El color de una pata de canguro no está en el pétalo. Está en los pelos diminutos que recubren el tubo floral por fuera, y por eso una misma flor puede ser verde en la punta y roja en la base, o virar del amarillo al naranja según le dé la luz. Esa pilosidad aterciopelada es lo que da al género Anigozanthos su aspecto de fieltro coloreado y lo que hace que, al tacto, la flor no se parezca a ninguna otra.
De dónde viene y qué es exactamente
El género Anigozanthos pertenece a la familia Haemodoraceae y es endémico del suroeste de Australia Occidental, una región de clima mediterráneo casi idéntico al nuestro: inviernos lluviosos y templados, veranos largos y secos. Ese detalle explica casi todo su cultivo aquí, y también por qué se le suele regar en el momento equivocado.
No es un arbusto ni sale de un bulbo. Es una perenne rizomatosa: forma una mata de hojas planas dispuestas en abanico, parecidas a las de un lirio, a partir de un rizoma carnoso poco profundo, y desde el centro de la mata levanta varas florales que en las especies grandes superan los dos metros.
Las flores son tubos curvados que se abren en seis lóbulos desiguales en el extremo. La forma recuerda a una pata con dedos, y de ahí el nombre común, tanto en español como en inglés (kangaroo paw). Sus polinizadores naturales son aves melívoras australianas, que apoyan el pecho en la vara y salen marcadas de polen; por eso la flor tiene esa textura correosa y resiste tanto. Aquí la visitan abejas y algún pájaro curioso, pero rara vez cuaja semilla con la misma facilidad.
Qué especie o híbrido estás comprando
Aquí se juega la mitad del resultado, porque la diferencia de comportamiento entre unas y otras es enorme.
Anigozanthos flavidus es la especie robusta del género. Procede de las zonas más húmedas del sur de Australia Occidental, alcanza dos o tres metros con la vara, tolera arcilla, tolera humedad estival y resiste mejor que ninguna el frío y las enfermedades foliares. Es también la mata más longeva: bien situada dura muchos años. Sus flores suelen ser verde amarillentas, a veces rojizas.
Anigozanthos manglesii es la de las fotos: verde intenso con la base de la vara de un rojo aterciopelado brillante, emblema floral de Australia Occidental. También es la más difícil. Necesita arena casi pura, drenaje perfecto y sequía estival estricta, y aun así tiende a comportarse como planta de vida corta. Si es tu primera pata de canguro, no empieces por esta.
Entre medias están A. rufus (rojo oscuro), A. pulcherrimus (amarillo dorado), A. bicolor y el enano A. humilis. Y aparte, la llamada pata de canguro negra, que ni siquiera es del mismo género: es Macropidia fuliginosa, con flores verdes cubiertas de pelo negro, espectacular y notoriamente exigente.
En el garden center, sin embargo, lo que encontrarás casi siempre es un híbrido de la serie Bush Gems ('Bush Ranger', 'Bush Pearl', 'Bush Dawn', 'Bush Diamond') o de la serie Kings Park, seleccionados en Australia para maceta y para flor cortada. Buena parte de ellos llevan A. flavidus en la ascendencia, precisamente para heredar su resistencia, y se propagan por cultivo in vitro. Merece la pena leer la etiqueta: un híbrido compacto de 40 a 60 centímetros está pensado para dar mucha flor en poco tiempo en un contenedor, no para durar una década en el arriate.
Un matiz sobre su duración que evita disgustos
Cuando una pata de canguro enana se apaga al segundo o tercer año, la explicación no siempre es un fallo de cultivo. Varios híbridos compactos son de vida corta por selección: se han elegido por floración intensa y precoz, y esa intensidad se paga en longevidad. Funcionan casi como una vivaz de temporada larga.
Lo práctico es tratarlos en consecuencia: dividirlos cada dos o tres años para renovar la mata, o asumir la reposición. Si lo que quieres es una planta permanente en el jardín, planta A. flavidus o un híbrido alto derivado de ella, que es lo que aguanta.
Sol, suelo y drenaje
Sol directo, sin negociación. Seis horas como mínimo, y mejor todo el día. A media sombra la mata se estira, saca la mitad de varas y —lo que es peor— mantiene la hoja húmeda más tiempo, que es justo lo que dispara sus problemas fúngicos.
El suelo tiene que drenar de verdad. En su hábitat crece sobre arenas pobres y lavadas. En un jardín español de suelo franco-arcilloso, la solución no es enmendar el hoyo de plantación —eso solo crea una bañera— sino plantar en caballón o bancal elevado, 20 o 30 centímetros por encima del nivel del terreno, con una mezcla de tierra del sitio, arena gruesa de río y grava fina. En maceta, un sustrato de plantas mediterráneas o de cactus aligerado con un 30 o 40 % de perlita gruesa o arena silícea, y nunca un plato con agua estancada debajo.
Con el fósforo hay que ir con cuidado. Como otras plantas australianas adaptadas a suelos empobrecidos, Anigozanthos lo absorbe con avidez y responde mal a dosis altas: hojas cloróticas, puntas quemadas, decaimiento general. Usa un fertilizante bajo en fósforo, del tipo formulado para plantas nativas australianas o para acidófilas, a media dosis y solo en primavera. Nada de estiércol fresco, nada de compost muy rico y nada de abonos de floración del estilo 15-30-15.
Riego: el calendario va al revés de lo que parece
Su ciclo natural es este: crece con las lluvias de invierno y primavera y florece de finales de primavera a verano. Es decir, sí necesita agua en verano, en pleno periodo de floración, y agradece secarse bien entre riego y riego.
