El ficus ginseng se ha convertido en el regalo por defecto de floristerías y grandes superficies: un tronco abultado, gris y retorcido, coronado por una copa de hojas redondeadas y brillantes, vendido casi siempre como "bonsái". Es una planta agradecida, pero acumula tantas ideas equivocadas a su alrededor que la mayoría de los ejemplares acaba perdiendo las hojas en los tres primeros meses. Merece la pena empezar aclarando qué es exactamente.

Ficus ginseng con su tronco engrosado característico

Ni es ginseng ni suele ser bonsái

La planta es Ficus microcarpa, un árbol tropical asiático de la familia de las moráceas emparentado con la higuera. No tiene ninguna relación con el ginseng (Panax ginseng) ni comparte sus propiedades; el nombre comercial viene solo del parecido entre ese tronco carnoso y la raíz del ginseng auténtico. Conviene descartar de entrada cualquier uso medicinal: el látex blanco que exuda al cortarlo es irritante para la piel y las mucosas, y la planta se considera tóxica para perros y gatos.

Ese tronco abultado tampoco es un tronco: es la raíz principal engrosada, cultivada en vivero durante unos años y luego desenterrada, recortada y trasplantada boca arriba. Encima se injerta o se hace brotar una copa, casi siempre del cultivar de hoja pequeña. Por eso el conjunto tiene ese aspecto un poco artificial, con una copa que no guarda proporción con la base. Es una planta de interior con forma llamativa, no un bonsái trabajado según las técnicas del arte japonés, aunque pueda convertirse en uno con años de trabajo.

Luz: el factor decisivo

Es donde se juega la vida. El Ficus microcarpa es un árbol de bosque tropical acostumbrado a mucha claridad, y en casa necesita el punto más luminoso posible, con luz indirecta abundante. Junto a una ventana orientada al este o al sur, a medio metro del cristal, está en su sitio. En el centro de una habitación, sobre una mesa alejada de las ventanas, sobrevive un tiempo y se va apagando.

Con poca luz emite hojas cada vez más grandes, delgadas y separadas, y va soltando las de dentro. Con demasiado sol directo tras un cristal en verano, las quema.

Hay que saber además que reacciona a cualquier cambio brusco soltando hojas. Cuando lo traes a casa, o lo cambias de sitio, es normal que pierda parte del follaje: está reajustando su aparato foliar a la nueva intensidad lumínica. No es motivo para regar más. Déjalo en un sitio fijo y dale unas semanas.

Temperatura y ubicación

Prefiere estar entre 18 y 25 grados. Tolera bajar a 12 o 13, pero por debajo de 10 sufre y se defolia. No resiste heladas, así que en la Península es planta de interior todo el invierno; solo en el litoral mediterráneo más suave y en Canarias puede vivir fuera todo el año.

En verano agradece salir a una terraza en semisombra, aclimatándolo poco a poco a la luz exterior para no quemarlo. Lo que no soporta en absoluto son las corrientes de aire y la proximidad de radiadores o aparatos de aire acondicionado: es la causa más frecuente de defoliaciones repentinas en invierno.

Riego: menos de lo que crees

Aquí muere la mayoría. Como el ficus se vende en macetas pequeñas y poco profundas, la gente riega a diario "por si acaso" y encharca un sustrato que no drena.

La norma es regar cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos al tacto, no antes. En la práctica, con calefacción en invierno puede ser cada 8 o 10 días; en pleno verano, cada 3 o 4. No hay calendario fijo: comprueba con el dedo o con un palillo de madera clavado en la tierra.

Cuando riegues, hazlo a fondo hasta que salga agua por los agujeros, y vacía el plato al cabo de diez minutos: dejarlo lleno permanentemente asfixia las raíces.

Señal de exceso de riego: hojas que amarillean empezando por las inferiores y caen con el sustrato húmedo. Señal de falta: hojas mustias, quebradizas, que caen secas. Se confunden con facilidad, y regar más una planta ahogada la remata.

La humedad ambiental sí le gusta alta. Un plato con guijarros y agua bajo la maceta, sin que el fondo toque el agua, ayuda mucho en pisos con calefacción.

Sustrato, trasplante y abonado

Necesita un sustrato aireado y muy drenante. Una mezcla razonable es sustrato universal de calidad con un tercio de perlita o arena gruesa, o directamente akadama mezclada con tierra vegetal si quieres trabajarlo como bonsái.

Trasplanta cada dos o tres años, en primavera. Si las raíces forman una maraña compacta, aclara un tercio con tijera limpia: los ficus toleran muy bien la poda de raíz.

Abona de marzo a septiembre, cada dos o tres semanas, con un fertilizante líquido equilibrado a media dosis, o con abono sólido de liberación lenta al inicio de la temporada. En otoño e invierno, con menos luz y crecimiento parado, suspende el abonado: alimentar una planta que no crece solo saliniza el sustrato.

Poda y forma

El ficus rebrota con enorme facilidad, y podarlo es lo que mantiene la copa compacta. La técnica básica es el pinzado: cuando un brote saca seis u ocho hojas, córtalo dejando dos o tres. Repetido a lo largo de la primavera y el verano, densifica la ramificación.

Las podas más fuertes, de ramas gruesas, se hacen a finales de invierno o principios de primavera. Del corte manará látex blanco durante unos minutos; se puede sellar con pasta cicatrizante o simplemente dejar secar. Usa guantes si tienes la piel sensible.

Si quieres darle forma, el alambrado se aplica sobre ramas jóvenes y hay que revisarlo cada pocas semanas: el ficus engorda rápido y el alambre se clava en la corteza dejando marcas permanentes.

Plagas frecuentes

En interior seco aparece la araña roja, delatada por punteado amarillento y finas telarañas en el envés. Suba la humedad ambiental y trate con acaricida o aceite de neem. También es común la cochinilla algodonosa, en las axilas de las hojas: se retira con un bastoncillo mojado en alcohol y se trata con jabón potásico. Un ficus que gotea un líquido pegajoso tiene, casi seguro, cochinilla o pulgón encima.

En resumen

El ficus ginseng es un Ficus microcarpa de raíz engrosada, no un ginseng ni una planta medicinal. Dale mucha luz indirecta, un sitio fijo lejos de corrientes y radiadores, riega solo cuando la capa superior del sustrato esté seca y drena bien el exceso, abona de primavera a otoño y pinza los brotes para mantener la copa. Si pierde hojas tras un traslado, ten paciencia en lugar de regar más: en la mayoría de los casos, eso es todo lo que hace falta.


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