El seto que en tres años tapó la vista del vecino es el mismo que a los doce mide nueve metros, se ha comido el arriate de al lado y por dentro es una pared de ramas peladas. No es mala suerte ni mala planta: es exactamente lo que hace un Cupressus × leylandii cuando se planta sin plan de poda.

Este híbrido cierra una linde más rápido que ninguna otra conífera cultivada en España, y ese mismo rasgo es el que causa todos sus problemas. Entender de dónde sale y cómo se comporta ahorra bastantes disgustos.

Un híbrido accidental de 1888

Apareció en Leighton Hall, en Gales, del cruce espontáneo entre dos coníferas de la costa oeste de Norteamérica que en su tierra jamás se encuentran: el ciprés de Monterrey (Cupressus macrocarpa), de California, y el ciprés de Nootka (Cupressus nootkatensis, antes Chamaecyparis nootkatensis), de Alaska y Columbia Británica. De la primera heredó el vigor y la tolerancia al aire marino; de la segunda, la rusticidad al frío y el porte estrecho.

Es estéril: no da semilla viable. Todo ejemplar que se vende procede de esqueje, lo que significa que un lote de plantas es genéticamente idéntico y responde igual al calor, a la sequía y a las plagas. Un seto entero puede caer a la vez.

La nomenclatura ha ido cambiando —× Cupressocyparis leylandii, × Cuprocyparis leylandii, hoy Cupressus × leylandii—, y en los viveros españoles conviven las tres etiquetas sobre la misma planta. Los cultivares que verá con más frecuencia son 'Castlewellan Gold', de puntas doradas, algo menos vigoroso; 'Leighton Green', verde oscuro y el más clásico para pantalla; y 'Gold Rider', dorado y más estable de color al sol. El dorado, por cierto, se apaga a verde amarillento en sombra y se quema con facilidad en el interior peninsular.

Follaje de Cupressus x leylandii en un seto

La velocidad, con cifras

Entre 70 cm y 1 m al año los primeros años, en suelo decente y con algo de riego. En el Reino Unido, donde lleva más de un siglo plantado, hay ejemplares por encima de los 30 m; en España lo normal es que un pie libre supere sin esfuerzo los 15-20 m. Ninguna de esas cifras es un dato ornamental: son la altura a la que llega si nadie lo detiene, y detenerlo cuesta trabajo todos los años.

El sistema radicular acompaña a la copa. Un seto de leylandii de tres metros deja seco y agotado un metro y medio de suelo a cada lado. Lo que se plante después en ese arriate vegetará mal, y no por la sombra únicamente.

Distancias, linde y vecinos

Merece la pena mirar esto antes de comprar la planta. El Código Civil español establece, salvo que la ordenanza municipal o la costumbre del lugar digan otra cosa, una distancia mínima de 2 m desde la línea divisoria para árboles altos y 50 cm para arbustos. El leylandii es árbol alto, aunque se mantenga recortado a dos metros, y un seto plantado a 40 cm del muro medianero está fuera de esa distancia desde el primer día.

El propio Código permite además al colindante cortar por su cuenta las raíces que invadan su finca y exigir que se corten las ramas que se extiendan sobre ella. Con una especie que empuja raíz y rama a este ritmo, la fricción es cuestión de tiempo.

Hay un segundo asunto: los setos de coníferas resinosas, densos y con mucho material muerto en el interior, arden con enorme facilidad y conducen el fuego hacia la casa. En parcelas de urbanizaciones en contacto con monte, donde las comunidades autónomas exigen franjas de baja densidad de combustible alrededor de las viviendas, un seto de leylandii pegado a la fachada es exactamente lo que esa normativa intenta evitar. Aunque no le obligue ninguna ordenanza, no lo plante contra la pared de la casa.

Suelo, clima y plantación

Se adapta a casi cualquier suelo, ácido o calizo, siempre que drene. En arcillas encharcadizas entra Phytophthora por la raíz y el ejemplar amarillea y muere en una o dos temporadas, normalmente de uno en uno, dejando huecos en el seto que ya no se rellenan.

Tolera bien el aire marino, herencia del macrocarpa, y por eso funciona en la costa cantábrica, gallega y mediterránea. Donde sufre es en el interior seco y continental: veranos largos por encima de 35 °C con humedad baja le producen bronceado y manchas secas, y los inviernos de viento frío y seco de la Meseta le queman el follaje expuesto. Aguanta heladas de en torno a −15 °C, pero la combinación de helada y viento seco es peor que el frío solo.

Plantación en otoño (octubre-noviembre) en casi toda la Península, para aprovechar las lluvias. Distancia entre plantas: 80 cm a 1 m. Apretarlas a 50 cm no adelanta el cierre más de una temporada y adelanta mucho la competencia entre ellas, que se traduce en desigualdad de altura y pérdida de follaje bajo.

Riego semanal y abundante el primer verano, quincenal el segundo. Después se defiende solo en clima húmedo o costero; en el interior agradecerá un riego profundo mensual en julio y agosto de por vida, y ese es un coste que conviene contar antes de plantar cincuenta metros de seto.

