Por debajo de 12 ºC la acalifa deja de crecer, a 5 ºC empieza a soltar hojas y con una helada, aunque sea corta, no queda mata que recuperar. Ese único dato explica casi todo lo demás: por qué en Canarias y en la costa de Málaga o Alicante se ve formando setos de tres metros, y por qué en Burgos o en Segovia solo se ve en maceta, dentro de casa y con cara de estar pasándolo mal.

El nombre acalifa se reparte entre varias especies del género Acalypha, un grupo enorme de la familia Euphorbiaceae con más de cuatrocientas especies. En jardinería se manejan sobre todo tres, y conviene distinguirlas porque no se cuidan exactamente igual.

Cuál de las tres acalifas tienes

Acalypha wilkesiana es la acalifa de hoja. Originaria de las islas del Pacífico, forma un arbusto redondeado de 2 a 3 metros en suelo y de 1 a 1,5 metros en maceta, con hojas grandes, acorazonadas y jaspeadas en cobre, granate, crema o rosa según el cultivar ('Mosaica', 'Marginata', 'Musaica'). Sus flores son espigas verdosas insignificantes: aquí lo que se cultiva es el follaje.

Acalypha hispida es la del "rabo de gato" o "cola de gato". Sus inflorescencias femeninas son espigas colgantes de un rojo carmesí intenso que llegan a medir de 30 a 50 centímetros y que aparecen de forma casi continua mientras haga calor. La hoja, en cambio, es verde lisa y anodina.

Acalypha reptans (a menudo etiquetada en vivero como A. chamaedrifolia, A. pendula o simplemente "acalifa rastrera") es la versión pequeña y postrada, con espiguillas rojas de 3 a 5 centímetros. Va muy bien en jardinera colgante, en maceta de balcón y como tapizante en climas suaves, y es la más manejable de las tres si el espacio es poco.

Hojas jaspeadas en tonos cobre y granate de Acalypha wilkesiana Mosaica

Temperatura: el factor que decide todo lo demás

La acalifa es una planta tropical estricta. Vegeta a gusto entre 20 y 30 ºC, se frena por debajo de 15 ºC y sufre daño en tejido por debajo de 5 ºC. No es rústica en ningún punto del interior peninsular.

En la práctica, esto dibuja dos formas de cultivarla en España:

En suelo, todo el año, solo en zonas libres de heladas: Canarias, la costa de Almería, Granada y Málaga, el litoral murciano y alicantino, y microclimas muy resguardados de la costa valenciana. Ahí se comporta como arbusto de exterior y admite recorte de seto.

En maceta, con invernada bajo techo, en el resto. Sale a la terraza cuando las mínimas nocturnas se estabilizan por encima de 15 ºC (finales de mayo en buena parte de la Península) y entra antes de la primera bajada seria de octubre. El error clásico no es dejarla fuera en enero: es apurar hasta noviembre "porque todavía no ha helado". Los daños de frío en Acalypha empiezan mucho antes de los 0 ºC.

Un matiz que se pasa por alto: le hacen tanto daño las corrientes de aire frío como el frío en sí. Un ejemplar junto a una puerta que se abre en invierno se defolia aunque la casa esté a 20 ºC.

Luz

Quiere mucha luz, y aquí hay una creencia que conviene corregir: no es una planta de sombra. Se vende como planta de interior, se coloca en un rincón a dos metros de la ventana y, en cuestión de semanas, A. wilkesiana pierde el jaspeado y se vuelve verde uniforme, mientras que A. hispida deja de emitir espigas. El color y la floración son directamente proporcionales a la luz recibida.

La posición correcta es a pleno sol filtrado o sol directo de mañana. En exterior mediterráneo aguanta sol pleno siempre que tenga el riego cubierto, aunque en julio y agosto, con más de 35 ºC y viento seco, agradece sombra en las horas centrales. En interior, junto a una ventana orientada al sur o al este, lo más pegada al cristal posible.

Sustrato y riego

Sustrato fértil, esponjoso y con drenaje real: una mezcla de turba o fibra de coco con compost o mantillo y un tercio de perlita funciona bien. Prefiere pH ligeramente ácido o neutro.

El riego es el punto donde se pierden más ejemplares, y por los dos extremos. En crecimiento (de abril a septiembre) el cepellón debe mantenerse fresco de forma constante, sin llegar a encharcarse: en maceta pequeña y en pleno verano eso puede significar regar a diario. En invierno, con la planta parada y a menos temperatura, el consumo se desploma y hay que espaciar mucho; regar en enero al mismo ritmo que en julio es la vía directa a la asfixia radicular y a la podredumbre del cuello.

Nada de plato con agua permanente bajo la maceta. Y si el agua del grifo es muy calcárea, como ocurre en gran parte del país, alterna con agua de lluvia o embotellada de baja mineralización: la acalifa responde a la cal con clorosis (hoja amarilla con nervios verdes) que en las variedades jaspeadas se confunde fácilmente con el propio veteado.

