A finales de octubre, al pasar junto a un katsura, huele a azúcar quemado, a manzana asada o a galleta de jengibre. No hay ninguna flor implicada ni ningún vecino haciendo repostería: son las hojas caídas, que al senescer liberan maltol, el mismo compuesto que aparece en la corteza del pan tostado y en el caramelo. Ese olor, que se percibe a varios metros y dura un par de semanas, es lo que ha convertido al Cercidiphyllum japonicum en un árbol buscado en colecciones y jardines del norte de España. Cultivarlo bien, sin embargo, depende de un puñado de condiciones que no son negociables.
Qué árbol es
El Cercidiphyllum japonicum es un árbol caducifolio originario de Japón y China, único junto a su pariente Cercidiphyllum magnificum en la familia de las cercidifiláceas. En su tierra alcanza 30 metros o más y es uno de los caducifolios más altos del país; en jardín europeo se queda casi siempre entre 10 y 15 metros, con la copa piramidal de joven y más abierta y redondeada con los años. Es frecuente encontrarlo formado con varios troncos desde la base, y así resulta especialmente vistoso.
El nombre lo describe: Cercidiphyllum significa "con hojas de Cercis", es decir, con hojas parecidas a las del árbol del amor. Son redondeadas, acorazonadas en la base, de borde festoneado y de disposición opuesta, detalle que lo separa de inmediato del Cercis siliquastrum, cuyas hojas son alternas y algo mayores.
El color es la otra razón para plantarlo. Al brotar, en marzo, las hojas salen broncíneas o rosadas; en verano viran a un verde azulado mate muy limpio; y en otoño pasan por amarillo, albaricoque, rosa salmón y, en algunos ejemplares, rojo cobrizo. Es dioico: hay pies macho y pies hembra, con flores diminutas y sin pétalos que abren antes que las hojas, a finales de invierno, y que solo se notan de cerca por los estambres rojizos de los machos.
Clima: dónde tiene sentido plantarlo en España
El frío no es el problema. El katsura resiste sin daño temperaturas de -20 °C y bastante por debajo en ejemplares establecidos. Lo que no tolera es el calor seco con aire caliente y suelo agotado, y eso limita mucho su área en la Península.
Va bien en Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco, Navarra húmeda, el Pirineo y sus valles, y en zonas frescas del Sistema Central y del Sistema Ibérico con suelo ácido. En la mitad sur, en el litoral mediterráneo y en el interior seco de Castilla o Aragón es un árbol difícil: se puede mantener, pero exige sombra de tarde, acolchado grueso, riego constante y aun así llegará a agosto con las hojas achicharradas.
Hay un segundo riesgo climático menos evidente: brota pronto, en marzo, y los brotes tiernos son sensibles a las heladas tardías de abril. No matan al árbol, pero queman el crecimiento del año y deslucen la temporada entera. Por eso conviene plantarlo resguardado del norte y de las vaguadas donde se acumula el aire frío, no en el punto más expuesto del jardín.
El suelo, el factor que decide
Aquí no hay término medio. El katsura quiere suelo ácido o como mucho neutro, entre pH 5 y 6,5, profundo, rico en materia orgánica, fresco de forma permanente y a la vez bien drenado. En terrenos calizos, que es lo que hay en buena parte de España, desarrolla clorosis férrica: la hoja amarillea entre los nervios, el árbol se queda pequeño, adelanta la caída y pierde por completo el color de otoño, que en suelo calizo se reduce a un amarillo apagado.
Si el suelo del jardín es calizo, la respuesta honesta es que no es la especie adecuada. Los quelatos de hierro EDDHA en primavera funcionan como parche y hay que repetirlos todos los años; el agua de riego dura, típica de gran parte del país, va reponiendo cal continuamente y anula el esfuerzo. Antes de comprar el árbol vale la pena medir el pH del suelo y el del agua de riego. Si sale por encima de 7,5, es mejor plantar otra cosa o cultivarlo en maceta grande con sustrato para acidófilas, asumiendo que ese cultivo obliga a regar casi a diario en verano.
