La morera es uno de esos árboles que casi todo el mundo ha visto sin saber que lo estaba viendo. Aparece alineada en calles y paseos de media España, podada en cabeza de gato hasta parecer un puño de madera en invierno, y en primavera se cubre de una hoja verde brillante que da una sombra densa y fresca. Esa hoja es, además, la parte más interesante del árbol desde el punto de vista práctico: no solo define su aspecto, sino que ha sostenido durante siglos toda una industria y sigue teniendo usos muy concretos en el jardín y fuera de él.

Conviene aclarar antes de nada de qué estamos hablando. Bajo el nombre de morera se agrupan varias especies del género Morus, todas de la familia de las moráceas. Las dos habituales en España son la morera blanca (Morus alba), originaria de China, y el moral o morera negra (Morus nigra), de Asia occidental. Sus hojas no son idénticas, y esa diferencia importa más de lo que parece.

Cómo es realmente la hoja de morera

La hoja de Morus es simple, alterna y caduca, con el borde claramente aserrado y el ápice acuminado, es decir, terminado en punta. Mide entre 6 y 20 centímetros de largo según la especie, la edad del árbol y la posición de la rama. Nace de un pecíolo bastante largo, de 1 a 3 centímetros, que le permite orientarse hacia la luz y moverse con el viento.

El rasgo que más desconcierta a quien la observa por primera vez es el polimorfismo foliar: en un mismo árbol, y a veces en una misma rama, conviven hojas enteras acorazonadas con otras profundamente lobuladas, con dos, tres o cinco lóbulos irregulares. No es una anomalía ni una enfermedad. Las hojas lobuladas aparecen sobre todo en brotes jóvenes y vigorosos, mientras que las ramas maduras y fructíferas tienden a producir hojas enteras. Por eso los árboles recién podados a fondo dan un follaje mucho más recortado que los que llevan años sin tocarse.

Entre morera blanca y moral hay diferencias reconocibles. La de Morus alba es más fina, glabra, de un verde claro y brillante en el haz, casi lustrosa. La de Morus nigra es más gruesa, mate, de tacto áspero por el haz y con pelos cortos en el envés, y suele ser más grande y menos lobulada. Si al pasar la mano la hoja raspa, tienes delante un moral.

Otro carácter común a todo el género es el látex blanco que aparece al romper el pecíolo o el nervio central. Contiene alcaloides y no conviene ingerirlo crudo ni en cantidad. En otoño, antes de caer, la hoja vira a un amarillo limpio que en años favorables resulta bastante decorativo, aunque la caída es rápida y todo el follaje se va en poco más de dos semanas.

Hoja de morera con el borde aserrado característico

El uso que hizo famosa a esta hoja: la seda

La hoja de Morus alba es el único alimento del gusano de seda (Bombyx mori). No es que la prefiera: es que su sistema digestivo está adaptado a ella y no prospera con otra cosa. Toda la sericicultura, desde China hasta las huertas de Murcia, Valencia y Granada, se levantó sobre plantaciones de morera cultivadas exclusivamente por su follaje.

Aquí está el motivo real de esas podas drásticas que se ven en las moreras viejas de pueblo. No se podaban por estética, sino porque el desmochado anual obliga al árbol a emitir brotes largos con hojas grandes, tiernas y fáciles de recolectar, que es justo lo que necesita el gusano. La hoja del moral, más dura y áspera, nunca sirvió para esto: por eso Morus alba se extendió por el Mediterráneo y Morus nigra quedó relegada al huerto familiar por su fruto.

Si alguien quiere criar gusanos de seda con los niños, conviene saber que la hoja debe darse seca y a temperatura ambiente. La hoja mojada o recién sacada de la nevera provoca problemas digestivos en las larvas, y ese es el fallo más habitual de quien lo intenta por primera vez.

Forraje, huerto y otros aprovechamientos

Menos conocido, pero muy real, es su valor como forraje. La hoja de morera tiene un contenido proteico notable, comparable al de buenas leguminosas forrajeras, y una digestibilidad alta. Se usa como complemento para cabras, ovejas y conejos, y en muchas fincas mediterráneas el ramoneo de la morera ha sido un recurso clásico de finales de verano, cuando el pasto escasea. Si tienes animales, el ramón de poda es un aprovechamiento que suele tirarse a la trituradora sin más.

En el jardín, la hoja caída se composta bien. Es blanda, se descompone rápido y aporta nitrógeno, así que no hay que tratarla como las hojas duras de encina o magnolio. Mézclala con material leñoso para equilibrar el montón.

Sobre los usos en infusión conviene ser prudente. Existe una tradición de consumo de hoja de morera en infusión en Asia oriental, pero no es un remedio inocuo ni un sustituto de ningún tratamiento, y no debe usarse por cuenta propia, sobre todo si se toma medicación. Aquí interesa más su valor agronómico y ornamental, que está fuera de discusión.

Lo ornamental y el error más repetido

La morera se planta en ciudad porque su hoja da una sombra muy densa en verano y desaparece por completo en invierno, dejando pasar el sol cuando hace falta. En una fachada orientada al sur o sobre una terraza, eso es un sistema de climatización gratuito. Además tolera bien la contaminación, la sequía una vez arraigada y suelos calizos y compactados, lo que explica su presencia masiva en el arbolado urbano español.

El error frecuente es plantar la variedad equivocada. Si el árbol va sobre pavimento, aparcamiento o zona de paso, hay que elegir un ejemplar de morera sin fruto, comercializado como Morus alba 'Fruitless' o similar, porque las moras maduras manchan de morado todo lo que hay debajo durante semanas. Y si lo que se busca es sombra rápida en poco espacio, la Morus alba 'Pendula' cumple bien, aunque su porte llorón exige una poda de aclareo cada pocos años para que el interior no se convierta en una maraña seca.

El otro malentendido habitual es creer que la morera hay que desmocharla cada año. Solo tiene sentido si se busca hoja para gusanos o forraje. Un árbol ornamental desmochado repetidamente acaba con muñones huecos, pudriciones y una copa frágil que se desgaja con el viento. Para uso de sombra, basta con una poda de formación los primeros años y luego aclareos suaves en reposo invernal.

En resumen

La hoja de morera es caduca, alterna, aserrada, con látex blanco y una notable variabilidad de forma dentro del mismo árbol, más lobulada cuanto más joven es el brote. La de Morus alba es lisa y brillante; la de Morus nigra, áspera y gruesa. Su uso histórico decisivo es alimentar al gusano de seda, que solo acepta la blanca, y de ahí vienen las podas severas que aún vemos. Como forraje tiene un valor proteico real, y en jardinería su gran baza es la sombra estacional. Si vas a plantar una, elige variedad sin fruto para zonas pavimentadas y olvídate del desmoche anual salvo que persigas hoja tierna.


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