Una peonía enterrada diez centímetros de más puede vivir veinte años sin dar una sola flor. La planta crece, saca hojas cada primavera, engorda la mata y parece perfectamente sana; simplemente no florece nunca. Es el fallo más repetido con este género y no tiene arreglo salvo desenterrar la planta y volver a colocarla a la altura correcta. Con eso ya queda dicho lo esencial: la peonía no es una planta exigente en el día a día, pero castiga sin piedad dos o tres decisiones que se toman el día que se planta.
Qué es exactamente una peonía
Bajo el nombre común se esconden plantas que se cuidan de forma distinta, y confundirlas explica buena parte de los disgustos. El género Paeonia se reparte en tres grupos de jardín:
Peonías herbáceas. Derivan sobre todo de Paeonia lactiflora y Paeonia officinalis. Cada otoño desaparecen por completo: la parte aérea muere y solo quedan bajo tierra unas raíces carnosas y engrosadas con las yemas del año siguiente. Son las más vendidas, las más longevas y las que necesitan más frío invernal.
Peonías arbustivas o arbóreas. Paeonia suffruticosa y afines forman un armazón leñoso permanente de uno a dos metros que no se pierde en invierno. Florecen sobre madera vieja, aguantan mejor el calor y llegan a flores enormes, de veinte centímetros. Casi siempre se venden injertadas sobre raíz de una herbácea.
Híbridos Itoh o interseccionales. Cruces entre los dos grupos anteriores. Rebrotan de suelo como una herbácea pero heredan el color y el porte firme de las arbóreas, con tallos que aguantan la flor sin tutor. Son caros y son, con diferencia, los más agradecidos para un jardín español medio.
Conviene saber además que la Península tiene peonías silvestres propias: Paeonia broteri en buena parte de las sierras, Paeonia coriacea en las montañas del sur, Paeonia officinalis subsp. microcarpa y la endémica balear Paeonia cambessedesii. Estas últimas son la pista de que el género no es solo cosa de climas fríos, pero son plantas protegidas: no se recolectan en el monte, se compran de vivero cuando aparecen.
El frío es el requisito que no se negocia
Las peonías herbáceas necesitan acumular varios cientos de horas por debajo de 7 °C durante la parada invernal para que las yemas subterráneas rompan la latencia y produzcan flor. Sin ese frío, la planta brota tarde, mal y sin botones. Es un requisito fisiológico, no una manía: no se compensa con abono, ni con riego, ni con más sol.
Traducido al mapa: las peonías herbáceas van muy bien en la cornisa cantábrica, en toda la meseta, en el valle del Ebro, en el interior de Cataluña, en los sistemas montañosos y en cualquier zona de altitud media donde el invierno baje habitualmente de cero. En el litoral mediterráneo templado, en la costa andaluza y en las islas, plantar una lactiflora es tirar el dinero.
Las arbóreas y los Itoh exigen bastante menos frío y estiran esa frontera algo más al sur, sobre todo si se les da una posición fresca. Aun así, no hacen milagros en clima subtropical.
Cuándo plantar y a qué profundidad
La época es el otoño, de octubre a noviembre, cuando se venden las raíces desnudas. Plantar entonces da a la planta todo el invierno para enraizar antes de brotar. Las peonías en maceta se pueden colocar casi en cualquier momento, pero incluso esas agradecen el otoño.
Y ahora la parte crítica. En una peonía herbácea, las yemas rojizas que se ven en la corona deben quedar a 3-5 cm por debajo de la superficie del suelo, y hacia el extremo bajo de esa horquilla en climas cálidos. Ni más. Enterrar la corona a la profundidad a la que venía el cepellón, o "asegurarla" con quince centímetros de tierra encima, es exactamente lo que produce esa mata frondosa y estéril del primer párrafo.
En una peonía arbustiva injertada el criterio se invierte: el punto de injerto se entierra unos 10-15 cm, precisamente para que la variedad noble emita raíces propias y acabe independizándose del patrón herbáceo, que de otro modo termina rebrotando y comiéndose la planta.
El hoyo se hace amplio y profundo, de unos 40 cm de lado, con compost bien hecho mezclado en el fondo y nunca en contacto directo con las raíces. Deje 90-120 cm entre plantas: son matas que en cinco años ocupan mucho más de lo que sugiere el saquito de raíces.
