Cinco centímetros de tierra de más al plantarla y una peonía puede pasarse quince años sin dar una sola flor. Sigue viva, saca hojas todas las primaveras, parece sana, y no florece nunca. Es el error más frecuente con este género y también el más difícil de detectar, porque la planta no da ninguna señal de que algo vaya mal.
Las peonías son plantas del hemisferio norte templado, adaptadas a inviernos fríos y veranos con suelo fresco. Entender esa procedencia resuelve la mayoría de las dudas sobre su cultivo en España, incluida la más incómoda: en algunas zonas del país sencillamente no van a funcionar bien, por mucho mimo que se les ponga.
Herbáceas, arbóreas e Itoh: tres plantas distintas
El género Paeonia agrupa unas treinta especies, y en jardinería se manejan tres grupos que se cuidan de forma diferente. Confundirlos lleva a podar lo que no se debe y a dividir lo que no se puede.
Las peonías herbáceas son las más comunes. La reina del grupo es Paeonia lactiflora, de origen chino y siberiano, con centenares de cultivares: 'Sarah Bernhardt' rosa, 'Festiva Maxima' blanca con pinceladas rojas, 'Karl Rosenfield' rojo oscuro. También se cultiva Paeonia officinalis, la peonía europea de flor roja simple o doble, más rústica y más temprana. Todas ellas desaparecen por completo en invierno: la parte aérea se seca en otoño y rebrota de las yemas subterráneas en primavera. Alcanzan de 60 a 100 cm.
Las peonías arbóreas (Paeonia suffruticosa y sus híbridos, más las especies P. rockii, P. delavayi y P. ludlowii de flor amarilla) son arbustos leñosos de verdad. Mantienen un armazón de ramas todo el invierno, van creciendo año tras año hasta 1,5-2 metros y dan flores considerablemente más grandes, de hasta 25 cm de diámetro. Florecen dos o tres semanas antes que las herbáceas y viven muchísimo: hay ejemplares centenarios en jardines chinos y japoneses.
Las peonías Itoh o intersecciones son el cruce entre ambos grupos, logrado por el horticultor japonés Toichi Itoh en los años cuarenta. Tienen el follaje dividido y el color de las arbóreas (incluidos amarillos y albaricoques imposibles en las herbáceas), pero se comportan como herbáceas: mueren hasta el suelo en invierno. Son más caras y más resistentes al calor que las otras dos, lo que las convierte en la opción más sensata para climas de verano duro.
Merece la pena saber, además, que España tiene peonías silvestres propias: Paeonia broteri en buena parte de la Península, P. coriacea en las montañas del sur, P. officinalis subsp. microcarpa y la endémica P. cambessedesii en Baleares, mucho más adaptada al clima mediterráneo que cualquier lactiflora china. Todas son especies protegidas y no deben arrancarse del campo, pero algunas se consiguen legalmente en viveros especializados.
El frío invernal, el requisito que no se negocia
Las peonías necesitan vernalización: un periodo de frío invernal acumulado para que las yemas subterráneas rompan la latencia y produzcan flor. Las lactiflora exigen bastante frío, del orden de varios cientos de horas por debajo de 7 °C; las arbóreas algo menos, y las Itoh y las especies mediterráneas todavía menos.
Traducido al mapa peninsular: en la meseta, el norte, la zona pirenaica, los sistemas montañosos y en general el interior con inviernos francos, las peonías herbáceas van bien. En la costa mediterránea templada, en el litoral andaluz y en Canarias, una Paeonia lactiflora vegetará sin flores o dará una floración pobre y decreciente año tras año. No es un problema de cuidados: es que el invierno no le da lo que necesita.
Si vives en una de esas zonas cálidas y aun así quieres intentarlo, las opciones razonables son las Itoh, las arbóreas y Paeonia cambessedesii, y conviene elegir además cultivares de floración temprana, que aprovechan mejor el poco frío disponible. Meter la maceta en la nevera un par de meses, que a veces se recomienda, es un apaño que no funciona a medio plazo.
Suelo, luz y ubicación
Contra lo que se supone de tantas plantas de flor vistosa, la peonía no es acidófila. Prefiere suelos neutros o ligeramente alcalinos, con un pH cómodo entre 6,5 y 7,5, y tolera bien la caliza. Esto es una buena noticia en gran parte de España, donde tantas ornamentales de moda fracasan por exceso de cal.
Lo que sí exige es profundidad y drenaje. Sus raíces son gruesas, carnosas y tuberosas, y bajan medio metro o más. Un suelo compacto y encharcadizo las pudre. En terrenos arcillosos pesados hay que enmendar con arena gruesa y compost bien hecho, o directamente plantar en caballón elevado. Aporta materia orgánica madura antes de plantar, nunca estiércol fresco en contacto con las raíces.
