Un lapacho florece con las ramas desnudas. Esa es la clave de todo lo demás: es un árbol que pierde la hoja al final del invierno y saca la floración sobre madera pelada, de modo que durante dos o tres semanas la copa entera se convierte en una masa de flores rosas, amarillas o blancas sin una sola hoja que las tape. Entender ese ciclo explica por qué se cultiva bien en la costa mediterránea y por qué en el norte húmedo casi nunca acaba de dar el espectáculo que promete.

El lapacho pertenece a la familia de las bignoniáceas y procede de las zonas tropicales y subtropicales de América, desde México hasta el norte de Argentina. En España se cultiva en jardinería desde hace décadas en el litoral cálido y, sobre todo, en Canarias, donde se comporta como un árbol ornamental de primer orden.

Qué árbol es exactamente el lapacho

Aquí conviene aclarar un lío de nombres que arrastran muchos viveros. Durante años todos los lapachos se vendieron bajo el género Tabebuia, pero la revisión taxonómica separó buena parte de ellos en el género Handroanthus. Así que hoy puedes encontrar el mismo árbol etiquetado de dos formas distintas y ambas son correctas según la antigüedad de la etiqueta. Lo que distingue a los Handroanthus es la madera durísima y densa, cargada de lapachol, y las hojas con pelos estrellados.

Es un árbol de porte medio a grande, de 8 a 20 metros según la especie, con copa abierta e irregular de joven que se va redondeando con los años. La hoja es palmeada, con cinco o siete foliolos que salen de un mismo punto, muy reconocible. La flor es acampanada, de unos 5 a 8 cm, agrupada en ramilletes densos. Después vienen unas vainas alargadas, de aspecto de judía seca, llenas de semillas aladas.

Lapacho rosado en plena floración

Las especies que verás a la venta

Handroanthus impetiginosus (antes Tabebuia impetiginosa), el lapacho rosado o lapacho negro. Es el más plantado y el más resistente al frío del grupo. Flor rosa fuerte con la garganta amarilla. Llega a 15-20 metros con los años.

Handroanthus chrysanthus (antes Tabebuia chrysantha), el lapacho amarillo o guayacán. Floración amarilla intensa, espectacular, pero algo más friolero que el rosado.

Handroanthus chrysotrichus (antes Tabebuia chrysotricha). También amarillo, pero se queda en 6-9 metros. Es la mejor opción para jardines pequeños y para alineaciones de calle, porque no se va de tamaño.

Tabebuia rosea, el roble sabanero o apamate. Flor rosa pálida a lila, hoja más grande y aspecto general más frondoso. Es de zonas tropicales húmedas y aguanta peor el frío que el lapacho rosado.

Tabebuia aurea (sinónimo de Tabebuia caraiba), el paratodo. Se distingue enseguida por el follaje gris plateado y el tronco tortuoso, muy pintoresco. Flor amarilla. Tolera bastante bien la sequía.

Tabebuia heterophylla, el roble blanco antillano, de flor rosa clara casi blanca. Es de las más adaptadas al ambiente marino y se usa mucho en el Caribe cerca de la costa.

Dónde plantarlo en España

A pleno sol, sin discusión. En sombra o semisombra crece delgado, se estira buscando la luz y no florece. Necesita además calor estival: es un árbol que hace la mayor parte de su crecimiento entre junio y septiembre.

La otra condición es el abrigo del frío. Un ejemplar adulto y bien enraizado de lapacho rosado aguanta heladas cortas de -4 ºC sin daños graves, y puede sobrevivir a episodios puntuales algo peores perdiendo ramillas. Pero un ejemplar joven, de los tres o cuatro primeros años, se muere con -2 ºC mantenidos. Esa diferencia entre planta joven y planta hecha es la causa de la mayoría de los fracasos.

