Bordes de hoja marrones y crujientes a mediados de julio: ese es el aspecto que tiene un arce japonés mal colocado en España. No es una enfermedad, no se cura con fungicida y no tiene nada que ver con el frío, que es lo único que este árbol soporta sin inmutarse. Tiene que ver con el sol de tarde, con el viento seco y, muchas veces, con el agua del grifo. Entender esas tres cosas antes de comprar el ejemplar ahorra bastante dinero y varios disgustos.
El arce japonés es Acer palmatum, de la familia de las sapindáceas, originario de Japón, Corea y parte de China. En su tierra vive como sotobosque, bajo la cubierta de árboles más altos, en suelos frescos, ácidos y con humedad ambiental alta. Todo lo que hay que hacer para que prospere aquí es intentar parecerse a eso.
Qué árbol es y hasta dónde crece
Es un árbol pequeño o arbolito de varios troncos que en jardín se queda habitualmente entre 3 y 6 metros, aunque los ejemplares viejos de las formas más vigorosas pueden pasar de 8. Las formas de hoja disecada y porte llorón raramente superan los 2 metros de alto, pero se abren mucho a lo ancho. Crece despacio: hablamos de 15 a 30 cm al año en buenas condiciones, así que el tamaño con el que lo compras condiciona bastante el aspecto que tendrá tu jardín los próximos cinco años.
La hoja es opuesta y palmeada, con cinco, siete o nueve lóbulos según variedad; de ahí el epíteto palmatum, por el parecido con una mano abierta. Florece en primavera con ramilletes de flores diminutas, rojizas o purpúreas, que pasan desapercibidas, y fructifica en disámaras: esas parejas de semillas aladas que giran como hélices al caer. La corteza es lisa y grisácea, y en algunas variedades las ramas jóvenes son de un rojo coral intenso que en invierno, sin hojas, vale por sí solo.
Sobre el color: la idea de que el arce japonés se pone rojo en otoño es cierta solo a medias. El color otoñal depende de la variedad, y depende sobre todo del contraste térmico entre el día y la noche durante el otoño. En la meseta o en zonas de montaña el viraje es espectacular; en el litoral mediterráneo, con otoños largos y noches templadas, los mismos ejemplares dan colores apagados y tiran la hoja de forma más deslucida. No es culpa del cuidado.
Variedades y parientes cercanos
Bajo la etiqueta comercial "arce japonés" se venden en realidad tres especies distintas, y conviene distinguirlas porque no se comportan igual.
Acer palmatum es la habitual. Dentro de ella hay dos grandes grupos.
Los de hoja entera o poco dividida, con porte más erguido y arbóreo. Aquí entran 'Atropurpureum', el rojo clásico de vivero, más barato porque a menudo procede de semilla y por eso da tonos irregulares; 'Bloodgood', de rojo mucho más estable y hoja que no se decolora tanto en verano; 'Osakazuki', verde en temporada y de un escarlata excepcional en otoño; 'Sango-kaku' (o 'Senkaki'), el de ramas coral; 'Katsura', que brota en naranja albaricoque; y 'Butterfly' o 'Ukigumo', variegados en blanco y rosa, muy vistosos y muy delicados frente al sol.
Los del grupo Dissectum, de hoja finísima y profundamente recortada, porte en cúpula y ramas colgantes: 'Dissectum Atropurpureum', 'Crimson Queen', 'Seiryu' (el único dissectum de porte erguido), 'Inaba Shidare'. Son los más caros porque van injertados, y también los más sensibles a que les dé el sol de tarde: esa hoja tan dividida tiene muchísima superficie de borde y se deshidrata antes.
Acer japonicum, el arce de luna llena, tiene la hoja casi circular con muchos lóbulos poco marcados; 'Aconitifolium' es la variedad de referencia. Y Acer shirasawanum 'Aureum' es el de hoja amarillo dorada, precioso pero especialmente propenso a quemarse. Ambos aguantan algo peor el calor seco que un palmatum corriente.
Dónde plantarlo, que es lo primero que hay que decidir
La regla práctica en clima peninsular es sol de mañana y sombra a partir del mediodía. La orientación este, a resguardo de un muro o bajo la copa alta de otro árbol, es la posición ideal. En la cornisa cantábrica, Galicia o zonas de montaña húmeda se puede permitir bastante más sol; en el interior seco, en Andalucía o en el arco mediterráneo, el sol de tarde de julio quema la hoja en cuestión de días.
Igual de importante y más ignorado: el viento. El arce japonés no tolera las corrientes secas y calientes. Un ejemplar en un rincón resguardado con seis horas de sol puede estar mejor que otro a media sombra en una esquina donde corra el aire. Si el jardín es ventoso, el arce va detrás de una pantalla, no delante.
