Decide dónde va a ir plantado el floripondio antes de comprarlo, no después. Es un arbusto que en tres años puede alcanzar los tres o cuatro metros, que necesita muchísima agua en verano y que es tóxico en todas sus partes, así que su ubicación no es un detalle menor: condiciona el riego, la poda y la seguridad de quien pase por debajo.

Con eso dicho, hay pocas plantas capaces de dar el espectáculo que da. Un floripondio adulto en una noche de septiembre, con cien trompetas colgando y perfumando el jardín entero, justifica el trabajo que exige.

Qué es exactamente el floripondio

Bajo ese nombre se agrupan las especies del género Brugmansia, de la familia de las solanáceas, la misma del tomate, la patata y la berenjena. Son arbustos o arbolitos leñosos originarios de las zonas andinas de Sudamérica, curiosamente extinguidos en estado silvestre: todas las plantas que existen hoy proceden del cultivo humano, mantenido durante siglos por los pueblos originarios.

Las que se encuentran en los viveros españoles son sobre todo Brugmansia arborea, Brugmansia suaveolens, Brugmansia versicolor y el híbrido Brugmansia × candida, con flores blancas, cremas, amarillas, albaricoque o rosadas. Aparte va Brugmansia sanguinea, de flores rojas y anaranjadas, sin perfume porque la polinizan colibríes y no polillas nocturnas; esta especie es de altura andina fría y en el litoral español, con veranos largos y calurosos, se comporta mal y florece poco. Es un error de compra frecuente.

Hay otra confusión aún más extendida que conviene aclarar: floripondio no es lo mismo que estramonio. El estramonio y sus parientes son Datura, plantas herbáceas o subarbustivas, normalmente anuales en nuestro clima, con las flores erguidas hacia arriba y frutos capsulares cubiertos de espinas. La Brugmansia es leñosa, perenne, mucho más grande, con las flores colgando hacia abajo y frutos lisos sin espinas. Se venden etiquetadas indistintamente con demasiada frecuencia, y saber cuál se tiene delante cambia por completo el manejo de la planta.

Flores colgantes de Brugmansia arborea

La toxicidad, en serio

Toda la planta contiene alcaloides tropánicos: escopolamina, hiosciamina y atropina, concentrados sobre todo en semillas, hojas y flores. No es una toxicidad menor de las que producen molestias digestivas y se pasan solas. La intoxicación cursa con delirio, alucinaciones, taquicardia, midriasis, hipertermia y, en dosis altas, convulsiones y coma. Ha habido casos graves y mortales, casi siempre por ingestión voluntaria con fines recreativos.

De ahí se deducen unas cuantas normas prácticas:

No la plantes donde jueguen niños pequeños, ni junto a un arenero, ni al borde de un camino estrecho por donde se roce constantemente. Las flores caídas al suelo, grandes y llamativas, son precisamente lo que un niño de tres años recoge.

Poda con guantes y manga larga, y lávate las manos después. El contacto prolongado con la savia puede provocar absorción a través de la piel y de las mucosas, sobre todo si te tocas los ojos.

No quemes los restos de poda ni los eches a la barbacoa: el humo arrastra alcaloides. Al contenedor de vegetal, y no al compost si ese compost va a acabar en el huerto.

Con perros y gatos hay menos incidentes de los que cabría temer, porque el sabor amargo la hace poco apetecible, pero los cachorros que muerden todo son un riesgo real. En cambio, la planta no es peligrosa por el simple hecho de tenerla cerca: la vieja historia de que dormir bajo un floripondio en flor provoca alucinaciones por el perfume no tiene base. El aroma es intenso y puede resultar cargante en un espacio cerrado, nada más.

Clima y ubicación

Es una planta de clima suave sin heladas. Por debajo de 0 °C se quema el follaje; en torno a -3 o -4 °C muere toda la parte aérea. En zonas de invierno benigno (litoral mediterráneo, Canarias, costa atlántica andaluza, buena parte de Galicia y la franja cantábrica) puede plantarse en tierra y quedarse fuera todo el año. En el interior peninsular, con heladas de -5 °C o más, hay que cultivarla en maceta y guardarla.