Exposición
En su origen crece en laderas frescas y bordes de bosque húmedo. Trasladado al clima español, el criterio es simple: sol de mañana y sombra de tarde. En el norte atlántico aguanta sol pleno sin problema y ahí es donde da su mejor porte y su mejor color otoñal. En cualquier sitio con veranos de más de 32-34 °C, la sombra de las horas centrales deja de ser un lujo y pasa a ser la condición para que llegue entero a septiembre.
También hay que protegerlo del viento seco. Las hojas son finas y de pecíolo largo, se deshidratan con facilidad y basta un episodio de poniente para quemar los bordes. Un seto o un grupo de arbolado a barlovento cambia el resultado más que cualquier otra medida.
Riego y acolchado
Es un árbol que no perdona la sequía. Cuando el suelo se seca de golpe, el katsura tiene una respuesta de defensa muy característica: tira las hojas. Puede quedarse desnudo en pleno julio en cuestión de días. Normalmente sobrevive y rebrota, incluso ese mismo verano si vuelve el agua, pero cada episodio le cuesta reservas y ejemplares jóvenes pueden no aguantar dos veranos así.
El manejo correcto es riego regular y abundante durante toda la estación de crecimiento, sin llegar al encharcamiento permanente. En clima mediterráneo, riego por goteo con varios goteros repartidos por la proyección de la copa y turnos largos, dos o tres veces por semana en julio y agosto. Un ejemplar joven recién plantado, más frecuente aún el primer verano.
Y un acolchado de 8-10 cm de corteza de pino, hojarasca o restos de poda triturados sobre toda la zona de raíces, dejando libre el cuello. La corteza de pino tiene además la ventaja de acidificar ligeramente. Las raíces del katsura son superficiales, así que el acolchado no es un adorno: es lo que mantiene esa capa de suelo fresca y viva. Por la misma razón, es mala idea plantarlo en medio de un césped que se siega y se riega por aspersión con agua dura, y peor idea cavar o pasar el motocultor bajo la copa.
Plantación
La mejor época es el otoño, de octubre a noviembre, para que el sistema radicular tenga todo el invierno y toda la primavera por delante antes del primer verano. En zonas de inviernos muy duros se puede retrasar a finales de invierno, en cuanto pase el riesgo de heladas fuertes. Plantar en primavera avanzada o en verano es exponerlo a una prueba que suele suspender.
El hoyo, amplio, con la tierra de relleno mejorada con compost bien maduro y, si el terreno es algo básico, con turba rubia o sustrato para acidófilas. El cuello a ras de suelo. Después, alcorque generoso, riego de asiento muy abundante para eliminar bolsas de aire, acolchado y, en ejemplares altos, un tutor bajo con ataduras flexibles que se retira a los dos años.
Hay que darle sitio desde el principio, porque no se poda para reducirlo: al menos 6-8 metros respecto a la fachada más próxima y lejos de pavimentos, no porque levante el firme con fuerza, sino porque sus raíces someras sufren bajo el asfalto y la compactación.
Abonado
Un abono para plantas acidófilas a la salida del invierno, entre febrero y marzo, y una aportación de compost o mantillo de hojas en otoño sobre el acolchado. Poco más. El exceso de nitrógeno produce brotes largos, blandos y todavía más sensibles a la deshidratación y a las heladas tardías, justo lo contrario de lo que interesa. Si aparece amarilleo internervial, quelato de hierro EDDHA regado al pie en primavera, sabiendo que es sintomático.
Poda
Es un árbol que se estropea podando. Su valor está en la silueta natural y en la ramificación fina y horizontal, y las podas de reducción dejan muñones antiestéticos y rebrotes verticales que rompen la figura. La intervención se limita a eliminar ramas secas, dañadas o cruzadas, y a decidir en los primeros años si se conduce a tronco único o se deja multitronco.
