Si alguna vez has partido una hoja de laurel cerezo entre los dedos y te ha llegado un olor claro a almendra amarga, has olido ácido cianhídrico. Es la primera cosa que conviene saber de esta planta, porque explica de golpe por qué no se usa en la cocina, por qué no hay que dársela a los animales y por qué casi ningún insecto la toca. La segunda cosa que conviene saber es que, pese a ese detalle, es el arbusto de seto perenne más plantado del norte de España, y con razón: crece rápido, aguanta la sombra profunda, resiste el frío y forma una pantalla verde compacta que no se despeina en invierno.

El nombre correcto de la especie es Prunus laurocerasus (a menudo se escribe mal, con doble ese). Pertenece a las rosáceas, la familia del ciruelo, el cerezo y el almendro, y no tiene ningún parentesco con el laurel de cocina, Laurus nobilis, que es de la familia de las lauráceas. Comparten el aspecto de la hoja y poco más.

Hojas grandes y brillantes del laurel cerezo

Qué es exactamente el laurel cerezo

Es un arbusto o arbolito perennifolio originario de la península balcánica, Anatolia y el Cáucaso, donde vive en el sotobosque de bosques húmedos de hayas y castaños. Ese origen explica su carácter entero: quiere humedad constante, suelo profundo y sombra tolerada sin problema. Abandonado a su aire alcanza de 6 a 8 metros de altura, aunque en jardín rara vez se le deja pasar de 2 o 3.

La hoja es alterna, coriácea, de 10 a 20 cm, verde oscuro y muy brillante por el haz, con el borde ligeramente aserrado. Las flores salen en primavera, de abril a mayo, en racimos erguidos de color blanco crema, con un aroma dulzón que atrae a muchísimas abejas. Después vienen unos frutos con forma de cerecita que pasan de rojo a negro brillante a finales de verano. La pulpa es insípida y poco interesante; la semilla, como en todos los Prunus, contiene glucósidos cianogénicos y no se come.

Un aviso sobre la toxicidad

Las hojas contienen prunasina, un compuesto que libera cianuro cuando el tejido se rompe. En la práctica esto significa tres cosas concretas:

No se usa nunca como laurel de cocina. Confundir la hoja de Prunus laurocerasus con la de Laurus nobilis en un guiso es un error real que se produce cada año. Distinguirlas es fácil: la del laurel de cocina es más pequeña, más estrecha, de un verde más apagado, con el borde ondulado y un olor aromático inconfundible al frotarla. La del laurel cerezo es grande, muy brillante y huele a almendra amarga.

Los restos de poda son peligrosos para el ganado y para los caballos. Las hojas marchitas son más tóxicas que las frescas, porque la rotura celular libera el compuesto. Nunca eches recortes de laurel cerezo a un prado con animales ni los tires por encima de una valla.

Cuidado al triturarlo en espacios cerrados. Si pasas grandes cantidades de restos por una biotrituradora, hazlo al aire libre. No es un riesgo dramático, pero el vapor que desprende una montaña de hoja recién triturada es irritante.

Para el compost, en cambio, no hay problema: los glucósidos se degradan durante la descomposición y el compost resultante es perfectamente utilizable.

Dónde plantarlo (y dónde no)

Aquí está la decisión que más determina el resultado. El laurel cerezo es una planta de clima atlántico. En Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra húmeda y el norte de Cataluña vive prácticamente sin ayuda. En el interior de la Meseta funciona si le das riego y algo de sombra en las horas centrales. En el sur y en el litoral mediterráneo seco lo pasa mal: se quema, se defolia por abajo y acaba siendo un seto ralo y feo.

Los dos factores que fallan en la España seca son el calor unido a la sequedad del aire y, sobre todo, la caliza del suelo. El laurel cerezo prefiere terrenos de reacción ácida a neutra, entre pH 5,5 y 7. Por encima de 7,5 aparece clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios marcados en verde, crecimiento parado y ramas que se secan por la punta. En buena parte del valle del Ebro, de la Meseta y del Levante, los suelos son claramente calizos, y eso condena el seto a una vida de quelatos de hierro cada primavera.

Si tu suelo es calizo, la solución no es forzar la especie: es cambiarla. El loro o laurel de Portugal (Prunus lusitanica) es un pariente peninsular con la misma silueta perenne, hoja algo más pequeña y pecíolo rojizo muy decorativo, que tolera la caliza y la sequía bastante mejor. Como seto perenne alternativo también funcionan el durillo (Viburnum tinus), el aligustre (Ligustrum japonicum) o el Pittosporum tobira. Cambiar de especie ahorra diez años de disgustos.

