El arándano es un arbusto que en España se planta con muchísima ilusión y se pierde con la misma frecuencia. No porque sea delicado con el frío, ni porque exija cuidados raros, sino porque casi todo el mundo lo trata como a un frutal normal y el arándano no lo es. Pertenece a la familia de las ericáceas, igual que las azaleas y los rododendros, y eso significa una cosa que condiciona absolutamente todo lo demás: necesita suelo ácido. Si ignoras ese punto, no hay riego, abono ni ubicación que salve la planta.

Qué arándano plantar

La especie que se cultiva casi siempre en jardín es el arándano alto o highbush (Vaccinium corymbosum), un arbusto caducifolio de 1,5 a 2 metros, con follaje que enrojece de forma espectacular en otoño y frutos azules en verano. Existen también variedades rabbiteye (Vaccinium virgatum), más tolerantes al calor y al suelo menos ácido, interesantes en el sur, y el arándano silvestre europeo (Vaccinium myrtillus), el ráspano de la cordillera Cantábrica y los Pirineos, mucho más difícil de cultivar fuera de su ambiente.

Un detalle que se pasa por alto: aunque muchas variedades son autofértiles, plantar dos variedades distintas que coincidan en floración aumenta claramente la cosecha y el tamaño del fruto. Si tienes sitio, no pongas una sola planta.

Cuándo se plantan

Depende del tipo de planta que compres.

Planta en contenedor, que es lo habitual en vivero: puede plantarse prácticamente todo el año salvo en pleno verano y con heladas fuertes. Pero el mejor momento es el otoño, de octubre a noviembre. Las temperaturas suaves y las lluvias permiten que emita raíces durante el invierno y llegue a la primavera ya instalado, con toda la estación de crecimiento por delante.

La segunda ventana buena es finales de invierno o principios de primavera, entre febrero y marzo, una vez pasado el riesgo de heladas fuertes. Es la opción preferible en zonas de interior con inviernos muy duros, donde una planta recién puesta en noviembre sufriría antes de arraigar.

Planta a raíz desnuda: solo en pleno reposo, de diciembre a febrero, y plantándola de inmediato al recibirla.

Evita plantar de mayo a septiembre. El arándano tiene un sistema radicular muy superficial y fibroso, sin pelos absorbentes, lo que lo hace tremendamente vulnerable a la sequía. Una planta recién puesta en junio se seca en un fin de semana sin agua.

El punto crítico: el suelo

El arándano exige un pH entre 4,5 y 5,5. Por encima de 6 empieza a mostrar clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes, y por encima de 7 se muere sin remedio. La mayor parte del suelo español, sobre todo en la mitad este y sur, es calizo y básico, con pH de 7,5 a 8,5. Es decir: en gran parte del país no se puede plantar arándano directamente en el suelo del jardín, y ese es el dato que casi nunca aparece en la etiqueta del vivero.

Lo primero, por tanto, es medir el pH con un kit de jardinería, que cuesta poco. Y comprobar el agua de riego: un agua dura, muy calcárea, va subiendo el pH del sustrato riego tras riego aunque hayas plantado en turba. En zonas de agua dura, el arándano acaba clorótico al segundo año pese a estar bien plantado.

Arbusto de arándano con frutos maduros

Cómo plantarlo en el jardín

Si tu suelo es ácido o ligeramente ácido y bien drenado, el trabajo es sencillo. Elige una posición a pleno sol en el norte y con sombra de la tarde en el centro y sur: el arándano agradece el sol para cuajar fruto, pero el sol de julio de Sevilla le quema.

Abre un hoyo ancho, de unos 60 x 60 cm, más ancho que profundo, porque las raíces se extienden en horizontal. Mezcla la tierra extraída con abundante materia orgánica ácida: turba rubia, mantillo de pinocha, acículas de pino compostadas o corteza de pino. Coloca la planta de modo que el cuello quede al mismo nivel que estaba en la maceta, jamás enterrado. Antes de meterla, desenreda con los dedos el cepellón: los arándanos de vivero suelen venir con las raíces girando en espiral y, si no las abres, nunca salen del cepellón original.

Riega abundantemente y termina con un acolchado de 8-10 cm de corteza de pino, acículas o serrín envejecido. Esto no es un adorno: mantiene la humedad constante que las raíces superficiales necesitan, controla hierbas y acidifica progresivamente. Es probablemente la mejor inversión que puedes hacer por la planta.

Separa las plantas 1,2 a 1,5 metros entre sí. Y no cultives césped ni plantes nada pegado al pie: cualquier competencia radicular en los primeros 20 cm perjudica.

Si tu suelo es calizo, la alternativa razonable no es "corregirlo" a base de azufre año tras año, porque el suelo circundante volverá a subir el pH. Es plantar en bancal elevado o macetón grande con sustrato propio, aislado del terreno.

Cómo plantarlo en maceta

Es la opción sensata para la mayoría de jardines españoles y funciona muy bien.

Usa una maceta de 40-50 litros como mínimo para una planta adulta; empezar en 25-30 litros y trasplantar al tercer año también sirve. Que tenga buenos agujeros de drenaje: el arándano quiere humedad constante, no encharcamiento.

El sustrato debe ser específico para plantas acidófilas. Una mezcla que funciona: dos partes de turba rubia, una de corteza de pino fina y una de perlita o arena silícea gruesa. Nada de tierra de jardín caliza ni de sustrato universal, que suele ir corregido a pH neutro.

El riego es el otro punto crítico. En verano, una maceta de arándano puede necesitar agua a diario. Riega con agua de lluvia siempre que puedas. Si tu agua del grifo es dura, déjala reposar y acidifícala ligeramente: unas gotas de vinagre por litro o una pizca de sulfato de hierro disuelto, ajustando hasta rondar pH 5. Comprueba el pH del agua de riego con tiras, no lo hagas a ojo.

Aborda el abonado con cabeza: usa fertilizante para acidófilas, de primavera a final de verano, y nunca abonos con nitrato cálcico. El arándano prefiere el nitrógeno en forma amoniacal o de urea.

Los tres errores más caros

Uno: plantar en suelo calizo sin comprobarlo. Es la causa de la mayoría de fracasos y no tiene arreglo una vez hecho.

Dos: dejar que se seque. Sin pelos radicales y con raíces superficiales, el arándano no tiene margen. Un solo golpe de sequía en junio puede tirar la cosecha entera.

Tres: dejar fructificar el primer año. Si la planta es joven, retira las flores del primer año, incluso del segundo. Duele, pero permite que invierta todo en raíz y estructura, y a partir del tercer año la diferencia de producción es enorme.

En resumen

Planta el arándano en otoño, de octubre a noviembre, o a finales de invierno en zonas frías, y nunca en pleno verano. Antes de nada mide el pH del suelo y del agua: necesita 4,5 a 5,5 y en buena parte de España eso obliga a cultivarlo en maceta grande o bancal elevado con sustrato de acidófilas. En jardín, hoyo ancho, mezcla con turba y corteza de pino, cuello al nivel del suelo y acolchado generoso. En maceta, 40-50 litros, sustrato ácido y riego frecuente con agua blanda. Planta dos variedades para mejorar la cosecha y quítale la flor los primeros años.


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