El color de una hortensia azul no lo decide la variedad, sino el aluminio que sus raíces son capaces de absorber. Esa sola frase explica por qué la planta que compraste azul intenso en el vivero amanece rosa sucio al segundo año, y también por qué hay quien entierra clavos oxidados al pie sin conseguir absolutamente nada. Entender lo que ocurre bajo tierra es la mitad del cultivo de las hortensias; la otra mitad es podar en el momento correcto y no confundir una especie con otra.

No todas las hortensias son la misma planta

Bajo el nombre común se venden en España al menos cinco especies del género Hydrangea, y las diferencias entre ellas cambian por completo la poda, la exposición y el color. Distinguirlas antes de plantar ahorra años de flores que no llegan.

Hydrangea macrophylla es la hortensia clásica, la de bolas redondas de las galerías del norte. Dentro de ella hay dos formas: las mophead o de cabeza redonda, y las lacecap, con un anillo de flores grandes rodeando un centro plano de flores fértiles diminutas, más elegantes y mucho mejores para los polinizadores. Florece sobre madera del año anterior. Es la única, junto a la siguiente, que cambia de color.

Hydrangea serrata, la hortensia de montaña, es más pequeña, de hoja más estrecha y algo más resistente al frío y al sol. También vira de color.

Hydrangea paniculata tiene inflorescencias cónicas, blancas o crema que van tomando tonos rosados al envejecer. Aguanta más sol, más frío y suelos más calizos que la macrophylla, y florece sobre madera del año. Para el interior peninsular es, con diferencia, la mejor apuesta del género.

Hydrangea arborescens, cuyo cultivar famoso es 'Annabelle', hace bolas blancas enormes sobre brotes nuevos. También florece sobre madera del año.

Hydrangea quercifolia tiene hojas lobuladas como las del roble que enrojecen espectacularmente en otoño, y Hydrangea anomala subsp. petiolaris es una trepadora autoadherente extraordinaria para muros orientados al norte, aunque tarda dos o tres años en arrancar.

Ni la paniculata, ni la arborescens, ni la quercifolia cambian de color con el suelo. Ningún tratamiento las volverá azules. Y las variedades blancas de macrophylla, tampoco: carecen del pigmento necesario.

Hortensia de flores azules en un jardín

El asunto del color, bien explicado

El pigmento de los sépalos coloreados es una antocianina, la delfinidina 3-glucósido. Por sí sola es rosa. Cuando se une a iones de aluminio procedentes del suelo, forma un complejo que se ve azul. Es decir: el pH no colorea nada por sí mismo, lo que hace es controlar si el aluminio del suelo está disponible o no para la raíz.

En terreno ácido, por debajo de pH 5,5, el aluminio se solubiliza, la planta lo absorbe y las flores salen azules. Por encima de pH 6,5 el aluminio queda inmovilizado y las flores salen rosas, aunque el suelo esté lleno de aluminio. Entre 5,5 y 6,5 aparecen los malvas, los lilas y esas mezclas de bolas rosas y azules en la misma planta que tanto gustan y que son, sencillamente, un pH intermedio.

Para azular: sulfato de aluminio disuelto en el agua de riego, unos 3-5 g por litro, aplicado cada quince días desde febrero hasta que aparezcan los botones. Complétalo con sustrato de plantas acidófilas o turba rubia y con azufre elemental en el suelo si el pH es alto. Y evita los abonos ricos en fósforo: el fosfato precipita el aluminio y lo bloquea, así que un abono de floración típico, con el número del medio muy alto, trabaja justo en tu contra.

Para rosar o mantener el rosa: un puñado de cal dolomítica al pie en invierno y un abono con fósforo, que aquí sí te conviene.

Dos avisos. El primero: enterrar clavos, tornillos o virutas de hierro no sirve de nada. El azul lo da el aluminio, no el hierro, y además el metal enterrado se oxida a un ritmo irrelevante para la planta. El segundo: si tu suelo es muy calizo, mantener el azul en plena tierra es una batalla continua. En ese caso, cultiva la hortensia en maceta grande con sustrato ácido, donde controlas el medio de verdad, y riega con agua de lluvia. Es más fácil y sale mejor.

Dónde ponerla

La hortensia quiere sombra luminosa o sol de mañana con sombra en las horas centrales. Una orientación este, el borde de sombra de un árbol de copa alta o el pie de un muro que la proteja del poniente son emplazamientos ideales.

