Bajo el nombre de Cornus se agrupan unas cincuenta especies de arbustos y arbolillos de la familia Cornaceae, repartidas por las zonas templadas del hemisferio norte. En español se les llama cornejos, cornizos o sanguiños, y en jardinería se usan para cosas muy distintas: unos por sus flores, otros por sus tallos de colores en invierno, otros por sus frutos comestibles y alguno por su arquitectura.

Esa diversidad es lo que hace que muchos artículos sobre Cornus resulten confusos, porque mezclan especies con exigencias opuestas. La forma útil de abordar el género es dividirlo en cuatro grupos funcionales, porque dentro de cada uno los cuidados sí son homogéneos.

Cornus florida en flor

Cómo reconocer un cornejo

Casi todos los Cornus tienen hojas opuestas, enteras (sin dientes ni lóbulos) y con una nerviación muy característica: los nervios secundarios se curvan siguiendo el borde de la hoja hacia la punta en lugar de llegar hasta el margen. Esa nerviación arqueada es inconfundible una vez que la has visto.

Existe además una prueba de campo infalible. Parte una hoja por la mitad con cuidado y separa despacio los dos trozos: entre ellos quedarán unos hilos blancos elásticos, procedentes de los vasos laticíferos en espiral. Ninguna otra planta de nuestros jardines hace eso. Si aparecen los hilos, es un Cornus.

La flor verdadera es pequeña, de cuatro pétalos, amarilla verdosa o blanquecina, agrupada en umbelas o en cabezuelas. En las especies de flor espectacular, lo que parecen pétalos grandes son en realidad brácteas, hojas modificadas que rodean un grupo compacto de flores diminutas. Es el mismo truco de la buganvilla o la flor de Pascua.

El fruto es una drupa carnosa con hueso, roja, blanca, negra o azulada según la especie, muy apreciada por los pájaros.

Grupo 1: los cornejos de brácteas, la flor espectacular

Cornus florida, el cornejo florido americano, es el más conocido. Arbolillo de 5-8 m con ramificación horizontal en pisos, que en abril y mayo se cubre de "flores" de 8-10 cm formadas por cuatro brácteas blancas con una muesca en la punta, antes o a la vez que la hoja. En otoño la hoja vira a rojo vino intenso y aparecen frutos rojos brillantes. El cultivar 'Rubra' tiene las brácteas rosadas.

Cornus kousa, el cornejo japonés, es la alternativa que casi siempre funciona mejor en España. Florece un mes más tarde, en junio, con brácteas blancas acabadas en punta afilada, y lo hace sobre la hoja ya desarrollada, lo que da un efecto de capas superpuestas. Su fruto es una bola rosada de aspecto de fresa, comestible aunque insípida. Es más resistente al calor, a la sequía y a las enfermedades que C. florida, y su corteza se exfolia en placas con la edad, aportando interés invernal. La variedad chinensis tiene brácteas aún mayores.

Cornus capitata, del Himalaya, es siempreverde o semiperenne, con brácteas de un amarillo cremoso y frutos rojos carnosos comestibles. Solo apto para zonas de invierno suave.

Todos estos exigen suelo ácido o neutro, fresco y rico en materia orgánica, con humedad ambiental. En España rinden bien en la cornisa cantábrica, Galicia, el norte de Cataluña y zonas de montaña. En el interior seco y en el sur, C. florida es una decepción casi segura: se quema, sufre oídio y no llega a florecer bien.

Grupo 2: los cornejos de tallos de colores

Este grupo es el más útil y el más infravalorado. Son arbustos de mata, de 1,5 a 3 m, que pierden la hoja en otoño y dejan al descubierto ramas jóvenes de color rojo intenso, coral, naranja o amarillo que iluminan el jardín de noviembre a marzo. No hay muchas plantas capaces de aportar eso.

Cornus alba Elegantissima de hoja variegada

Cornus alba, de Siberia y el norte de Asia. El cultivar 'Sibirica' tiene el rojo más puro y brillante de todos. 'Elegantissima' combina tallos rojos con hoja variegada de blanco crema, muy útil para iluminar rincones sombríos, y 'Spaethii' hace lo propio con variegado amarillo.