En cuanto a luz, el laurel cerezo es uno de los pocos arbustos que mantiene la densidad del follaje en sombra profunda, incluso al pie de un muro orientado al norte. En pleno sol crece más rápido y florece más, pero necesita más agua. Aguanta bien la contaminación urbana y la proximidad al mar siempre que no reciba la salpicadura directa del salitre.

Suelo, plantación y marco del seto

Quiere suelo profundo, fresco y bien drenado. El drenaje no es un detalle menor: el encharcamiento prolongado mata al laurel cerezo por Phytophthora, un hongo de suelo que pudre el cuello y las raíces. El síntoma engaña, porque la planta se marchita como si le faltase agua y el jardinero riega más, acelerando el final. Si tu terreno es arcilloso y compacto, planta sobre un caballón elevado de 20 o 30 cm en lugar de en un hoyo hondo que hará de bañera.

La mejor época de plantación es el otoño, de octubre a noviembre. La tierra sigue templada, las lluvias hacen el trabajo y la planta enraíza durante el invierno, de modo que llega al primer verano con sistema radicular suficiente. Si plantas en primavera, tendrás que regar todo el estío. En julio y agosto, sencillamente, no se planta.

Abre un hoyo del doble de ancho que el cepellón, afloja el fondo, mezcla la tierra extraída con compost o mantillo bien hecho y planta dejando el cuello a ras de suelo, nunca enterrado. Riega abundantemente para asentar la tierra y acaba con una capa de acolchado de 5 a 8 cm de corteza de pino, restos de poda triturados o paja. El acolchado es el mejor aliado del laurel cerezo en clima español: mantiene el suelo fresco, evita la costra y reduce el riego a la mitad.

Para un seto, el marco habitual es de dos plantas por metro lineal cuando se busca cerrar rápido, y una cada 80-100 cm si se tiene paciencia. Plantar más apretado no acelera el resultado final: solo aumenta la competencia y el gasto. El cultivar 'Rotundifolia' es el clásico para seto por su rapidez, con 30 a 60 cm de crecimiento al año. Para setos bajos o macizos, 'Otto Luyken' (hoja estrecha, porte compacto de 1-1,5 m) y 'Zabeliana' (extendido, casi tapizante) son mucho más manejables y ahorran podas.

Riego

No es una planta de secano, y este es el punto donde más gente se equivoca al llevarla al centro o al sur peninsular. Durante los dos primeros años necesita riego regular en la época seca: un riego profundo y espaciado, de unos 15-20 litros por planta, dos veces por semana en pleno verano, es mejor que riegos diarios y superficiales, porque obliga a la raíz a bajar.

Una vez establecido, en el norte peninsular puede pasar el verano solo con la lluvia salvo en años muy secos. En el interior seguirá necesitando riego de apoyo cada verano, siempre. La instalación ideal para un seto es una línea de goteo con emisores autocompensantes cada 40 cm, enterrada bajo el acolchado.

Señal de sed: hojas colgando lacias en las horas centrales del día. Si por la mañana temprano siguen lacias, falta agua de verdad. Señal de exceso: hojas amarillentas que caen de la parte baja, olor agrio en la tierra y ramas que se secan sin motivo aparente.

Abonado

Con poco le basta. Una aportación de compost o estiércol maduro extendido bajo la copa a finales de invierno cubre las necesidades de un ejemplar aislado. En setos que se podan varias veces al año, la extracción de nutrientes es mayor y conviene añadir en marzo un abono granulado de liberación lenta rico en nitrógeno, del tipo que se usa para coníferas y setos, a razón de unos 50-80 g por metro lineal. Nunca abones a partir de septiembre: los brotes tiernos tardíos son los que se queman con las primeras heladas.

Si aparece clorosis férrica, aplica quelato de hierro EDDHA disuelto en el agua de riego a principios de primavera. El EDDHA es el único que sigue siendo eficaz en suelos calizos; los quelatos EDTA, más baratos, se bloquean por encima de pH 6,5 y no sirven de nada.

Racimos de flores blancas del laurel cerezo en primavera

La poda: tijera de mano, no cortasetos

Este es el consejo que más cambia el aspecto de un seto de laurel cerezo, y se ignora casi siempre. La hoja mide entre 10 y 20 cm, así que el cortasetos la parte por la mitad. Los trozos cortados no cicatrizan: se pardean, se secan por el borde y dejan el seto salpicado de manchas marrones durante semanas, hasta que el brote nuevo las tapa. Con tijera de podar de dos manos, cortando rama a rama por encima de una hoja entera, el seto queda verde y limpio desde el primer día.

Es más lento, evidentemente. Un compromiso razonable en setos largos: pasar el cortasetos en la poda de primavera, cuando el rebrote inmediato disimula el destrozo en pocas semanas, y rematar a tijera la poda de finales de verano, que es la que se va a ver todo el invierno.

