Antes de tocar nada conviene saber una cosa: eliminar un árbol sin la licencia municipal correspondiente puede costar una sanción de varios miles de euros, y hacerlo con el árbol del vecino es directamente un delito de daños. Con eso claro, hay situaciones perfectamente legítimas en las que hace falta secar un árbol: un tocón de Ailanthus altissima que rebrota cada primavera, un chopo cuyas raíces han levantado el saneamiento, una robinia que se está comiendo el jardín entero. Este artículo explica qué métodos funcionan de verdad, cuáles son leyenda repetida en foros y cómo hacerlo sin envenenar el suelo de paso.

En buena parte de los municipios españoles la tala de arbolado está regulada por una ordenanza propia. Los umbrales varían mucho, pero es habitual que se exija licencia para cualquier ejemplar con más de 20 cm de diámetro de tronco medido a 1,30 m del suelo, y también para árboles situados en suelo urbano aunque estén dentro de una parcela privada.

Además hay que descartar tres supuestos:

Árboles singulares o catalogados. Varias comunidades autónomas mantienen catálogos de árboles protegidos, y algunos ayuntamientos incluyen inventarios de arbolado urbano donde figuran ejemplares concretos. Tocarlos tiene consecuencias serias.

Especies protegidas o con régimen especial. Encinas, alcornoques, olivos centenarios y frutales de secano tienen protección específica en varias comunidades, con normativa autonómica de arranque de arbolado.

Servidumbres y linderos. Si el árbol está en la línea divisoria con otra finca, el Código Civil lo considera de propiedad común y no puede eliminarse unilateralmente.

Y un detalle importante: secar un árbol no es una forma de saltarse el permiso. Los ayuntamientos que investigan estos casos suelen reconocer un anillado o una aplicación de herbicida a simple vista, y la sanción por eliminar arbolado protegido se aplica igual esté vivo o recién muerto.

Qué hay que entender para que el método funcione

Un árbol no se mata por el tronco: se mata por las raíces. Justo bajo la corteza hay dos tejidos conductores muy finos. El xilema sube agua y sales desde la raíz hasta las hojas, y el floema baja los azúcares fabricados en las hojas hasta las raíces, que no pueden alimentarse solas.

De ahí salen las dos únicas estrategias que funcionan:

Cortar el suministro de azúcares hacia abajo (anillado). Las raíces agotan sus reservas y mueren, y con ellas el árbol.

Aprovechar ese flujo descendente para llevar un herbicida sistémico a las raíces. Es decir, usar la propia fisiología del árbol como sistema de reparto.

Esto explica de paso por qué tantas recetas caseras fracasan: esas recetas actúan sobre la parte aérea o sobre la superficie del tronco, y el árbol rebrota desde el cuello o desde raíces que nunca se enteraron de nada.

Tronco de árbol seco con la corteza desprendida

Anillado o descortezado: el método sin química

Consiste en retirar una banda completa de corteza alrededor del tronco, llegando hasta la madera. Es lento pero muy fiable, y no deja residuos en el suelo.

Cómo se hace bien:

Se marcan dos cortes horizontales paralelos alrededor del tronco, a la altura del pecho, separados entre 10 y 20 cm según el grosor del árbol. Con un hacha, una gubia o una motosierra se profundiza 1-2 cm en la madera, lo justo para asegurarse de haber pasado el cámbium, y se arranca toda la corteza intermedia dejando el anillo limpio.

El error clásico es dejar un puente de corteza sin cortar, aunque sea de dos dedos. Con eso basta para que el árbol siga alimentando la raíz y sobreviva años. El anillo tiene que ser completo, sin interrupciones.

La época ideal es el final de la primavera y el principio del verano, cuando el árbol está en plena actividad y sus reservas radiculares están en el punto más bajo. El proceso tarda entre uno y dos años: el primer verano el árbol suele seguir con hoja, a veces incluso con una fructificación anormalmente abundante, que es una respuesta de estrés y no una señal de buena salud.

Cuándo no sirve el anillado solo: en especies que rebrotan de raíz. El ailanto, la robinia (Robinia pseudoacacia), los chopos y álamos (Populus) y las paulownias responden al anillado llenando el jardín de retoños a varios metros de distancia. En estos casos el anillado empeora el problema y hay que ir directamente al herbicida sistémico o al destoconado mecánico.

Corte del tocón y herbicida sistémico: lo que usan los profesionales

Es el método más eficaz cuando hay rebrote de raíz, y el que menos producto emplea si se hace correctamente.

La secuencia es: se corta el árbol lo más bajo posible, dejando el tocón horizontal y limpio, y se aplica el herbicida sobre el corte fresco, en los primeros 15-20 minutos. Pasada media hora la superficie empieza a sellarse y la absorción cae en picado. Si el tocón lleva días cortado, hay que refrescar el corte con un par de centímetros de sierra antes de aplicar nada.

El producto no se echa sobre toda la sección: solo hace falta mojar bien el anillo exterior, esa banda de 2-3 cm de madera viva justo bajo la corteza. El centro del tocón es madera muerta y no conduce nada. Se aplica con brocha o con un pulverizador de mano de baja presión, sin encharcar y sin que chorree al suelo.

Los principios activos que se emplean para esto son el glifosato y el triclopir, este último más específico para leñosas. En aplicación a tocón se usan concentrados, no las diluciones de pulverización foliar. Aquí hay que ser prudente y respetar dos cosas: usar solo productos inscritos en el Registro de Productos Fitosanitarios con esa modalidad de uso autorizada, y leer la etiqueta, que es la que manda sobre cualquier consejo de internet. Hay formulaciones de uso exclusivamente profesional que requieren carné de aplicador, y su empleo está restringido en zonas de uso público, parques infantiles, márgenes de cauces y captaciones de agua.