Hay diferencias importantes según dónde vivas. En la cornisa cantábrica y en Galicia, donde la humedad ambiental es alta y el verano suave, una macrophylla aguanta perfectamente a pleno sol. En Madrid, Zaragoza, Sevilla o cualquier zona de verano seco y 38 °C, el mismo emplazamiento la fríe: las hojas se queman por el borde, las flores se tuestan en una tarde y la planta pasa el verano en agonía. Ahí necesita sombra real durante toda la tarde.

Lo que no tolera es el viento seco, que le hace transpirar más de lo que la raíz puede reponer, ni la sombra densa total, donde crece larguirucha y florece poco. Las heladas tardías de abril son otro enemigo serio: no matan la planta, pero queman los botones florales ya brotados de la macrophylla y dejan la temporada sin flor. En zonas donde son habituales, una paniculata evita el problema, porque forma sus flores más tarde y sobre brotes nuevos.

Suelo y plantación

Suelo fresco, profundo, rico en materia orgánica y de tendencia ácida. En terreno pobre o arcilloso, abre un hoyo generoso, de unos 50 x 50 cm, y rellénalo con la tierra del sitio mezclada con compost maduro, mantillo de hojas y una parte de turba o de sustrato para acidófilas.

El otoño es el mejor momento para plantar, entre octubre y noviembre, para que enraíce antes del verano. La segunda opción es marzo, cuando ha pasado el riesgo de heladas fuertes. Deja entre 1 y 1,5 m entre plantas de macrophylla, y hasta 2 m si es una paniculata vigorosa.

Y no te saltes el acolchado. Una capa de 5-8 cm de corteza de pino, restos de poda triturados u hojarasca mantiene la raíz fresca, reduce el riego, aporta materia orgánica y acidifica ligeramente al descomponerse. En el clima español es probablemente el gesto que más se nota en una hortensia.

Riego: mucho, pero con cabeza

El nombre popular en varios idiomas alude a la sed de esta planta, y no es exageración: hoja grande, fina y muy abundante significa una superficie de transpiración enorme. Necesita el suelo constantemente húmedo, nunca encharcado. En verano, en clima seco, eso puede suponer un riego profundo cada dos días en tierra y diario en maceta.

Aquí conviene desmontar una creencia extendida: que las hojas cuelguen lacias a las tres de la tarde de un día de julio no significa necesariamente que le falte agua. Es un mecanismo de defensa; la planta cierra estomas y deja caer la hoja para perder menos. Si al amanecer del día siguiente están de nuevo turgentes, la planta iba bien y regarla otra vez a media tarde solo consigue asfixiar la raíz. El momento de comprobar la humedad es por la mañana temprano, metiendo el dedo cuatro o cinco centímetros en la tierra.

Riega siempre al pie, no por encima: mojar las inflorescencias en pleno calor las mancha y facilita la botritis. Y vigila el agua del grifo. En buena parte de España es dura y calcárea, y regar años con ella sube el pH del sustrato, provoca clorosis y devuelve al rosa cualquier azul conseguido. Si puedes, recoge agua de lluvia; si no, acidifica de vez en cuando el agua de riego con unas gotas de vinagre o con un producto acidificante hasta dejarla en torno a pH 6.

Abonado

Un abono para plantas acidófilas —el mismo de azaleas, camelias y rododendros— aplicado de marzo a julio cubre el año entero. Si buscas azul, elige uno con poco fósforo y bastante potasio. Suspende el abonado a partir de agosto: los brotes tiernos tardíos no endurecen a tiempo y se hielan.

Además del abono mineral, extiende compost o estiércol bien hecho bajo la planta a finales de invierno. Las hortensias responden muy bien a la materia orgánica.

Si aparecen hojas amarillas con los nervios verdes, es clorosis férrica por exceso de cal. Se corrige con quelato de hierro EDDHA en el riego a principios de primavera, y de fondo, revisando el agua que usas y el pH del suelo.

Mata de hortensias en flor

La poda, que es donde se pierden las flores

La causa número uno de una hortensia sana, frondosa y sin una sola flor es una poda a destiempo. La regla depende de la especie.

Hydrangea macrophylla y serrata: florecen sobre madera del año anterior. Los botones florales de este verano se formaron el verano pasado y llevan meses ahí, en la punta de las ramas. Si cortas los tallos a media altura en invierno, cortas las flores. Lo que se hace es retirar la inflorescencia seca cortando justo por encima del primer par de yemas gordas que encuentres bajando desde ella, y aprovechar para eliminar desde la base las ramas secas, débiles o cruzadas. Cada dos o tres años, quita una o dos de las ramas más viejas a ras de suelo para renovar la mata.