Cornus sericea (antes C. stolonifera), norteamericana, de tallos rojos y con la particularidad de emitir estolones, por lo que coloniza y sujeta taludes. Su cultivar 'Flaviramea' tiene los tallos amarillo verdosos, y plantado junto a uno rojo el contraste invernal es notable.

Cornus sanguinea, el sanguiño o cornejo común, autóctono de buena parte de España, presente en setos, riberas y orlas de bosque desde Cataluña hasta Andalucía. Su cultivar 'Midwinter Fire' (o 'Winter Beauty') es probablemente el mejor de todo el grupo: los tallos degradan del amarillo en la base al naranja y al rojo intenso en la punta, como una llama.

Aquí está la clave que casi nadie aplica: el color vivo solo lo tienen las ramas del primer o segundo año. A partir del tercero, la corteza engrosa, se vuelve parda y la planta pierde toda la gracia. Por eso hay que rejuvenecerlas por poda, y lo explico más abajo.

Son plantas mucho más tolerantes que las del grupo anterior: aceptan suelo calizo, arcilla, encharcamientos temporales, sol o media sombra y frío intenso. C. sanguinea, además, aguanta bien la sequía estival mediterránea.

Grupo 3: Cornus mas, el cornejo macho

Merece capítulo propio. Es un arbusto o arbolillo de 4-6 m, autóctono del norte y el este peninsular, que florece en febrero, antes de que salga ninguna hoja, cubriéndose de umbelas de florecillas amarillas. Junto al avellano y el almendro, es de lo primero que rompe el invierno, y por eso es una fuente de polen fundamental para las abejas en esa época.

En verano produce drupas rojas alargadas, comestibles, de sabor ácido cuando están firmes y agradable cuando maduran del todo y se ablandan hasta caer solas. Se usan tradicionalmente para mermeladas, licores y compotas, y son muy ricas en vitamina C. Un dato práctico: recógelas solo cuando cedan al tacto; verdes son astringentes hasta lo desagradable.

Su madera es extraordinariamente dura y densa (se hunde en el agua) y se ha usado desde la antigüedad para mangos de herramienta, radios de rueda y astas de lanza.

Como planta de jardín es de las más agradecidas del género: tolera caliza, sequía, frío de -25 °C y poda, y prácticamente no enferma. Existen cultivares seleccionados por fruto grande, como 'Jolico' o 'Kasanlaker'. Se puede formar como arbolillo de un solo tronco o como seto informal.

Grupo 4: los de arquitectura

Cornus controversa y Cornus alternifolia son las dos excepciones del género: tienen hojas alternas, no opuestas. Su interés es la silueta: ramifican en pisos horizontales netos y superpuestos, lo que les ha valido el sobrenombre de árbol de la tarta de boda. El cultivar 'Variegata', de hoja bordeada de blanco, acentúa el efecto de estratos y es una de las plantas más elegantes que se pueden poner en un jardín de sombra fresca. Necesita suelo ácido, humedad y abrigo.

Cornus canadensis es una planta tapizante de apenas 15-20 cm que forma alfombras en suelos ácidos y sombreados, con las mismas brácteas blancas del grupo 1 en miniatura y frutos rojos. Solo para el norte húmedo.

Cuidados: suelo, riego y exposición

Suelo. No generalices. Los cornejos de brácteas (florida, kousa, capitata, controversa) quieren pH ácido o neutro, entre 5,5 y 6,8, con materia orgánica abundante. Los de tallos de colores y C. mas toleran perfectamente la caliza. Confundir ambos grupos es el error de fondo del que derivan casi todos los fracasos con este género en España.

Humedad. Todos, sin excepción, prefieren suelos frescos. Los de tallo coloreado, de hecho, crecen de forma natural en riberas y bordes de humedal y agradecen suelo húmedo permanente. Los de brácteas quieren frescor pero no encharcamiento.

Exposición. En el norte peninsular admiten sol pleno. En el centro y el sur, media sombra o sol de mañana, con protección de las horas centrales del verano. Los cultivares variegados se queman con más facilidad que los verdes, porque la parte blanca de la hoja carece de clorofila y de protección.

Riego. Sus raíces son superficiales. Riega en profundidad y con menos frecuencia, y acolcha el pie con 8-10 cm de corteza o restos triturados, que en este género no es un lujo sino casi una necesidad: mantiene el suelo fresco y evita que la raíz se recaliente. En el interior peninsular, un cornejo joven puede pedir riego semanal generoso durante todo el verano.