Humedad ambiental y araña roja

Viene de climas con humedad relativa alta. En un salón con calefacción, donde la humedad baja del 30 %, la acalifa reacciona con bordes de hoja secos, caída de hojas bajas y, casi siempre, araña roja (Tetranychus urticae), que prospera precisamente en ambiente cálido y seco.

Contra esto funciona pulverizar el follaje con agua no calcárea, agrupar plantas, o poner la maceta sobre una bandeja con arlita húmeda —sin que la base toque el agua—. Un humidificador cerca resuelve el problema de raíz en invierno. Revisa el envés de las hojas cada pocas semanas: la araña roja se detecta antes por el punteado amarillento y las telillas finas que por el ácaro, que es diminuto.

Los otros huéspedes habituales son la mosca blanca, el pulgón en los brotes tiernos y la cochinilla algodonosa en las axilas. Jabón potásico aplicado a última hora de la tarde, repitiendo cada 7 días durante tres semanas, resuelve la mayoría de los casos si se coge pronto.

Abonado

Es una planta de crecimiento rápido y bastante glotona. De marzo a septiembre, abono líquido para plantas verdes cada 15 días a la dosis indicada en el envase, o un abono de liberación lenta al inicio de la primavera. Elige uno que incluya microelementos: en las variedades de hoja, la falta de hierro y manganeso apaga el color.

De octubre a febrero, abonado cero. Empujar a la planta con nitrógeno cuando no tiene ni luz ni temperatura para procesarlo solo produce brotes largos, blandos y perfectos para la araña roja.

Poda y mantenimiento de la forma

La acalifa tiende a desgarbarse: crece hacia la luz, se queda desnuda por abajo y se abre. Rebrota muy bien de madera vieja, así que no hay que tenerle miedo a la tijera.

La poda fuerte se hace a finales de invierno o al arrancar la primavera, antes de que empuje el nuevo brote: febrero o marzo en la costa, o cuando el ejemplar de maceta vuelve a activarse. Se puede rebajar un tercio de la masa, e incluso más en ejemplares desnudos por la base. Podar en otoño es un error frecuente: se abre la planta a las puertas de la época en que menos capacidad de cicatrización tiene y encima se pierde el rebrote.

Durante la temporada, pinza las puntas de los brotes para forzar ramificación. En A. hispida ten en cuenta que las espigas salen sobre la madera del año, así que un despunte de verano retrasa unas semanas la floración a cambio de una mata más compacta.

El látex de las euforbiáceas tiene mala fama, y aunque Acalypha no exuda ese jugo blanco espeso de las Euphorbia, su savia puede irritar pieles sensibles. Guantes al podar y lavarse las manos después: es una precaución barata.

Trasplante y multiplicación

Trasplante en primavera, subiendo un solo número de maceta cada vez, hasta llegar a un contenedor de 30-35 centímetros. A partir de ahí, en lugar de cambiar de tiesto, sustituye cada primavera los 3-4 centímetros superiores de sustrato por mezcla nueva.

Se multiplica con facilidad por esqueje semileñoso en verano: trozos de 10-15 centímetros de brotes del año, quitando las hojas inferiores y recortando a la mitad las grandes para reducir la transpiración. Hormona de enraizamiento, sustrato de perlita y turba a partes iguales, calor de fondo entre 22 y 25 ºC y ambiente cerrado y húmedo. Enraízan en tres a cinco semanas. Merece la pena tener un par de esquejes de reserva de los ejemplares valiosos, porque un invierno mal llevado puede llevarse la planta madre.

Errores frecuentes que cuestan la planta

Comprarla en otoño y plantarla en el jardín fuera de zona libre de heladas. Sobrevivirá al otoño y morirá en el primer temporal frío.

Interpretar la caída de hojas como falta de agua. Cuando una acalifa recién comprada o recién trasladada suelta hojas, casi siempre es aclimatación, frío o corriente, no sed. Regar más en ese momento remata las raíces.

Dejarla en la misma maceta durante años con el sustrato agotado y compactado. La planta se estanca, deja de colorear y se llena de plagas.

Esperar flor en A. wilkesiana. No la tiene en el sentido decorativo; si querías las espigas rojas, la especie era A. hispida o A. reptans.

En resumen

La acalifa es un arbusto tropical exigente en calor, luz y humedad, y muy poco exigente en todo lo demás. Manténla por encima de 12-15 ºC todo el año, dale la máxima luz posible, riega abundante en verano y muy poco en invierno, abona quincenalmente solo en la época de crecimiento y poda fuerte a finales de invierno para que no se desgarbe. En el litoral cálido y en Canarias es un arbusto de jardín de pleno derecho; en el resto de España, una planta de maceta que veranea fuera e inverna dentro. Vigila la araña roja cuando encienda la calefacción y ten un par de esquejes enraizados por si acaso.


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