Suelo, luz y riego
El suelo ideal es profundo, fértil y sobre todo bien drenado. Las raíces tuberosas se pudren con facilidad si pasan el invierno encharcadas, y ese es el segundo motivo de muerte después de la profundidad. En terrenos arcillosos o compactos, lo sensato es plantar sobre un caballón o en un macizo elevado veinte centímetros.
El pH le va bien entre 6,5 y 7,5, es decir, de neutro a ligeramente alcalino. Aquí hay una idea extendida que conviene desmontar: la peonía no es una planta de tierra de brezo. Plantarla en sustrato ácido de turba, como si fuera una hortensia o una camelia, no la beneficia en nada. Tolera bien los suelos calizos de media España.
De luz, pleno sol en el norte y en la meseta. Al sur del Sistema Central, o en cualquier sitio donde el verano supere con holgura los 35 °C, prefiera una exposición con sol de mañana y sombra desde primeras horas de la tarde: la flor dura bastante más días y los colores oscuros no se queman.
El riego se concentra en la fase de crecimiento y floración, de marzo a junio: riegos abundantes y espaciados, mojando el suelo en profundidad, mejor que pequeños riegos diarios. Terminada la floración, la demanda baja mucho, y una herbácea seca en pleno agosto no está sufriendo, está entrando en su reposo natural. Mantenga el agua lejos del cuello de la planta y evite el riego por aspersión sobre el follaje, que favorece la botritis.
Abonado: menos nitrógeno del que se cree
Una peonía sobrealimentada de nitrógeno hace hojas magníficas y flores escasas, con tallos blandos que se tumban a la primera tormenta de mayo. Lo adecuado es un abono bajo en nitrógeno y rico en fósforo y potasio, del tipo 5-10-10, aplicado en dos momentos: cuando asoman los brotes a finales de invierno y otra vez justo después de la floración, que es cuando la planta fabrica las yemas del año siguiente.
Un acolchado de compost o estiércol muy maduro en otoño cubre bien las necesidades de fondo. Extiéndalo alrededor de la mata, no encima de la corona: recuerde que esas yemas necesitan estar a cinco centímetros escasos y un mantillo generoso las entierra sin que usted se dé cuenta.
Poda y labores del año
En las herbáceas y los Itoh, cuando el follaje amarillea en otoño se corta toda la parte aérea a ras de suelo, dejando dos o tres centímetros. No es una poda estética: los restos secos son el refugio invernal de las esporas de botritis, y retirarlos del jardín (a la basura, no al compost) reduce muchísimo los problemas del año siguiente.
En las arbustivas, lo contrario: nunca se cortan a ras. Florecen sobre la madera del año anterior y una poda severa elimina la floración entera. Se limitan a quitar ramas secas, cruzadas o dañadas al final del invierno, y a suprimir los rebrotes que salgan por debajo del injerto.
Durante la floración, retire las flores marchitas cortando por encima de una hoja sana. Impide que la planta gaste energía en formar semillas y evita que los pétalos podridos se peguen al follaje húmedo. Las variedades dobles clásicas, con flores del tamaño de un puño, necesitan un aro tutor colocado en primavera antes de que los tallos crezcan; ponerlo después, con la mata ya hecha, es una operación imposible.
Por qué no florece
Cuando llega la consulta clásica de la peonía que no da flor, la causa suele estar en esta lista, por orden de frecuencia:
Está demasiado profunda. Ya se ha dicho. Compruébelo escarbando con cuidado en otoño: si las yemas están a más de siete u ocho centímetros, hay que levantar la mata y replantarla más alta.
Es demasiado joven. Una división recién plantada tarda entre dos y cuatro años en dar una floración digna. El primer año a menudo solo saca un par de tallos. No es un fracaso, es el calendario normal de la planta.
Le falta luz. Un arbusto que ha crecido al lado, un árbol que se ha hecho grande, y la peonía que llevaba diez años floreciendo deja de hacerlo.
Le falta frío. El invierno de la zona no le da las horas que necesita. Sin remedio, salvo cambiar de tipo de peonía.