La poda es toda la cuestión

El leylandii no rebrota de madera vieja. Un corte que entre en la zona marrón interior deja un hueco permanente. De esa única regla se deducen todas las demás.

Decida la altura definitiva antes de plantar y empiece a recortar cuando el seto esté a unos 30 cm por debajo de esa altura, no cuando ya la haya pasado. Despuntar la guía terminal a tiempo es lo que convierte la planta en seto; hacerlo tarde deja un seto que solo se puede bajar cortando en madera sin hoja, y entonces se queda una franja marrón que no se cierra nunca.

Frecuencia: dos recortes al año en clima favorable, uno a finales de mayo o junio y otro en septiembre. Un solo repaso anual basta en zonas frías o secas donde crezca menos. Los laterales, siempre en talud, más anchos por abajo que por arriba, para que la base reciba luz; con lados verticales el metro inferior se aclara y se pierde.

Evite recortar en pleno agosto —el follaje interior recién expuesto se quema— y con lluvia o follaje mojado, porque el corte húmedo es la vía de entrada del chancro. Desinfecte las cuchillas al pasar de una planta a otra.

Sobre los residuos: el recorte de leylandii es muy resinoso y compacta mal; si lo composta, tritúrelo y mézclelo con material verde blando, o tardará dos años en descomponerse.

Por qué se pone marrón

Las manchas pardas en un seto de leylandii tienen pocas causas posibles, y se distinguen entre sí sin necesidad de laboratorio:

Pulgón del ciprés (Cinara cupressi). El sospechoso número uno. Pulgones pardos, gruesos, agrupados sobre las ramillas leñosas del interior de la mata, no en las puntas tiernas. Producen zonas amarillas que viran a marrón, típicamente en el centro y la parte baja, y suelen ir acompañadas de negrilla pegajosa. Actúan de abril a junio. Hay que apartar el follaje y mirar dentro: cuando la mancha ya es visible desde lejos, el pulgón puede haberse ido. Jabón potásico mojando el interior, repetido a los diez días, y revisión anual en primavera. El tejido seco no rebrota, así que aquí el calendario lo es todo.

Chancro del ciprés (Seiridium cardinale). Ramas concretas que se vuelven rojizas y mueren, con una lesión hundida y resina en la base de la rama. El leylandii es sensible, más que el Cupressus arizonica. Corte 30-40 cm por debajo de la lesión, en madera sana, retire los restos de la parcela y desinfecte la herramienta después de cada corte. Si afecta al tronco principal, el ejemplar está perdido.

Asfixia radicular y Phytophthora. Decaimiento general de un pie entero, de arriba abajo, en suelo pesado o zona baja del jardín. Regar más lo acelera.

Sequía y ácaros en el interior peninsular: bronceado mate y difuso de toda la cara sur del seto en pleno agosto, sin pulgones ni resina.

Una advertencia sobre los recortes: no espere que la zona dañada se rellene sola. Se rellena, si acaso, con el crecimiento de las ramas vecinas por encima y por debajo, y eso lleva años. Por eso todo el manejo de esta especie es preventivo.

Cuándo elegir otra cosa

Si el jardín es pequeño, si nadie va a subirse a una escalera dos veces al año durante las próximas dos décadas, o si el seto va pegado al lindero, hay opciones que dan intimidad sin esa carga de mantenimiento:

Prunus lusitanica (loro), de hoja perenne y ancha, rebrota bien de madera vieja y admite recorte tardío. Laurus nobilis, el laurel, resistente y útil en cocina. Viburnum tinus (durillo), para setos de 2-3 m con floración invernal y fruto para los pájaros. Photinia × fraseri 'Red Robin' o Ligustrum japonicum para pantallas medias. Y si quiere conífera de verdad, el tejo (Taxus baccata) es más lento pero sí rebrota de madera vieja, lo que permite rejuvenecer un seto viejo sin arrancarlo; a cambio, todas sus partes salvo el arilo carnoso son tóxicas para personas y ganado, algo a tener en cuenta si hay caballos o niños pequeños.

El leylandii sigue siendo la respuesta correcta en un caso concreto: parcelas grandes donde hace falta cerrar rápido una vista o cortar el viento, con espacio de sobra hacia dentro y con alguien dispuesto a recortarlo cada año.

En resumen

El Cupressus × leylandii es un híbrido estéril de Cupressus macrocarpa y Cupressus nootkatensis que crece hasta un metro al año y llega a 15-20 m si se le deja. Quiere sol y suelo drenante, tolera la brisa marina y sufre en el interior seco. Plántelo a 80 cm-1 m entre pies y respetando los 2 m del lindero, empiece a recortarlo antes de que alcance la altura buscada, hágalo dos veces al año y en talud, y no corte nunca en la madera marrón porque de ahí no sale nada. Revise el pulgón en primavera y las ramas con resina todo el año. Y si no hay quien lo pode con esa constancia, elija un seto más lento.


Contenidos relacionados