Un detalle que da esperanza a quien la ha perdido en un invierno frío: si la helada no ha sido demasiado severa y el suelo estaba bien acolchado, la cepa puede rebrotar desde la base en primavera. Antes de arrancar una planta aparentemente muerta en marzo, conviene esperar a mayo.

Sobre la exposición hay que matizar según dónde se viva. En el norte y en zonas de verano templado, pleno sol. En el sur y en el litoral mediterráneo, con más de 35 °C en verano, agradece sol de mañana y sombra en las horas centrales: con insolación plena y aire seco las hojas se marchitan a diario aunque el suelo esté húmedo, porque transpira más de lo que puede absorber.

Y necesita abrigo del viento. Las hojas son grandes y blandas, se desgarran con facilidad, y las flores, que ya de por sí duran pocos días, se estropean en una tarde de poniente.

Suelo, riego y abonado

Este es el punto donde más gente falla, y falla por defecto. El floripondio es una planta glotona: crece mucho, muy rápido y produce una cantidad enorme de biomasa en una sola temporada, y eso exige agua y nutrientes en proporción.

Quiere un suelo profundo, rico en materia orgánica, fresco pero drenado, con pH ligeramente ácido a neutro, entre 6 y 7. En suelos muy calizos tiende a la clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes; se corrige con quelato de hierro, pero si el problema es crónico es mejor cultivarla en maceta con sustrato adecuado.

El riego en verano es diario o casi diario en tierra, y en maceta puede llegar a dos veces al día en pleno agosto en el sur. No es exageración: un ejemplar grande en un tiesto de 40 litros bebe varios litros al día. El síntoma clásico de la sequía es el marchitamiento total de hojas y flores a media tarde; si ocurre por la mañana con el sustrato seco, se ha pasado de castaño oscuro. En invierno, en cambio, el riego se reduce mucho, porque con frío y sin hojas el sustrato encharcado pudre las raíces.

Si va en maceta, que sea grande de verdad: 40 o 50 litros como mínimo para un ejemplar adulto. En macetas pequeñas la planta se queda enana, se marchita cada tarde y no florece.

El abonado marca la diferencia entre un arbusto con hojas y un arbusto con flores. Durante todo el periodo de crecimiento, de marzo a octubre, conviene un abono líquido cada una o dos semanas. Al principio de la temporada vale un equilibrado o algo más rico en nitrógeno para que forme estructura; a partir de junio, uno rico en potasio y fósforo, del tipo de los que se venden para tomate o para plantas de flor, que es lo que empuja la floración. Una planta que crece mucho y no florece casi siempre está recibiendo demasiado nitrógeno.

Poda: la horquilla lo explica todo

Hay una particularidad de la Brugmansia que casi nadie conoce y que resuelve la pregunta de por qué muchas plantas jóvenes no florecen. El tallo crece recto durante uno o dos años y en algún momento se bifurca en forma de Y. Esa horquilla marca el paso de la fase juvenil a la adulta, y la planta solo florece en la madera producida por encima de ella. Un ejemplar que aún no ha llegado a bifurcarse no va a florecer por mucho que se le abone.

La consecuencia práctica es directa: al podar, nunca se corta por debajo de la primera horquilla. Si se rebaja el arbusto hasta la madera juvenil, se pierde la floración de esa temporada y a veces de la siguiente, porque la planta tiene que volver a construir toda la estructura adulta. Por la misma razón, si vas a hacer esquejes, tómalos de las ramas de la parte alta, ya adultas: enraízan igual de bien y florecen mucho antes que un esqueje de la caña basal.

La época de poda es el final del invierno, en febrero o principios de marzo, antes de que arranque el crecimiento. Se aclara el interior, se eliminan ramas secas, cruzadas o débiles y se acortan las ramas del año dejando dos o tres pares de yemas por encima de la horquilla. Es una planta que tolera bien el corte y rebrota con fuerza, así que no hay que ser tímido, siempre dentro de la zona adulta.

Durante la temporada conviene ir retirando las flores marchitas y los frutos que se formen. Un fruto cuajado consume muchísima energía y frena las oleadas de floración siguientes.