Exceso de nitrógeno, sobre todo si está en un macizo que se abona pensando en el césped o en las anuales de alrededor.
Se movió hace poco. Aquí hay otro tópico que matizar: se repite que la peonía no se puede trasplantar jamás. Sí se puede, en octubre, levantando un cepellón grande. Lo que ocurre es que se enfada y tarda dos o tres años en volver a florecer. Por eso no se mueve por capricho, pero no es una operación prohibida.
Plagas, enfermedades y el asunto de las hormigas
El problema serio es la botritis (Botrytis paeoniae y Botrytis cinerea). Se manifiesta con botones florales que se ennegrecen y se secan sin abrir, tallos que colapsan por la base con un fieltro grisáceo y manchas oscuras en las hojas. Aparece en primaveras húmedas y frías, y en matas apelotonadas sin ventilación. Se combate más con higiene que con producto: retirada total del follaje en otoño, eliminación inmediata de los botones afectados, riego al suelo y no por encima, y espaciado generoso entre plantas. Si la presión es alta, un tratamiento preventivo con cobre a la salida del invierno ayuda.
Menos habituales son el oídio en veranos bochornosos, algún ataque de pulgón en los brotes tiernos y los nematodos en suelos que llevan años con la misma planta.
Y ahora el clásico: las hormigas no abren las flores de la peonía. La creencia de que la planta necesita que suban por los botones para que se despliegue el capullo es falsa y se ha comprobado mil veces: una peonía en una habitación cerrada, sin una sola hormiga, abre exactamente igual. Lo que ocurre es que los sépalos y los botones segregan un néctar azucarado y las hormigas van a por él. La relación es cómoda para las dos partes —de paso ahuyentan a algún insecto masticador— pero no es imprescindible. No hace falta insecticida ni tratamiento de ningún tipo. Si va a cortar flores para casa, basta con sacudir el tallo o dejarlo unos minutos boca abajo antes de entrarlo.
Multiplicación
La vía práctica es la división de mata en otoño, sobre plantas de al menos cinco años. Se levanta la corona entera con una horca, se lava la tierra con manguera para ver bien la estructura y se corta con un cuchillo limpio en trozos que lleven tres a cinco yemas cada uno y una buena porción de raíz carnosa. Los trozos con una o dos yemas prenden, pero tardan años en dar algo.
Deje los cortes orear unas horas a la sombra antes de plantar y replante enseguida, respetando la profundidad de siempre. La siembra de semilla funciona en las especies botánicas, pero exige doble estratificación y de cinco a siete años hasta la primera flor; y en las variedades de jardín no reproduce la planta madre.
En maceta y como flor cortada
Se puede tener una peonía en maceta, aunque con condiciones: recipiente de 40-50 cm de diámetro y otro tanto de fondo, drenaje impecable, sustrato de calidad con algo de tierra franca para que no se seque en dos horas, y una ubicación que en invierno reciba frío de verdad. Un porche protegido o un interior fresco anulan el reposo y la planta dejará de florecer. Los Itoh y las arbóreas son mejores candidatos que las herbáceas grandes.
Para flor cortada, el momento es el llamado estado de malvavisco: el botón todavía cerrado pero blando al tacto, como una nube de azúcar. Cortado así, abre en jarrón y dura cinco o seis días. Cortado ya abierto, dura dos. Corte a primera hora de la mañana, con tijera limpia, y no se lleve más de un tercio de los tallos de una mata joven: cada tallo que quita es follaje que la planta necesita para cargar las yemas del año siguiente.
En resumen
La peonía es una planta de plantar bien una vez y no tocar durante décadas. Elija el tipo según su clima —herbáceas donde el invierno sea frío de verdad, Itoh o arbóreas si es más suave—, plante en otoño con las yemas a tres o cinco centímetros escasos, en suelo profundo y drenado, a pleno sol salvo en el sur, y con abonado bajo en nitrógeno. Corte el follaje a ras en otoño si es herbácea y no lo haga nunca si es arbustiva. Si no florece, mire primero la profundidad y la edad antes que cualquier otra cosa. Y deje a las hormigas en paz: no le hacen falta a la flor, pero tampoco le hacen daño.