En diciembre, cuando ya no le queda una sola hoja, el árbol del sebo se queda cubierto de bolitas blancas y cerosas que desde lejos parecen palomitas enganchadas a las ramas. Son sus semillas, envueltas en una capa de grasa vegetal, y de ahí le viene el nombre. Antes de eso, en octubre y noviembre, habrá pasado por un rojo intenso poco frecuente en clima suave, allí donde los arces y los liquidámbares se quedan en un amarillo deslucido.
Qué árbol es y cómo se llama ahora
El nombre científico que verás escrito en la etiqueta del vivero es casi siempre Sapium sebiferum, pero la taxonomía actual lo sitúa en otro género: Triadica sebifera. Es el mismo árbol, no hay dos plantas distintas ni una selección mejorada detrás del cambio; los estudios moleculares separaron el grupo asiático de los Sapium americanos y el nombre viejo se quedó circulando por el comercio. Si compras uno etiquetado a la antigua, estás comprando exactamente lo que buscas.
Pertenece a las euforbiáceas, la familia de las flores de Pascua y los ricinos, y eso condiciona bastante su manejo. Procede del sur de China y de Japón, donde se ha cultivado durante siglos por la cera de sus semillas, con la que se fabricaban velas y jabón. El aceite de la almendra interior, la llamada stillingia oil, se ha usado como secante en barnices y pinturas.
Es un árbol de porte medio: entre 8 y 13 metros de altura en cultivo, con una copa redondeada y abierta de anchura parecida. Crece deprisa, sobre todo los primeros años, y empieza a fructificar joven, a los cuatro o cinco años del trasplante.
La hoja, la flor y el fruto
La hoja es inconfundible: romboidal, casi con forma de corazón invertido, terminada en una punta larga y fina, con un peciolo también largo que la hace temblar con cualquier brisa, al modo de un chopo. En la base del limbo lleva dos glándulas diminutas que segregan néctar; no son una plaga ni una agalla, son parte de la hoja.
Florece entre mayo y junio en espigas terminales colgantes de color amarillo verdoso, de 10 a 20 centímetros. La planta es monoica: las flores femeninas, escasas, se sitúan en la base de la espiga y las masculinas se apiñan en el resto. No es una floración vistosa de lejos, pero sí muy melífera; las abejas la trabajan con intensidad y en China y en el sureste de Estados Unidos se produce miel de él.
El fruto es una cápsula de tres lóbulos que madura en otoño, se abre y deja al descubierto tres semillas negras recubiertas de una capa blanca de cera. Esas semillas quedan colgadas del árbol semanas o meses después de la caída de la hoja, lo que le da un segundo momento de interés en pleno invierno.
Toxicidad y precauciones al podar
Conviene tenerlo claro antes de plantarlo. Como buena euforbiácea, todas sus partes contienen un látex blanco irritante. El contacto con la piel puede provocar dermatitis, y en ojos o mucosas la irritación es intensa. Las hojas y sobre todo los frutos son tóxicos por ingestión para personas y para ganado; hay intoxicaciones documentadas en bovinos que consumieron hojas. Las semillas, blancas y llamativas, son justo el tipo de cosa que un niño pequeño se lleva a la boca.
Eso no lo descarta como árbol de jardín, pero sí desaconseja plantarlo en zonas de juego infantil o en cercados donde pasten animales. Para podar, guantes y gafas, y limpiar la savia de la herramienta antes de guardarla. Los restos de poda no se queman en un espacio cerrado ni cerca de gente: el humo de las euforbiáceas irrita las vías respiratorias.
Su lado invasor
Este es el punto que rara vez aparece en la ficha del vivero y que más debería pesar a la hora de decidir. En el sureste de Estados Unidos, de Texas a Florida, el árbol del sebo ha desplazado praderas y bosques de ribera enteros y está catalogado como maleza nociva en varios estados; en Australia ocurre algo parecido. La combinación que lo hace difícil de contener es concreta: produce muchísima semilla, las aves la dispersan lejos porque la cera es un alimento graso muy apetecible, germina bien en suelos encharcados y, si lo cortas, rebrota con fuerza de tocón y de raíz.
En España su comportamiento es mucho más discreto, entre otras cosas porque el verano seco frena la germinación espontánea, y no tiene presencia problemática conocida en la Península. Aun así, si tu parcela linda con una ribera, una acequia o una zona húmeda natural, piénsalo dos veces y consulta la normativa autonómica de especies exóticas antes de plantar: esas listas se actualizan y varían de una comunidad a otra. En un jardín urbano con riego controlado el riesgo real es bajo, pero conviene recoger los frutos caídos y eliminar los rebrotes de raíz en cuanto asomen.
Clima y suelo que necesita
Es sorprendentemente rústico. Un ejemplar establecido aguanta heladas de en torno a -10 °C sin daños graves, aunque los brotes tiernos del primer año se queman ya a -4 o -5 °C. Eso lo hace viable en toda la franja mediterránea, en el valle del Guadalquivir, en el Ebro medio y en buena parte del interior peninsular con inviernos moderados. Donde las mínimas bajan de -12 °C se le pierde la guía cada pocos años y se queda en un árbol desmedrado, con varios troncos y sin porte.
