Pocas podas generan tanta confusión como la de la hortensia, y el motivo es sencillo: bajo ese nombre se agrupan especies distintas que florecen de manera distinta. Quien poda todas igual acaba, tarde o temprano, con una mata verde y frondosa que no da una sola flor. Antes de coger las tijeras hay que saber qué hortensia se tiene delante.
El dato que lo decide todo: madera vieja o madera nueva
Las hortensias se dividen en dos grupos según dónde forman las yemas de flor.
Florecen sobre madera del año anterior la hortensia común o de jardín (Hydrangea macrophylla), tanto las de cabeza redonda como las de tipo lacecap, la hortensia de hoja de roble (Hydrangea quercifolia) y la trepadora (Hydrangea petiolaris). Estas plantas forman sus yemas florales a finales de verano y en otoño, y las llevan puestas todo el invierno en la punta de los tallos. Si cortas esos tallos en febrero, cortas la floración del año.
Florecen sobre madera del año en curso la Hydrangea paniculata —de panícula cónica, blanca virando a rosa— y la Hydrangea arborescens, cuyo cultivar más conocido es 'Annabelle'. Estas se pueden podar a fondo al final del invierno sin perder nada: la flor saldrá de los brotes nuevos.
Aquí está el origen de casi todos los fracasos. La creencia extendida de que "las hortensias se podan corto en invierno" solo es cierta para el segundo grupo, y el primero es el que más se planta en España.
Poda de la hortensia común (Hydrangea macrophylla)
Es la reina del norte peninsular, de Galicia a Cantabria y el País Vasco, donde la humedad atmosférica y los suelos ácidos la hacen crecer sin esfuerzo.
La operación principal no es una poda sino una limpieza. Retira las flores marchitas cortando justo por debajo de la inflorescencia seca, hasta el primer par de yemas gruesas y sanas. Esas yemas son las que darán la flor siguiente, así que no bajes más.
El momento importa. En zonas suaves de costa se puede hacer en otoño, después de la floración. En el interior y en zonas con heladas, es mejor dejar las flores secas puestas todo el invierno: actúan como abrigo natural de las yemas que hay debajo. En ese caso se limpia a finales de febrero o principios de marzo, cuando las yemas empiezan a hincharse y ya se distingue perfectamente lo vivo de lo muerto.
Además del despunte, cada año conviene eliminar por la base entre un cuarto y un tercio de los tallos más viejos: los de corteza gris, agrietada, que ya florecen poco. Se cortan a ras de suelo con una tijera de dos manos. Esto renueva la mata de forma continua y evita que en cinco años se convierta en un amasijo de leña sin hojas por dentro. También se quitan los tallos delgados, torcidos o cruzados.
Existen variedades reflorecientes —la serie Endless Summer y similares— que florecen tanto en madera vieja como en la nueva. Estas perdonan errores, pero la técnica sigue siendo la misma y da mejores resultados.
Poda de las paniculatas y de 'Annabelle'
Estas sí admiten la poda drástica, y de hecho la agradecen.
En Hydrangea arborescens 'Annabelle', a finales de invierno se recorta toda la mata dejando los tallos a 30 o 40 centímetros del suelo. Rebrotará con fuerza y dará flores grandes. Un matiz práctico: si la podas demasiado corta, los tallos nuevos son tan tiernos que las enormes cabezas florales se vencen con la primera lluvia de junio. Dejar algo más de altura, unos 50 centímetros, da un esqueleto que sostiene mejor.
En Hydrangea paniculata se trabaja con una estructura permanente. Cada febrero se cortan los brotes del año anterior dejando uno o dos pares de yemas sobre la madera vieja, siempre en el mismo punto. Con los años se forma un armazón nudoso y robusto. Cuanto más se acorta, menos panículas salen pero más grandes; si se poda poco, la floración es más abundante y menuda.
Hoja de roble y trepadora
La Hydrangea quercifolia apenas necesita poda: basta con quitar flores secas y ramas dañadas justo después de florecer, en pleno verano, y aclarar tallos viejos de vez en cuando. Su gracia está en la exfoliación de la corteza y en el color rojizo del otoño, y una poda severa lo estropea.
La trepadora Hydrangea petiolaris tarda tres o cuatro años en arrancar y no debe tocarse en ese periodo. Después se limita a contener: se recortan los tallos que se separan del muro y se despuntan las flores marchitas, siempre en verano tras la floración, nunca en invierno.
Rejuvenecer una mata abandonada
Si te encuentras con una macrophylla vieja, enorme, con floración escasa y hueca por dentro, tienes dos opciones. La radical consiste en cortar toda la planta a 30 centímetros del suelo a finales de invierno: rebrotará vigorosa, pero perderás la floración de ese año y probablemente parte de la siguiente. La gradual, preferible, consiste en eliminar cada año a ras de suelo un tercio de los tallos más antiguos: en tres años la mata está renovada sin haber dejado de florecer.
Herramienta, cortes y errores frecuentes
Usa tijeras bien afiladas y desinfectadas con alcohol entre plantas: la hortensia es sensible a hongos y a virus que se transmiten por la savia. Corta en bisel unos milímetros por encima de un par de yemas, sin dejar tocones largos, que se secan y son puerta de entrada de podredumbres.
Errores que se repiten cada año: podar en otoño en zonas de heladas y dejar las yemas al descubierto; cortar todos los tallos a una altura fija, como si fuera un seto; y confundir un tallo sin hojas en marzo con un tallo muerto —rasca la corteza con la uña, si aparece verde está vivo—.
Un apunte final: la poda no cambia el color de las flores. El azul y el rosa dependen del pH del suelo y de la disponibilidad de aluminio. En suelos ácidos, por debajo de pH 5,5, las flores tiran a azul; en suelos neutros o calizos, a rosa. Las variedades blancas no cambian con nada.
En resumen
Identifica primero la especie. Si es macrophylla, quercifolia o petiolaris, limita la poda a quitar flores secas por encima del primer par de yemas sanas y a renovar un tercio de los tallos viejos desde la base, en febrero-marzo o justo tras la floración. Si es paniculata o arborescens, poda corto a finales de invierno sin miedo. Esa única distinción explica la diferencia entre una hortensia cubierta de flor y otra que lleva tres años sin dar ninguna.