La época es el final del invierno o el otoño ya avanzado, con el árbol en reposo. Conviene evitar el arranque de primavera, cuando la savia sube y las heridas lloran. Si un ejemplar joven ha sufrido una helada tardía y tiene brotes negros, hay que esperar a que rebrote y limpiar entonces, no cortar en caliente: es habitual que la yema de repuesto esté por debajo y viva.
Variedades interesantes
'Pendulum', la forma llorona, con ramas que caen en cascada formando una cúpula de 5-8 metros. Es la selección más plantada en jardín pequeño y la que mejor funciona como ejemplar aislado sobre grava o césped.
'Rotfuchs' (también vendida como 'Red Fox'), de porte más estrecho y hojas purpúreas al brotar que viran a verde bronce en verano. Necesita algo de sol para mantener el color.
'Amazing Grace' y 'Morioka Weeping', otras formas colgantes, la segunda más alta y erguida que 'Pendulum'.
Y Cercidiphyllum magnificum, la especie hermana, más pequeña, de hoja mayor y aún más exigente en frescor: solo para jardines de montaña o de clima atlántico.
Problemas habituales
Las plagas apenas cuentan aquí. Es una especie notablemente libre de insectos y hongos foliares; algún caracol o babosa en los brotes de plantas muy jóvenes y poco más. Casi todo lo que le pasa a un katsura es fisiológico y remite a las mismas cuatro causas:
Bordes de hoja pardos y secos. Golpe de calor, viento seco o riego insuficiente. Se corrige con acolchado, sombra de tarde y riegos más profundos, no con productos.
Defoliación repentina en verano. Sequía brusca. Regar de inmediato y con abundancia; el árbol suele rebrotar.
Hoja amarilla con nervios verdes. Clorosis por caliza en el suelo o en el agua de riego. Quelato EDDHA y, a medio plazo, replantearse la ubicación.
Color de otoño pobre. Depende de la acidez del suelo, del contraste térmico entre día y noche en octubre y de que el árbol haya llegado hidratado al final del verano. Un ejemplar que ha pasado sed en agosto no da buen color en noviembre.
La Armillaria y la podredumbre de raíz pueden aparecer en suelos que se encharcan de forma permanente, lo cual conviene distinguir bien: el katsura quiere humedad constante, no agua estancada.
Multiplicación
Por semilla es viable: los pequeños folículos maduran en otoño en los pies hembra y liberan semillas diminutas y aladas, que necesitan una estratificación fría de unas seis a ocho semanas y se siembran en superficie sobre sustrato ácido, sin enterrar, en semillero protegido. Al ser dioico, hace falta un macho cerca de una hembra para que haya semilla fértil, cosa poco frecuente fuera de arboretos.
Las variedades se multiplican por esqueje semileñoso en junio y julio, con hormona de enraizamiento y nebulización, o por injerto sobre pie de la especie. El enraizamiento es irregular, y por eso las selecciones lloronas se pagan caras en vivero.
En resumen
El árbol de Katsura es una especie de clima fresco y suelo ácido, no un árbol de uso general. Resiste el frío sin dificultad y necesita muy poca poda, pero exige tres cosas a cambio: suelo con pH por debajo de 6,5, humedad constante en la zona de raíces y protección frente al calor seco y al viento de la tarde. Plantado en otoño, con acolchado grueso, riego por goteo y sombra en las horas centrales del verano, funciona bien en toda la mitad norte húmeda de la Península. En suelo calizo o en clima mediterráneo seco es una lucha continua, y la mejor decisión suele ser sustituirlo por otra especie de color otoñal más adaptada. Cuando encuentra su sitio, devuelve un porte elegante, un follaje azulado en verano, un otoño en tonos albaricoque y ese olor a caramelo bajo la copa que ningún otro árbol de jardín reproduce.