Abonado. Compost o mantillo en superficie a finales de invierno, y poco más. Los acidófilos agradecen un abono para plantas de suelo ácido en marzo. Nada de nitrógeno en verano.

Poda: la parte que decide el resultado

Aquí hay dos calendarios completamente distintos según el grupo, y confundirlos arruina la planta.

Cornejos de tallos de colores. Se practica el recepado (en inglés coppicing): cortar las ramas a 15-30 cm del suelo para forzar la emisión de brotes nuevos, que serán los que tengan color vivo el invierno siguiente. La época es el final del invierno, de febrero a principios de marzo, cuando el color ya ha cumplido su función y antes de la brotación.

Dos formas de hacerlo. El recepado total, cada dos años, deja la mata reducida a tocones y produce el color más intenso, pero también te quita el arbusto durante media temporada. Lo que suele funcionar mejor en un jardín es el recepado parcial anual: cortar cada año un tercio de los tallos, los más viejos y apagados, dejando el resto. Así siempre hay volumen y siempre hay ramas jóvenes de color.

Cornejos de brácteas y C. mas. Se podan lo mínimo posible. Estas especies florecen sobre madera del año anterior, así que una poda de invierno elimina la floración. Si hay que intervenir, se hace justo después de florecer (finales de primavera en los de brácteas, marzo en C. mas) y se limita a quitar ramas secas, cruzadas o mal orientadas. La ramificación horizontal en pisos de C. florida y C. controversa es su mayor valor ornamental: recortarla en bola es destruirla.

Multiplicación

Estaca leñosa, el método más fácil y el que se usa con los cornejos de tallo coloreado: en pleno invierno, con la planta sin hoja, corta trozos de rama del año de 20-25 cm y clávalos dos tercios en tierra o en un semillero al aire libre. En primavera enraízan sin más cuidados. Prácticamente no falla.

Esqueje semileñoso en verano, con hormona y bajo nebulización, para los cornejos de brácteas, que son bastante más difíciles.

Acodo: tumbar y enterrar una rama baja en primavera. Lento pero seguro, y muy adecuado para C. kousa.

Semilla de C. mas y C. sanguinea: requiere doble estratificación, un periodo cálido seguido de otro frío, y puede tardar dos años en germinar. Merece la pena solo si buscas cantidad para un seto.

C. sericea se propaga sola por estolones: basta separar los brotes enraizados del perímetro.

Problemas frecuentes

Oídio: polvo blanco sobre las hojas, muy habitual en C. florida en climas cálidos y con poca ventilación. Se previene aclarando la copa y evitando mojar el follaje; existen cultivares resistentes.

Antracnosis del cornejo (Discula destructiva): manchas necróticas con halo púrpura, defoliación y muerte descendente. Ha devastado poblaciones de C. florida en Estados Unidos. En España es poco frecuente, pero es un motivo más para inclinarse por C. kousa, mucho menos sensible.

Bordes de hoja quemados: casi siempre exceso de sol, viento seco o agua caliza, no falta de riego. Comprueba el suelo antes de regar más.

Los tallos ya no son rojos: falta de recepado. Es el problema número uno con este grupo y se resuelve podando a finales de invierno.

Clorosis férrica en los acidófilos plantados sobre caliza: quelato de hierro EDDHA como parche, y cambio de especie como solución real.

En resumen

Los Cornus no son un solo tipo de planta. C. florida, C. kousa y C. controversa son arbolillos ornamentales de flor y arquitectura que exigen suelo ácido, frescor y clima templado húmedo, y que en España rinden en el norte y en la montaña; de ellos, C. kousa es el más adaptable y el más sano.

C. alba, C. sericea y C. sanguinea son arbustos de invierno que toleran caliza, arcilla y humedad, y cuyo valor depende por completo de recepar a finales de invierno para renovar los tallos de color. Y C. mas es probablemente el más útil de todos en clima español: autóctono, rústico, floración amarilla en febrero, fruto comestible y ninguna exigencia.

La regla que resume el manejo: los de flor se podan después de florecer y muy poco; los de tallo se recepan cada invierno. Todos agradecen suelo fresco y acolchado al pie.


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