La hortensia es una de las poquísimas flores que se secan bien sin equipo especial y conservan color y volumen durante años. La razón está en su estructura: lo que llamamos flor es en realidad un conjunto de sépalos modificados, con textura papirácea y muy poca agua en los tejidos. Eso las hace ideales para el secado, pero también explica por qué la mayoría de los intentos fracasa: casi siempre se cortan demasiado pronto.

Inflorescencia de hortensia azul

El momento del corte lo es casi todo

Una hortensia recién abierta, turgente y de color vivo, está llena de agua y se marchita irremediablemente al secarse: los sépalos se arrugan, encogen y quedan traslúcidos y feos. Lo que hay que cortar es una flor que ya haya empezado a envejecer en la planta.

La señal es táctil más que visual. Toca los sépalos: cuando dejan de sentirse frescos y carnosos y adquieren una consistencia ligeramente rígida, como de papel o pergamino, la flor está lista. Suelen haber pasado entre seis y ocho semanas desde la apertura.

Visualmente, los colores empiezan a virar. Los rosas se vuelven verdosos o granates, los azules toman tonos verde-turquesa o violáceos apagados, los blancos se vuelven crema y a veces verde-limón. Esas tonalidades secundarias, que muchos consideran un defecto, son justamente las que quedan preciosas al secar.

En España, ese punto llega entre finales de agosto y octubre, algo antes en el interior cálido. Corta en un día seco y a media mañana, cuando el rocío ya se ha evaporado. Nunca después de llover: la humedad atrapada entre los sépalos genera moho.

Preparar los tallos

Usa una tijera de podar afilada y corta tallos de 30 a 40 centímetros, siempre por encima de un par de yemas sanas para no comprometer la floración del año siguiente. Recuerda que en Hydrangea macrophylla las yemas florales del año próximo ya están formadas en la parte alta de los tallos: si cortas muy largo, te quedas sin flores. Corta lo justo.

Retira todas las hojas de inmediato. Contienen mucha agua, se pudren, atraen moho y no aportan nada al resultado.

Método 1: secado al aire, colgando

Es el clásico y el más fiable. Agrupa los tallos en ramos de tres o cuatro como máximo, átalos por la base con una goma elástica —se contrae al encoger el tallo, cosa que un cordel no hace— y cuélgalos boca abajo.

El sitio debe reunir tres condiciones: oscuridad o penumbra, para que el color no se decolore; ventilación, para que la humedad se evacúe; y ambiente seco. Un desván, un trastero o un armario aireado funcionan bien. Un sótano húmedo, no.

Deja separación entre ramos, sin que las cabezas se toquen. El proceso dura entre dos y tres semanas. Sabrás que ha terminado cuando el tallo se quiebre limpiamente al doblarlo y los sépalos crujan al rozarlos.

Método 2: secado en agua

Parece contradictorio, pero es el que mejor conserva la forma y el que menos encogimiento produce, y para hortensias suele dar resultados superiores al colgado.

Coloca los tallos en un jarrón con unos 5 centímetros de agua, sin más, en un lugar luminoso pero sin sol directo. La planta absorbe el agua lentamente mientras se deshidrata a la vez, de modo que la pérdida de humedad es gradual y los sépalos no colapsan.

No repongas el agua. Cuando se agote, deja que las flores terminen de secarse en el jarrón vacío. En tres o cuatro semanas tendrás las cabezas secas, redondas y con el volumen intacto.

Método 3: gel de sílice

Es el método para quien quiera conservar el color original vivo, no las tonalidades otoñales. Se usa cuando se corta la flor en plena floración.

Necesitas un recipiente hermético y gel de sílice en grano fino, de venta en droguerías y tiendas de manualidades. Pon una base de dos centímetros, apoya la cabeza floral encima con el tallo cortado muy corto, y ve vertiendo el gel con una cuchara muy despacio, dejándolo colar entre los sépalos hasta cubrirla por completo sin aplastarla. Cierra el recipiente.

En tres a siete días la flor está seca. Retira el gel con cuidado y sopla los restos con una pera de aire o un secador en frío. El gel se regenera calentándolo en el horno a 120 grados hasta que recupera su color indicador.

El resultado es espectacular pero frágil: las flores quedan más quebradizas que con secado al aire.

Glicerina para flores flexibles

Si prefieres que las hortensias no se vuelvan quebradizas, sustituye el agua por una mezcla de una parte de glicerina por dos de agua caliente. Coloca los tallos recién cortados en unos 10 centímetros de esa solución y déjalos absorber una o dos semanas. La glicerina reemplaza el agua de los tejidos: las flores quedan suaves, algo más oscuras y muy duraderas.

Errores frecuentes

Cortar demasiado pronto es el fallo número uno, y no tiene arreglo: la flor se arruga y ya está. Secar al sol es el segundo: acelera el proceso pero decolora los pigmentos por completo y deja tonos pajizos. Usar el microondas con hortensias da resultados irregulares y suele chamuscar los bordes; funciona mejor con flores más pequeñas y planas.

Tampoco esperes a que la flor esté ya seca y marrón en la mata, con los sépalos moteados por la lluvia: en ese punto ha perdido color y suele desprenderse al manipularla.

Conservación y usos

Una vez secas, mantenlas lejos de la luz directa y de la humedad. En un baño con vapor o en una cocina se reblandecen y se apelmazan. Si quieres fijar la estructura y reducir la caída de sépalos, aplica a 30 centímetros una capa fina de laca del pelo sin brillo o un spray fijador para flor seca; también reduce la acumulación de polvo. Para limpiarlas, un secador a temperatura fría y potencia mínima.

Bien conservadas duran dos o tres años antes de que el color se apague. Se usan en ramos secos, coronas de puerta montadas sobre aro de mimbre, centros de mesa y composiciones mezcladas con lavanda, Limonium o espigas de cereal. Si el tallo seco es demasiado frágil para el montaje, sustitúyelo por alambre de floristería insertado en la base de la cabeza floral.

En resumen

Espera a que los sépalos tengan tacto de papel, entre finales de agosto y octubre; corta en día seco, quita las hojas y elige método: colgado boca abajo en oscuridad y ventilación durante dos o tres semanas, o dejándolas secar en un dedo de agua sin reponerla, que conserva mejor el volumen. Si quieres el color intenso original, gel de sílice; si las prefieres flexibles, glicerina. El único fallo imperdonable es la impaciencia al cortar.


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