Sobre la luz, la respuesta depende otra vez de la latitud. En el norte y en la meseta, pleno sol, mínimo seis horas diarias. En el centro-sur y en zonas de verano tórrido, sol de mañana y sombra desde el mediodía: el calor extremo acorta muchísimo la duración de las flores, que ya de por sí es breve, y quema los pétalos claros. Las arbóreas agradecen esa sombra de tarde en casi cualquier sitio.
Evita plantarlas bajo la copa de árboles grandes o pegadas a setos vigorosos. No es sólo cuestión de sombra: las peonías compiten muy mal por el agua y los nutrientes, y una raíz de arce o de ciprés cercana las va ahogando en silencio.
Cómo plantar: la profundidad exacta
Este es el apartado que decide si tendrás flores. Las peonías se venden a raíz desnuda en otoño, y ese es el momento óptimo para plantarlas: de octubre a noviembre, para que emitan raíces durante el invierno y arranquen con ventaja en primavera. Las de maceta pueden plantarse también a finales de invierno.
Para las herbáceas: la raíz trae unas yemas rosadas o rojizas en la corona, llamadas "ojos". Esos ojos deben quedar a 3-5 cm bajo la superficie del suelo, y no más. En climas cálidos, mejor 2-3 cm. Enterrados a diez o quince centímetros, la planta vive perfectamente pero no forma yemas florales, porque necesita que el frío invernal llegue hasta la corona. Cava un hoyo amplio, de 40-50 cm de lado, mejóralo con compost, deja la raíz apoyada y calcula la altura de tierra con la mano, no a ojo. Ten en cuenta que el suelo se asienta unos centímetros después de los primeros riegos: si dudas, quédate corto.
Para las arbóreas, la regla es la contraria y también sorprende. Casi todas se venden injertadas sobre raíz de peonía herbácea, que es un patrón provisional. Se planta con el punto de injerto 10-15 cm por debajo del nivel del suelo, para que la parte arbórea emita sus propias raíces y acabe independizándose del patrón. Si la plantas con el injerto al aire, el patrón herbáceo termina agotándose y la planta decae a los pocos años. El punto de injerto se reconoce por el engrosamiento y el cambio de textura entre el tallo leñoso y la raíz carnosa.
Las Itoh se plantan como las arbóreas si vienen injertadas, y con los ojos a 3-5 cm si vienen de división propia.
Deja un metro de separación entre plantas herbáceas y metro y medio entre arbóreas. Se hacen grandes y no les gusta la aglomeración: la falta de ventilación favorece los hongos.
Riego y abonado
Riego profundo y espaciado, no superficial y frecuente. La época crítica va de la brotación al final de la floración, es decir de marzo a junio: es cuando la planta forma las flores del año y, sobre todo, las reservas para el año siguiente. Un riego semanal generoso suele bastar; en verano, con la planta ya florecida, se puede reducir, pero no dejar que el suelo se seque del todo, porque el follaje sigue fabricando reservas hasta el otoño.
Riega al pie, nunca por aspersión sobre el follaje. Las peonías son sensibles a la botritis y el agua sobre las hojas la dispara.
Con el abono, poco nitrógeno. Un exceso da mucha hoja, tallos débiles que se tumban y pocas flores. Lo que quiere la peonía es fósforo y potasio. Dos aportaciones al año son suficientes: un abono equilibrado o de floración a la salida del invierno, cuando asoman los brotes rojizos, y otro justo después de la floración, en junio, que es el momento en que se cargan las reservas. Un acolchado de compost de 3-4 cm en otoño completa el programa, siempre sin cubrir la corona de las herbáceas: repartes el acolchado alrededor, no encima.
Las hormigas no abren las flores
Es la creencia más extendida sobre esta planta y es falsa. Los botones florales de la peonía segregan un néctar azucarado que atrae hormigas en cantidad, y de ahí ha salido la idea de que las hormigas son necesarias para que el capullo se abra. No lo son. Una peonía cultivada en un lugar sin hormigas florece exactamente igual. Las hormigas vienen al azúcar, se lo llevan y se van; no dañan la flor ni ayudan a abrirla.
Lo único práctico que se deriva de esto: si cortas flores para jarrón, sacúdelas boca abajo o déjalas un rato en un cubo de agua antes de entrarlas en casa, para no meter hormigas en el salón.
Tutorado y flores cortadas
Los cultivares de flor doble pesan tanto que, con una tormenta de mayo, los tallos acaban en el suelo y las flores llenas de barro. Instala aros de tutor o un tutor circular en abril, cuando la mata mide 30-40 cm, para que las hojas lo oculten al crecer. Ponerlo después, con la planta ya crecida, es incómodo y se nota.
Para jarrón, corta cuando el botón esté hinchado y blando al tacto, con la textura de una nube de azúcar, y con algo de color asomando. Si lo cortas demasiado cerrado y duro, no abrirá. No cortes más de un tercio de los tallos de una misma planta: cada tallo que te llevas es hoja que la planta pierde para acumular reservas.
Poda y limpieza estacional
Aquí la diferencia entre grupos es total, y confundirse cuesta un año entero de flores.