Traducido al mapa: en la costa mediterránea desde Girona hasta Cádiz, en Canarias, en el valle del Guadalquivir y en zonas resguardadas de Baleares se puede plantar en suelo con garantías. En Madrid, Castilla, Aragón o el interior de Andalucía, con heladas de -6 ºC o peores, el lapacho en suelo es una apuesta perdida a medio plazo. Ahí la alternativa razonable es cultivarlo en maceta grande y meterlo en invernadero frío o galería durante el invierno.

En la cornisa cantábrica el problema no es tanto el frío como la falta de verano seco y caliente: sobrevive, crece despacio y florece mal o nada.

Suelo y plantación

Lo innegociable es el drenaje. El lapacho tolera bastante bien suelos pobres, pero no aguanta el encharcamiento invernal, que le pudre el cuello y las raíces gruesas. Si tu terreno es arcilloso y compacto, planta sobre un caballón o pequeño montículo de 30-40 cm de altura, que es más eficaz que cavar un hoyo grande y rellenarlo de tierra buena: ese hoyo se convierte en una bañera.

Prefiere pH neutro o ligeramente ácido, entre 6 y 7,5. En suelos muy calizos con agua dura tiende a la clorosis férrica, con las hojas amarillas y los nervios verdes; se corrige con quelato de hierro EDDHA en primavera, pero si el problema es estructural conviene elegir otra especie antes que pelearse cada año.

La época de plantación es la primavera, de abril a mayo, cuando ya no hay riesgo de heladas y el suelo está templado. Así el árbol tiene toda la temporada cálida por delante para enraizar antes de su primer invierno, que es el más peligroso. Plantar en otoño, como se hace con los árboles caducos de aquí, es un error con el lapacho.

Cava un hoyo del doble de ancho que el cepellón y de la misma profundidad, no más: si queda enterrado por encima del cuello, se asfixia. Entutóralo los dos primeros años, porque tiene la madera pesada y el viento lo descuaja con facilidad mientras el anclaje es débil.

Riego

Los dos o tres primeros años necesita riego regular: en verano, dos o tres veces por semana con dosis generosas de 30-40 litros por planta, mejor que riegos cortos y diarios, que solo mojan la superficie y crean un sistema radicular perezoso.

Pasada esa fase de establecimiento, el lapacho adulto es notablemente resistente a la sequía. En la costa mediterránea, un ejemplar hecho se conforma con un riego profundo cada diez o quince días en pleno verano, y en zonas con lluvia decente puede pasar sin riego alguno.

En invierno hay que reducir el riego casi a cero. El árbol está sin hoja y no transpira; el suelo húmedo y frío al mismo tiempo es la combinación que mata lapachos. Si tienes riego automático en el jardín, desconecta el sector del lapacho de noviembre a marzo.

Abonado

En marzo, un aporte de materia orgánica bien hecha alrededor del tronco, sin tocarlo: cuatro o cinco kilos de compost o estiércol maduro para un árbol joven, extendido en la proyección de la copa. Si quieres reforzar, un abono granulado de liberación lenta equilibrado o algo más rico en potasio y fósforo que en nitrógeno, aplicado en abril.

El exceso de nitrógeno da mucha hoja, madera blanda y floración escasa, además de brotaciones tiernas que llegan al invierno sin lignificar. Por eso hay que dejar de abonar en agosto: cualquier aporte de septiembre en adelante empuja al árbol a brotar cuando debería estar preparándose para parar.

Poda

Cuanto menos, mejor. El lapacho tiene una copa naturalmente equilibrada y responde mal a las podas severas: cicatriza despacio y la madera cortada en grueso es puerta de entrada para hongos de pudrición.

Lo único razonable es una poda de formación en los primeros años, para levantar la cruz si el árbol va junto a un paso, y una limpieza posterior de ramas secas, cruzadas o rotas. El momento es justo después de la floración, entre abril y mayo, cuando empieza a brotar la hoja. Podar en pleno invierno significa cortar precisamente las yemas florales que llevan meses formándose, y quedarte sin flor esa temporada.