Épocas. La poda principal se hace después de la floración, entre finales de mayo y junio. Una segunda pasada de repaso a finales de agosto o principios de septiembre mantiene la forma hasta la primavera siguiente. Evita podar con heladas y evita hacerlo en pleno julio bajo sol fuerte: la madera y las hojas interiores que quedan expuestas de golpe se queman.

Si tienes un seto viejo, desnudo por abajo y demasiado ancho, no lo des por perdido. El laurel cerezo rebrota muy bien de madera vieja, incluso del tocón. Se puede rejuvenecer cortando a 50 cm del suelo a finales de invierno, o mejor, haciéndolo por caras: un lado un año y el otro al año siguiente, para no dejarlo desnudo del todo. Riega y abona bien la temporada del rejuvenecimiento.

Da a la sección del seto una forma ligeramente trapezoidal, más ancha abajo que arriba. Si lo dejas recto o, peor, más ancho arriba, la parte baja se queda sin luz y se pela sin remedio.

Plagas y enfermedades

Perdigonada o cribado. Hojas agujereadas como si les hubieran disparado con perdigones. Es el problema más frecuente y tiene dos causas posibles: el hongo Wilsonomyces carpophilus (antes Stigmina) o la bacteria Xanthomonas arboricola pv. pruni. Aparece con primaveras húmedas y riego por aspersión que moja la hoja. La solución práctica es cultural: riega al pie y no por encima, aclara el interior para que corra el aire, retira la hoja caída y evita el exceso de nitrógeno. En casos graves, un tratamiento con producto cúprico al final del invierno.

Oídio. Polvillo blanco sobre los brotes tiernos, que salen deformados y arrugados. Se combate con azufre mojable en días templados, nunca por encima de 30 °C ni con sol directo, porque quema.

Otiorrinco (Otiorhynchus sulcatus). Mordeduras semicirculares muy características en el borde de las hojas. El adulto es feo pero inofensivo para la planta; el peligro son las larvas, que se comen las raíces y matan ejemplares jóvenes y plantas en maceta. Se controlan con nematodos entomopatógenos (Heterorhabditis bacteriophora) regados en el suelo templado, a finales de verano.

Cochinillas y pulgón. Habituales en brotes tiernos y en ejemplares mal ventilados. Jabón potásico y aceite de parafina en invierno resuelven la mayoría de los casos.

Pudrición de raíz por Phytophthora. La más letal y sin tratamiento eficaz una vez declarada. Se previene con drenaje, con plantación alta y no regando de más.

Multiplicación

Es de las plantas más agradecidas para hacer esquejes. En julio y agosto, toma esquejes semileñosos de 12 a 15 cm de brotes del año que ya empiecen a endurecerse, quita las hojas inferiores, corta por la mitad las dos hojas que dejes arriba para reducir la transpiración, moja la base en hormona de enraizamiento y clávalos en una mezcla a partes iguales de turba y perlita. Con ambiente húmedo y sombra enraízan en unas seis u ocho semanas. Es la forma barata de conseguir las cuarenta plantas que pide un seto largo.

Una responsabilidad: no se planta cerca del monte

Los pájaros comen los frutos y dispersan las semillas a distancia. En la cornisa cantábrica y en buena parte de Europa atlántica, el Prunus laurocerasus se ha naturalizado en robledales y bosques de ribera, donde forma masas densas que impiden la regeneración de las especies autóctonas. Está catalogado como invasor en varios países europeos. Si tu jardín linda con monte, con un río o con una zona natural, la decisión sensata es plantar otra cosa: el propio Prunus lusitanica, el madroño (Arbutus unedo), el acebo o el laurel de cocina cumplen la misma función de pantalla perenne sin ese riesgo. Y si ya lo tienes, poda las flores marchitas antes de que fructifiquen.

En resumen

El laurel cerezo es un seto perenne rápido, denso y resistente al frío que da un resultado excelente donde el clima es húmedo y el suelo no es calizo, es decir, en el norte peninsular. Plántalo en otoño, con acolchado y buen drenaje, a dos plantas por metro si quieres cerrar rápido. Riégalo los dos primeros veranos sin falta y sigue apoyándolo cada verano si vives en el interior. Pódalo después de la floración y de nuevo a final de verano, mejor con tijera de mano que con cortasetos, dándole forma más ancha por abajo. Vigila la perdigonada regando siempre al pie y no por encima, y corrige la clorosis con quelato EDDHA. Recuerda que sus hojas son tóxicas y que no tienen nada que ver con el laurel de cocina. Y si tu suelo es calizo, si vives en clima seco o si tu parcela linda con una zona natural, cambia de especie: el Prunus lusitanica te dará el mismo seto con la mitad de los problemas.


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