo práctico es tener siempre plantas jóvenes de repuesto en el jardín.

Multiplicación

Semilla para las especies. La cubierta es impermeable y sin tratamiento germina una fracción mínima, escalonada durante años. Escarifica: lija suave de la cubierta, o inmersión en agua muy caliente recién retirada del fuego dejándola enfriar 24 horas dentro. Las que se hinchan están listas. Siembra en otoño o a finales de invierno, en maceta alta o alveolo forestal profundo con sustrato arenoso, porque la raíz busca profundidad enseguida y en bandeja plana se deforma. Manipula lo mínimo y lleva a sitio definitivo pronto.

Esqueje semileñoso para híbridos y cultivares, que por semilla no salen iguales. Se toman en julio o agosto, de 8 a 12 cm, con hormona de enraizamiento y sustrato muy drenante, en ambiente húmedo y a la sombra. El porcentaje no es alto, así que pon más de los que necesitas.

Un detalle que ahorra disgustos: si vas a sembrar semilla recogida del campo, hazlo con especies de tu zona. Las escobas colonizan terreno removido con enorme facilidad y no tiene sentido soltar un Cytisus foráneo cerca de un espacio natural.

Problemas frecuentes

Ramas que se secan una a una y luego la planta entera: podredumbre de raíz por exceso de agua o suelo compacto. Revisa el drenaje antes de plantar la siguiente, porque ninguna repetirá otro final distinto en el mismo hoyo.

Hojas amarillas con los nervios verdes: clorosis férrica por cal en el suelo o en el agua de riego. Los quelatos de hierro alivian el síntoma una temporada; la solución es plantar otra cosa en ese sitio.

Pulgón en brotes tiernos: habitual en primavera y casi siempre transitorio. Si la colonia es grande, jabón potásico al atardecer.

Mucho crecimiento y poca flor: exceso de nitrógeno, sombra, o poda hecha en el momento equivocado. Repasa las tres cosas en ese orden.

Planta desnuda por abajo: consecuencia de años sin recorte tras la floración. No se corrige podando a fondo; se corrige empezando a recortar desde el primer año en la planta que la sustituya.

Dónde lucen de verdad en el jardín

Los Cytisus están hechos para el jardín seco y de bajo mantenimiento: taludes que nadie quiere regar, bordes de camino, laderas erosionadas, jardines de sierra, segundas residencias que se visitan cada quince días. Combinan bien con jaras (Cistus), lavandas, romero, Genista, brezos y gramíneas, plantas que comparten exactamente sus exigencias de sol, suelo pobre y drenaje.

También son excelentes para fijar suelo en terrenos degradados, gracias a esa raíz profunda y a la fijación de nitrógeno, que mejora el terreno para las especies que vengan después. Lo que no son es planta de arriate mimado, ni de seto formal recortado, ni de maceta con plato lleno de agua junto a la piscina.

En resumen

Cytisus reúne las escobas y piornos ibéricos: scoparius, multiflorus, striatus, grandiflorus, villosus, oromediterraneus, más los híbridos de jardín × praecox y × kewensis. Quieren sol pleno, suelo ácido y suelto, plantación en otoño con planta pequeña, riego solo el primer verano y cero abono, porque fijan su propio nitrógeno. La poda se hace justo después de la floración, ligera y siempre sobre tejido verde: cortar por la madera vieja mata la rama sin remedio. Contienen alcaloides tóxicos, así que no se prueban ni se preparan. Y duran entre diez y veinte años, de modo que lo sensato es ir renovando ejemplares en lugar de intentar rejuvenecer los viejos.


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