En clima peninsular, en la práctica: riego profundo y espaciado de abril a septiembre, cada cinco o siete días en maceta y cada diez o quince en suelo, dejando que se sequen los tres primeros centímetros; y prácticamente nada de octubre a marzo, salvo invierno anormalmente seco. Un rizoma en tierra fría, compacta y empapada de diciembre a febrero se pudre, y la mata se levanta entera de un tirón en cuanto la tocas.
Y el agua va al suelo, nunca sobre las hojas. El riego por aspersión al atardecer deja el abanico foliar mojado toda la noche, que es la manera más directa de conseguir la enfermedad que viene a continuación.
La mancha de tinta y las demás dolencias
El problema clásico del género es la mancha de tinta (ink spot), causada sobre todo por Alternaria alternata. Empieza como manchas negras alargadas en las hojas, que se van fundiendo hasta que el abanico entero queda ennegrecido y seco, muchas veces avanzando de la punta hacia abajo. Se propaga con la humedad prolongada sobre la hoja y va más deprisa en sombra, con poco aire y con follaje viejo acumulado en el centro de la mata.
Se controla por cultivo, no por producto: sol pleno, buena ventilación, riego dirigido al suelo y, lo más eficaz de todo, corte a ras de toda la mata al final del invierno, hacia febrero. Se rebaja el abanico a diez o quince centímetros con tijera limpia y se retiran los restos —a la basura, no al compost—, con lo que se elimina el grueso del inóculo. La mata rebrota limpia en primavera y florece igual o mejor. A. manglesii y A. humilis son muy susceptibles; A. flavidus y sus híbridos, bastante resistentes.
Lo demás es menor. Caracoles y babosas muerden la vara floral tierna en primavera y a veces la parten a media altura, así que conviene vigilar cuando asoma. La podredumbre de rizoma por Phytophthora o Pythium aparece solo donde hay agua parada; no se cura, se previene con drenaje. Y algún año se ve roya en zonas litorales húmedas, con pústulas anaranjadas en el envés, que se resuelve retirando hojas afectadas y separando más las matas.
Frío y ubicación en España
La tolerancia al frío es moderada. A. flavidus y los híbridos derivados de ella aguantan heladas cortas de -3 a -5 °C con daño en la hoja pero rebrotando desde el rizoma; los híbridos compactos y las especies de flor pequeña se resienten ya cerca de 0 °C.
Eso los deja cómodos en toda la costa mediterránea, Baleares, Canarias, el litoral atlántico andaluz y las zonas resguardadas del valle del Guadalquivir y del Levante. En el interior de la Meseta, en Aragón o en la meseta norte, lo razonable es cultivarlos en maceta grande y meterlos a un porche fresco, luminoso y sin riego durante los meses de helada. En la cornisa cantábrica y en Galicia el frío no es el obstáculo: lo son la humedad ambiental y la lluvia de verano, que hacen imprescindibles el bancal elevado y el corte anual del follaje.
Floración, corte y multiplicación
La floración principal va de mayo a agosto y, en la costa, con un buen despunte suele repetir en septiembre y octubre. Para prolongarla, corta cada vara a ras del rizoma en cuanto se marchite, no a media altura: el tocón que queda se seca, se pudre y se convierte en puerta de entrada del hongo. Ese mismo corte estimula la salida de varas nuevas.
Como flor cortada duran mucho, dos o tres semanas en jarrón si se corta la vara con un tercio de las flores ya abierto y se cambia el agua cada dos o tres días. Es, de hecho, uno de los cultivos de flor de exportación de Australia.
La multiplicación práctica es por división de mata, a principios de primavera o justo después de florecer. Se levanta el cepellón, se separan trozos con rizoma sano y al menos tres o cuatro abanicos de hoja, se recorta la hoja a un tercio para reducir la transpiración y se replantan de inmediato en sustrato drenante, con un riego de asentamiento y luego poca agua hasta que enraícen. La semilla germina en dos a cuatro semanas con calor suave, pero conviene saber que los híbridos no reproducen fielmente sus colores: de una semilla de 'Bush Pearl' saldrá otra cosa, casi siempre más basta y menos florífera.
Errores que arruinan la mata
Acolchar con corteza o compost sobre el cuello. El acolchado orgánico retiene humedad justo donde no debe y ablanda la base de los abanicos. Si quieres acolchar, usa grava o gravilla volcánica y deja despejado el centro de la mata.
Plantar demasiado hondo. El rizoma va casi superficial, con la corona a nivel del suelo. Enterrado un par de dedos de más, se asfixia y no rebrota en primavera.
Cortar el agua en julio. Tratarla como planta de secano absoluto justo cuando está floreciendo da varas cortas, flores pequeñas y una mata que se retira antes de tiempo.
Dejar el follaje viejo año tras año. La mata se convierte por dentro en un almohadón de hojas secas, la ventilación desaparece y la mancha de tinta se instala. El corte anual de febrero resuelve esto y no cuesta nada.
En resumen
Anigozanthos es una perenne rizomatosa del suroeste australiano cuyo color reside en los pelos que recubren la flor. Para que funcione en España hace falta sol pleno, un suelo que drene de verdad —bancal elevado o maceta con mucha arena— y un calendario de riego contrario al tópico: agua generosa y espaciada de abril a septiembre, sequía casi total en invierno. El abonado, escaso y bajo en fósforo. Su enemigo es la mancha de tinta por Alternaria, que se controla regando al suelo y cortando toda la mata a ras en febrero. Si buscas una planta duradera, elige A. flavidus o un híbrido alto derivado de ella; los enanos de maceta dan una floración espléndida pero son de vida corta por diseño y se renuevan por división cada dos o tres años.