Del suelo no es exigente: prospera en arcillas pesadas, en arenas, en terrenos calizos y en parcelas con encharcamiento estacional, una tolerancia poco común entre los árboles de sombra. Soporta además cierta salinidad, lo que lo hace útil en jardines litorales. Lo único que no perdona es la sombra: plantado a media sombra crece torcido y el otoño se le queda en un amarillo sucio. El rojo depende de que la hoja fabrique antocianos, y para eso necesita sol directo y noches frescas de octubre.
Plantación y riego
Se planta de noviembre a marzo, mejor a la salida del invierno en zonas frías. Deja un mínimo de 5 metros hasta la fachada y no lo pongas a menos de 3 metros de un pavimento: sus raíces son superficiales y trazadoras, y con el tiempo levantan losas y bordillos. Tampoco es árbol para un alcorque estrecho de acera, entre otras cosas por los rebrotes radiculares que aparecerán en el césped del vecino.
Los dos primeros veranos hay que regarlo en serio, con riegos abundantes y espaciados —30 o 40 litros cada diez o quince días en julio y agosto— para obligar a la raíz a bajar. A partir del tercer o cuarto año resiste muy bien la sequía en clima mediterráneo costero; en interior seco agradece un par de riegos de apoyo en pleno verano. Un acolchado de 5 a 8 centímetros sobre el alcorque, sin tocar el tronco, le ahorra la mitad del agua.
Abonado: prácticamente ninguno. Un árbol sobrealimentado con nitrógeno alarga los entrenudos, produce madera blanda que se desgaja con el viento y retrasa la coloración otoñal, porque la hoja sigue verde hasta que llega la primera helada y entonces se cae sin cambiar de color.
Poda
La poda de formación es lo importante y se hace en los primeros años, en pleno reposo invernal. La madera es algo quebradiza, así que interesa eliminar pronto las horquillas cerradas y las ramas codominantes que acabarían abriéndose con un temporal. Una vez formado, basta con retirar ramas secas, cruzadas o mal orientadas.
Evita los rebajes fuertes. Responde a una poda severa con una masa de chupones verticales, de inserción débil, que en tres años dejan una copa peor que la de partida. Si el árbol se ha hecho demasiado grande para el sitio, suele ser más sensato sustituirlo que intentar mantenerlo pequeño a base de tijera.
Multiplicación
Por semilla es sencillo si se resuelve un detalle: la cera que las recubre es hidrófoba e impide que absorban agua. Hay que frotarlas con agua caliente y un poco de jabón, o con ceniza, hasta dejar la semilla negra limpia. Después necesitan de uno a tres meses de estratificación en frío, en nevera a unos 4 °C, dentro de arena o vermiculita ligeramente húmeda. Sembradas en marzo germinan en dos o tres semanas y las plantitas crecen rápido, medio metro o más el primer año.
También arraiga de estaca semileñosa tomada a final de verano con hormona de enraizamiento, y a veces se aprovechan directamente los rebrotes de raíz, separándolos en invierno con un trozo de la raíz madre.
Problemas habituales
Es un árbol notablemente sano: no tiene plagas específicas relevantes en España y su látex lo protege de buena parte de los insectos mordedores. Lo que sí aparece:
Rebrotes de raíz. Salen a varios metros del tronco, sobre todo si se ha herido la raíz al cavar o al pasar la motoazada. Se arrancan de un tirón cuando aún son tiernos; cortados a ras con tijera vuelven multiplicados. Nunca se tratan con herbicida sistémico, porque va directo al árbol madre por la misma raíz.
Desgarros por viento. Consecuencia de crecer rápido con madera blanda. Se previene con la poda de formación, no después.
Fructificación abundante. Las cápsulas y las semillas caen sobre el pavimento durante meses. Si va junto a una piscina o una terraza, cuenta con barrer.
Otoñada pobre. Cuando el otoño llega templado y lluvioso, o el árbol está en sombra, o ha recibido nitrógeno tarde, la hoja pasa del verde al pardo sin fase roja. Al año siguiente, con noches frescas, vuelve a colorear.
Dónde encaja en el jardín
Funciona como árbol aislado en césped, como pantalla caduca de crecimiento rápido en un lindero, y en jardines litorales con suelo difícil donde otros ornamentales no cuajan. Su sombra es ligera, de modo que permite plantar debajo. La combinación de otoñada roja, semillas blancas en invierno y silueta abierta le da tres momentos de interés al año, algo poco frecuente en un árbol de tamaño medio para clima cálido.
Lo que no es: un árbol para plantar y olvidar junto a un cauce, ni para un patio con niños pequeños, ni para una acera de un metro de ancho.
En resumen
Triadica sebifera, el viejo Sapium sebiferum, es un caducifolio de 8 a 13 metros que colorea de rojo en otoño incluso en clima suave y mantiene sus semillas blancas cerosas colgadas todo el invierno. Aguanta hasta unos -10 °C, tolera suelos calizos, arcillosos, encharcados y algo salinos, y solo exige sol directo. Su látex es irritante y sus frutos tóxicos por ingestión, así que conviene alejarlo de zonas de juego y de pastos y podarlo con guantes. Rebrota de raíz con facilidad y en otras partes del mundo se ha comportado como invasor agresivo, de modo que no es el árbol para plantar junto a una ribera o una zona húmeda. Poda de formación temprana, riegos abundantes los dos primeros veranos y nada de abono nitrogenado: con eso, da muy poco trabajo y mucho espectáculo en el litoral español.