Nunca lo desmoches. Un lapacho terciado emite un montón de brotes verticales mal anclados y pierde para siempre la silueta abierta que lo hace atractivo.

Multiplicación

Por semilla es lo habitual y lo que mejor funciona. El detalle crítico es la frescura: la semilla de lapacho pierde el poder germinativo muy rápido, en cuestión de pocos meses, así que el sobre de hace tres años que te regalaron no va a nacer. Con semilla reciente, sembrada en primavera en sustrato ligero a 22-25 ºC y cubierta con apenas medio centímetro de mezcla, germina en una o dos semanas y con porcentajes altos.

Por esqueje semileñoso en verano, con hormona de enraizamiento y calor de fondo, se consigue enraizar, pero los porcentajes son bajos e irregulares. El acodo aéreo en primavera da mejores resultados si quieres clonar un ejemplar concreto de floración especialmente buena.

Ten en cuenta el tiempo hasta la primera floración: de semilla, un lapacho tarda entre cinco y ocho años en florecer, y a veces más. Quien compra un plantón de vivero de dos metros porque vio una foto de un árbol cubierto de rosa suele llevarse una decepción en los primeros años. Un ejemplar injertado o de vivero avanzado acorta esa espera.

Hojas palmeadas características del lapacho

Problemas frecuentes

No florece. Las causas por orden de probabilidad: es demasiado joven; le falta sol; recibe demasiado nitrógeno o demasiada agua en invierno; o el clima no le marca un periodo seco y fresco que dispare la caída de hoja. En jardines regados a diario todo el año la floración es siempre pobre.

Florece poco y se hiela la flor. En años con frío tardío de marzo, las yemas abiertas se queman. No hay remedio más allá de elegir un emplazamiento resguardado, orientado al sur y con una pared cerca que acumule calor.

Hojas amarillas con nervios verdes. Clorosis férrica por suelo calizo o riego con agua dura. Quelato de hierro EDDHA en primavera y acolchado orgánico que acidifique poco a poco.

Plagas. Es un árbol bastante limpio. Puede sufrir pulgón en las brotaciones tiernas de primavera y cochinilla algodonosa en ejemplares en maceta o en ambientes muy resguardados. La araña roja aparece en veranos secos y calurosos con el árbol estresado por falta de riego. Nada que no se resuelva con jabón potásico o aceite de verano fuera de las horas de sol.

Dónde conseguirlo y qué mirar al comprarlo

Se encuentra en viveros especializados de la costa mediterránea y de Canarias, y también en centros de jardinería grandes durante la primavera. Fuera de esas zonas cuesta más, y lo normal es recurrir a la venta online de vivero.

Fíjate en dos cosas. La primera, que la etiqueta indique la especie concreta y no solo "lapacho": entre un Handroanthus chrysotrichus de 8 metros y un Handroanthus impetiginosus de 18 hay una diferencia enorme para un jardín pequeño. La segunda, el estado de las raíces: rechaza los ejemplares con el cepellón muy espiralado o con raíces gruesas saliendo por los agujeros del contenedor, porque un lapacho con la raíz estrangulada nunca se ancla bien y acaba tumbándose con el viento años después.

Comprar un ejemplar ya crecido acorta la espera de la floración, pero los árboles grandes en contenedor sufren más al plantar. Un plantón de 1,5 a 2 metros, plantado en primavera y bien regado su primer verano, suele alcanzar y adelantar en pocos años a otro más caro y más grande.

En resumen

El lapacho es viable en España en la franja litoral cálida y en Canarias, y solo con protección invernal en el interior. Pide sol pleno, suelo drenado, riego generoso los primeros veranos y sequedad invernal. Se abona en primavera, se poda lo mínimo y siempre después de la floración, y se planta en abril o mayo, nunca en otoño. La paciencia es parte del cultivo: la floración que justifica plantarlo llega a partir del quinto o sexto año, y desde entonces se repite cada final de invierno sobre las ramas desnudas.


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