La mejor época es el final del verano y el otoño, aproximadamente de agosto a octubre en la Península. En ese momento el árbol está movilizando reservas hacia la raíz y el flujo descendente lleva el producto justo donde interesa. En pleno ascenso primaveral de savia la eficacia baja bastante, y en pleno invierno, con el árbol parado, la traslocación es mínima.

En troncos grandes que no se pueden cortar aún existe una variante llamada de muescas: se practican con hacha cortes inclinados hacia abajo alrededor del tronco, solapados, y se deposita el herbicida dentro de cada muesca inmediatamente.

Destoconado mecánico: caro, inmediato y definitivo

Si lo que se quiere es recuperar el terreno para plantar o construir, la solución más limpia es la destoconadora, una máquina de disco con dientes de widia que tritura el tocón y las raíces gruesas hasta 25-40 cm por debajo del nivel del suelo.

No usa productos químicos, deja el hueco listo para rellenar y elimina de paso el riesgo de que el tocón se convierta en foco de hongos de pudrición o de gusano cabezudo. Es la vía recomendable si en esa zona van a plantarse cultivos, si hay niños o mascotas, o si el árbol está cerca de un pozo o de una acequia.

Antes de meter la máquina hay que localizar servicios enterrados: riego, cableado, telecomunicaciones. Un disco de destoconado atraviesa una tubería de polietileno sin enterarse.

Métodos que circulan por ahí y no funcionan

Sal de Epsom. Es sulfato de magnesio, un fertilizante. Se usa precisamente para corregir carencias de magnesio y reverdecer hojas cloróticas en cítricos y rosales. Echarla en agujeros del tocón no seca nada; en el mejor de los casos, el tocón muere igual porque estaba condenado desde el momento en que se cortó el árbol y no rebrotaba de todos modos. Es probablemente el mito más repetido sobre este tema.

Sal común o sal de roca. Esta sí puede matar, pero por deshidratación osmótica y por toxicidad de los iones sodio y cloruro. El problema es que hace falta muchísima cantidad, el sodio destruye la estructura del suelo, permanece años hasta que lo lava la lluvia, migra lateralmente y se lleva por delante el césped, el seto y lo que haya alrededor. En terrenos de riego o cerca de un huerto es una idea francamente mala.

Clavos de cobre. Un puñado de clavos aporta unos gramos de cobre a un organismo de cientos de kilos. Lo único que se consigue es una zona de madera oscurecida alrededor del clavo y estropear la cadena de la motosierra el día que haya que cortar el árbol.

Tapar el tronco con plástico "para que no le dé el sol". El tronco no fotosintetiza de forma relevante; las hojas sí. Envolver el fuste no priva al árbol de nada, y lo que sí puede provocar es condensación permanente y pudrición de corteza. Cubrir la copa entera con plástico opaco puede acabar con un arbusto pequeño en varios meses, pero en un árbol adulto no es practicable.

Vinagre, lejía o aceite de motor. El vinagre, incluso el de alta concentración, quema tejido tierno de plántulas y poco más. La lejía se descompone rápido y no se trasloca. El aceite de motor es un residuo peligroso y verterlo al suelo constituye una infracción medioambiental.

Encementar o enterrar el cuello del árbol. Asfixiar las raíces con una solera o con medio metro de tierra encima puede matar al árbol, sí, pero tarda años, es irregular y suele dejar un ejemplar medio muerto y peligroso en pie.

Un árbol seco en pie es un problema, no una solución

Merece la pena insistir en esto porque se pasa por alto. La madera muerta pierde flexibilidad y se vuelve quebradiza en cuestión de meses, la corteza se desprende, entran hongos xilófagos y el sistema radicular se pudre. Un árbol seco de cierto porte junto a una casa, un camino o una línea eléctrica es una responsabilidad civil directa del propietario si un día cae.

Además, secarlo primero complica la tala posterior: las ramas se rompen sin aviso, el árbol no cae por donde debería y la madera muerta se comporta de forma impredecible al cortar. Si el árbol tiene volumen y está cerca de algo, lo sensato es talarlo verde y con un profesional, y aplicar el tratamiento sobre el tocón. Sale más barato que un seguro.

Distintas formas de secar un árbol

Antes de decidirlo, tres alternativas

Buena parte de las consultas sobre cómo secar un árbol se resuelven sin matarlo:

Si el problema es la sombra, un aclareo de copa bien hecho por un podador puede dejar pasar mucha más luz sin desfigurar el ejemplar. Lo que no vale es el desmoche o terciado, que arruina el árbol y lo vuelve peligroso a medio plazo.

Si el problema son las raíces, existe la posibilidad de instalar barreras antirraíces enterradas y de hacer poda de raíz controlada, siempre valorando antes la estabilidad del árbol.

Si el problema es la ubicación y el árbol es joven, un trasplante en parada vegetativa, con cepellón, es viable hasta diámetros de tronco de unos 10-15 cm.

En resumen

Secar un árbol es un trabajo de raíces, no de tronco. Lo que funciona es el anillado completo en especies que no rebrotan de raíz, la aplicación de herbicida sistémico sobre tocón recién cortado entre finales de verano y otoño en las que sí rebrotan, y el destoconado mecánico cuando se quiere recuperar el terreno de inmediato. La sal de Epsom es un abono, los clavos de cobre no hacen nada y la sal de roca funciona a costa de arruinar el suelo durante años.

Y antes de nada, el permiso: comprobar la ordenanza municipal y descartar que el ejemplar esté catalogado o compartido con el vecino cuesta una llamada de teléfono y evita disgustos que ningún método casero arregla después.


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