Floración

Florece por oleadas, no de forma continua. Cada varias semanas, desde finales de primavera hasta las primeras noches frías de otoño, abre una tanda numerosa de flores que dura unos días, descansa y vuelve a empezar. Es normal, no un fallo de cultivo.

El perfume se dispara al anochecer: la flor está adaptada a polinizadores nocturnos y por el día huele mucho menos. Si la vas a colocar cerca de una terraza donde se cena, ese es el momento en que la vas a disfrutar.

La caída de capullos antes de abrir suele deberse a riego irregular, a un golpe de calor o a un trasplante reciente. La solución es regularidad, no más abono.

Invernada en zonas frías

En el interior peninsular la fórmula que funciona es tenerla en maceta con ruedas y meterla antes de las primeras heladas, en octubre o noviembre. No necesita un invernadero caliente: se conforma con un local fresco y luminoso a 5-10 °C, un garaje con ventana, un porche cerrado o una escalera fría. Ahí perderá gran parte de las hojas y entrará en reposo, y solo hay que regarla lo justo para que el cepellón no se seque del todo, quizá una vez cada dos o tres semanas, sin abonar nada.

Antes de meterla conviene rebajar la copa (por encima de la horquilla, siempre) para que ocupe menos y revisar el envés de las hojas, porque la araña roja y la mosca blanca aprovechan el invierno bajo techo para multiplicarse sin freno. En marzo se saca poco a poco, primero a un sitio protegido, se reanuda el riego y el abonado, y en pocas semanas rebrota con fuerza.

Plagas y problemas habituales

Por ser solanácea, comparte enemigos con el tomate y los tiene casi todos.

La araña roja es la peor: aparece con calor y aire seco, deja las hojas punteadas de amarillo y luego bronceadas, con telarañas finas en el envés. Se combate subiendo la humedad ambiental con pulverizaciones de agua sobre el follaje y, si hace falta, con acaricida o aceite de neem. La mosca blanca se instala igualmente en el envés y deja melaza pegajosa con negrilla; el jabón potásico repetido cada pocos días funciona razonablemente bien.

También aparecen pulgones en los brotes tiernos, orugas defoliadoras que pueden dejar una planta hecha un encaje en pocos días y, en zonas húmedas, caracoles y babosas sobre los brotes bajos.

De los problemas no parasitarios, los dos más comunes son la clorosis por suelo calizo o falta de hierro y el marchitamiento por falta de agua o por raíces asfixiadas. Distinguirlos es sencillo: si la planta está mustia y el sustrato seco, falta agua; si está mustia con el sustrato empapado y el drenaje es malo, sobra.

Multiplicación

Por esqueje, y es de las plantas más agradecidas que existen para esto. Se toman en primavera o verano trozos de rama semileñosa de 20 a 30 centímetros, se les quitan las hojas de abajo y se recortan a la mitad las de arriba para reducir la transpiración, y se ponen en un sustrato ligero y húmedo o directamente en un vaso con agua, en sombra luminosa. En dos o tres semanas suelen tener raíces. Como decíamos, si se cortan de ramas ya adultas, la planta resultante florece en su primer o segundo año.

La semilla también germina, pero tarda mucho más en llegar a floración y en los híbridos no reproduce fielmente las características de la planta madre.

En resumen

El floripondio es un arbusto de crecimiento rápido y floración espectacular que pide tres cosas sin negociación: agua abundante en verano, abono regular con potasio a partir del inicio del verano y ausencia de heladas fuertes. Es leñoso y de flores colgantes, a diferencia del estramonio (Datura), con el que se confunde en los viveros. Se poda a finales de invierno y nunca por debajo de la horquilla en Y, porque solo florece en la madera adulta que hay por encima. Se multiplica en minutos por esqueje. Y es tóxico de verdad, por alcaloides tropánicos, lo que obliga a elegir bien su sitio, a podar con guantes y a no quemar sus restos. Cumplidas esas condiciones, es una planta de mantenimiento exigente pero muy previsible, que devuelve el esfuerzo en forma de oleadas de flores perfumadas desde junio hasta el primer frío.


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