El frío, en cambio, no es un problema en ninguna parte de la Península. En suelo aguanta sin daño por debajo de los -15 °C. Sí puede haber daño en las heladas tardías de abril, que pillan la brotación tierna y la queman; el árbol se recupera brotando otra vez, aunque pierde el arranque de temporada.
El suelo y el agua, donde se decide todo
Es una planta de suelo ácido, con el óptimo entre pH 5,5 y 6,5, suelto, profundo, rico en materia orgánica y con buen drenaje. En media España el suelo es calizo y el agua de riego lleva bicarbonatos, y esa combinación bloquea la absorción de hierro: aparece la clorosis férrica, hojas amarillentas con los nervios verdes marcados, empezando por los brotes nuevos.
La corrección más eficaz no está en el suelo sino en el agua de riego. Un arce plantado sobre sustrato ácido y regado durante años con agua muy carbonatada acaba con el sustrato alcalinizado igualmente. Si tu agua es dura, recoge agua de lluvia para él o acidifícala ligeramente. En zonas de caliza franca, con costra o con capa calcárea próxima, lo razonable es cultivarlo directamente en maceta grande: se controla mucho mejor que peleándose con el terreno.
Lo que no funciona es lo que se hace a menudo: cavar un hoyo en suelo calizo, rellenarlo de sustrato de acidófilas y dar el problema por resuelto. El hoyo se comporta como una maceta enterrada, se satura de agua si el suelo circundante drena mal y las raíces terminan alcanzando la caliza de alrededor.
Cómo y cuándo plantarlo
La mejor época es el otoño, de octubre a noviembre, con el suelo aún templado: la planta echa raíz durante el invierno y llega a la primavera asentada. La segunda ventana es el final del invierno, en febrero, antes de que hinche las yemas. Plantar en mayo o junio funciona con planta en contenedor, pero obliga a regar todo el verano sin fallo.
Abre un hoyo de dos a tres veces el ancho del cepellón y de la misma profundidad, no más. Descompacta el fondo y las paredes. El detalle que más veces se hace mal es el nivel: el cuello debe quedar a ras de suelo o incluso un dedo por encima. Enterrado, se pudre. Si el árbol viene injertado, el punto de injerto queda por encima de la tierra siempre.
Rellena con la tierra del sitio mejorada con compost o mantillo bien hecho, riega abundantemente para asentar y evita pisar el alcorque. Tutora solo si es un ejemplar alto y el sitio es ventoso, y retira el tutor a los dos años.
Riego y acolchado
El sistema radicular del arce japonés es superficial y de raíces finas. Eso significa dos cosas: se seca antes que otros árboles y sufre mucho más si el suelo se compacta o se calienta. Necesita humedad constante, sin llegar nunca al encharcamiento, porque el agua parada le provoca podredumbre de raíz por Phytophthora con bastante facilidad.
El acolchado es casi obligatorio. Una capa de 5 a 8 cm de corteza de pino, acícula o restos de poda triturados sobre todo el alcorque mantiene la raíz fresca, reduce a la mitad la frecuencia de riego, impide la costra superficial y, en el caso de la corteza de pino, acidifica ligeramente al descomponerse. Déjalo separado unos centímetros del tronco para que el cuello no se mantenga húmedo.
En verano, riego profundo y espaciado antes que riegos diarios someros. Y el momento del día importa: primera hora de la mañana o al anochecer.
Abonado y corrección de la clorosis
Es un árbol poco exigente y el fallo habitual es pasarse. Exceso de nitrógeno se traduce en brotes largos, tiernos y aguados que se queman al primer golpe de calor, pierden intensidad de color en las variedades rojas y atraen al pulgón.
Con una aportación de compost o mantillo en superficie cada otoño y un abono de liberación lenta para acidófilas al final del invierno, va sobrado. Nada de abonar a partir de agosto: se retrasa el agostamiento de la madera y las heladas hacen más daño.
Si aparece clorosis, aplica quelato de hierro en el riego a la salida del invierno. Aquí hay un detalle técnico que ahorra tratamientos inútiles: el quelato con EDTA solo mantiene el hierro disponible hasta un pH cercano a 6,5, de modo que en un suelo calizo no sirve de nada. El que hay que comprar en esas condiciones es el quelato EDDHA, que sigue siendo estable en suelos claramente básicos. Es más caro, pero es el que funciona. Aun así, el quelato trata el síntoma; el fondo del asunto sigue siendo el agua y el sustrato.
La poda, menos y en el momento correcto
El arce japonés se poda poco. Tiene una arquitectura natural en capas que es precisamente su valor ornamental, y recortarlo como un seto lo estropea de forma difícil de revertir.