El momento: finales de invierno, entre febrero y marzo, cuando ya se distinguen bien las yemas vivas y ha pasado lo peor del frío. Dejar las inflorescencias secas puestas todo el invierno no es dejadez, es protección: hacen de paraguas para las yemas terminales. En zonas de invierno suave se puede podar en otoño, después de la floración, sin problema.

Hydrangea paniculata y arborescens: florecen sobre madera del año. Aquí es al revés: se podan a fondo a finales de invierno, dejando los tallos a dos o tres pares de yemas de la base o del armazón permanente. Cuanto más severa la poda, menos ramas y más grandes las flores. Sin poda se despeinan y las inflorescencias, cada vez más pequeñas, doblan las ramas con la lluvia.

Las variedades reflorecientes tipo 'Endless Summer' florecen sobre madera vieja y sobre madera nueva. Con ellas basta con ir cortando las flores marchitas durante la temporada; son la salida razonable para quien vive donde las heladas tardías arruinan la primera floración.

Hortensias en maceta

Funcionan bien si aceptas dos condiciones: un recipiente grande, de 30-40 litros como mínimo para una planta adulta, y vigilancia diaria del riego en verano. Usa sustrato para acidófilas, con drenaje en el fondo pero sin plato con agua permanente. Trasplanta cada dos o tres años a finales de invierno, renovando el sustrato aunque no cambies de maceta.

Ojo con las hortensias regaladas en flor en primavera: vienen de invernadero, forzadas, y el cambio brusco a la intemperie las estresa. Acostúmbralas progresivamente a la luz exterior durante un par de semanas y plántalas o trasplántalas cuando terminen de florecer.

Problemas frecuentes

Oídio. Polvo blanco en el haz de las hojas, típico de finales de verano con noches frescas y días cálidos. Mejora la ventilación aclarando la mata y trata con azufre mojable, siempre por debajo de 30 °C.

Botritis. Moho gris en las flores, sobre todo en primaveras lluviosas o si riegas por aspersión. Retira y tira las inflorescencias afectadas, no las eches al compost.

Araña roja. Hojas punteadas, mate, con telarañas finísimas en el envés. Aparece con calor seco. Aumentar la humedad ambiental y aplicar jabón potásico o aceite de neem sobre el envés suele bastar.

Pulgón en brotes tiernos de primavera y caracoles y babosas devorando los brotes nuevos que salen de la base, muy dañinos en marzo y abril en jardines húmedos.

Bordes de hoja quemados: casi siempre sol excesivo, viento seco o falta de agua puntual, no una enfermedad.

Flores que salen verdosas al final de temporada: es normal, la inflorescencia envejece y recupera clorofila. Muchas se secan bonitas y sirven para ramos secos si las cortas en ese estado.

Multiplicación

Los esquejes de hortensia enraízan con facilidad. En junio o julio, corta trozos de 10-12 cm de brotes sin flor, deja solo el par de hojas superior y córtalas por la mitad, aplica hormona de enraizamiento y clávalos en una mezcla de turba y perlita. Mantenlos en sombra, con el sustrato húmedo y ambiente cerrado bajo una botella o una bolsa. En cuatro o seis semanas tienen raíz. Otra vía aún más simple es el acodo: dobla una rama baja hasta el suelo, entiérrala unos centímetros sujetándola con una piedra y sepárala de la madre al año siguiente.

Un apunte final: toda la planta contiene glucósidos cianogénicos en pequeña cantidad y no es comestible, ni para personas ni para mascotas.

En resumen

Empieza por identificar tu especie, porque de ahí sale todo lo demás. Hydrangea macrophylla y serrata florecen sobre madera vieja y solo se les quitan las flores secas hasta el primer par de yemas gordas en febrero; paniculata y arborescens florecen sobre madera nueva y se podan a fondo en la misma época. Plántalas en otoño, en sombra luminosa, en suelo ácido y rico, con acolchado generoso. Riega abundantemente al pie sin fiarte del lacio de las tres de la tarde, y usa agua de lluvia si tu grifo es duro. El azul se consigue con sulfato de aluminio y pH bajo, nunca con clavos oxidados, y en suelo calizo es mucho más fácil de mantener en maceta. Y si vives en un clima de veranos secos y heladas tardías, planta paniculata: te dará el mismo efecto con la mitad del esfuerzo.


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