Herbáceas e Itoh: retira las flores marchitas cortando por debajo del receptáculo, para que la planta no gaste en formar semillas. En otoño, cuando el follaje amarillea (octubre-noviembre), corta toda la parte aérea a ras de suelo y retira los restos del jardín: no los eches al compost, porque son el principal reservorio de la botritis para la primavera siguiente. No lo hagas antes de tiempo; ese follaje otoñal todavía está trabajando.
Arbóreas: no se cortan al suelo bajo ningún concepto. Sus flores nacen en la madera formada el año anterior, así que cortarlas en otoño equivale a eliminar la floración. Se limitan a quitar la flor marchita, la madera seca y alguna rama mal orientada, a finales de invierno.
División y trasplante
Las peonías herbáceas no necesitan dividirse. Una mata bien situada mejora con los años y puede pasar veinte o treinta sin tocarla; hay ejemplares que han sobrevivido a la casa que tenían al lado. La división se hace sólo para multiplicar o para mover la planta, no como mantenimiento.
El momento es septiembre u octubre. Corta primero el follaje, desentierra la mata con horca abriendo un círculo amplio, lava la tierra con manguera para ver los ojos, y con un cuchillo limpio separa porciones que tengan de tres a cinco ojos y una buena porción de raíz carnosa. Divisiones más pequeñas enraízan, pero tardan tres o cuatro años en florecer. Deja secar los cortes unas horas al aire antes de replantar.
Después de una división o de un trasplante, es normal que el primer año no haya flores y el segundo sean escasas. La planta está reconstruyendo su sistema radicular. Esa lentitud es también la razón de que las peonías detesten los cambios de sitio: elige bien la ubicación desde el principio.
Las arbóreas no se dividen. Se multiplican por injerto, por acodo o por semilla, técnicas de vivero que exigen paciencia: una peonía arbórea de semilla tarda entre cinco y siete años en florecer.
Problemas habituales
Botritis (Botrytis paeoniae y B. cinerea). Los brotes jóvenes se ennegrecen y se doblan de golpe en primavera, los botones se secan sin abrir y aparece un moho gris en tiempo húmedo. Es la enfermedad número uno de la peonía en primaveras lluviosas. Se combate con higiene: retirar y quemar la parte afectada en cuanto se ve, limpiar todo el follaje en otoño, no regar por encima y no plantar demasiado junto. En zonas de mucha incidencia, un tratamiento cúprico a la brotación ayuda.
Oídio. Polvillo blanco sobre las hojas al final del verano. Es antiestético pero llega tan tarde en el ciclo que rara vez justifica un tratamiento.
Nematodos y podredumbre de raíz. Casi siempre asociados a suelo encharcado. Sin drenaje no hay solución química que valga.
No florece. Repasa esta lista por orden de probabilidad: plantada demasiado profunda; demasiada sombra; falta de frío invernal en tu zona; exceso de nitrógeno; dividida hace poco o dividida en porciones muy pequeñas; planta aún joven; helada tardía que ha quemado los botones ya formados; o competencia radicular de un árbol cercano.
Botones que se forman y se secan del tamaño de un guisante. Suele ser sequía en el momento crítico de abril-mayo, helada tardía, o exceso de botones en una planta joven que no da abasto.
Peonías en maceta
Se puede, pero con condiciones. Necesitan un contenedor hondo, de 40-50 cm de profundidad y al menos 40 litros, porque la raíz es tuberosa y vertical. Sustrato con buen drenaje, riego atento en primavera y la maceta a la sombra en verano, aunque la planta esté al sol: el sustrato de un contenedor expuesto puede superar los 40 °C y cocer las raíces.
En invierno, al contrario, la maceta debe quedar fuera, expuesta al frío. La peonía en maceta funciona bien con Itoh y arbóreas de porte contenido; con lactiflora de gran desarrollo, los resultados son mediocres a partir del tercer o cuarto año.
En resumen
La peonía es una planta longeva, rústica y de mantenimiento bajo, siempre que se acierte con dos decisiones que se toman una sola vez: el sitio y la profundidad de plantación. Los ojos de las herbáceas van a 3-5 cm bajo tierra; el injerto de las arbóreas, a 10-15 cm bajo tierra. Confundir las dos reglas es la causa habitual de una peonía que crece pero nunca florece.
Planta a raíz desnuda en octubre o noviembre, en suelo profundo, drenado y de pH neutro o algo calizo, a pleno sol en el norte y con sombra de tarde en el sur. Riega al pie, abona con poco nitrógeno dos veces al año, tutora los cultivares dobles y limpia a fondo el follaje seco en otoño para cortarle el paso a la botritis. Corta las herbáceas a ras de suelo en otoño; a las arbóreas, ni tocarlas. Y si tu invierno es suave, olvídate de las lactiflora clásicas y ve directamente a las Itoh o a las arbóreas. Una vez asentada, no la muevas: las peonías pagan la paciencia con décadas de floración.