No lo podes a finales de invierno ni en primavera. Es una especie que sangra savia con abundancia cuando está en movimiento, y un corte grande en marzo puede debilitarla seriamente. La ventana buena va de finales de verano a principios de otoño, en torno a agosto y septiembre, cuando el crecimiento ya se ha frenado y aún queda actividad para cicatrizar. También sirve pleno invierno, en diciembre o enero, con el árbol totalmente parado.
Lo que sí conviene hacer: retirar madera seca o rota, eliminar ramas cruzadas que se rozan, quitar chupones de la base y aclarar el interior para que entre luz y aire. En los dissectum, levantar y despejar las ramas principales para que el porte llorón se lea bien. Corta siempre sobre rama viva o en el cuello de la rama, sin dejar tocones. Evita heridas mayores de 3 o 4 cm de diámetro: cicatriza mal y son puerta de entrada para hongos de madera.
Cultivo en maceta
Se adapta bien y es la salida lógica en terrazas y en zonas de suelo calizo. Necesita un contenedor ancho más que hondo —la raíz es superficial— de al menos 40 cm de diámetro para un ejemplar joven, con agujeros de drenaje generosos.
Sustrato: mezcla de tierra para acidófilas con un 25-30 % de material drenante, perlita gruesa, arena silícea o picón. Si viene del mundo del bonsái, akadama y kiryu funcionan igual de bien. Trasplante cada dos o tres años a final de invierno, aclarando el cepellón y recortando las raíces más gruesas que rodean el borde.
Dos precauciones específicas de maceta: en verano, el sol que da al lateral del tiesto cocina las raíces, así que conviene sombrear el propio recipiente o agruparlo con otras plantas; y en invierno, la raíz en maceta se congela a temperaturas a las que en suelo estaría protegida, de modo que en zonas de heladas fuertes vale la pena arrimar la maceta a un muro o envolverla.
Problemas, plagas y enfermedades
Hoja quemada por los bordes. El problema número uno y no es una plaga. Se produce cuando la planta pierde por la hoja más agua de la que la raíz puede reponer: sol excesivo, viento seco, sequía en maceta o exceso de sales en el agua de riego. Se corrige cambiando la ubicación o dando sombra en las horas centrales; la hoja dañada no se recupera, pero el árbol rebrota bien al año siguiente.
Pulgón. En primavera, sobre los brotes tiernos. Con jabón potásico y algo de paciencia se controla; suele venir acompañado de hormigas que lo protegen.
Araña roja. Aparece con calor y aire seco. Punteado amarillento en el haz y telilla fina en el envés. Aumentar la humedad ambiental y pulverizar el envés con agua es la primera medida.
Cochinillas, sobre todo algodonosas en las axilas de las ramas. Tratamiento con aceite de parafina en invierno.
Verticillium. Es la enfermedad grave. Un hongo de suelo que coloniza los vasos conductores; se manifiesta como el marchitamiento y secado repentino de una rama o de todo un lado del árbol mientras el resto sigue verde. Al cortar la rama afectada se ven anillos oscuros en la madera. No tiene tratamiento curativo. Se corta lo afectado desinfectando la herramienta entre corte y corte, se mantiene el árbol sin estrés hídrico y se evita replantar otro arce en ese mismo sitio.
Podredumbre de raíz por Phytophthora en suelos encharcados: la mejor defensa es el drenaje desde el momento de la plantación.
Cómo multiplicarlo
Por semilla se obtienen plantas de la especie, pero no de la variedad: las sámaras de un 'Bloodgood' no dan 'Bloodgood', dan arces cualesquiera con colores variables. La semilla necesita estratificación en frío húmedo de unos 90 a 120 días; lo más sencillo es sembrarla en otoño en bandeja al exterior y dejar que el invierno haga el trabajo.
Las variedades se propagan por injerto —de púa lateral, a final de invierno, sobre patrón de Acer palmatum de semilla— o por acodo aéreo en primavera, que es lo más accesible en casa aunque tarde una temporada entera en enraizar. Los esquejes son notoriamente difíciles, con tasas de éxito bajas incluso con hormonas y nebulización.
En resumen
El arce japonés no es una planta difícil, es una planta con condiciones muy concretas. Sombra desde el mediodía y resguardo del viento seco; suelo ácido, suelto y bien drenado; agua sin exceso de cal y riego constante sin encharcar; acolchado permanente sobre una raíz superficial; abonado escaso y nunca a partir del final del verano; y poda mínima, siempre fuera de la época de movimiento de savia. Donde la caliza manda, el cultivo en maceta grande resuelve el problema de raíz. Cumplido eso, aguanta el frío peninsular sin ayuda y gana en presencia cada año que pasa.